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 Nº 1267. 2 de noviembre de 2018

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Tribuna / José Luis Centella

Los crímenes de Arabia Saudí y el cinismo internacional

La guerra yemení, en cuyo desarrollo tienen una evidente responsabilidad Mohamed bin Salman y el Gobierno de Riad, ha causado ya miles de muertos y una hambruna que amenaza a millones de personas

La crisis provocada por el espeluznante asesinato de Jamal Khashoggi, perpetrado por miembros de los servicios secretos de Arabia Saudí en su consulado en Estambul, ha puesto en evidencia el cinismo de una comunidad internacional que ahora amaga con indignarse frente a la brutalidad del régimen saudí, el mismo que lleva décadas perpetrando barbaridades similares que hoy parece que repugnan a quienes no hace mucho las tapaban.

Los tenebrosos pormenores del descuartizamiento de este periodista saudí estremecen a la opinión pública internacional y ponen ante los ojos del mundo la realidad nada novedosa de que el Gobierno de Riad es capaz de ordenar los más sanguinarios y fríos asesinatos, y que recurre sin complejos a la tortura incluso en sedes diplomáticas.

Ante la evidencia de la desaparición de Khashoggi, los portavoces del régimen saudí cambiaron sin escrúpulos su versión de los hechos y mintieron públicamente. Eso sí, nunca han explicado el rápido viaje del nutrido comando asesino de sus servicios secretos que, en una fugaz visita al Consulado, culminó la operación planteada por responsables del Gobierno de Riad.

La tardía actuación de la Fiscalía General saudí, más de dos semanas después del crimen, la supuesta detención de 18 personas en Arabia Saudí y el cese de Ahmed Al Asiri, uno de los responsables de sus servicios secretos, son apenas el manto con el que la feroz dictadura de los Saud intenta tapar la realidad.

Dicho esto, también se debe explicar quién es Jamal Khashoggi, a quien algunos medios han presentado como un liberal, incluso como un hombre progresista, cuando la realidad es que tuvo turbios lazos con Al Qaeda y amistad con Osama Bin Laden, además de cooperar como propagandista del periódico ‘Arab News’ de la guerrilla integrista y fanática que combatió a los gobiernos de izquierda en Afganistán. También colaboró con los servicios secretos de Arabia Saudí y con la CIA, y fue periodista de confianza de la monarquía saudí, todo ello hasta que en 2017 fue víctima de la purga política del príncipe Mohamed bin Salman contra numerosos miembros de la élite saudí para asegurar su posterior acceso al trono.

En absoluto ninguna de estas cuestiones justifica su atroz asesinato, ni mucho menos la reacción del régimen saudí, el mismo que tan buenos servicios internacionales ha prestado a los Estados Unidos y los llamados ‘valores del mundo occidental’, pero sirven para evidenciar la manipulación informativa que se produce siempre que hay que servir a lo que más convenga según los intereses del momento.

Lo ocurrido estos días no es un hecho aislado, hay que sumarlo a la feroz represión del Gobierno de Arabia Saudí a su propia población, con frecuentes ejecuciones públicas, o a los bombardeos indiscriminados a la población civil en Yemen, causando matanzas de las que no da ninguna explicación convincente.

La guerra yemení, en cuyo desarrollo tienen una evidente responsabilidad Mohamed bin Salman y el Gobierno de Riad, ha causado ya miles de muertos y una hambruna que amenaza a millones de personas. Arabia Saudí, además, financia y apoya militarmente a grupos terroristas en Siria, y recurre al terrorismo de Estado para conseguir sus fines.

Con total desprecio por el Derecho Internacional, Arabia Saudí no es precisamente un Estado modelo. Pero, como decía Henri Kissinger sobre los salvajes dictadoreslatinoamericanos, ‘serán unos hijos de puta, pero son nuestros hijos de puta’, una cínica definición de cómo entienden las potencias mundiales las relaciones internacionales.

Todo ello nos lleva a pensar que, pasado el temporal mediático, las aguas volverán a la normalidad y Arabia Saudí seguirá jugando ese papel de ‘amigo de Occidente’ que tan buenos dividendos ha generado a la casta dirigente de eso que llaman ‘mundo libre y desarrollado’.

 

Firma:

Coordinador de la Asamblea Político y Social de Izquierda Unida y presidente del Partido Comunista de España (PCE), partido del que ha sido secretario general entre 2009 y 2018. Maestro de profesión, fue concejal en el Ayuntamiento de la localidad malagueña de Benalmádena, provincia donde inició su actividad política y por la que fue elegido diputado al Congreso en 1993, 1996 y 2000. En la X Legislatura (2011-2015) volvió a la Cámara Baja como diputado por Sevilla, ocupando la portavocía del Grupo Parlamentario de IU, ICV-EUiA, CHA-La Izquierda Plural.