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 Nº 1277. 18 de enero de 2019

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Tribuna / José Antonio Pérez Tapias

Andalucía y la variante española de fascismo

Aun edulcorando sus acuerdos con Vox, el PP de Moreno Bonilla se mimetiza con la ultraderecha al aceptar sus propuestas neoliberales en lo económico, regresivas en lo social y ofensivas en lo tocante a derechos de las mujeres y lucha contra la violencia machista 

Políticamente no parece tiempo de innovaciones, aunque sí de novedades. Lo corroboran las vividas en Andalucía, con su carga de regresiones. La entrada de Vox en su Parlamento, haciendo posible, con sus doce escaños, un gobierno de derechas condicionando la coalición PP-Ciudadanos en la Junta de Andalucía, y desbancando así al PSOE, supone un cúmulo de novedades que inciden en la dinámica política española, trascendiendo el haber llevado a la presidencia del gobierno autónomo a ese genio que es el señor Moreno Bonilla. Por éste nadie daba un duro tras la victoria del muy derechista Casado –el del máster virtual– al frente del PP, pero el viento se le puso a favor, por más que se confirme que no todo cambio es progreso.  A pesar de ello, en su investidura, quien ya es presidente de la Junta no dejó de ensalzar la alternancia en democracia, lo cual no se le puede discutir, aunque ello haya sido en medio de todo un juego retórico para dejar impresión de comedido en las formas al presentar el programa de un “gobierno del cambio” agresivamente reaccionario en el fondo. Del peaje pagado a Vox se presenta factura inicial, anticipando cómo la formación de “Santiago el reconquistador” va a condicionar la acción de gobierno.

Que tras unas semanas de estrellato Vox iba a ser protagonista sobre el escenario andaluz estaba cantado. El partido neofascista, al que respaldan unos 400.000 votos andaluces, ya tiene proscenio para vocear sus mensajes ante próximas citas electorales. Su portavoz, con oratoria de quien viene de la judicatura con espinas clavadas, aprovechó su intervención para lanzar soflamas a un público, allende las bancadas parlamentarias, al que se dirigía con el doble apelativo de “españoles y andaluces” –haciendo saber que, de lenguaje inclusivo, nada de nada–. Y si hay analistas a quienes la cautela les hace hablar, como mucho, de extrema derecha al ubicar al nuevo partido, es pertinente llamarlo “fascista” con todas las letras, por mucho que quien se presentaba como candidato ‘popular ‘adujera ser hombre de diálogo “sin cordones sanitarios”, siendo líder de derecha “sin complejos”. Nada extraña: Vox es criatura del PP por partenogénesis, que ahora marca distancias poniendo a su partido matriz en apuros al propugnar la abolición de la Ley contra la Violencia de Género que los ‘populares’ suscribieron. Pero no cabe engaño: aun edulcorando sus acuerdos con Vox, queriendo hacer ver que se dejan atrás las propuestas más estridentes del partido de Dios, patria y orden (patriarcal), el PP se mimetiza con la ultraderecha al aceptar sus propuestas neoliberales en lo económico, regresivas en lo social y ofensivas en lo tocante a derechos de las mujeres y lucha contra la violencia machista.

Si están, pues, quienes respecto a Vox sostienen que, siendo partido ultra, es exageración distorsionante el considerarlo fascista, lo que esta formación presenta y representa es fascismo –¡puede seguir ganando apoyos!–; no es el de bota y correaje de los años treinta, sino el fascismo social que anunciaba Boaventura de Sousa hace veinte años y que ahora encuentra traducción política. ¿Y cómo lo hace? En esta “tierra de María Santísima”, preparándose para una cruzada contra los rojos, bajo carcasa democrática, adobando su españolismo rancio, su blanqueada xenofobia, su autoritarismo y su descarado machismo con recubrimiento nacional-católico. No hacen falta iglesias evangélicas para aupar a ‘bolsonaros’ locales. Tenemos integrismo católico, como aquel que ya se emparejó con la Falange, para teñir de azul la piel de toro, por mucho que rechinen las tragaderas de Ciudadanos. El fascismo hispano siempre recurrió al hisopo para que bendijera la reacción y así, aquí, el exjuez Serrano se encargó de rociar con agua bendita lo que se anuncia como profanación de la dignidad democrática, empezando por su memoria. O espabilamos o no hay dios que nos salve.

 

 

 

Firma:

Catedrático de Filosofía y decano de su Facultad en la Universidad de Granada. Diputado del Grupo Parlamentario Socialista del Congreso en Legislaturas VIII y IX. Autor de libros como "Del bienestar a la justicia. Aportaciones para una ciudadanía intercultural"(2007), "Invitación al federalismo. España y las razones para un Estado plurinacional" (2013) y "La insoportable contradicción de una democracia cínica" (2016).

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