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 Nº 1272. 7 de diciembre de 2018

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Tribuna / Ignacio Vasallo

Nuevo libro del sociólogo Julio Aramberri

La China de Xi Jinping


Sin perder de vista los orígenes históricos, el libro de Aramberri se centra en el fascinante viaje de ese país desde la toma del poder por  los revolucionarios en 1949 hasta nuestros días.

La tesis del profesor  Aramberri en su reciente obra ‘La China de Xi Jinping’ (Ediciones Deliberar) es que el pretendido cambio político y económico  desde la desaparición de Mao es más cosmético que real. El llamado “socialismo de rasgos chinos” sería un sistema que, a pesar de haber apoyado el desarrollo de la economía de mercado en determinadas áreas, no deja de ser totalitario y cuyo fin es el mantenimiento del poder absoluto del Partido Comunista Chino.

El autor resume correctamente la ineficacia de la colectivización agraria que causó la hambruna de 1958-59 y la persistencia en el error con La Gran Revolución Cultural Proletaria que a la ruina económica sumó también la moral.
Pero todavía tiene más interés el relato de lo que ocurre a partir de 1978 cuando aparecen algunas tibias reformas como las explotaciones agrarias familiares que marcan la defunción de las comunas, el incremento de la producción de cereales y la creación de las “zonas económicas especiales”  lo que permitió  la llegada de capitales extranjeros y la aparición de numerosas pymes. Ambas medidas fueron impulsadas por el ‘reformista’ Deng, que defendía que “el único criterio de la verdad es la práctica“.

Se reabren las universidades, empieza la desigualdad salarial, aparece la política del hijo único, se abandona la chaqueta Mao y se inicia el “socialismo con rasgos chinos“. Esa evolución se mantuvo hasta los acontecimientos de Tiananmen en 1989, que terminaron con la brutal represión aprobada y alentada por el propio Deng. Ese control permitió a los dirigentes impulsar, a partir de 1992,  la “economía socialista de mercado “, es decir, “la aceptación del capitalismo según los intereses cambiantes del PCC “. 

La apoteosis de la nueva China son los Juegos Olímpicos inaugurados a las ocho horas y ocho minutos del dia ocho del octavo mes de 2008. El número de la suerte. Beijing enseña al mundo la realidad de su espectacular crecimiento.
 Crecimiento que no es debido a los pobres  salarios, sino al bajísimo coste del capital  y al uso político de la devaluación de la moneda.

Como es habitual, a la apoteosis siguió la depresión a la que se enfrentó a partir de 2012 el nuevo y brillante equipo directivo con Xi Jinping al frente, bajo el que se produce la enorme progresión del sector privado y un masivo incremento de la renta disponible. Es un modelo especial de capitalismo de Estado que bajo el control del PCC ha “obviado el marxismo  pero no el leninismo”, incluyendo un culto al líder desconocido desde los tiempos del fundador.

La lucha contra la corrupción se convierte en la insignia de su política pero oculta el aumento de la desigualdad y la aparición de los multimillonarios que deben su patrimonio a decisiones políticas del PCC y que están alineados con ellas. Al tiempo, también se refuerza una clase adinerada,  que puede rondar los cien millones de personas, que puede enviar a sus hijos a estudiar al extranjero o hacer turismo internacional.

El eslogan ‘Un país tres sistemas’ oculta la realidad, ‘Un país tres problemas’: Taiwán, Hong Kong y Macao. Solo hay una China y ni uno ni otros aceptan una partición del país.

Esta evolución ha ayudado a que China se sienta hoy legítima heredera del Imperio del Centro, olvidando el maldito siglo XIX.

Ya no se conforman con menos que la hegemonía mundial, algo preocupante puesto que no creen ni en el imperio de la ley ni en la democracia. Al recordar que, según Mao, “el poder político brota del cañón de un fusil”, se están reforzando militarmente  aunque, de momento, sólo con objetivos regionales.

La expansión económica tiene lugar desde 2013, sobre todo a través del proyecto de la Nueva Ruta de la Seda hacia el Oeste y del Banco Asiático de Inversiones en África y América Latina. Al tiempo, impulsan el ‘poder blando’ con el control de medios de comunicación para mejorar su imagen.

Desgraciadamente, aquí termina el libro, que en necesarias  ediciones posteriores tendrá que hacer un hueco  al tecnonacionalismo con el Plan Made in China 2025 con el que pretenden ocupar el espacio que les deja libre Estados Unidos en Internet, obtener autonomía en semiconductores y liderazgo en computación cuántica e inteligencia artificial.
Imprescindible para cualquiera interesado no sólo en China, sino también en el equilibrio político universal.

 

Licenciado en Derecho y periodista, es uno de los más destacados profesionales del sector turístico en España. Pertenece al Cuerpo Superior de Administradores Civiles del Estado. Fundador y primer director general de Turespaña. Dirigió los primeros planes de marketing del turismo español que incorporaron el Sol de Miró. Consejero de Turismo en Estocolmo, Nueva York, Milán  Londres y París. Ha publicado más de 300 artículos sobre la especialidad en diversos medios de comunicación y pronunciado conferencias en 50 países. Actualmente es responsable de Relaciones Internacionales de la Federación Española de Escritores y Periodistas de Turismo.

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