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 Nº 1273. 14 de diciembre de 2018

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Tribuna / José Antonio Pérez Tapias

‘The slovenian way’

A Cataluña le falta el apoyo que desde el primer momento Alemania dio a Eslovenia; la ciudadanía a favor de la secesión no llega al 50%; y el Estado español, aun en crisis, no está en trance de disolución. Fantasear en política, como ha hecho Torra, es desastroso

En la batalla por el relato, el ‘president’ Torra y sus asesores han tenido un fallo garrafal en su estrategia de comunicación. Se estarán arrepintiendo, ya que no se dedican a hacer propósito de la enmienda en cuanto a acometer a fondo las tareas de gobierno que exige estar al frente de la Generalitat. El pecado comunicativo ha sido no haber aludido en inglés a la vía eslovena, lo cual hubiera sido lo conforme con el barniz cosmopolita que el independentismo catalán pretende para su nacionalismo secesionista. De haberlo hecho en la lingua franca de este mundo globalizado hubiera quedado como de mal gusto fijar la mirada castiza de quienes se entienden en castellano sobre el lamentable asunto de los muertos que costó la “guerra de los diez días” que siguió a la unilateral proclamación de independencia de Eslovenia en junio de 1991.

Hablemos en serio: fue lamentable que la independencia y el consiguiente enfrentamiento armado costaran setenta víctimas. Sería cínico considerarlas efecto colateral, indeseable pero, en definitiva, insignificante, máxime –podría aducir el cínico de turno– teniendo en cuenta las miles y miles de víctimas en la guerra de los Balcanes.

Pero sigamos hablando en serio: ¿por qué declara Torra su fervor por la “vía eslovena” fechas después de posar con el presidente de la República, Borut Pahor, el mismo 6 de diciembre, cuando en España tenían lugar los actos con motivo del cuadragésimo aniversario de la Constitución vigente? Es patente que la elección de la fecha no tuvo nada de casual.

Muchos factores nos orientan hacia lo causal. Si nos remontamos a ciertos antecedentes en lo que toca a la querencia del independentismo catalán hacia Eslovenia es obligado recordar de nuevo la buena relación de Jordi Pujol con Milan Kucan, el comunista reconvertido en líder de la independencia de su país. El primero apoyó y animó al segundo a la secesión respecto de un Estado en crisis total, sumido en una guerra en la que Serbia, con todos los recursos del ejército que tenía disponibles, trataba de evitar a sangre y fuego los procesos de independencia por entonces ya incoados por parte de distintas repúblicas de la federación yugoslava. Había que aprovechar la coyuntura. Al cabo de casi tres décadas, Torra y los suyos –o Puigdemont y quienes le secundan– piensan que es momento de cumplir lo que quedó como sueño secreto de Pujol: hacer lo que éste animaba a Kucan que hiciera.

Continuemos con breve recopilación de hechos: la declaración de independencia fue apoyada en un referéndum unilateral en el que participó el 90% de la población y que arrojó más de un 88% de ‘síes’ a una secesión en la que sólo se veían ventajas. La primera de ellas era que, a pesar de los diez días de guerra, con la separación Eslovenia se podía librar de un conflicto bélico terrible como el que se estaba dando en Yugoslavia y que iría in crescendo. Y la segunda que se vislumbraba era el acercamiento exitoso a una UE que era vecina y que, de hecho, a pesar de declaraciones anteriores, en 2004 aceptaría la integración de esa pequeña república de poco más de dos millones de habitantes, pero con potencial económico grande, entre otras cosas gracias a la industrialización que en ella promovió Tito. No tardaría en llegar la incorporación de Eslovenia al euro (2007) y que asumiera la presidencia semestral de la Unión en 2008.

¿Está claro por qué seduce la vía eslovena? Claro es que es un fantaseo con bases muy débiles: a Cataluña le falta el apoyo que desde el primer momento Alemania dio a Eslovenia; la ciudadanía a favor de la secesión no llega al 50%; y el Estado español, aun en crisis, no está en trance de disolución. Fantasear en política es desastroso, pero es a la vista de la realidad en que pretende apoyarse como hay que hacer que el independentismo pise tierra. ERC trata de aterrizar pasando por Escocia.

 

Firma:

Catedrático de Filosofía y decano de su Facultad en la Universidad de Granada. Diputado del Grupo Parlamentario Socialista del Congreso en Legislaturas VIII y IX. Autor de libros como "Del bienestar a la justicia. Aportaciones para una ciudadanía intercultural"(2007), "Invitación al federalismo. España y las razones para un Estado plurinacional" (2013) y "La insoportable contradicción de una democracia cínica" (2016).

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