Opinion Centella Tiempos de hoy

 
   

 Nº 1279. 1 de febrero de 2019

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Tribuna / José Luis Centella

El reto de la izquierda de movilizar
a su base social



EUROPA PRESS

La derecha está sabiendo perfilar una identidad social machista, patriarcal, autoritaria y xenófoba que conforma un paraguas de referencia bajo el que se integran desde el europeísmo ultraliberal de Rivera, al euroescepticismo de otras fuerzas ultras

Los resultados de las últimas elecciones andaluzas demuestran que la derecha gobierna allí no por méritos propios, no por tener el apoyo de la mayoría de la población, sino porque una parte importante de la base social de la izquierda se quedó en su casa. Dos meses después de esos comicios parece que poca nota han tomado algunos sobre la necesidad de ilusionar, motivar y movilizar a esa base social para evitar que todo se repita en las próximas citas electorales.

Diversos analistas y dirigentes políticos tratan de justificar el avance de derecha y ultraderecha con el argumento de que estamos en un ‘cambio de ciclo’ y que ahora los vientos son favorables al pensamiento conservador. Estos argumentos son muy peligrosos porque apuntan irremisiblemente a que los ciclos sociales y políticos son como las golondrinas,  van y vienen sin más motivación que el paso del tiempo.

Quienes creemos que lo que ocurre no es fruto de eso, planteamos que debemos preguntarnos, primero, los motivos por los que ese fascismo, esa ultraderecha que parecía derrotada, vuelve a tomar fuerza en toda Europa y es referente para mucha gente que ve en sus propuestas racistas, xenófobas y ultranacionalistas una forma de resolver sus problemas de desempleo y perdida de calidad de vida. Pero, sobre todo, las consecuencias de una crisis que ha provocado muy conscientemente el gran capital.

La derecha está sabiendo perfilar una identidad social, política e ideológica para movilizar a una amplia base social. Es una identidad machista, patriarcal, autoritaria y xenófoba que conforma un paraguas de referencia bajo el que se integran posiciones diferentes, desde el europeísmo ultraliberal de Rivera, al euroescepticismo de otras fuerzas ultras. Saben unirse en lo concreto e identifican claramente al enemigo en las fuerzas sociales y políticas de progreso, además de en los valores feministas y de solidaridad.

Dos actores juegan un papel fundamental para construir esa identidad: José María Aznar y su FAES, por un lado, y un nutrido grupo de medios de comunicación afines. Una vez que unos y otros rompen con el PP de Rajoy, están dedicados de pleno a conquistar la hegemonía ideológica en el ámbito de la base de la derecha. Persiguen lo que ya han llamado, sin complejos, la ‘reconquista’ de la ‘España Nacional’.

La izquierda está obligada a superar divisiones y a poner en valor lo que nos une, que es mucho más de lo que nos separa. Debemos ser capaces de construir una propuesta bien definida y creíble de modelo de sociedad, que abra expectativas y seguridad a quienes sufren la incertidumbre de un futuro lleno de incógnitas.

Hay que demostrar con rigor que no es necesario perder derechos sociales y políticos para tener más seguridad en todos los aspectos de la vida y destacar el valor que tienen la solidaridad, la igualdad o la participación democrática como elementos básicos para un proyecto de nuevo país.

Construir una propuesta de referencia ideológica y una identidad que la identifique no se podrá hacer desde la dispersión de fuerzas. No sería creíble. Por lo tanto, hay que tener claro que la confrontación de la izquierda es el mayor favor que se le puede hacer a una derecha impaciente por recuperar gobiernos municipales y autonómicos, como primer paso para su pretendido desembarco en La Moncloa.

Este es el reto que tiene la izquierda, acabar con la confrontación interna y construir una gran alianza que ofrezca una propuesta política cooperativa que saque a su electorado de la resignación y genere la ilusión necesaria para proponer alternativas de progreso a las derechas.

Firma:

Coordinador de la Asamblea Político y Social de Izquierda Unida y presidente del Partido Comunista de España (PCE), partido del que ha sido secretario general entre 2009 y 2018. Maestro de profesión, fue concejal en el Ayuntamiento de la localidad malagueña de Benalmádena, provincia donde inició su actividad política y por la que fue elegido diputado al Congreso en 1993, 1996 y 2000. En la X Legislatura (2011-2015) volvió a la Cámara Baja como diputado por Sevilla, ocupando la portavocía del Grupo Parlamentario de IU, ICV-EUiA, CHA-La Izquierda Plural.