Opinion Estrada Tiempos de hoy

 
   

 Nº 1277. 18 de enero de 2019

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Tribuna / Bruno Estrada

Pensiones y precariedad: dos luchas sociales muy diferentes


EUROPA PRESS

Es necesaria una lucha social descentralizada en la negociación de miles de convenios, en decenas de miles de centros de trabajo en muchos de los cuales ni siquiera hay derecho a la representación colectiva de los trabajadores

La movilización social contra la reforma de las pensiones del Partido Popular de 2013 ha sido un éxito. El objetivo fundamental de los pensionistas movilizados fue lograr una revalorización de las pensiones de acuerdo con el Indice de Precios al Consumo (IPC), ya que la reforma de 2013 dio lugar a incrementos ínfimos, un 0,25% anual entre los años 2014 y 2017, más cuando una parte importante del gasto mensual de los pensionistas –suministros básicos como electricidad y gas– se han incrementado en mucho más que el IPC, que siempre es una media ponderada de multitud de productos y servicios.

Este éxito ha hecho que algunos sectores sociales planteen que este modelo de movilización social debería extenderse a la lucha contra la precariedad, que principalmente padecen los jóvenes.

Sin embargo, estamos hablando de cuestiones muy diferentes. La movilización de las pensiones ha sido una acción política del siglo XX: 1) El sujeto político a interpelar por parte de los pensionistas ha sido único, el Gobierno; y 2) Y las masivas movilizaciones, con una escasa estructura organizativa detrás, han sido exitosas porque el coste de no atenderlas era principalmente político para el gobierno de Pedro Sánchez. Más cuando el anterior gobierno de PP había aceptado un incremento del 1,6% para 2018.

Enfrentarse a la precariedad exige una acción política y social propia del siglo XXI: 1) Ya que se enfrenta a un poder mucho más descentralizado, líquido, el que tienen miles de empresarios en la gestión diaria de sus empresas; y 2) Por tanto, ello exige una estructura organizativa que sea a la vez fuerte y capilar.

Fuerte porque tiene que interpelar políticamente al Gobierno. Es indudable que modificar la legislación puede ayudar a enfrentarse a la precariedad, como supondría la reversión de las reformas laborales de 2011 y 2013 que restaron poder de negociación a los trabajadores, o volver a la causalización del contrato temporal –descausalizado en 1985–. De hecho, tanto CC OO como UGT han anunciado un proceso de movilización social para derogar aspectos sustanciales de la reforma laboral, después de un proceso de negociación con el Gobierno que no ha dado los frutos esperados.

Pero ésta es condición necesaria, no suficiente. Eso no será más que el principio, es necesaria una lucha social descentralizada en la negociación de miles de convenios, en decenas de miles de centros de trabajo en muchos de los cuales ni siquiera hay derecho a la representación colectiva de los trabajadores, en multitud de denuncias a la inspección de trabajo, en la capacidad de organizar a trabajadores poco sindicalizados, con una altísima rotación en el empleo.
Una labor diaria, callada, tenaz de miles y miles de sindicalistas haciendo efectivos derechos laborales reconocidos en nuestra Constitución que son ignorados sistemáticamente por muchos empresarios.

Y eso sólo se consigue con sindicatos con capacidad de presión y negociación, por arriba, con el Gobierno, y con capacidad de organización y negociación capilar, por abajo, en millones de empresas.

Un claro ejemplo de ello es la denuncia realizada por CC OO en el sector cárnico, estructurado en 22 falsas cooperativas de trabajo asociado que venían operando en más de 150 empresas, con 25.000 falsos autónomos. Como fruto de las denuncias sindicales 18 de estas empresas ya han regularizado su situación, unos 5.300 trabajadores ya tienen reconocidos sus derechos laborales, una cuarta parte de todo el sector cárnico enfangado en el fraude laboral.

A la precariedad laboral no la vamos a vencer sólo con manifestaciones que no alteran los equilibrios de poder en las empresas. La única garantía de éxito a la hora de enfrentarse a la mayor gangrena social y económica de nuestro país son unos sindicatos fuertes, solidarios, con recursos y con alma luchadora.

Firma

Economista, adjunto a la Secretaría General de CC OO. Es director adjunto del Programa Modular de Relaciones Laborales de la UNED y miembro del Consejo Ciudadano de Podemos de la Ciudad de Madrid. Fue miembro fundador de Economistas Frente a la Crisis. Ha publicado diversos libros, el más reciente La Revolución Tranquila (Ed. Bomarzo). Autor de la obra de teatro Escuela Rota y productor de varios cortometrajes y películas con los que la productora Dexiderius ganó dos Goyas.