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 Nº 1282. 22 de febrero de 2019

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Entrevista / Luis Eduardo Siles

Eduardo Vasco, director de teatro

“Lo diferente, como Rojas Zorrilla, siempre refresca”

Es un consumado experto en teatro clásico, un director de amplia trayectoria que, en su día, creó Noviembre Compañía de Teatro y dirigió la Compañía Nacional de Teatro Clásico (CNTC) entre 2004 y 2011. Eduardo Vasco habla de forma directa y sincera. Acaba de estrenar en el Teatro de La Comedia de Madrid, perteneciente a la CNTC, la obra ‘Entre bobos anda el juego’, de Rojas Zorrilla, que fue una especie de autor maldito del Siglo de Oro.

“Si no disfrutas cuando haces teatro, tienes un problema como artista” “Con el aniversario del Quijote hicimos en España el ridículo, como habitualmente sucede cuando los políticos toman decisiones sobre cultura”


Ha escrito usted: “Rojas Zorrilla es uno de esos autores que siempre he leído con verdadera pasión”. ¿Por qué motivo especial?
Bueno, porque Rojas Zorrilla es como el diferente. Dentro de la comedia áurea, Rojas es como el que estaba desarrollando una línea completamente distinta a la que luego pasó. A mí siempre me hubiera gustado ver lo que habría ocurrido si a Rojas no lo hubieran matado en aquel lance callejero, y él hubiera seguido escribiendo. Rojas Zorrilla apunta y desarrolla cosas que me resultan muy atractivas. Yo he hecho mucho Lope, mucho Calderón, he hecho a Tirso de Molina. Y lo diferente, como Rojas Zorrilla, siempre refresca. Se trata de uno de los dramaturgos a reivindicar. Hacer a Rojas Zorrilla es casi una cosa ideológica ahora mismo. Insisto, me gustaría saber qué habría pasado si Rojas hubiera seguido escribiendo. Porque da un paso que yo me atrevería a marcar hasta Valle-Inclán. Hace comedias en las que él intenta ser lo más amable posible. En ‘Entre bobos anda el juego’ te encuentras con situaciones, como ha dicho Helena Pimenta, descacharrantes.

Ha destacado usted en algunos escritos el perfil canalla, dentro del Siglo de Oro, de Rojas Zorrilla.
El hombre, el dramaturgo, era sobre todo un extraordinario observador. Se nota porque los tipos que retrata son tipos que sí los encontramos en los entremeses y en algunas comedias, pero que Rojas los desarrolla de una manera muy eficaz y los incluye en esta especie de submundo. A veces de una manera realmente curiosa. Ocurre en ‘Entre bobos anda el juego’ con el personaje del figurón, y en el caso de otras comedias de este autor aparecen personajes prácticamente del lumpen, y eso resulta muy enriquecedor para nuestra comedia clásica que en ese momento sigue instalada casi en lo galante. Estaba ya a punto de cambiar el timón hacia Lope. Y bueno, digamos que gana Calderón, porque Calderón vive más años y es un escritor muy eficaz.

Rojas Zorrilla creó el personaje del figurón, que luego ha tenido un gran recorrido en el teatro español.
Sí, llega hasta comedias contemporáneas, que están articuladas a través de un personaje estrambótico que pretende con su ignorancia, pero con su capital dinerario, avasallar a todos los demás. Ahora mismo no hay más que encender la televisión para encontrarte a unos cuantos personajes de estas características. El figurón se parece a algunos políticos o empresarios actuales. Hay un momento en el que la osadía, el que te pongan un micrófono por delante, te hace pensar que sabes de lo que te están preguntando. Y yo creo que hay mucha gente que debería leer más, pensar un poquito, y tener una trayectoria antes de ponerse a intentar solucionar algunos problemas. En el figurón hemos encontrado perfiles de una contemporaneidad sorprendente. 

Rojas Zorrilla está muy alejado del nivel de estrenos de sus obras que alcanzan Lope o Calderón, pero ‘Entre bobos anda el juego’ ha subido a las tablas casi permanentemente desde que se representó por primera vez en 1645.
Sí, eso habla mucho de la magnífica dramaturgia de este autor. Además hay un periodo en el siglo XIX y a finales del XVIII en el que se estrena mucho más a Rojas Zorrilla que a Lope de Vega. Luego, claro, eso cambia. Pero Rojas siempre ha sido un autor muy demandado por los cómicos, porque ofrecía maquinarias absolutamente perfectas de comedia. Como vemos en ‘Entre Bobos…’.

Ha escrito usted que “el complicado equilibrio que se plantea en esta pieza para un director consiste en combinar el mecanismo, lleno de ritmo y contrastes, del enredo, y dejar respirar a los personajes para que sus motivos sean sinceros”.
Sí, cuando tienes una comedia corres el riesgo de que todo sea una tontería. Entonces conviene que los personajes que tienen un problema y lo quieren solucionar, realmente tengan un problema y lo quieran solucionar. Y no estén haciendo el bobo con la comedia. Existe un ejemplo clarísimo del Siglo de Oro, yo siempre lo menciono, que es ‘Don Gil de las calzas verdes’, que normalmente parece que es una señora que se disfraza de hombre. Bueno, pues se disfraza de hombre para recuperar a su marido, porque si no lo consigue la van a meter en un convento, cosa que ella no quiere. Por tanto, afronta un problema que tiene que solucionar. Es un problema real para el personaje. No se trata de una tontería de comedia. Sino que es un ser que, alrededor de él hay, efectivamente, muchos personajes estrambóticos, tarados, demenciados, pero ella, la protagonista, está muy centrada porque quiere solucionar su problema. Genera situaciones rocambolescas, pero porque tiene un motor muy claro que consiste en que esa mujer no quiere ir al convento. Es un gran problema para ella. Y en ese sentido en ‘Entre bobos nada el juego’ pasa lo mismo. La pareja protagonista trata de solucionar un problema, porque quieren evitar un casamiento. Y es un problema porque se aman. Entonces no estamos ante un juego tonto, sino que es un problema real de esos personajes, que ellos tienen que solucionar. Ellos sí tienen los pies en la tierra. El resto de personajes, no tanto.


Al estreno de ‘Entre bobos anda el juego’ asistió el rey Felipe IV. Otros tiempos del teatro, ¿no?
La verdad es que tampoco echamos tanto de menos a la Familia Real en el teatro. Yo creo que la Familia Real tendría que estar vinculada a la cultura, y de hecho acude a varios actos, etcétera, pero a nosotros quien nos interesa realmente es el público. La realeza, si quiere venir, será bienvenida, naturalmente, pero el teatro se hace para el público. Y el público, en el caso que nos ocupa, es un público que adora a los clásicos. Que venga gente aquí, al teatro, a descubrirlos o a adorarlos. 

Ernesto Caballero decía recientemente que el público del teatro está más inspirado que nunca. ¿Está usted de acuerdo?
Sí, se nota que el público de teatro se ha convertido en un espectador más avezado, más especializado, que tiene el paladar muy desarrollado, que sabe lo que quiere y no va a cualquier cosa. Y de hecho hay un público que agota las entradas muy rápidamente. Nosotros tenemos ya casi vendido todo el aforo para el tiempo que vamos a estar en el Teatro de La Comedia. Eso, lo que te indica, es que la gente valora lo que se programa y valora el trabajo de los actores y de todos los demás.

En su opinión, ¿cómo se dice el verso actualmente? Hubo un crítico teatral, Eduardo Haro Tecglen, que siempre añoró cómo decía el verso Guillermo Marín.
Es que Guillermo Marín decía el verso muy bien porque su maestro fue Ricardo Calvo. Y el maestro de Ricardo Calvo fue su padre, que era Rafael Calvo. Y el maestro de Rafael Calvo pudo ser Romea. Y antes de Romea podemos llegar a los cómicos que salían de los Corrales de Comedias. El caso es que en las últimas décadas hemos estabilizado mucho la cuestión del verso. Considero que ahora hay un nivel de declamación extraordinario, que aúna la forma del verso con la naturalidad que demanda, que tiene que ser verosímil. Y yo creo que estamos en un momento extraordinario, con gente joven que dice el verso de maravilla, y con gente mayor que ya tiene experiencia en los clásicos. Y hay un espectador que viene y lo disfruta.

Su compañía, Noviembre Teatro, ha montado últimamente ‘El caballero de Olmedo’, de Lope, además de un sensacional ‘Ricardo III’, de Shakespeare, o ‘La Ruta de Don Quijote’, de Azorín, un monólogo interpretado de manera sensacional por Arturo Querejeta. Montajes muy diferentes.
Sí, nos apetece hacer cosas diferentes. Uno está en el teatro para disfrutar haciéndolo. Porque si no disfrutas cuando haces teatro, tienes un problema como artista. Hace unos días hicimos ‘El caballero de Olmedo’ en Torrelavega. Y en aquel momento al que usted se refiere nosotros queríamos hacer un Shakespare, ‘Ricardo III’, y lo disfrutamos muchísimo. Y después nos propusimos reflexionar sobre el texto de Azorín. Porque Azorín es uno de esos escritores que ha quedado un poco apartado. Y a nosotros nos parecía tan maravilloso ese texto, ‘La Ruta de Don Quijote’, que lo planteamos durante el centenario del ‘Quijote’, aquella celebración que el Estado español directamente obvió y no le dedicó ningún dinero. Y mientras tanto veíamos cómo los ingleses celebraban la fecha shakespereana a todo trapo. Y nosotros estábamos en España haciendo el ridículo, como habitualmente sucede cuando los políticos toman decisiones sobre cultura.

¿Hasta qué punto resulta complicado montar a los clásicos desde una empresa privada, como hace Noviembre Teatro?
Es complicado desde todos los puntos de vista. Actualmente lo que se lleva en el teatro son obras de dos o tres personajes para evitar debacles económicas. Y nosotros trabajamos en un formato que es el teatro clásico, que nos obliga a tener un reparto, como mínimo, de ocho, nueve o diez actores. Y eso supone un riesgo enorme, que de algún modo apoyan las administraciones con subvenciones o con coproducciones como la actual, con la Compañía Nacional de Teatro Clásico. Pero no deja de ser una apuesta muy arriesgada. Sobre todo porque se necesita un gran decorado, un elenco amplio, y otras muchas cosas. 

Una historia tremebunda

En marzo dirige usted en el Centro Dramático Nacional ‘Espejo de víctima’, que significa su reencuentro con el dramaturgo Ignacio del Moral. ¿De qué trata la obra y qué opinión le merece este autor?
Es una obra extraordinaria. Se trata de dos obritas cortas, que se van a ofrecer en la misma sesión, aunadas por el título ‘Espejo de víctima’. Lo que ofrecen es una visión de la realidad muy incisiva, en la que Ignacio del Moral reflexiona sobre la condición de víctima, a través de dos historias estupendas, tremebundas, muy actuales, llenas de referencias a muchas cosas que nos van a sonar, y escritas por uno de los mejores autores que hay ahora mismo en la ficción de este país. Ignacio del Moral es desde hace años guionista de una de las mejores series de ficción que podemos ver por televisión, ‘Cuéntame…’. Y volverá a demostrar su talento descomunal cuando se estrene ‘Espejo de víctima’.