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 Nº 1268. 9 de noviembre de 2018

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El Acento / Inmaculada Sánchez

La Transición no llegó a las togas



Sentencias tan sorprendentes como la del impuesto de las hipotecas o ‘La Manada’ transmiten que nuestra más alta judicatura no se ha democratizado al mismo ritmo que la sociedad española: muchos de sus jueces siguen siendo tan sensibles a los grandes poderes económicos y al ‘orden social’ como sus antecesores lo eran hace 40 años.

Me lo dijo hace unos años un ministro de Justicia de un gobierno socialista para explicar su frustración: “Desengañémonos. Desde el Gobierno se puede hacer muy poco para reformar la Justicia de este país. A los puestos más altos llegan los de siempre. La Transición no ha pasado por la Judicatura”. Temo que su reflexión continúe más viva de lo que nos gustaría en el año en que la Constitución, que dio carta de naturaleza a nuestra actual democracia, cumple 40 años.

Del espectáculo ofrecido estos días por el Tribunal Supremo a cuenta del ‘impuesto de las hipotecas’ lo más revelador, a mi juicio, han sido las palabras del presidente de la Sala que forzó la revisión de la sentencia favorable al cliente para explicarla. Era la “enorme repercusión económica y social” de la decisión la que obligaba a que fuera nuevamente escrutada y replanteada por un mayor y más selecto número de togados.

No fue necesaria llamada alguna de los emisarios de la gran banca, si es que la hubo. Los jueces de mayor nivel de nuestro país son ‘de oficio’ muy sensibles a las consecuencias de la caída de sus valores en Bolsa o de sus resultados en un momento clave para la recuperación económica del país tras la gran crisis. No hay que esforzarse demasiado en explicárselo ni ejercer mucha presión. Y lo son, porque continúan llegando a esos puestos, todavía muy mayoritariamente, desde una clase social en la que esa ‘sensibilidad’ predomina claramente frente a otras.

Nuestra modélica Transición evitó rupturas y limpiezas en sectores tan sensibles como el Ejército o la Justicia, donde estaban bien instaladas las clases más favorecidas del régimen franquista, y optó por una paulatina modernización. Para que la magistratura se fuese filtrando de la nueva sociedad española, los gobiernos del PSOE implantaron el ‘cuarto turno’, que permitía acceder a los puestos más altos a ‘juristas de reconocido prestigio’ sin la necesaria travesía de oposiciones y escalafón que los blindaba para indeseados. Las becas, la llegada de las clases populares a la universidad y la mejoría económica haría el resto.

Estos cautos planes, con el tiempo, han dado sus frutos en buena medida en algunos sectores, pero quienes conocen desde dentro cómo funcionan nuestros tribunales aseguran que en sus salas es donde menos. Sólo así se explican sentencias como las de ‘La Manada’, en proceso de revisión estos días, por cierto, en el Tribunal Superior de Justicia de Navarra por los recursos presentados.

Nuestras facultades de Derecho están llenas de mujeres y las últimas promociones de jueces, copadas por ellas. Hoy, un puesto de tanta exigencia y responsabilidad ya no está reservado a hijos del cuerpo como antaño, pero  el retroceso económico y social que ha traído la crisis lleva tiempo impidiendo que esa capilaridad tan lenta y trabajosa por la que apostaron los hacedores de la Transición consiga resultados constatables. Y estas últimas sentencias nos lo vienen recordando dolorosamente.

 

 

 

Firma:

Periodista y directora de El Siglo desde 2011, revista que contribuye a fundar, en 1991, formando parte de su primer equipo como jefa de la sección de Nacional. Anteriormente trabajó en las revistas Cambio 16 y El Nuevo Lunes y en la Cadena Ser. Actualmente también participa asiduamente en diferentes tertulias políticas de TVE y de Telemadrid.

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