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 Nº 1272. 7 de diciembre de 2018

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La Economía desde mi Observatorio / Carlos Berzosa

El malestar social aumenta en Europa


Una sociedad más desigual, una creciente precariedad en el empleo, explican el malestar social que se manifiesta de diferentes formas, como ahora la lucha de los ‘chalecos amarillos’ en Francia


La mayor parte de los países miembros de la Unión Europea (UE) pertenecen al grupo de los países desarrollados. El crecimiento económico ha ido acompañado por el Estado del Bienestar durante varias décadas, lo que ha hecho posible que  la eficiencia haya sido compatible con un cierto grado de cohesión social. Se puede afirmar que en los países  europeos desarrollados es donde se ha logrado una mayor calidad de vida en el mundo. Sin embargo, esta economía mixta en la que era compatible la existencia del mercado y el Estado social se ha ido rompiendo progresivamente desde hace tres décadas.

En este tiempo se ha tratado de desprestigiar al intervencionismo del Estado en la economía.  Desde el final de la Segunda Guerra Mundial hasta los años setenta del siglo pasado había un consenso bastante amplio entre los economistas y políticos sobre la idea de que el mercado tenía fallos que debían ser corregidos por el Estado. Desde entonces, y resultado de la crisis de los setenta, se ha cambiado totalmente esta idea considerando que es el Estado el que tiene fallos y el mercado el mecanismo más eficiente para asignar los recursos.

Se vendió prosperidad si se hacían las políticas económicas correctas que consistían en dar más primacía al mercado limitando la acción del Estado. Había que desregular, privatizar e insertarse en la creciente globalización. Se vendió un producto falso y las malas ideas se impusieron sobre las buenas. En la UE se vocearon las excelencias del euro. La crisis surgida en 2007 puso de manifiesto las debilidades de la moneda única.

Las ilusiones creadas por la globalización y las excelencias del euro se han desvanecido y lo que se ha conseguido es una sociedad más desigual, una creciente precariedad en el empleo, una mayor divergencia entre los países de la UE y, en consecuencia, una mayor inseguridad económica. Se vienen dando señales de alerta desde hace años de que el sistema sustentado en la globalización neoliberal no funciona. El Estado ha ido perdiendo progresivamente instrumentos para actuar y se encuentra además condicionado por los grandes intereses económicos y financieros globales.

El malestar social que se manifiesta de diferentes formas es evidente: el ‘Brexit’, el ascenso de la ultraderecha y ahora la lucha de los chalecos amarillos en Francia. Todo ello es el reflejo de la insatisfacción que una parte de la población tiene ante una situación económica y social como la que hemos descrito. Los partidos tradicionales no dan respuestas a los problemas de la gente y se buscan otras salidas. Crecen las contestaciones al ‘establishment’, que tan bien caracteriza Owen Jones en su libro con este nombre.

Los partidos tradicionales ni los nuevos que emergen en la escena política pueden dar respuesta a los problemas porque las causas están originadas por un modelo económico que los partidos que han gobernado han contribuido a crear con las medidas económicas tomadas sustentadas en el fundamentalismo de mercado. Se ha alimentado un monstruo que ahora no se puede controlar. 

 El movimiento de los chalecos amarillos es muy sintomático de lo que está pasando.  No es un movimiento de un día sino que ya lleva  semanas, va a más y se manifiesta con gran violencia. No tiene líderes es muy heterogéneo y sus reivindicaciones se amplían.  Se pide la dimisión de Macron. La subida del precio de los carburantes ha sido la chispa que ha encendido el gran malestar existente. Un hecho muy llamativo en Francia es cómo en poco tiempo la popularidad de los presidentes de la República ha caído en picado, cuando fueron elegidos con gran ilusión y esperanza. Le pasó a Sarkozy, Hollande y ahora, Macron.  Esto confirma lo que he dicho, pues lo que falla es el sistema neoliberal. Las palabras de Stiglitz son muy clarificadoras: "El mercado aunque sea eficiente, que no siempre lo es, no por ello genera modelos socialmente deseables.    

 

 

Firma:

Catedrático Emérito de la Universidad Complutense  y presidente de la Comisión Española de Ayuda al Refugiado(CEAR). Ha sido Decano de la Facultad de Ciencias Económicas y Empresariales de la Universidad Complutense(1984-1998) y Rector de esta Universidad(2003-2011). A lo largo de su carrera docente ha impartido enseñanzas de Estructura Económica Mundial y Desarrollo Económico. Tiene numerosas publicaciones entre las que destacan los libros Los desafíos de la economía mundial en el siglo XXI (Nivola,2002) y los escritos conjuntamente con José Luis Sampedro Conciencia del subdesarrollo veinticinco años después (Taurus, 1996) y La Inflación (Al alcance de los ministros) (Debate, 2012).

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