Cultura Guia Tiempos de hoy

 
   

 Nº 1267. 2 de noviembre de 2018

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Tribuna / José Antonio Pérez Tapias

Populismo religioso y neofascismo


El presidente electo de Brasil, tras sacar a Dios a colación multitud de veces, Biblia en mano, a lo largo de su campaña, dio gracias a ese Dios –el dios de su manipulación política– nada más conocer el resultado, insistiendo en “Brasil encima de todo y Dios encima de todos".

Inapelable la victoria de Bolsonaro en Brasil. Con él, la ultraderecha llega a la presidencia del gigante sudamericano: neofascismo al frente del país. Ello supone, además, un fuerte impacto político en los países del entorno, prolongándose más allá en un contexto de globalización donde las condiciones están dadas –lo padecemos en Europa– para que prenda o se expanda aún más la chispa autoritaria, xenófoba, racista, machista, homófoba y de exacerbamiento nacionalista de los nuevos fascismos contemporáneos.

Hay quienes dudan del acierto de la denominación “fascista” para los fenómenos políticos que estamos viendo, pero desde Trump en EE UU hasta Orban en Hungría, pasando por el bocazas ministro italiano del Interior, el denominador común fascistoide es tan abultado que, dados los rasgos compartidos, es pertinente hablar de fascismo. Se ve quebrada la lógica de la democracia, reducida ésta a aritmética para cuantificar mayorías. Una democracia constitucional es mucho más, empezando por el igualitario reconocimiento de derechos a todos los ciudadanos y ciudadanas, que los fascismos niegan. Lo sorprendente en los tiempos que corren es el destacado papel de cierto populismo religioso al servicio de esa difusión y apoyo electoral que ganan candidatos y fuerzas políticas de corte neofascista. Ahí está Bolsonaro, el cual, como Trump en EE UU, debe en gran parte su victoria electoral a la influencia social de iglesias evangélicas.

El presidente electo de Brasil, tras sacar a Dios a colación multitud de veces, Biblia en mano, a lo largo de su campaña, dio gracias a ese Dios –el dios de su manipulación política– nada más conocer el resultado, insistiendo en “Brasil encima de todo y Dios encima de todos”: mezcolanza de nacionalismo y confesionalismo de nefastos efectos para cualquier democracia. Bolsonaro, militar de profesión, apologeta de la dictadura que asoló Brasil y enaltecedor de un terrorismo de Estado del que dice que no mató lo suficiente, cuenta con la entrega a su causa de iglesias evangélicas bien asentadas en la sociedad tras décadas de exitoso proselitismo. Una religiosidad conservadora, fundamentalista, emotivista, de un moralismo estrecho y de acentuado patriarcalismo como clave de su ideología familista, ha puesto su capacidad de penetración social –incluyendo la presencia en ámbitos parlamentarios– al servicio de una política de ultraderecha que recoge de esas iglesias el empuje y las motivaciones que mueven a millones de personas: les proporciona ese marco de orientación y valores ‘cálidos’ que la frialdad del mercado no ofrece, y menos desde la escala del mercado global en el que estamos inmersos.

Al comienzo de los años 70, analizando lo sucedido cuando la bota militar pateó al Brasil, Hugo Assmann, uno de los impulsores de la Teología de la Liberación, escribió sobre “la función legitimadora de la religión para la dictadura brasileña”. Su crítica recaía sobre la Iglesia católica. Buena parte de ésta, especialmente en el caso de Brasil con su tupida red de comunidades de base, fue capaz de reorientar la religión a favor de un compromiso laico con los procesos de cambio, incluso revolucionarios, de la realidad latinoamericana. Luego quedaron atrás los años dorados de la ‘Iglesia de base’, y cuando la Teología de la Liberación no supo adaptar bien sus planteamientos a un contexto democrático, a la vez que la izquierda no fue capaz de defender sus logros y mantener su apoyo social, entonces el protestantismo fundamentalista ocupó los espacios vacíos y el populismo de ultraderecha encontró en él su aliado. Al Departamento de Estado de EE UU, al cabo de los años, le ha salido bien la estrategia diseñada en los setenta para frenar a aquella Teología de la Liberación con el potencial transformador con que entonces la religión se redescubrió a sí misma.

 

 

 

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Catedrático de Filosofía y decano de su Facultad en la Universidad de Granada. Diputado del Grupo Parlamentario Socialista del Congreso en Legislaturas VIII y IX. Autor de libros como "Del bienestar a la justicia. Aportaciones para una ciudadanía intercultural"(2007), "Invitación al federalismo. España y las razones para un Estado plurinacional" (2013) y "La insoportable contradicción de una democracia cínica" (2016).