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 Nº 1276. 11 de enero de 2019

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Los Dossieres / Pedro Antonio Navarro

Izquierda y extrema derecha estrenan presidencia en Brasil y México, los dos gigantes de la región

La nueva Latinoamérica de Bolsonaro y AMLO

Andrés Manuel López Obrador (AMLO) y Jair Messias Bolsonaro representan dos realidades enfrentadas de la actual América Latina. El primero, exponente de una izquierda que parece perder fuelle al otro lado del ‘charco’, es el nuevo presidente de México. El segundo, un militar ultraderechista que rige los destinos de Brasil desde el primer día del nuevo año. El pulso de influencias se desarrollará en los próximos años, con Venezuela como telón de fondo y un 2019 lleno de elecciones determinantes.


Dos formas distintas y enfrentadas de entender el ejercicio del poder se ven las caras en los dos países más importantes de Iberoamérica tras la elección de Jair Bolsonaro (Brasil) y Andrés Manuel López Obrador (México).

Andrés Manuel López Obrador (AMLO, por sus siglas, como es más conocido) y Jair Messias Bolsonaro, se acaban de convertir en los nuevos presidentes de México y Brasil, respectivamente. Se encuentran en polos ideológicos opuestos, pero ambos han sido elegidos como ‘reacción’ ante los gobiernos anteriores, en medio de un descontento y frustración con la política tradicional muy extendida en América Latina.

Brasil y México representan la mitad de la economía y la población de esta región, por lo que su capacidad de influencia en el área es muy grande. La llegada de estos dos nuevos ‘viejos’ va a traer consecuencias sobre toda la geografía al sur de Río Grande.

Bolsonaro alcanzaba el poder apoyado por una parte importante de los poderosos, especialmente el lobby de los grandes latifundistas y ganaderos y los militares. Obtuvo mejores resultados en los estratos altos que en los bajos, pero en general fue apoyado por un electorado muy heterogéneo, mientras que al mexicano le sucedía todo lo contrario.
En cuanto a la situación macroeconómica, se dan claras diferencias entre ambos grandes países. Mientras México vive una situación relativamente estable, Brasil trata de salir de una profunda recesión.

Tampoco estamos ante realidades institucionales iguales. Aunque ambos lucen el cargo de presidentes, México es una nación en a que el Jefe del Estado goza de un mayor poder Ejecutivo y, además, la coalición liderada por López Obrador, ‘Juntos haremos Historia’, cuenta con mayoría absoluta en las dos Cámaras legislativas.

No le sucede lo mismo a Jair Bolsonaro, que tendrá que negociar la mayor parte de las iniciativas que quiera poner en pie con diversos partidos en un parlamento muy fraccionado.

Las diferencias en sus planteamientos resultan evidentes. Mientras que el nuevo mandatario mexicano representa abiertamente a la izquierda, su homólogo brasileño es el primer político de extrema derecha que alcanza el poder en su país desde el fin de la sangrienta dictadura militar, en 1985. Y eso se está demostrando desde sus primeros días de mandato. Así, mientras AMLO anunciaba un aumento histórico del salario mínimo e inmediatos incrementos en las pensiones, Bolsonaro se comprometía a bajar
impuestos y pensiones, flexibilizar las leyes laborales heredadas del PT y, en general, a gobernar bajo los parámetros marcados por las empresas y los mercados financieros.

Diferencias que se hacen aún mayores en el terreno de los derechos sociales. En su toma de posesión, López Obrador se arrodillaba ante un médico indígena, dando muestras de cuál será su orientación en esta materia y, paralelamente, en su Gabinete entraba un número de mujeres sin precedentes en la historia de México. Por el contrario, el excapitán del Ejército brasileño es famoso por sus constantes desplantes y frases e intervenciones de corte racista, machista, homófobo y xenófobo.

Las dos grandes naciones están muy afectadas por la violencia y la delincuencia, con especial capítulo para el narcotráfico y las mafias inherentes. A Bolsonaro le ha producido mucho rendimiento electoral sus posturas radicales en este campo, prometiendo mano dura, endurecimiento de penas y libertad para portar armas.

En el otro extremo, AMLO prometia una aproximación garantista, que respete los derechos humanos, y ataque el problema con fórmulas poco habituales, como una amnistía para quien entregue las armas y abandone las organizaciones mafiosas, o la legalización de la marihuana para uso médico y recreativo.

La política exterior de ambos ‘gigantes’ también tendrá una orientación muy distinta. El flamante presidente mexicano habrá de enfrentar el reto de los ataques de su poderoso vecino del norte, Estados Unidos, especialmente, en lo que hace referencia al empeño de Donald Trump en construir el muro a lo largo de toda la frontera común que prometió durante su campaña electoral. Quienes le conocen aseguran que apostará por una vía pragmática y diplomática, aunque tampoco se descarta que recurra en algún momento a despertar las esencias de un país profundamente nacionalista, como es México.

Bolsonaro, por su parte, es un reconocido admirador de Donals Trump y sus políticas, y aspira a ser su  más fiel ‘representante’ en Sudamérica, planteando un alineamiento total.

En lo referente a Venezuela puede hacerse evidente la diferencia entre AMLO y Bolsonaro: el primero invitó al presidente Nicolás Maduro a su toma de posesión, mientras que él mismo no acudió a la de Bolsonaro, mientras que el nuevo Jefe del Estado carioca medidas más fuertes contra Caracas y hasta el cierre de la frontera común.

En definitiva, dos modelos muy influyentes que ejercerán un peso determinante en el devenir del futuro político inmediato de América Latina, con cinco elecciones generales en la Región este mismo año, con las presiones ejercidas por el Grupo de Lima contra el Gobierno de Venezuela, y que pueden coadyuvar a la profundización del giro neoliberal en el Continente o a marcar un punto de inflexión que permita recobrar el protagonismo a una izquierda mayoritaria hasta hace poco tiempo.

 

Dos modelos en las antípodas

Maduro, cada vez más aislado en Venezuela recibía un balón de oxígeno de AMLO al invitarlo a su toma de posesión.

Andrés Manuel López Obrador (AMLO), invitaba el pasado 1 de diciembre a Nicolás Maduro a su acto de toma de posesión. Rompía así con los esfuerzos de aislamiento diplomático que desde hace tiempo llevan adelante varios países del continente con el fin de forzar la salida del poder del presidente venezolano, especialmente por parte del Grupo de Lima –México, Argentina, Brasil, Canadá, Chile, Colombia, Costa Rica, Guatemala, Guyana, Honduras, Panamá, Paraguay, Perú y Santa Lucía-.

El gesto representaba un golpe para cualquier intento de coordinación de la región sobre Venezuela, y aunque México no necesariamente apoyará a Maduro, tampoco pondrá mucha presión sobre él a partir de ahora. Esta nueva posición podría servirle al nuevo Gobierno mexicano para lanzar nuevos intentos de diálogo en Venezuela.
Aun así, según diversos analistas de la región, México no influirá mucho en lo que decidan Colombia, Brasil, Chile, Argentina o Perú, todos ellos muy afectados por la crisis migratoria desde Venezuela.

El 10 de enero, Maduro iniciaba el nuevo mandato que obtuvo en las elecciones presidenciales de 2018, cuyos resultados no tuvieron el reconocimiento de la oposición nacional, así como de buena parte de la comunidad internacional, incluyendo la mayoría de los países latinoamericanos, la Unión Europea y Estados Unidos.

Por otra parte, con independencia del color político de su Administración, históricamente México se ha caracterizado por mantener relaciones cordiales con Cuba y por no inmiscuirse en cuestiones ideológicas y políticas de otros países, algo que no parece que vaya a variar con el nuevo Ejecutivo.

Según el que fuera presidente de Chile (2000-2006), el socialdemócrata Ricardo Lagos, AMLO asume “una responsabilidad grande” al erigirse en un presidente de izquierda que asume el poder en una región que gira cada vez más a la derecha. · Entre otras cosas, esa responsabilidad lo obliga a tener también que apoyarse un poquito en el sur”, sostiene Lagos, aunque el problema es que el que debiera ser “su socio natural”, Brasil, ahora no aparece como un interlocutor válido para poner en marcha políticas de progreso en Latinoamérica.

El exmandatario chileno cree que el fenómeno de Bolsonaro puede repetirse en otros países latinoamericano y podría poner fin al mapa político latinoamericano, que había experimentado una importante transformación entre finales del siglo XX, y principios del XXI, con el llamado giro a la izquierda o ascenso de los gobiernos nacional-populares.
Con ganadores diametralmente opuestos, tanto en sus trayectorias políticas, sus ideas y en sus proyectos de país, los comicios mexicanos y brasileños seguramente pasarán a la historia como el punto de inflexión de un nuevo tiempo en la región.

En México -segunda economía de América Latina y número 13 a nivel mundial- Andrés Manuel López Obrador obtuvo una contundente victoria el pasado 2 de julio, con el 53,2 por ciento de los votos (más de 30 millones de personas), un 30 por ciento por encima del contendiente más cercano, el candidato Ricardo Anaya del PAN.

En el caso de Brasil, primera economía latinoamericana y sexta en el mundo, Jair Messias Bolsonaro obtuvo el 55,13 por ciento de los votos, en segunda vuelta.

Recientemente, el embajador de Rusia México anunciaba las gestiones para una pronta reunión entre López Obrador y Vladimir Putin. La Nación Azteca se aproximará desde ahora a las tesis de multipolaridad en el sistema internacional, y se distanciará del seguidismo hacia Washington de los anteriores gobiernos mexicanos.

Por el contrario, Bolsonaro no oculta su gran afinidad con la actual Administración de Estados Unidos -Steve Banon, mano derecha de Donald Trump en su primer año de gestión, también fue asesor de campaña del capitán Bolsonaro- ni su cercanía con los gobiernos de derecha de Argentina, Chile y Colombia. Con el cambio en Brasil, salen perdiendo los países del bloque bolivariano y también Cuba.

Por otro lado está el factor de la cada vez mayor presencia de China en la región, donde se ha convertido en el invitado externo en este  juego de tensiones entre la izquierda y la derecha. Ahora, en líneas generales, el péndulo está cada vez más a la derecha. México está siendo la excepción.  La geopolítica del continente va a pivotar en torno a Trump, López Obrador y Bolsonaro.


Juego a tres bandas


A pesar de las buenas palabras, los hechos, la construcción del muro en la frontera, dinamitan las relaciones de Trump con el recién elegido presidente mexicano.

En principio, López Obrador y Donald Trump han emitido señales de desear mantener una buena relación, pero la gestión de la crisis migratoria podría tensar la relación entre estos vecinos con 4.000 kilómetros de frontera en común.. Trump tensa cada día más la cuerda en su país para lograr financiación para su gran promesa electoral: el muro fronterizo que pretende terminar de construir.

El gobierno mexicano, convencido de que los ataques van a ir in crescendo en los próximos meses, según vaya acercándose la campaña de la reelección de Trump, por el momento está reaccionando con pragmatismo.

El triunfo del ultraderechista Bolsonaro ha alineado ideológicamente al país más grande de América Latina con Estados Unidos, rompiendo con la política exterior multilateralista de los años del PT en el poder. Bolsonaro llega decidido a romper con todo lo establecido en Brasil, especialmente si se trata del legado del expresidente Lula da Silva. El hoy encarcelado líder izquierdista promovió durante sus gobiernos alianzas en comercio exterior e industria con los países del sur del continente, bajo el paraguas de la bonanza petrolera de la Venezuela de Hugo Chávez y alejó a Brasil de Estados Unidos.

Sin embargo, Bolsonaro pretende convertirse en el principal aliado de Trump en el sur del continente, tanto en lo económico como en lo ideológico. El nuevo presidente brasileño quiere mostrarse activo en lograr la salida de Maduro del poder en Venezuela, y hasta ha ofrecido su territorio para que Washington instale bases militares en él.

Bolsonaro, en línea con Trump, pretende disminuir la gran influencia económica de China en Brasil, del que es ya su principal socio comercial. Pero no le resultará sencillo.

En los últimos años, el gigante asiático ha logrado formar un bloque de países que han roto sus relaciones tradicionales con Taiwan y han abierto las puertas de la región a Pekín, especialmente en Centroamérica, donde Costa Rica, República Dominicana, Panamá y El Salvador forman el nuevo grupo aliado de China en el Sistema de Integración de Centroamérica (SICA).

Elecciones decisivas
Este año hay convocadas un buen número de elecciones generales y presidenciales en diversos países latinoamericanos que servirán para comprobar si se mantiene la tendencia hacia la derechización del continente que se ha manifestado en Brasil, Argentina o Paraguay, o si los electores vuelven a girar hacia la izquierda, tras el impacto de la victoria de Andrés Manuel López Obrador (AMLO) en México.

En Argentina habrá elecciones presidenciales entre octubre y noviembre.

Uruguay también tendrá elecciones presidenciales el próximo 27 de octubre. En octubre igualmente tendrán lugar las elecciones generales en Bolivia, en las cuales el actual presidente, Evo Morales, busca un cuarto mandato y frenar el giro a la derecha continental.

Las elecciones presidenciales de El Salvador elegirán a los nuevos titulares de la presidencia y la vicepresidencia de la República el próximo 3 de febrero, mientras que. las elecciones al Parlamento de Guatemala  se llevarán a cabo el 16 de junio.

Las elecciones generales en Panamá se realizarán el 5 de mayo. En esta consulta se elegirá al Presidente y al vicepresidente de la República.

 

Un programa reaccionario para Brasil


Para la ministra de Familia de Bolsonaro, Damares Alves, su ministerio es el “de la vida”, como soflama antiabortista.

La ministra brasileña del recién creado Ministerio de la Mujer, Familia y Derechos Humanos, Damares Alves, aseguró recientemente que pondrá fin al “adoctrinamiento ideológico” de niños y adolescentes. Alves, abogada en causas contra el aborto y pastora evangélica, destacó que su prioridad serán las políticas públicas “que favorezcan la vida desde la concepción” y dejó clara su postura contra el aborto y los derechos reproductivos de la mujer: “En lo que depender del Gobierno, sangre inocente no será derramada en este país. Este es el ministerio de la vida”. Criticó también las “ideologías de género. (…) En nuestro Gobierno, nadie nos va a impedir llamar a nuestras niñas de princesas y nuestros niños de príncipes. Los niños visten de azul y las niñas visten de rosa”. Y todo esto, solo tres días después de la toma de posesión.

Pero ha sido tiempo suficiente para que el Gobierno de Jair Bolsonaro anuncie su intención de revisar toda la estructura de la administración pública y destituir a aquellos funcionarios que defiendan ideas “comunistas”, tal y como informaba el flamante ministro de la Presidencia, Onyx Lorenzoni: “la sociedad dijo basta a las ideas socialistas y comunistas que en los últimos 30 años nos llevaron al caos actual”. Así, el ministro ha anunciado ya la destitución de unos 300 funcionarios con contratos temporales en su ministerio. 

Bolsonaro ya anunció que uno de sus objetivos es “combatir la basura marxista” del sistema educativo brasileño. Durante la campaña electoral ya había expresado su intención de realizar una “limpieza” del ámbito político y que ·los marginales rojos”   serían vetados para la política.

En su primer día como presidente decretaba diversas medidas, tales como la exclusión de las personas LBTBI de las políticas de derechos humanos, la fijación del salario mínimo por debajo de lo pautado por el Congreso, la firma de un decreto que da al Ministerio de Agricultura el poder de delimitar la demarcación de las tierras indígenas del país, que quedan abiertas para actividades comerciales, hasta ahora prohibidas. Y además, ha mostrado su intención de abandonar el Acuerdo de París contra el cambio climático, al tiempo que ya abandonaba de facto el Acuerdo migratorio suscrito con Naciones Unidas.

En la misma toma de posesión revelaba sus planes para intensificar las privatizaciones o endurecer las sentencias de prisión para delitos comunes.

El nuevo ministro de Economía, Paulo Guedes, quien encabeza un equipo de economistas ortodoxos conectados con la ‘Escuela de Chicago’, planea “reducir la carga fiscal de Brasil al 20 por ciento del PIB desde un 36, liberar al mercado crediticio de la saturación de los bancos estatales y reducir el proteccionismo”.


Las reclamaciones de posesión sobre sus territorios por la población indígena será centralizada en un ministerio a medida de la oligarquía que quiere expulsarla de ellos.

Otra medida ya adoptada ha sido decretar que los reclamos de tierras indígenas  –una fuente de sangrientos enfrentamientos en la frontera agrícola del país–, serán decididos por el Ministerio de Agricultura, cumpliendo una promesa de campaña a sus partidarios incondicionales en el sector agrícola.

Se ha desmantelado la Secretaría de Educación Continuada, Alfabetización, Diversidad e Inclusión (Secadi), que el Gobierno del expresidente Lula Da Silva había creado en 2004.  De este modo, también queda excluida la inclusión de lesbianas, gays, bisexuales, travestis, transexuales e intersexuales en la nueva política del Ministerio de la Familia, Ciudadanía y Derechos Humanos, dirigido por Damas Alves. 

Bolsonaro ha colocado al magistrado que encarceló a Lula, Sergio Moro, a cargo del Ministerio de Justicia. El exjuez federal se ha propuesto “iniciar una nueva era de ley y orden”. Para ello planea un ambicioso proyecto de ley contra el crimen que endurecerá las sentencias de prisión.

Bolsonaro también ha manifestado como presidente estar abierto a la posibilidad de establecer una base militar estadounidense en territorio brasileño. Las palabras del nuevo Jefe del Estado tenían lugar poco después de alertar del apoyo de Rusia a la “dictadura” del presidente venezolano, Nicolás Maduro.

Bolsonaro busca incrementar los lazos con Estados Unidos e Israel. Por eso, su asesor de Seguridad Nacional, Augusto Heleno, ha confirmado la intención de trasladar la embajada de Brasil en Israel a Jerusalén.

Del mismo modo, el Partido Social Liberal (PSL) que lidera el presidente electo, ya ha propuesto al Parlamemnto una reformulación del Estatuto de Desarme que aprobaron gobiernos anteriores y que pone límites a los ciudadanos para portar un arma.Defienden que las armas “son instrumentos, objetos inertes que pueden usarse para matar o para salvar vidas” y que pueden ayudar a reducir los homicidios.

El presidente ha dejado clara su intención de dar una facultad a los policías para que “en el ejercicio de su actividad profesional” sean protegidos por el sistema jurídico a través de una especie de inmunidad. De esta forma, si un agente durante una operación policial comete un crimen, éste no será punible ya que el funcionario lo habrá cometido en el ejercicio de su actividad profesional.

En materia educativa ya se ha adelantado la intención de reducir el porcentaje de plazas por cuotas raciales y favorecer la educación a distancia en zonas rurales, incluida la enseñanza básica para “combatir el marxismo y abaratar costes”.

Se van a ampliar los delitos tipificados como terrorismo agregando las invasiones a propiedades privadas tanto rurales como urbanas. Esto implica que aquellas personas que ocupan residencias o edificios deshabitados, conocidas en Brasil como ‘personas sin tierra’, serán tratadas de igual forma que un terrorista y tendrán que enfrentarse a penas de hasta 30 años de cárcel, la mayor que existe en el código penal brasileño.

 

Todo un bocazas

Jair Bolsonaro se declaró en televisión abiertamente a favor de la tortura.

Diputado desde 1991, Jair Bolsonaro, lleva varias décadas en primera línea informativa.

Su carrera política –en una decena de partidos diferentes- está llena de entrevistas polémicas y declaraciones controvertidas, sobre todo, contra mujeres, homosexuales o negros. En 1999, cuando era diputado por el Partido Progressista Reformador, Bolsonaro aseguró en el programa de televisión ‘Câmera Aberta’: “Yo soy favorable a la tortura, tú lo sabes”.

En 1999, en ese mismo programa, aseguró que “a través del voto, no va a cambiar nada en este país. Solo va a cambiar, desafortunadamente, cuando nos partamos en una guerra civil. Y haciendo el trabajo que el régimen militar no hizo: matando a unos 30.000, comenzando por Fernando Henrique Cardoso –entonces presidente brasileño-“.
En una charla en el Club Hebraica, en abril de 2017, Bolsonaro arremetió contra la población afrodescendiente en Brasil: “¡No hacen nada! Creo que ni para procrear sirven más”

En algunas ocasiones Bolsonaro ha repetido sus insultos, como en el caso de su enfrentamiento contra la diputada del PT Maria do Rosário. En 2014 Bolsonaro dijo que la diputada “no merecía ser violada” por ser “muy fea”. Y dos años después, lo volvió a repetir en el Congreso.

En 2016 era entrevistado sobre su controvertida posición ante la homosexualidad: “El hijo empieza a estar así medio gay, lleva una zurra y cambia su comportamiento”. Igualmente aseguró que  “cuando yo era joven, hablando de porcentajes, había muy pocos homosexuales. Pasado el tiempo, debido a los hábitos liberales, las drogas, las mujeres trabajando también, el número de homosexuales aumentó bastante”. Y en una entrevista en la revista ‘Playboy’, en 2011, aseguró que “sería incapaz de querer a un hijo homosexual”.

En 2017 repetía ‘exhibición’: “Fui con mis tres hijos, el otro fue también, fueron cuatro. Yo también tengo un quinto, con el quinto fallé. Fueron cuatro hombres, con la quinta fallé y salió mujer”.

En 1999 en ‘Câmera Aberta’, al respecto de los impuestos: “Bobos somos nosotros, que estamos pagando impuestos. Incluso, consejo mío, y yo lo hago: yo evado todo lo posible. Si puedo no pagar impuestos, no pago”.

 

En busca del progresismo perdido en México


Entre las primeras medidas del presidente Obrador, la cancelación del nuevo aeropuerto de Ciudad de México
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AMLO asumía la Presidencia bajo la promesa de impulsar al país hacia una nueva etapa histórica: la cuarta, tras la Independencia de España, la Reforma de Benito Juárez y la Guerra de la Independencia.

Andrés Manuel López Obrador y su partido, Morena, alcanzaron en julio la victoria electoral más contundente de la historia del país. Por primera vez, un candidato abiertamente de izquierdas lograba ascender, en su tercer intento, al puesto más alto del poder en México. Casi seis meses después de su éxito en las urnas –debido a las leyes electorales mexicanas-, llegaba al cambio de Gobierno, el pasado 1 de diciembre.


El presidente electo renunciaba inmediatamente a la residencia oficial de Los Pinos que, a partir de ahora, será un centro cultural. Decidía vender el avión presidencial. Anunciaba que reducirá al máximo su dispositivo de seguridad porque “el que lucha por la Justicia no tiene nada que temer”.

Presentaba un plan de 50 puntos de austeridad con los que, entre otras cosas, reducirá su sueldo como presidente en un 40 por ciento, la publicidad institucional en un 50, bajarán los salarios de los altos mandos y obligará a los funcionarios de su Gobierno a trabajar de lunes a sábado.

Ya ha tomado dos decisiones de calado amparándose en consultas populares: cancelar el nuevo aeropuerto de la Ciudad de México, uno de los proyectos de infraestructuras más importantes del mundo, y aprobar la construcción de un tren que una el sur del país con el Golfo de México.

Confirmaba que reformará la Constitución para acabar con los fueros y privilegios para diputados, senadores y altos funcionarios, incluidos presidentes y ex presidentes del país. Todos los funcionarios deberán presentar su declaración de bienes y la de sus familiares cercanos. Además, se reformará la ley para que los delitos de corrupción tengan penas mayores.

López Obrador propone legalizar el cultivo de marihuana con fines lúdicos y medicinales, así como los cultivos de amapola con fines medicinales. Todo como parte de una estrategia para debilitar el crimen organizado, al que también tiende la mano con medidas para facilitar su desarme y leyes especiales para reducir penas a los que se entreguen dentro de un proceso que denomina de ‘justicia transicional’.

Empresas como Repsol, Cepsa o Iberdrola, que entraron durante el último sexenio aprovechando la reforma de Peña Nieto, podrían verse afectadas por la promesa de “revisar” los acuerdos ya firmados. La intención del presidente electo es dar un papel prioritario a la estatal Pemex, así como destinar más inversión pública a la exploración y perforación de pozos petroleros, modernizar y construir nuevas refinerías, así como impulsar la extracción de gas.


Salario mínimo y universal
México tiene el salario mínimo más bajo de Latinoamérica. La propuesta es incrementarlo 15.6 por ciento cada año, para al final del sexenio llegar a los 171 pesos diarios (7.65 euros), más la inflación que se haya generado en el periodo. Actualmente, el salario mínimo es de 88.36 pesos (4 euros) diarios.

Se ha planteado una pensión universal para todos los adultos mayores de 1,500 pesos (67,5) al mes, incluyendo a los que ya reciben una pensión. Para ello se requeriría destinar más de 78,000 millones de pesos (3.510 millones de euros) al año en el presupuesto público.

En los primeros meses de gobierno, el nuevo Gabinete se ha comprometido a aprobar becas para jóvenes que no estudian, ni trabajan –los aquí conocidos como ‘ninis’-, de 3,600 (162 euros) y 2,400 (108 euros) pesos mensuales, a 300,000 jóvenes al año, para lo que se requieren 109,490 millones de pesos (4.927 millones de euros). Según el equipo económico de López Obrador podrían generarse ahorros de hasta 400,000 millones de pesos (18.000 millones de euros) al recortar salarios a altos funcionarios de la administración pública, gastos por insumos y servicios como telefonía celular, asesorías, autos y servicios personales.

Se cancela la llamada reforma educativa y, al mismo tiempo, se va a presentar una nueva que va a surgir de una consulta sobre el tema que se inicia a nivel nacional, recogiendo los análisis de especialistas en educación. A falta de que concrete esta propuesta, se ha adelantado que se respetará la educación pública y gratuita en todos los niveles y que los universitarios con menos recursos recibirán becas.

La nueva Administración propone una reforma de la estructura del Estado, con la fusión, eliminación o agrupamiento de distintos organismos, desde secretarías hasta dependencias policiales. El ajuste no apuntará a los empleados estatales, excepto los altos cargos.

Se ha anunciado la intención de modificar el artículo 108 de la Constitución para que el presidente de la República pueda ser juzgado por delitos de corrupción o de violación a las libertades electorales, así como suspender cualquier privilegio ante la Justicia que tengan los funcionarios públicos.

El Gobierno buscará establecer mecanismos de consulta ciudadana “con el propósito de hacer valer la democracia participativa”. Y que un mecanismo de ese tipo permita revocar el mandato del presidente.

Se ha revertido el decreto firmado en junio por Peña Nieto que habilitaba la privatización del agua.


Carlos Urzúa es el encargado de hacer realidad las promesas de AMLO desde el Ministerio de Hacienda.

Carlos Urzúa, flamante ministro de Hacienda, informaba de que creará una zona franca en la frontera norte del país donde se aplicará la mitad del IVA, de un 16 por ciento. Así, Tijuana, Mexicali, Ciudad Juárez y Reynosa entre otras, se verán beneficiadas de este IVA diferenciado, que quedará reducido al 8, junto a otras medidas para impulsar la economía de la región fronteriza y, así, frenar el flujo de emigrantes hacia el norte.

No se comprarán vehículos nuevos para funcionarios; Se cancelarán las pensiones a los expresidentes de la República; No podrá contratarse a familiares.

Los funcionarios de Hacienda, Comunicaciones y de otros ministerios tienen desde ahora prohibido acudir fiestas, comidas, espectáculos deportivos o viajar con contratistas; los contratos de obra pública se llevarán a cabo mediante licitación pública con la participación de ciudadanos y de observadores de la ONU.

En las relaciones comerciales o financieras con empresas internacionales se dará preferencia a las empresas originarias de países cuyos gobiernos se caractericen por su honestidad y castiguen las prácticas de sobornos o de corrupción; Se revisarán los contratos suscritos con empresas nacionales o extranjeras que se hayan otorgado mediante tráfico de influencias.

Incluso se ha eliminado la figura de la primera dama, asegurando que se trata de un concepto “clasista”.

Finalmente, se ha tomado la decisión de congelar los precios de las gasolinas en términos reales, por lo que  no puede subir más que el índice de inflación. Se mantendrá el tope del 35 por ciento en el Impuesto sobre la Renta y el IVA en 16, mientras que el Banco de México continuará siendo independiente del Gobierno y el país permanecerá en el TLCAN, el acuerdo de libre comercio con Estados Unidos y Canadá.

Por amplia mayoría

Los coaligados en Morena lograron 307 de los 500 escaños de la Cámara de Diputados en las elecciones del pasado 1 de julio.

Cuando López Obrador fue jefe de Gobierno de la Ciudad de México (2000-2005). Su Gabinete obtuvo entonces las tasas de aprobación más grandes registradas hasta la fecha, con un 86 por ciento de apoyos. Todos los días, a las 6 de la mañana, ofrecía un balance de las actividades del Gobierno en rueda de prensa y, durante sus seis años de mandato, puso su cargo a disposición en dos consultas ciudadanas que le respaldaron con un 90 por ciento de los votos.

Los tres partidos que integran la coalición ‘Juntos haremos Historia’ -el Movimiento Regeneración Nacional (MORENA), el Partido del Trabajo y el Partido Encuentro Social- obtuvieron, en las elecciones del pasado 1 de julio, 307 de los 500 escaños de la Cámara de Diputados y 69 de los 128 del Senado. Esta mayoría simple –que por primera vez tiene un presidente de México en ambas cámaras desde 1994– no será suficiente, sin embargo, para aquellas iniciativas impulsadas por el Ejecutivo que impliquen reformas constitucionales, ya que en esos casos es necesaria una mayoría de dos tercios de las cámaras.

 

 

 

 

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