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 Nº 1275. 4 de enero de 2019

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Entrevista / Luis Eduardo Siles

Ramón Fontseré, director de Els Joglars

“El teatro tiene que hacer reflexionar
y dudar”


Es un extraordinario conversador, una persona amante de las tertulias, afición que también tenía Santiago Rusiñol, protagonista de la última obra de ‘Els Joglars’, ‘Señor Ruiseñor’, que se representa en enero en el Teatro María Guerrero de Madrid. Ramón Fontseré (Torelló, Barcelona, 1956), director del legendario grupo, afirma: “El teatro es un juego que se hace sobre un altar sagrado”. En la obra subyace la nostalgia de una Cataluña que, para Els Joglars, vivió tiempos mejores.


DAVID RUANO

“Figuras como Dalí, Pla, Amadeo Vives o Rusiñol significan un mundo que no ha sido reemplazado en Cataluña”   “Sobre el escenario yo me siento protegido, al margen de cualquier peligro”

Escriben ustedes en la presentación de ‘Señor Ruiseñor’: “En Cataluña se ha arrancado o falseado el pasado y de esta manera se ha podido configurar un orden inventado”.
En la obra formulamos una reflexión sobre Cataluña a través de la figura de Santiago Rusiñol, que lo hemos cogido como representante de una Cataluña abierta y amante de todo el territorio. Rusiñol escogió la vida libre del artista. Era, como yo digo, un satírico triste de la burguesía catalana. Y ese mundo amable y abierto que él representaba no ha sido continuado. Ahora hay una Cataluña sectaria. Santiago Rusiñol es una figura que nos gusta mucho. Representa a una Cataluña que tópicamente gustaba tremendamente al resto de España, una Cataluña de la sensualidad, del arte y de la felicidad.

Citan ustedes a Josep Pla, que dijo: “ Rusiñol fue un destructor de fanáticos que representó una sociedad de ciudadanos holgados y juiciosos a orillas del Mediterráneo”.
Sí, Rusiñol era un humanista, un hombre dotado de una gran facilidad para brillar en todo lo que hacía. Pintaba cuadros y alcanzó una enorme notoriedad como dramaturgo, escritor y poeta. El teatro lo escribía cuando no podía dormir, durante largas noches de insomnio y, sin embargo, tenían luego esas funciones un éxito enorme entre el público. No le gustaban ni los fanáticos ni la intolerancia. Era una actitud vital de ciudadano fantástica: de espíritu abierto, con capacidad de entender a los demás. Y no le gustaba nada la política. Cuando comenzaba a hablarse de política en las tertulias a las que asistía, él se levantaba y se iba. A Rusiñol sí le gustaban mucho las tertulias. Pero si alguien comenzaba a hablar de política, decía: “¿Para qué hablar de esto si ahí fuera hay un cielo azul?”. Iba a la tertulia de los monárquicos y también a la de los carcas. Pero no le gustaba la política. Josep Pla lo visitó antes de que Rusiñol muriera en 1931. Y Rusiñol preguntó a Pla: “¿Es verdad que se ha implantado la República en España?”. Pla había estado en Madrid para cubrir periodísticamente ese cambio, que al principio no fue violento, fue una cosa de terciopelo. Sin sangre. Sin nada. Luego todo empeoró. Pla escribió en su periódico crónicas sensacionales sobre la llegada de la República. Rusiñol murió al poco tiempo de todo aquello.

¿Hasta qué punto la obra es un homenaje a Santiago Rusiñol?
Nosotros presentamos esa actitud vital de Rusiñol, su carácter ingenioso y cosmopolita. De persona entregada al arte. Él concebía el arte como una cosa sagrada. Estaba harto de las chimeneas, de la materia, que aparecía entonces en los cuadros. Y él pudo hacer siempre una vida de bohemio con dinero, de bohemio con posibles. Tuvo la oportunidad de emprender otros trayectos, pero escogió el camino del arte. Y todo ello se refleja en nuestro espectáculo. Ante la cosa mediocre de otro tipo de vida, Rusiñol eligió la vida artística. Él introdujo a El Greco en España. Compró en el extranjero dos cuadros de El Greco y era tal su satisfacción que organizó una gran fiesta en su casa para celebrarlo y para mostrarlos. En la vejez se vio afectado por el reuma y por unos fortísimos dolores de riñón, pero cada día le pedía a su hija que le atara el pincel a la mano para seguir pintando. Murió en 1931 en la fonda de Aranjuez, porque estaba pintando los jardines de Aranjuez. En esta obra hay escenas plásticas hermosísimas.

¿Qué queda ahora de esa Cataluña “cívica, culta y abierta al mundo” que en este espectáculo representa Rusiñol?
Figuras como Dalí, Pla, Amadeo Vives, o Rusiñol significan un mundo que no ha sido reemplazado en Cataluña. No quedan demasiadas cosas de entonces. Está todo contaminado por esa fiebre, ese delirio, por el ‘procés’ y por todo lo que está pasando. No han surgido en Cataluña hombres librepensadores como aquellos. Sólo mi admirado Albert Boadella.

La obra, según han escrito ustedes, tiene “ferocidad, sarcasmo y humor”.
Claro. Ocurre que Rusiñol también tenía esas características. Y el teatro tiene que servir para hacer reflexionar, para hacer dudar. Y esa reflexión se tiene que realizar sobre lo que nos gusta y también sobre lo que no nos gusta. El humor y la ironía están en el teatro desde siempre. Es misión del teatro disentir y formular reflexión.  

¿En qué es especialmente reconocible este espectáculo como obra de Els Joglars?
En todo, ‘Señor Ruiseñor’ tiene nuestro sello característico. Puede percibirse a través de la ironía y de una escenografía funcional y minimalista. El teatro es un juego que se hace sobre un altar sagrado. Un ritual. Utilizamos una escenografía impresionante, envuelta en una gran pantalla semicircular. Una escenografía que realza el juego del actor. Porque otras escenografías hacen lo contrario: ocultan el juego del actor. Aquí, lo que el actor hace, lo realza la escenografía.

Usted ha dicho en alguna ocasión que “el texto no es la pata que aguanta los espectáculos de Els Joglars’”. Pero en esta ocasión la dramaturgia la han hecho Dolors Tuneau, Alberto Castillo Ferrer y usted. ¿Han concedido esta vez una mayor importancia al texto?
Yo considero que, con todo respeto a las teorías de Buero Vallejo, la literatura no tiene que ser el todo en el teatro. Por eso me gusta esa atracción teatral que conlleva la música. La palabra, a veces, es tan exacta que no te inspira nada. La música amplía más ese universo. Pero efectivamente en esta obra le hemos dado una mayor importancia al texto. El texto tiene que ser bueno y corto.

En ‘Zenit’, anterior montaje de Els Joglars, deslizaban frases de contenido político, como: “Tú podías ser diputado de la CUP. Cualidades y ganas de un sueldo vitalicio no me faltan”. ¿Ocurre también en esta obra?
Supongo que sí. Alguna hay. Es obvio. Es la realidad. Nosotros hacemos un espectáculo catártico. Y el público ríe. Yo no digo, ni diré nunca, que no haya políticos honrados. Los hay. Creo firmemente en la política y en la democracia. Pero algunas personas buscan el negocio a través de la política.

¿Hasta qué punto en la obra está contenida su idea de que “el independentismo catalán está sustentado sobre una falsedad”?
En el espectáculo presentamos lo que es un delirio ya exagerado. Y en teatro se tienen que aumentar los volúmenes para que el espectador perciba con claridad las falsedades. Pero sí se refleja mi idea de que el independentismo catalán está sustentado en una falsedad.


Una escena de ‘Señor Ruiseñor’ que Els Joglars representa en el Teatro María Guerrero de Madrid. DAVID RUANO

Ha dicho usted: “Un actor es como un cajón que se llena de papeles y, luego, cuando acaba, se vacía. Y ya está”.
Es que yo decía… Me preguntaba…, si corría el peligro de quedar enganchado a alguno de los personajes que he interpretado, como le ocurrió a Johny Weissmuller con Tarzán. Yo no sé si algún día voy a llegar a casa y hago en la sala de estar de Franco o de Jordi Pujol, creyéndome que soy realmente el personaje. ¿Qué iba a pensar mi mujer? ¡Qué susto tan grande se llevaría! Un actor es un tipo que juega. Marcello Mastroiani decía que un actor es como un niño que juega a vaqueros que cabalgan por el Oeste. Y es así pero llevado con pasión. Yo juego a ser Pujol o Dalí. Y ese juego supone una gozada enorme para los que nos gusta esta profesión. Cuando tú actúas, te olvidas de lo demás. Es como si te introdujeras en el interior de una burbuja. Porque sobre el escenario yo me siento protegido, al margen de cualquier peligro. Cuando oigo entrar al público en el teatro, y me llega ese murmullo desde el patio de butacas, suelo echar una siestecilla en el camerino por la tranquilidad que en ese momento me envuelve. Yo no sé qué haría en la vida si no fuera actor. Porque un actor, insisto, lo que tiene que hacer es jugar, y ubicarse en esa esquizofrenia… Pero desde luego no acabar padeciendo la patología de Johny Weissmuller. En Els Joglars eso es algo que hemos analizado frecuentemente. Perseguimos el rigor artístico, pero luego queda el hombre normal, que se va a casa con su familia. Eso es esencial.

Pedro Sánchez aboga por el diálogo con Quim Torra. Mientras, Pablo Casado es partidario de la aplicación del artículo 155 en Cataluña. ¿Qué piensa usted?
¿Diálogo de qué? Si uno no le puede dar al otro lo que pide y el otro no puede conseguir lo que pide. Se ha perdido el norte. El artículo 155 que aplicó Rajoy en Cataluña fue homeopático. Sólo valió como cabecera de los periódicos. Intentar ese diálogo es como una exaltación de fe, algo de tipo religioso. Dialogar con alguien tan fanatizado es imposible. Pero si Sánchez lo que pretende es retrasar la celebración de las elecciones generales porque le interesa mantenerse al frente del Gobierno, pues sí. Y si Casado va a aplicar el artículo 155 como lo hizo Rajoy, no se va a notar nada. Cuando uno piensa que hubo un hombre como Josep Tarradellas en este país, que le parecía fantástico estar unido a un señor de Murcia, o a un señor de Sevilla, pues claro, eso sí. Pero lo otro es la separación, ese odio tremendo. Tarradellas fue capaz de hacer un encuentro con Adolfo Suárez. Fue una reunión que transcurrió fatal, en medio de discrepancias absolutas. Pero una vez finalizada, Tarradellas dijo ante los periodistas que había sido una reunión fantástica. Y Suárez, sorprendido, dijo lo mismo. Tarradellas estaba harto de sangre y de guerra.

Sobre la irrupción de Vox, Manuel Vicent ha dicho: “Vox es un nido donde se resguarda toda la frustración”. ¿Está de acuerdo?
No lo sé. O si es un partido xenófobo que ha surgido por toda esta situación tan delirante. Esto denota que se ha tenido que llegar a los extremos de que emerja un partido xenófobo. Y que haya que negociar con ellos en Andalucía. Estoy de acuerdo con Manuel Valls, que ha dicho: “Es una mala noticia la aparición de Vox”. Y ha ocurrido algo curioso con Ciudadanos. En Cataluña ganaron las elecciones y no se presentaron para intentar formar Gobierno. Y en Andalucía, que quedaron terceros, querían formar Gobierno y que Juan Marín fuera presidente.

Sin sucesores

Respecto al teatro independiente, La Cuadra, de Sevilla, desaparecerá y no dejará sucesores: Igual que Tricicle. Tampoco Els Joglars deja sucesores. ¿Cómo lo explica?

Yo también me hago muchas veces esta pregunta. Y me gustaría mucho que hubiera seguidores de la tarea que nosotros emprendimos. En esto me parezco al abuelo de Rusiñol, que era un conservador radical. Me gustaría que Els Joglars tuviera una continuidad. Y cuando hay un impedimento exterior, todavía te dan más ganas de mantenerte. Sería sensacional que Els Joglars continuara en el futuro. Con nuestra cúpula, el lugar donde preparamos los espectáculos, y con ese teatro tan especial y tan bonito. Y como algo relacionado con un oficio. Lo que hacían los artistas del Renacimiento. Un maestro tuvo un tiempo con él a un discípulo que se llamaba Leonardo Da Vinci. Eso se transmitía. Que Els Joglars viva muchos años.