Entrevista Beatriz Carvajal Tiempos de hoy

 
   

 Nº 1283. 1  de marzo de 2019

- - --

Entrevista / Luis Eduardo Siles

Beatriz Carvajal, actriz

“El teatro es la esencia del actor”

Ha trabajado con Irene Gutiérrez Caba, con José Bódalo o con Antonio Ferrandis, sus grandes maestros, con los que aprendió el oficio de intérprete observándolos entre cajas. Beatriz Carvajal tiene una larga trayectoria en teatro, televisión y cine. Y ahora ensaya la obra ‘Volvió una noche’, del argentino Eduardo Rovner, que se estrena el 22 de marzo en el Teatro Romea de Murcia, para emprender una gira y llegar después a Madrid. Su casa está llena de recuerdos, pero ella mira hacia el futuro.


SERGIO PARRA

“Yo no dudo que el público actual sea muy bueno. Pero yo no creo que el público que llenaba los teatros en los años 60 y 70 no fuera bueno”   “Volvió una noche’ trata de desmitificar y de dar otro sentido a la muerte”

En 1984, cuando iba usted a estrenar un musical en el desaparecido Teatro Beatriz de Madrid le preguntaron si usted consideraba que tenía ‘su’ público, que era algo de lo que entonces hablaban mucho los críticos de teatro, y respondió que no. Ahora, muchos años después, ¿considera usted que ha tenido un público fiel que la ha seguido?
Pues yo creo que sí. Porque pasa una cosa. Yo dejé el humor porque no me veía en ese sitio. A mí, de casualidad, me vio José Antonio Plaza y me llevó a hacer televisión. Y me convertí, en un momento determinado, en humorista. Pero yo dejé el humor y volví al teatro. Y claro, en principio la gente iba al teatro a verme y a reírse. Hasta que se dieron cuenta de que no. Que lo que había ahí arriba, en el escenario, era una actriz, que lo mismo hacía comedia, que hacía drama: que hacía muchas cosas. Entonces yo creo que la gente va a ver a Beatriz Carvajal. Y no con la expectativa de “vamos a reírnos mucho”. No. Van a ver a una actriz. Y considero, sí, que tengo un público que viene a verme.

Usted ha hecho televisión y teatro, sobre todo, y también cine. Evidentemente la televisión es el medio que mayor popularidad aporta al artista, sobre todo cuando se ha trabajado en programas de gran audiencia, como ‘Un, dos, tres…’, o la serie ‘La que se avecina’. ¿Qué valor concede usted al teatro en relación a los otros dos medios?
Parto de la base de que a mí me gusta estar en los tres medios, que es lo que te ofrece la profesión. Pero el teatro es la esencia del actor. La esencia para un autor, para la interpretación, y para todo. No es lo mismo hacer teatro que decir un texto delante de una cámara, y de pronto se oye “no, corta, corta, que ha entrado no se qué…” El teatro, como yo digo, es un plano-secuencia desde que empieza hasta que acaba. Y no te puedes equivocar. Tienes que atrapar a quien hay ahí, en el patio de butacas. Eso es interpretativamente para los actores el mayor aprendizaje. Porque ahora mismo hay mucha gente joven que no se atreve a hacer teatro. Que le da miedo subirse a un escenario. Pero claro, si se quieren subir al escenario para hacer al protagonista, da mucho miedo, indudablemente. Pero si se pudieran subir a las tablas, como me he subido yo, y como se han subido en sus inicios todos los compañeros de mi generación, a hacer cosas pequeñitas, muchas cosas muy pequeñitas durante muchos años, pues es distinto. Porque eso te da un aprendizaje, una formación, una experiencia, que cuando de repente tienes que desarrollar otro tipo de trabajo más importante, más fuerte, puedes hacerlo. Porque en un escenario es donde más puedes aprender de la interpretación. En lugar de ir a tantas escuelas, habría que centrarse en una compañía e intentar hacer algo.

Efectivamente, cuando usted era muy joven coincidió con lo que ahora hay quien califica como ‘La Edad de Oro de la interpretación en España’. ¿Qué aprendió de aquellos grandes actores?
Todo, absolutamente todo. Yo tuve la suerte de empezar a hacer cosas muy pequeñitas, pero al lado de gente como Antonio Ferrandis, María Dolores Pradera, Gabriel Llopart, Irene Gutiérrez Caba, José Bódalo, Nuria Espert, Lola Cardona, Manuel Dicenta… Le puedo decir tanta gente… Yo me pasaba entre cajas todas las funciones, porque yo sabía entonces poquito, pero me ponía allí, entre cajas, para aprender. Y a soñar con hacer algún día algo parecido a lo que hacían aquellos grandes actores. Yo no he ido a ninguna escuela. A lo mejor actualmente es un pecado decir esto. Nadie me ha enseñado este oficio. Salvo ellos, los que antes citaba y otros. “Mis compañeros”, y póngalo entre comillas, porque yo no era entonces nada. Pero me enseñaron mucho. Aprendí porque observaba y soñaba con algún día ser yo la protagonista. Mire ese cuadro que hay ahí colgado. Están Irene Gutiérrez Caba, su hermana Julia, y Amparo Baró. Esa foto estaba en la casa de Amparo Baró. Y yo siempre me quedaba mirándola. Porque me parece que estaban las tres tan maravillosas, tan divertidas. Divinas. Y cuando murió Amparo le pedí la copia a su sobrino, que fue el heredero, y un día vino al teatro a traerme la foto. Y ahí la tengo. Porque a Irene la adoraba. Me parece que era grande, grande, grande.

Ernesto Caballero sostiene que ahora se está haciendo muy buen teatro porque hay muy buen público.
Yo no dudo que el público actual sea muy bueno. Pero yo no creo que el público que llenaba los teatros en los años 60 y 70 no fuera bueno. Además, entonces se hacía mucho teatro clásico. Y se hacía mucho teatro muy comprometido. Que ahora, sí, se hace teatro comprometido, pero entonces tenía mucho más sentido. Y se llenaban los teatros. Yo hice con Nuria Espert la ‘Yerma’ que dirigió Víctor García, y aquello fue espectacular. Lleno, lleno y lleno. Quiero decir que el público de ahora que va a ver teatro es buen público, y que se hacen buenas cosas de teatro. Pero yo creo que entonces se hacían muy buenas cosas de teatro y existía muy buen público de teatro. Además se hacían dos funciones diarias. A las 19.00 horas y a las 22.30. Yo soy de la época en la que hacíamos dos funciones de domingo a domingo. No se descansaba. Y tuvimos la huelga de los actores para conseguir el día de descanso. En definitiva, todo aquel tinglado en el que yo estuve muy metida. Y conseguimos descansar un día a la semana. Yo entonces hacía de todo. Por la mañana, televisión. Luego las dos funciones del teatro. Y al día siguiente me levantaba prontito y a la tele.

Imagino que usted estará de acuerdo con quienes sostienen que el teatro es palabra y actor.
Claro, claro. A mí me enfada cuando los directores quieren convertir el teatro en su espectáculo única y exclusivamente, sin importarles el texto ni el actor. Yo creo que con un texto y un actor puedes hacer teatro perfectamente. No hacen falta toboganes, ni columpios, ni lámparas que suben y bajan, ni cosas raras. El teatro es más sencillo que todo eso. Fíjese, Víctor García montó aquella ‘Yerma’ de la que hablábamos antes sobre una lona. Así, simplemente. Y la obra nunca perdió la esencia de Lorca. Todos los personajes eran muy lorquianos. Pese a que estaban sobre una lona. Hace falta mucho talento para hacer eso y que no resulte ridículo.

La obra ‘Volvió una noche’, que usted está ensayando, plantea temas muy serios como la desmitificación de la muerte, el determinismo, la influencia del pasado en el presente, o el conflicto entre tradición y modernidad. ¿Cómo han trasladado ustedes esos asuntos a la comedia?
Sencillamente porque se trata de una comedia y está todo tratado desde la perspectiva del humor. Desde el momento en el que un hombre va a hablar con su madre al cementerio y cuando le dice “me voy a casar” se cae la lápida y aparece la madre gritándole que por qué no le ha pedido permiso para casarse… pues eso es una comedia. Y es una obra muy en la línea de Jardiel Poncela. Tiene mucho humor, mucha ternura, y mucha verdad. El texto recuerda a Jardiel, sí. Fíjese en ‘Un marido de ida y vuelta’, por ejemplo. El autor de ‘Volvió una noche’, Eduardo Rovner, es argentino. Y los argentinos admiran mucho a Jardiel. Me parece un texto estupendo, espléndido. Lleno de cosas divertidas, de cosas entrañables, de cosas que te van a hacer pensar. Me decidí a hacer esta función porque me atrajo el texto desde el principio. Hay una prueba inequívoca: si te pasan una pieza y la lees del tirón, sin levantarte ni para beber un vaso de agua, es que esa función tiene algo especial. Y yo leí de un tirón ‘Volvió una noche’. En Praga llevan 15 años consecutivos haciendo esta función. Y ha tenido éxito en todos los países donde se ha estrenado. En lugares tan distintos como Cuba o Estados Unidos. A mí, desde luego, el cuerpo no me va a dar para representarla durante 15 años. Pero espero que nosotros no rompamos el sortilegio del éxito de esta función.

¿Qué opinión le merece el denominado ‘teatro del más allá’?
A mí me parece que esta función tiene mucho que ver con una película que vi hace tiempo. Se trata de desmitificar y darle otro sentido a la muerte. Digamos que se pueden vivir con alegría las cosas, aunque sea algo tan duro como la muerte.

¿Cómo está siendo el trabajo con César Oliva, que además de director es un estudioso y un teórico del teatro?
Estupendo. Llevamos todavía pocos ensayos, pero está muy bien. Él tiene muy clara la función. Lo que quiere. Hemos hablado mucho de cada personaje y del sentido de cada personaje en el contexto de la obra. César Oliva tiene muy claro y transmite muy bien lo que quiere.

En 1986 usted interpretó ‘Lázaro en el laberinto’, de Buero Vallejo. ¿Qué recuerdos guarda de esa obra y qué le parece el teatro de Buero, algo olvidado ahora?
‘Lázaro en el laberinto’ no fue de las obras más significadas de Buero. Mi opinión es que fue un lujo para mí conocer personalmente a Buero y que él pensara en mí para interpretar esa obra. El año anterior había hecho yo ‘El Hotelito’, de Antonio Gala. El teatro de Buero es de muchos actores. Es como se escribía el teatro antes. Y si una compañía nacional no monta a Buero, una compañía privada no puede montar a Buero. Por ejemplo, ‘La Fundación’. Es una obra sensacional, pero tiene muchísimos personajes y no se puede montar ahora ‘La Fundación’. Pero se debería volver a llevar a las tablas esta obra, porque es teatro comprometido, es teatro muy interesante. Antonio Buero Vallejo, como persona, era espectacular.

Un personaje fantástico

¿Cómo es la serie ‘Monteperdido’, que pronto estrenará Televisión Española, en la que usted trabaja?
Es una serie policíaca, un ‘thriller’, el caso de dos niñas que han desaparecido y la Policía acude a ese sitio, Monteperdido, a intentar descubrir el paradero de esas niñas. Yo creo que esta serie va a tener tirón. Entre otras cosas porque está rodada en un sitio de lujo: el Pirineo. Y mi personaje me gusta mucho, porque es un papel pequeño, pero se trata de un personaje que cuando termine la serie el espectador no sabrá a ciencia cierta si ese personaje es real o no. Es muy intrigante. Un personaje que no se sabe si está únicamente en la memoria de la protagonista o que ha existido realmente. Un personaje fantástico.