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 Nº 1268. 9 de noviembre de 2018

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Entrevista / Luis Eduardo Siles

Fran Perea, actor y cantante

“Intento interpretar siempre desde la verdad”

Ha sido Don Juan Tenorio en un montaje de la compañía Ronlalá que se ha representado en Alcalá de Henares a principios de noviembre y que pronto saldrá de gira por España. Y con su álbum ‘Viaja la palabra’, con canciones que ha compuesto entre los 36 y los 40 años –que cumplió recientemente–, Fran Perea ha dado conciertos en Serbia y Finlandia, entre otros países. Queda lejos su personaje de Marcos en la serie ‘Los Serrano’, pero es un conocido rostro televisivo. “De pronto una canción nos explica mediante palabras en qué consisten esas emociones que nosotros no sabemos cómo llamar”, afirma.

“Desde que recibí tantas críticas por mi apoyo público a Zapatero no suelo mostrar mi opinión política”

“Una buena poesía nos explica con palabras en qué consisten esas emociones que no sabemos cómo llamar”

“Hacer un concierto o una obra de teatro te proporciona un chute de adrenalina muy fuerte”

 

Este Don Juan tiene el sello del grupo Ronlalá. ¿Qué lo define?
Hay dos elementos muy definitorios. El primero es el uso del verso como un lenguaje directo, natural. Ronlalá usa el verso como una herramienta de la actualidad más poética o, dicho de otro modo, hacen poesía de la actualidad. Y trasladado a este Don Juan, en versión de Álvaro Tato, se nota la agilidad. Lo que ha ido tocando, aunque no es mucho, se nota en la agilidad que tiene el texto. Va a la cuestión concreta. Y eso se agradece mucho. Y el espectáculo cuenta con la música, que es otro de los sellos que caracterizan a la compañía Ronlalá. Tenemos una banda tocando en directo durante casi toda la función. Toda la música está hecha para la ocasión, compuesta para este Don Juan, y a los actores nos va ayudando mucho. Realmente la música está muy ligada a la dramaturgia de la función. 

Cayetana Guillén Cuervo ha dicho que su padre, Fernando Guillén, quizás haya sido el actor que más veces ha interpretado a Don Juan Tenorio en España. Fernando Guillén solía hacer papeles de duro. ¿Quéparte de vulnerabilidad observa usted en Don Juan?

Depende de qué Don Juan estemos hablando. Si se trata del Don Juan de Zorrilla, el punto que lo diferencia de oros ‘don juanes’, como es el caso del Burlador de Sevilla, que yo tuve la suerte de interpretar en el Teatro Bellas Artes de Madrid, es que el Don Juan de Zorrilla se enamora. Frente al Don Juan de Tirso, que yo siempre digo, y póngalo entre comillas, que es más ‘macarra’, es un ludópata empedernido, y no entiende otra, va permanentemente hasta el final de la jugada. Y Zorrilla plantea un Don Juan que a media partida se ve tocado por esta cosa del amor y tiene que cambiar su manera de ser hacia un lugar en el que no sabe comportarse. Y ahí se vuelve vulnerable.

¿Cómo afronta ese pasaje de la obra de “no es verdad, ángel de amor…”, quizás, por conocido, el momento cumbre de la función?
Qué dificultad, sí, afrontar ese fragmento de la obra, ¿verdad? Yo siempre intento trabajar desde la verdad. Con lo cual frente a otras ocasiones en las que he visto interpretaciones de esta función quizás con más artificio, en este caso hacemos una escena muy desnuda. Hemos intentado dotarla de mucha verdad. Hay poca impostación en mi interpretación. Y hay mucha verdad y mucha participación con los elementos que están en escena. Nada más. Yo creo que es uno de esos textos que a veces resulta tan importante que sobrepasa al actor. Por eso considero que el intérprete, en este caso, lo que tiene que hacer es casi desaparecer, dejar que el texto sea el que mande, que fluya, y no querer ponerte por encima del texto. Insisto: que el texto sea el que mande. Porque no es necesario hacer casi ningún esfuerzo con estos textos, porque están tan bien escritos y son tan conocidos que vuelan por sí solos.

¿Usted considera que El Tenorio admite críticas políticas o sexistas como han hecho últimamente incluso actores que han interpretado al personaje?
Cualquier texto admite una crítica y una revisión. Y me parece muy bien. No podemos leer los textos de hace 400, 300 o 200 años con el prisma de hoy. No podemos juzgarlos desde ahí. Pero sí que podemos hacer revisiones y mostrar cómo éramos, cómo hemos sido, y por qué hemos llegado hasta aquí siendo como somos. Y esa es la primera oportunidad que te dan estos textos. Yo, efectivamente, en primera lectura, leo a Don Juan y encuentro actitudes machistas en el personaje. Pero precisamente eso hay que mostrarlo para que se vea, para que nos miremos en el espejo y lleguemos a la conclusión de que venimos de ahí precisamente.
Hace años, durante el mes de noviembre, proliferaban en la cartelera de Madrid y de otras muchas ciudades españolas las representaciones del Tenorio, pero esta tradición se ha perdido. ¿Qué piensa usted?
Yo pienso que se está perdiendo la tradición del teatro y de la cultura en general. Desgraciadamente la cultura, durante muchos años, ha estado, iba a decir que en un segundo plano, pero me corrijo, ha estado en un sexto, séptimo u octavo plano, no ha sido en absoluto una cosa que haya preocupado a nuestros políticos, y cuando ha venido la crisis los primeros presupuestos que se han recortado han sido los de cultura. Si tú pones un noticiario en la radio o en la televisión, sólo se habla de política y de empresa, y la cultura siempre figura como algo fuera de las primeras necesidades. Y es una pena porque estamos perdiendo una oportunidad estupenda de hacer una sociedad culta y que se interese por cuestiones interesantes y tenga una opinión propia. Y claro, por eso desaparecen este tipo de rituales, de ir a ver el Don Juan Tenorio en noviembre o en fechas próximas a la Noche de Difuntos, o de hacer algún tipo de actividad cultural en familia. Ojalá se recupere algún día todo esto.   

Paralelamente a su carrera de actor usted no ha dejado nunca de componer y ha sacado recientemente ‘Viaja la palabra’, un álbum, acompañado de un libro, en el que relata numerosas experiencias de su vida, ¿no?
Yo llevaba mucho tiempo sin editar discos pero he seguido componiendo y, al fin, ahora, he encontrado el hueco y las ganas para lanzar el álbum. El disco salió a la venta el 28 de septiembre y el libro el 2 de octubre. Se trata de un disco bastante reflexivo que he compuesto entre los 36 y los 40 años, y lo veo como un buen momento para reflexionar, por haberlo caminado, y estos temas son casi poemas. Y daban también para elaborar un diario de a bordo interesante para contar cómo he ido haciendo cada canción, de dónde venía, y me ha servido también para revisar algunos capítulos de mi propia vida, de mi pasado, que yo creo que a la gente le pueden interesar. Se trata de un disco, por un lado, y de un libro, por otro. Son dos cosas diferentes. Y estoy muy contento de haberlo podido hacer. Este proyecto, ‘Viaja la palabra’, ha iniciado su andadura en el extranjero de la mano del Instituto Cervantes y conmigo como embajador de la lengua española gracias a la popularidad que he alcanzado por mi paso por las series de televisión. Estuve en Serbia, en abril, celebrando el Día Mundial del Libro en el Instituto Cervantes, y en mayo tuve dos conciertos con todas las entradas agotadas en Novi Sad y Belgrado, además de un encuentro con estudiantes de español en la Universidad. También he ido a tocar a Finlandia. Se trata de que el proceso de divulgación de nuestro idioma sea latente.

¿Qué ha de contener de poesía una canción?
Yo lo digo siempre, y creo que este disco, ‘Viaja la palabra’, tiene mucho que ver con eso, que considero que las buenas canciones, las buenas obras de teatro, la cultura en general, cuando es buena, le da forma a emociones y sentimientos que nosotros no sabemos muy bien cómo se llaman, o cómo se miran, o lo que son, y de pronto una buena poesía o una canción nos explican mediante palabras en qué consisten esas emociones que nosotros no sabemos cómo llamar. Y en este caso eso es lo que tiene la poesía: te abre los ojos ante las emociones.

Usted hace teatro, cine, televisión, compone música y protagoniza conciertos. De todo ello, ¿qué perfil prefiere?
¡Ufff! Es verdad que las cosas en directo, para el que las vive, son muy emocionantes. Hacer un concierto o una obra de teatro te proporciona un chute de adrenalina muy fuerte. El directo tiene eso y a mí me gusta mucho el directo por eso: te da algo muy fuerte, inenarrable. Es verdad que la televisión y el cine te facilitan una popularidad que luego te posibilita hacer otras muchas cosas y además de vez en cuando puedes hacer un proyecto interesante en esos medios. Pero normalmente el directo me tira más.  

Usted ha dicho que “la política es la manera en la que se entienden las sociedades”. ¿Cómo ve el momento político actual?
Observo que hay mucha agresividad. Y mucho discurso vacío. Y eso no favorece en nada la labor que desarrolla mucha gente en el día a día de la política. Pero predomina el discurso vacuo y la agresividad para, digamos, derrotar al otro. No hay argumentos, y eso se echa mucho de menos.

En 2008 usted apoyó públicamente a José Luis Rodríguez Zapatero y luego tuvo que soportar una tormenta de críticas por ello.
Sí, de hecho no es que me haya arrepentido, pero desde entonces no suelo mostrar ni mi opinión política, y ni siquiera mi opinión, ni en redes sociales ni en nada. Porque me llevé un chasco muy grande. Yo creía que éramos una sociedad preparada para que el vecino tuviera una opinión diferente a la mía o yo diferente a la suya y parece ser que no es así. Yo, ahora, prefiero callarme públicamente y hablar de política en la intimidad con la gente con la que creo que puedo compartir ideas interesantes, y no con la gente que me va a insultar porque sí.

Siempre se ha mostrado solidario con los inmigrantes. ¿En qué medida la sociedad está pasando de la solidaridad al rechazo hacia estas personas?
Yo me he mostrado a favor del inmigrante porque sólo hay que mirar hacia nuestra historia. Yo tengo familia en Alemania, tengo familia en Cuba, y tengo familia en Estados Unidos. Tengo familia que tuvo que emigrar de España. De modo que sólo puedo ser solidario con la gente que en su país está viviendo una situación de dificultad e intenta, de alguna manera, poner medidas para salir de eso. Lo que no entiendo es cómo hay gente que se muestra capaz de olvidar nuestro pasado tan rápidamente. Pero yo seguiré pensando lo que pienso, que hay que apoyar a los inmigrantes, porque creo que es la única manera de construir una sociedad progresista.


‘Los Serrano’ en la memoria

La serie ‘Los Serrano’ se está reponiendo por televisión en horario vespertino. ¿Qué recuerdos conserva del personaje de Marcos, que usted interpretó, aquel chico que cantaba guitarra en mano aquello de “uno más uno son siete, ¿quién me lo iba a decir?...”.
Esa serie ha envejecido muy bien. Yo creo que las tres primeras temporadas son muy buenas, extremadamente buenas. Luego pasa como en todo: que lo estiras y lo estiras y va habiendo de todo. Tengo muy buenos recuerdos de ‘Los Serrano’, pero muy malos recuerdos también. Un poco de todo. Desde luego fue algo que me marcó. Pero le puedo asegurar que siempre intentábamos hacer un buen trabajo. Había un buen equipo y muy buenos compañeros. E intentábamos hacerlo lo mejor posible. ‘Los Serrano‘ fue una experiencia muy fuerte en mi vida. Con el tiempo me he ido reconciliando con todo aquello y la verdad es que ahora lo miro desde el prisma de la suerte que tuve de haber podido participar en una experiencia como aquélla.