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 Nº 1273. 14 de diciembre de 2018

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Entrevista / Luis Eduardo Siles

Alberto San Juan, actor y director de ‘El Rey’

“La Monarquía se cae a pedazos”

Interpreta en la película ‘El Rey’, que se acaba de estrenar, a un Franco gigantesco y terrible, vestido de oscuro, alto, con gafas negras, robusto, pero con una vocecilla atiplada aunque firme a la hora de dictar las últimas penas de muerte. Alberto San Juan ha potenciado en la película el perfil onírico de la obra teatral ‘El Rey’, y también los primeros planos: en definitiva, el lenguaje del cine frente al del teatro. “La Monarquía se cae a pedazos”, afirma Alberto San Juan, que ha dirigido, escrito el guión e interpretado la película ‘El Rey’, que durante casi dos años se representó en el escenario del Teatro del Barrio de Madrid.

“Lo que encarna el personaje de Juan Carlos I en la película es el fin de un modelo social al servicio de los privilegios históricos de una minoría” “El 23-F fue un ‘shock’ colectivo que contribuyó a consolidar los límites de la democracia posfranquista” “Franco era un demente, un sociópata, un criminal desde su juventud hasta su muerte. Más allá, un genocida”

Se dice en el programa de la película: “El miedo de un hombre, Juan Carlos I que, en el epílogo de su vida, cae de la cima al sótano. Hasta ayer, la encarnación del poder. Hoy, expulsado del castillo. Desnudo bajo la lluvia”. ¿Ve usted así a Don Juan Carlos?
Veo así a la Monarquía. Se cae a pedazos, esa es mi impresión y eso es lo que encarna el personaje de Juan Carlos I en la película: el fin de un modelo social al servicio de los privilegios históricos de una minoría. Ahora nos encontramos en el momento en que esa minoría busca desesperadamente la forma de renovar el modelo social para que siga sirviendo a sus intereses. Veremos qué hace la mayoría.

Ha dicho usted recientemente que “Juan Carlos I simboliza un consenso institucional que, lejos de traer la democracia, puso límites muy estrechos a las profundas aspiraciones democráticas que contenía la movilización popular antifranquista”. Amplíenos esta idea.
Hasta mediados del año 1976, la mayor fuerza política activa contra la dictadura y por la democracia era la movilización popular, encabezada por el movimiento obrero, pero articulada también en el movimiento vecinal o en el movimiento estudiantil. Una fuerza organizada asambleariamente y, en gran medida, autónoma respecto de los partidos políticos. Y parece que no sólo buscaba terminar con el franquismo, sino que en su seno se debatía qué nueva sociedad construir. Una democracia, sí, pero, ¿qué democracia? Las asambleas eran experiencias de una forma democrática radicalmente participativa y en ellas se discutían posibles sistemas económicos alternativos al capitalismo, posibles formas de propiedad colectiva alternativas a la concentración privada de los recursos comunes que había consolidado el franquismo. No es hasta el otoño de 1976, unos meses después de la matanza de Vitoria, cuando empieza a cuajar el consenso institucional entre los representantes políticos del franquismo y los del antifranquismo. Este consenso deja fuera del debate y de los grandes acuerdos al conjunto de la población, que se convierte en un sujeto pasivo que ya sólo podrá decir sí o no a lo que una minoría ha debatido y acordado.

El golpe de Estado del 23 de febrero de 1981 aparece en la película envuelto en un contexto muy diferente al que durante lustros se contó de Don Juan Carlos como salvador. ¿Qué fue, en su opinión, el 23-F?
Es difícil saber qué fue mientras el Estado mantenga secuestrada información clave al respecto. Lo que sí sabemos es que el grito del teniente coronel en el Parlamento, ”¡Quieto todo el mundo!”, impactó de lleno en nuestra sociedad. Un solo ejemplo: tras las elecciones de 1977, familiares de desaparecidos del franquismo empezaron a abrir fosas comunes en busca de sus restos. Tras el 23-F, estas exhumaciones se interrumpieron bruscamente y no se retomaron hasta veinte años después, cuando al inicio del siglo XXI los nietos de los desaparecidos, sin ayuda institucional ninguna, empiezan a buscar a sus abuelos. El 23-F, como antes la matanza de Vitoria, fue un ‘shock’ colectivo que contribuyó a consolidar los límites de la democracia posfranquista. Una democracia que mantendría la concentración privada de los recursos comunes propia de la dictadura, y, por tanto, sería incapaz de asegurar la justicia social.

Dice en la película Kissinger, personaje que usted interpreta: “Carrero, te van a matar”.
Bueno, sobre la posibilidad de que el gobierno de EE UU colaborara o, al menos, no evitara, pudiendo hacerlo, el atentado de Carrero Blanco, hay mucho publicado.

Otra contundente frase de la obra, que sale de la boca del Rey: “No quería que los vencedores de la Guerra Civil se convirtieran en los vencidos de la democracia”.
Es suya, literal. Publicada en un libro de conversaciones entre Juan Carlos I y el Marqués de Villalonga.

Y otra frase de la película: “El miedo ayudó a olvidar los sueños de la calle”.
Se refiere a esa serie de ‘shocks’ a los que antes hacía yo referencia: el 3 de marzo de 1976 en Vitoria, el 23-F…

En la película, y no tanto en la obra teatral, se incluye la figura de Felipe VI, pero aparece de manera pasajera, leve…
Sí, la película habla de la Monarquía pero a través de su padre.

En la película Don Juan Carlos nunca se enfrenta cara a cara a Franco. Sí se enfrenta, por ejemplo, a su padre, Don Juan. Dice Juan Carlos : “He peleado contra mi propia sangre, pero al final lo he conseguido”.
Juan Carlos I tuvo que enfrentarse con su padre. A Don Juan le correspondía reinar, según las reglas de ellos. Juan Carlos se las saltó.

Usted interpreta en ‘El Rey’, entre otros, a Franco, de una manera sensacional. Y parodia la voz de Franco –“¿unas sardinillas?”–, pero en la indumentaria negra, en los movimientos, en la mirada, incluso en la estatura superior a la del Rey, Franco tiene la apariencia de un dirigente de la mafia.
¿Qué otra cosa era, sino el dirigente de la más siniestra y criminal mafia que ha existido nunca en la historia de España?

La figura del Rey la tratan ustedes con respeto. Don Juan Carlos aparece en un contexto de sospechas, pero también es un personaje que sufre mucho.
Es el protagonista de la película, y la película es un drama. Si el protagonista no lo pasa mal, no hay película.

En ‘El Rey’ también se subraya que Franco ordenó fusilar hasta el final, casi hasta el último momento de su vida. Un personaje que usted interpreta recuerda en voz alta el nombre de pila de los últimos fusilados.
Sí. Un demente, un sociópata, un criminal desde su juventud hasta su muerte. Más allá, un genocida.

En la película ha acentuado usted los primeros planos, es decir, ha utilizado el lenguaje del cine, y ha potenciado también la atmósfera onírica del libreto. La película ‘El Rey’ es cine, no teatro filmado, ¿no?
Desde el momento en que hay una cámara y un montaje posterior, es cine.

Pedro Sánchez se ha mostrado partidario de acabar con la “inviolabilidad” del Rey. ¿Qué piensa usted?
Lo hizo y después se retractó. El PSOE tuvo la desgracia de llegar al gobierno en los años 80 y no en los años 40. Le tocó rendirse al neoliberalismo y desde entonces vive una esquizofrenia que tras la crisis económica que hemos padecido se ha evidenciado de forma exagerada.

¿Hasta qué punto en España se está siendo injusto con Willy Toledo?
Hasta todo punto. Es muy preocupante que el hecho de expresarse políticamente le suponga no trabajar a un actor.

El conflicto catalán cada vez se enquista más. ¿Ve usted alguna salida?
Liberar a los presos, recorrer un camino de distensión y hacer un referéndum pactado. Tres cosas prácticamente imposibles con Rivera, Casado, Torra y Sánchez. Es horrible. Nos la han colado. Quienes insisten en que el mayor problema de España es Cataluña y viceversa, han conseguido que los desahucios, los recortes, la explotación laboral o la desigualdad creciente, queden casi ocultos.

Última pregunta. ¿Cómo consiguieron rodar ‘El Rey’ en una sola semana y en un único escenario, el del Teatro del Barrio?
Porque los actores se sabían el papel después de más de un año representándolo casi diariamente en el teatro y porque somos muy brutos.

El discurso del Rey

La película ‘El Rey’ plantea importantes incógnitas sobre la Transición a través de la figura de Juan Carlos I. La película, escrita y dirigida por Alberto San Juan, nos presenta a un Juan Carlos I, interpretado por un colosal Luis Bermejo, en los estertores próximos a la muerte, absolutamente solo, por el que pasan las sombras de las personas que han sido importantes en su vida. En la atmósfera de toda la película está la terrible soledad de Juan Carlos. Una soledad amarga y de un brillo descolorido, el brillo oxidado de una Monarquía que los actores presentan al espectador como absolutamente obsoleta.

Alberto San Juan cree en el teatro periodístico, algo parecido a lo que Bertolt Brecht denominó en su día como teatro documental. Ahora lo ha llevado al cine. Al escribir este tipo de obras, San Juan se apoya en infinidad de lecturas de libros y de documentos a fin de que la ficción esté lo más próxima posible a la realidad. La película presenta a un Juan Carlos decididamente tutelado por Franco. Otro momento de la cinta revela cómo la Transición se ideó en una conversación que el joven Juan Carlos mantuvo en el despacho de Joaquín Garrigues Walker. Ahí se preparó el franquismo sin Franco. Willy Toledo encarna, entre otros, a un Felipe González vividor y sin escrúpulos; Luis Bermejo a un rey agrietado, y Alberto San Juan a un Francisco Franco frío y despiadado. La acción transcurre dentro de la mente de un rey atormentado. Una afilada lectura de la Transición.