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 Nº 1280. 8 de febrero de 2019

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Tribuna Cultural / Mauro Armiño

Esplendor y miseria de Ezra Pound



Pound había pasado en su vagabundeo por España, allá por 1906. Durmió en Medinaceli, que levantó en su honor una pétrea escultura en 1973. No sé si los poetas se fotografían al pie de esa piedra, pero sí lo hacen viejos y jóvenes fascistas de Acción Juvenil Española (mayo de 2017) como puede verse en su web”
                                                                                                  
Como es visible desde la Vía Láctea, la cultura en España está que revienta; según las últimas estadísticas de 2017, el número de libros publicados aumentó un 7,3% más que en el año anterior, hasta alcanzar los 87.292 títulos; aunque un 40% de españolitos no se acerca a un libro ni por asomo, según el Barómetro de Hábitos de Lectura –enero de 2018–. Y si, el año pasado ha subido una mijita, que diría Teresa Rodríguez, el número de lectores “ha sido un aumento poco significativo”, según Javier Fernández, presidente del Gremio de Editores, que también afirma que se lee peor. Siguen siendo las mujeres las que más leen (65%) frente a los hombres (54%); y los jóvenes, aunque hacia los 25 años van perdiendo el hábito, lo hacen más que los adultos; y el número de compradores aumenta (del 56% al 61%) pero se compran menos libros (del 10,9% al 9,4%).


“¿Príncipe tú de un sapo?”
Esto del leer será dentro de poco el acabóse en España, si tenemos en cuenta cuánto se cita a los poetas últimamente. Que sean políticos quienes los hagan no hace sino generar repugnancia. Un tal Moreno Bonilla se empeñó en su discurso de investidura de la Junta de Andalucía en dárselas de progre o de lírico, y alabó a los andaluces que “nada suyo son, ni fueron ni quisieron ser mientras vivían”: Machado, Juan Ramón, García Lorca, Alberti, etc. Dos de los citados, Lorca y Blas infante, siguen enterrados en fosas desconocidas. A ver qué hace además de citarlos. A Moreno Bonilla le faltaba por citar a un poeta que podía sonarle, por eso del callejero, el sevillano Luis Cernuda, que escribió lo entrecomillado dos líneas más arriba contra quien había llamado a Lorca «mi príncipe». Repito lo que dedicó a esta tribu que se adueñó y quiere adueñarse de él: “¿Príncipe tú de un sapo?”


Pound: fascista, gran poeta
Puestos a citar, podía haber mentado a otro que tampoco es de los suyos –hay que ser inteligente para leerlo–, el estadounidense Ezra Pound (1885-1972), fascista notorio y confeso, que jaleó desde la radio italiana las fechorías de Mussolini como hazañas. Pero sigue siendo el gran poeta del siglo XX, el que lanza la vanguardia desde la más vieja de las tradiciones, de Homero al romanticismo pasando por Dante, los trovadores, el Renacimiento italiano, etc. Puede decirse de él mucho y malo: que odiaba la democracia, que era racista, antisemita, antiamericano y anticomunista, que denostaba el dinero y a la Iglesia, difusora de una “fe bastarda” que convertía a ciudadanos en esclavos; que se adhirió al confucionismo y al fascismo al mismo tiempo en los años 1930 en busca de un ideal de orden y equilibrio moral; que exaltó a Mussolini (olvidamos que también Churchill lo admiraba antes de la guerra), elogió a Hitler (en Guía de la cultura), y alabó el olfato estratégico de Stalin: todo un batiburrillo de ideas que casan bien con la ingenuidad del principiante; por no hablar de su teorías económicas radiadas y escritas, en las que arremete contra el monetarismo y el sistema financiero internacional, empezando por el de su país, y que no era sino fruto de una lectura sumaria y mal digerida de la escolástica para achacar a la usura todos los problemas del mundo: “Con la usura ningún hombre tiene casa de buena piedra”; leído hoy, ese canto XLV es más revulsivo que cualquier crítica económica del capitalismo: usura es algo contra natura; es “el chancro que corrompe todas las cosas (…) Sífilis del Estado (…) verruga del bien común”, según el Addendum para C.

El caso Ezra Pound no termina de normalizarse: condenado a no ser leído por su posición política, también lo condena la dificultad para entrar en una obra que recorre la cultura universal desde que la conocemos. Tras sus muchos viajes, se asentó en la ciudad italiana de Rapallo primero para adentrarse a partir de 1924 en el fascismo y terminar convertido en su propagandista en artículos y desde las ondas de radio (1941-1945) a la vez que zarandeaba a los enemigos del nazismo. Arrestado por los estadounidenses al final de la Segunda Guerra mundial, fue encerrado en Pisa, en jaulas «para animales», acusado de alta traición, cuando él creía haber cometido “apenas una ligera falta”, no “ningún crimen federal” (LXXX). Estados Unidos no supo qué hacer con el gran poeta defendido por grandes figuras de la poesía y prefirió declararle loco y encerrarlo durante doce años en el hospital psiquiátrico Saint Elizabeth; luego lo devolvió a Italia, donde vivió hasta su muerte en medio de un mutismo terrible, roto sólo por una entrevista que concedió a Pier Paolo Pasolini.

 

Reedición de ‘Cantos’, de Ezra Pound, a cargo de Poesía Sexto Piso.

Los gallos del Cid
El tal Moreno Bonilla (iba a bautizarle poundianamente Bruno, pero no lo entendería) podía haberse leído, para elogiar a uno que acogen en su seno las derechas extremas, la nueva edición de Cantos del poeta norteamericano, aparecida hace tres meses en la Editorial Sexto Piso, en traducción de Jan de Jager, poeta argentino y holandés, con prólogo del filósofo italiano Giorgio Agamben.

A España, Pound llegó muy tarde; la primera traducción, que yo sepa, la publicó Jorge Pardo de Santayana en 1960, y de manera poco rigurosa: la tituló Cantos pisanos, pero reunía algunos de esos con otros de la obra que los engloba, los Cantos. Pound había llegado en su vagabundeo y pasado antes por España, allá por 1906, para conocer el viejo romancero y la poesía medieval. Cuando recorría la ruta del Cid, a su paso por Medinaceli con destino a Berlanga de Duero, durmió en esa villa soriana que, en 1973, al año siguiente de la muerte del poeta, levantó en su honor una pétrea escultura que acoge en su centro una placa con una pregunta (recuerdo cidiano) que al parecer hizo Pound a un labriego: “¿Aún cantan los gallos en Medinaceli?” No sé si los poetas se fotografían al pie de esa piedra, pero sí lo hacen viejos y jóvenes fascistas de Acción Juvenil española (mayo de 2017, armados con la bandera de la gallina) como puede verse en su web.

Sevilla, Córdoba, Lope de Vega, el Museo del Prado sobre todo, se integrarán en su poesía a través de su admiración por la poesía popular, la tradición y la pintura, preguntándose después del 36 “¿están todos en el Prado ahora?” (LXXX). Están, Ezra, están.

Otra aventura española más: allá por noviembre de 1985, el poeta cartagenero José María Álvarez, uno de los “novísimos”, presidió y organizó un Homenaje internacional en Venecia a Pound al que acudieron jóvenes poetas españoles, entre otros de distintos países; viaje que tuvo obstáculos de todo tipo dada el cariz político que va unido al nombre de Pound; Carlos García Gual, que tanto sabe de mitos y muchas otras cosas, lo calificó de “mitológico”; queda constancia de la aventura y sus problemas en una publicación de la Consejería de Cultura murciana y más recientemente en Homenaje a Ezra Pound. Treinta años después. los que estuvimos allí (Editorial Renacimiento, 2017).

 

Dificultades y aclaraciones


‘Cantares completos’ (Cátedra), en edición de Javier Coy.

 La nueva edición de Sexto Piso recoge los 110 cantos, escritos a partir de 1919 y hasta su muerte, además de algunos fragmentos con el añadido de los Cantos italianos. Jan de Jager sigue bien el texto, con inevitables argentinismos, porque argentino es el traductor y la koiné del español va diluyéndose. No voy a ocultar que es poesía difícil, de prosodia abrupta, discontinua, que mezcla elementos heterogéneos, desde ideogramas chinos y argot hasta términos en inglés, latín, griego, español, francés, etc.; para colmo, ofrece poco espacio al lirismo (sentimentalismo) tradicional.

En 1959 se intentaron “aclarar” los Cantos con un Annotated Index de dos investigadores norteamericanos, Edwards y Vasse. Más lejos se ha ido en Cantares completos (Ediciones Cátedra, tres tomos publicados a partir de 1994, a falta de un cuarto), que utiliza la buena traducción (1975) del ensayista mexicano José Vázquez Amaral, amigo (dentro de un orden) del poeta; es edición bilingüe y anotada por Javier Coy, que se ha dejado muchos años de su vida para facilitar una buena comprensión de los poemas. Esta, la comprensión del lector, no importó mucho a Pound, consciente al final de su fracaso, aunque su fracaso no fuera ese: ”He intentado escribir el Paraíso. / No te muevas. / Deja que hable el viento / que es el Paraíso. / Que los dioses perdonen lo que hice. / Que los que amo procuren perdonar lo que hice”.

 

Firma

Escritor y traductor, ha publicado una novela, una plaquette poética y varios ensayos literarios. Colaborador de prensa, radio y televisión desde hace cincuenta años como periodista cultural y crítico de teatro, ha traducido, sobre todo, a los clásicos franceses (Molière, Voltaire, Rousseau, Rimbaud, Marcel Proust, etc.), y ha escrito y adaptado textos teatrales para la escena. 

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