Opinion Cronicas Marxianas Tiempos de hoy

 
   

 Nº 1278. 25 de enero de 2019

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Crónicas Marxianas / Julius G. Castle   

Mundo, demonio y carne

“Que quede entre tú y yo. Teresa de Ávila nunca ha sido santa de mi devoción. Esa hembra no debería haber subido a los altares. Se ha colado una pionera del feminismo radical en el seno de la Iglesia”

Hacía meses que no coincidía con un viejo amigo, Fray Bernardino Cienfuegos, mitad monje y mitad soldado. Cienfuegos es el inspirador y cabeza visible de una secta, Los Milicianos de Cristo, que trata de recuperar, según su propia frase que encabeza la web de la comunidad, las esencias tradicionales, evaporadas por la acción disolvente de los enemigos de la Patria sobre la plebe ociosa y corrompida.
 
El reencuentro se produjo gracias al fenómeno de la sincronicidad, que ha analizado, entre otros, el psiquiatra y ensayista Carl G. Jung (1875-1961): “Caminas ensimismado, evocando a alguien conocido, y ese alguien aparece repentinamente ante tus ojos”. Esta sería una de las muestras del portento, para entendernos en términos sencillos.

En mi caso, funcionó más el sentido del oído que el de la vista. Pasaba yo junto a la puerta entreabierta de una basílica situada en un barrio señorial, cuando percibí la voz atronadora del siervo de Dios. Justo cuando terminaba su sermón a una concurrencia con elevado poder adquisitivo.

Así que hube de limitarme a escuchar un ¡Amén! estentóreo, saludado por los vítores y aplausos de un público entregado a su líder espiritual. Entré en el templo para saludarle, me absolvió de todos mis pecados y, al cabo de un rato, nos encontrábamos ambos degustando una ración de cigalas talla XL con sendas jarras de cerveza.

Era viernes y el padre Cienfuegos respetaba escrupulosamente la abstinencia en este día de la semana. Tal vez por ello observaba con irritación creciente a una pareja de librepensadores, cada uno de los cuales devoraba con fruición un chuletón de 500 gramos.

—Qué les costaría —me dijo, frenando su impulso de excomulgarles in situ— aplazar la carne para el lunes, al igual que hago yo respetando así el Canon 1251. No en vano he sido fraile antes que cocinero.

Según consumíamos una generosa ración de gamba blanca de Huelva, pescada probablemente en la costa marroquí por una tripulación de infieles, nuestra conversación derivó hacia la crisis de la izquierda. Algo que refocila al religioso. Quien tiene su propia teoría sobre las causas del desmoronamiento:

—Nadie ha reparado en que la disolución de las hordas rojas se debe en buena parte a la irrupción indecorosa de la mujer en sus catervas de poder. Ya lo escribió Teresa de Jesús: Tengo experiencia en lo que son muchas mujeres juntas. ¡Dios nos libre!

—También escribió —repliqué, pues me gusta ponerle en resonancia—, que no son buenos los extremos, aunque sea en la virtud.

—Frase seguramente sacada de contexto por sus exégetas —rebatió, succionando con deleite la cabeza de una gamba rica en sulfitos. 

Se inclinó hacia mi y susurró:

—Que quede entre tú y yo. La abulense nunca ha sido santa de mi devoción. Esa hembra no debería haber subido a los altares. Se ha colado una pionera del feminismo radical en el seno de la Iglesia.

—Pero, Bernardino —repuse—, también los partidos de derechas aúpan a las mujeres a puestos de mando.

—Porque obedecen antes a las consignas de sus asesores mercenarios que a la doctrina de los doctores eclesiásticos. Satanás jamás duerme.  

Y, como si hubiera retornado al púlpito, se subió al mostrador y elevó varios decibelios el tono, sembrando el pánico entre los parroquianos de ambos géneros:

—¡Escuchad a Agustín de Hipona! ¡Las mujeres no deben ser iluminadas ni educadas en forma alguna! ¡De hecho, deberían ser segregadas, ya que son causa de insidiosas e involuntarias erecciones en los santos varones!  
—Hablo por experiencia —me confió a la salida—. Pero desde Meridión nos llegan las señales de un nuevo amanecer.

Firma:

Escritor y periodista incorrecto. A pesar de lo que indica mi foto, soy muy joven. Nací con la primera crónica marxiana el 9 de septiembre de 2013, como alter ego de otro tipo bastante más serio que yo.  Considero que el humor te ayuda a sobrellevar la vida y, sobre todo, la política y la economía que nos venden quienes deciden por nosotros.

Como JG Castle he publicado un eBook en Amazon con título  expresivo: Elogio de la corrupción (la corrupción es buena, pero está mal repartida). Por un módico precio contiene otro ensayo de regalo: Guía para arruinarse. Creo que no hace falta decir más.