La Calle Tiempos de Hoy Tiempos de hoy

 
   

 Nº 1280. 8 de febrero de 2019

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Tiempos de Hoy / Verónica Gayá

La constante exposición en redes afecta a la autoestima de los más vulnerables

Locos por los selfis

Poses perfectas, sonrisas, cuerpos deseables, playas idílicas, comidas apetitosas..., las redes sociales, e Instagram en concreto, se han convertido en un escaparate de intimidades, deseos, logros y vanaglorias de los ansiosos por gustar y obsesionados por el toque al corazón.


Cada vez más jóvenes, y no tan jóvenes, giran sus móviles en busca de la instantánea perfecta.

Horas y horas dedicadas a posar en busca del ángulo perfecto, el filtro adecuado, horas invertidas en elegir la mejor foto y aún más esperando la aprobación de los seguidores. Obvio es decir que las redes sociales han modificado nuestro modo de relacionarnos y se han abierto un hueco gigante en nuestra ocupada agenda. Hay algunos que simplemente cotillean las vidas y poses ajenas, otros que coquetean con algunas fotos que tímidamente comparten, pero cada vez son más los afligidos por distintos grados de una obsesión que somete a sus víctimas a un pensamiento diario y constante de las fotos publicadas.

Tanto ver como posar puede pasar de meras acciones sin ninguna trascendencia, de un ocio como otro cualquiera, a convertirse en problemas de comportamiento que a menudo avisan de problemas psicológicos mayores.

La Real Sociedad para la Salud Pública de Reino Unido anuncia en un estudio que estas muestras de felicidad y perfección en vacaciones, en las visitas a restaurantes, viajes o fiestas generan placer y felicidad, pero también pueden ser fuente de tristeza y ansiedad si no se hace un uso moderado. Analizan varias redes sociales, e Instagram es la peor parada, seguida de Snapchat y Facebook. Recalca el estudio que la constante y tergiversada exhibición de cuerpos y caras perfectas afectan especialmente a niñas y chicas jóvenes que asumen sus cuerpos como imperfectos.

Como cualquier herramienta, Instagram reluce en las pantallas con una versión buena y saludable, la de socializar, descubrir gente nueva, estar informado de temas que nos interesan, la de compartir con amigos, e incluso desconocidos, nuestras aficiones, logros, inquietudes..., pero también esconde una mala, íntimamente relacionada con el uso compulsivo, la de no saber mirar más allá de los filtros y buscar en imágenes lo que nos falta, al tiempo que intentamos imitar los comportamientos de quienes admiramos.

Entre los 1.000 millones de usuarios activos al mes de esta red social, cada vez son más las personas que sufren algún tipo de adición, no sólo al móvil, sino específicamente a este tipo de aplicaciones. No se conocen las cifras, pero la preocupación por ellos hace brotar cada vez más estudios al respecto y artículos como el publicado por la directora de Boston Medical Center en el que llama la atención sobre el crecimiento de clientes que acuden a las consultas estéticas mostrando sus propios selfis, aquellos en los que mejor se ven, y pidiendo retoques que simularan el efecto de los filtros.

La American Phycological Association habla de esta adición a autofotografiarse y define tres niveles. En el más bajo se encontrarían las personas que cada día se fotografían por lo menos tres veces, aunque no llegan a subir fotos todos los días a las redes. En un segundo nivel, que califican como agudo, estarían las personas que también se hacen selfis tres veces al día, pero además los comparten, y en un tercer nivel, el crónico, apuntan a la gente que se hace selfis de tres a ses veces al día y los cuelgan en redes.

La selfitis

Son muchas las variables que conducen a cada vez más jóvenes, y no tan jóvenes, hacia una verdadera obsesión por girar sus móviles en busca de la instantánea perfecta. Hay quienes ya acuñan este problema con el término selfitis.

El ingrediente base de esta dolencia es la poderosa cultura de la imagen que lleva años abrumando a la sociedad occidental, un culto por el cuerpo que llega a ser obsesivo y se entrelaza con una dependencia supina a la actualización constante de las tendencias marcadas por la industria de la moda. Esta banal cultura suele estar aderezada con grandes dosis de baja autoestima, perfeccionismo, y/o narcisismo.

Hacerse un selfi no es un problema, pero hacerlo de manera compulsiva puede estar señalando un trastorno psicológico. Los investigadores del Boston Medical Center señalan que puede tratarse del trastorno disfórmico corporal, también llamado disformia Snapchat, una preocupación excesiva por un defecto percibido en la propia apariencia y que se identifica claramente en las personas que se toman continuamente fotos para disimular u ocultar rasgos corporales que consideran imperfecciones.

Son precisamente las personas con peor percepción de sí mismas las que más tienden a buscar el amparo de las redes. Los reconocimientos a base de likes les sirven pequeñas dosis de reconocimiento social con el que pretenden ensanchar su autoestima.

La solución, recuerdan incluso los cirujanos, no es pasar por quirófano, ya que esto podría incluso engrandecer el trastorno. La mejor solución es acudir a tratamiento psicológico. Generalmente se aconseja la terapia cognitiva conductual.

Al Día



No te pierdas en Instagram

Para los navegantes principiantes, o incluso para aquellos que hace tiempo tienen ganas de convertirse en nuevos usuarios, esta semana traemos algunos consejos para que Instagram se convierta en un lugar ameno y muy adaptado a sus preferencias.

Toma decisiones. Una vez tengas la aplicación y te hayas registrado, toma decisiones sobre lo que quieres mostrar en Instagram y piensa qué has ido a buscar en la red:

  • Decide si quieres un perfil público o privado, teniendo en cuenta que con este último sólo podrán verte los amigos que admitas. A no ser que tengas un objetivo comercial, te recomendamos que primero empieces con el privado.
  • Lee el apartado sobre privacidad. Aunque tome un tiempo es muy recomendable conocer las condiciones de una aplicación que va a manejar nuestras fotos, nuestros gustos y nuestros comentarios.
  • Si buscas algo más que ver las fotos de tus amigos, te recomendamos que busques los hastags que te interesan (ej. #viajes, #libros, #maquillaje, #perros, #niños) y poco a poco eches un vistazo a las personas especializadas en tus temáticas preferidas y empieces a seguirlos.
  • Cuando ya te hayas decidido a publicar, revisa bien tus fotos antes y ten en cuenta que no debes publicar nunca fotos con otras personas que no te hayan dado su consentimiento. Tampoco libros, fotos, películas... protegidas con derechos de autor.
  • Etiqueta. Puedes etiquetar a las personas que lo consientan en el texto que acompaña a la publicación o en la propia foto (si son usuarios de Instagram), puedes señalar el lugar de la foto (ten en cuenta que estás ofreciendo públicamente los datos de dónde te encuentras), y puedes explicar  la temática de tu foto a través de #.
  • Puedes chequear quiénes te dan a “Me gusta” pulsando en el corazón de tu foto. Si tu cuenta es pública, una opción es revisar los perfiles de esa gente y ver si ellos también te interesan a ti.

 

 

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