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 Nº 1273. 14 de diciembre de 2018

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Tribuna / Bruno Estrada


La derecha es una y trina

Vox, liderado por Santiago Abascal, se nutre de una parte del voto desencantado con el PP, sin obligarle a escorarse a la derecha, a la vez que rescata de la abstención a los antisistema de derechas

Vox es algo más peligroso que un partido ultraderechista. Es la clave de bóveda del proceso de recuperación de la hegemonía cultural de la derecha económica, bajo el manto del Aznarato. Ya que permite que la derecha haga un uso partidista y demagógico de la identidad nacional, tanto en relación a Cataluña como a la inmigración, sin perder al votante del centro.

El surgimiento de Podemos en 2014 hizo que la derecha económica tomara conciencia de que iba a tener problemas para gobernar la salida de la crisis conforme a sus intereses: recuperar las altas tasas de beneficios precrisis a costa de incrementar la precariedad laboral, sin importarle la pobreza que ello generara en gran parte de la clase trabajadora de nuestro país.

Ciudadanos fue un primer intento. Recordemos aquellas palabras del presidente del Banco Sabadell en 2014: “Necesitamos un Podemos de derechas”, y las reuniones de Rivera con importantes representantes del poder económico que dieron alas y recursos a un partido que, hasta entonces, estaba circunscrito a Cataluña (https://blogs.publico.es/otrasmiradas/4789/la-cena-de-los-ciudadanos-no-de-los-idiotas/).

La derecha económica contuvo la respiración ante las elecciones de 2015 pero respiró aliviada con los resultados. Utilizaron su capacidad de influencia en el PSOE y, por supuesto, en Ciudadanos para generar un insalvable desencuentro con Podemos, a lo que ayudó cierta bisoñez de la izquierda emergente. La conclusión fue una nueva convocatoria electoral.

La repetición de las elecciones alumbró la continuidad de un frágil gobierno del PP. Rajoy, un personaje sin ninguna moralidad, era capaz de aguantar lo que hiciera falta. Sin embargo, el volumen de corrupción alcanzado por el PP hizo que en 2018 todo saltara por los aires tras la sentencia sobre la ‘Gürtel’.

El triunfo de la moción de censura de Pedro Sánchez, con el apoyo sin condiciones de Unidos-Podemos, encendió las alarmas: la izquierda, aunque con una gran debilidad parlamentaria, había llegado al gobierno.

El PP, desalojado del poder, empezaba a deshacerse como un azucarillo en un vaso de agua y aunque Ciudadanos recogía una parte de ese electorado lo hacía en un volumen insuficiente. Asimismo, la competencia entre ambos partidos por hacer bandera política de la identidad nacional les desplazaba excesivamente hacía la derecha.

Se hacía real el riesgo de una larga hegemonía de la izquierda que pudiera poner en cuestión algunos de los enormes privilegios de los que goza el “capitalismo de amiguetes” de nuestro país que viene lastrando, desde hace décadas, el desarrollo de España.

Y entonces el Aznarato movió ficha para impulsar Vox. Siete de sus diez fundadores han tenido cargos en los Gobiernos de Aznar o relaciones con él, según cuenta Sergio Sangaio (https://ctxt.es/es/20181129/Politica/23127/vox-aznar-eta-esperanza-aguirre-sergio-sangiao.htm).

Los resultados de las elecciones andaluzas permiten llegar a la conclusión de que, por ahora, ha sido una estrategia exitosa.

Vox se nutre de una parte del voto desencantado con el PP, sin obligarle a escorarse a la derecha, a la vez que rescata de la abstención a los antisistema de derechas. Y ha generado un demagógico discurso de “identidad de los olvidados” frente a los ‘señoritos’ de San Telmo, que ha ayudado a transmutar la justificada desafección de muchos votantes de izquierdas con el gobierno de Susana Díaz en una abstención estéril.

No obstante, nada está escrito, Andalucía tiene sus propias especificidades. La constatación de que la derecha es una y trina puede movilizar a los votantes de izquierdas. Pero para ello Podemos, PSOE e IU, cada uno con su perfil, deben establecer, como ha hecho la derecha, una estrategia de colaboración estable capaz de proponer ilusión. Esto es, políticas que protejan a los ciudadanos frente a la avidez de la derecha económica, ya no vale con la mera apelación al voto del miedo.

 

 

Firma

Economista, adjunto a la Secretaría General de CC OO. Es director adjunto del Programa Modular de Relaciones Laborales de la UNED y miembro del Consejo Ciudadano de Podemos de la Ciudad de Madrid. Fue miembro fundador de Economistas Frente a la Crisis. Ha publicado diversos libros, el más reciente La Revolución Tranquila (Ed. Bomarzo). Autor de la obra de teatro Escuela Rota y productor de varios cortometrajes y películas con los que la productora Dexiderius ganó dos Goyas. 

 

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