¡Vaya Gente! Tiempos de hoy

 
   

 Nº 1283. 1  de marzo de 2019

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¡Vaya gente! / Mara del Prado


Doña Letizia, con las delegaciones española y marroquí en el viaje de los Reyes al país alauita, volvió a lucir el sastre de su pedida de mano. / EUROPA PRESS

Doña Letizia celebra el amor con su traje más icónico

Entrar en la ropa que usabas hace quince años es todo un reto. No para Doña Letizia, que se ha homenajeado a sí misma luciendo el sastre de chaqueta y pantalón blanco de Armani que llevó el día de su pedida de mano en el Palacio del Pardo el 6 de noviembre de 2003. El traje, que no había vuelto a lucir en público desde un día cuanto menos complicado –fue cuando le dijo al entonces príncipe aquello de “déjame terminar”–, lo metió en la maleta de su viaje a Marruecos, donde según Hola la Reina envió “mensajes” con sus outfits. Desde el vestido joya blanco bordado, inspirado en los caftanes marroquíes en un “guiño a las princesas del reino alauita”, hasta los chatones de Victoria Eugenia, los pendientes más valiosos de las reinas de España, o el mismo conjunto de su presentación pública, que escogió para visitar el mausoleo de Mohamed V y Hassan II en un gesto romántico por tratarse del Día de San Valentín.

Holanda conoce ya el secreto de la sonrisa de Máxima, “la reina más espontánea”, dice Semana. En un reportaje sobre su visita a Jordania como asesora especial del secretario general de la ONU para promover la financiación sobre todo de mujeres, cuenta la revista que las últimas semanas no han sido fáciles para ella. Al parecer, la prensa argentina publicaba en enero que no pagaba impuestos por unos terrenos que posee en su país de origen –algo que negó a través de un comunicado oficial– y, hace unas semanas, en Holanda saltó la noticia de que ella, su marido el rey Guillermo y sus hijas no pagaban los gastos médicos, destacando las facturas del dentista.

Hola no abandona la sangre azul, la mayoría ‘por transfusión’ como las anteriores, para dedicarle un reportaje a la “nueva generación de duquesas influyentes”. Con la máxima distinción de la jerarquía nobiliaria, en el club de las grandes de España que “marcan tendencia en el diseño, la moda y el arte” destaca Alejandra Romero, nieta de Adolfo Suárez y heredera del ducado creado por el rey Juan Carlos para reconocer los servicios de su abuelo a la Transición. De todas, es la menos trendy y seria; estudió Derecho y Empresariales en ICADE y trabaja en un bufete internacional.

La siguiente en la lista es Sofía Palazuelo, casada con Fernando Fitz-James Suart, duque de Huéscar y futuro duque de Alba. Sus credenciales; descendiente del científico y pensador Gregorio Marañón y del pintor y escultor Pablo Palazuelo, trabaja con su madre en Art Around, una empresa dedicada a organizar visitas a casas históricas, colecciones privadas, estudios de artistas y museos. Se ocupa además de la conservación del palacio de Galiana, heredado de su bisabuela Carmen Marañón y, como mucho del patrimonio inmobiliario de la nobleza, destinado a buscar rentabilidad a través de visitas, eventos culturales o rodajes.

Casada con el duque de Feria, Rafael Medina, Laura Vecino estudió Arquitectura en la Universidad de Navarra pero, al igual que su marido y su suegra, Nati Abascal, se dedica al negocio de la moda. Para casarse, la pareja eligió el Hospital de Tavera, monumento de Toledo destinado también a las visitas y propiedad de la Casa de Medinaceli.

Desde los 18 años, la prima del marido de Vecino, Victoria de Hohenlohe-Langenburg, es duquesa de Medinaceli, distinción creada por Isabel la Católica que heredó tras el fallecimiento de su padre en 2016 junto a otro medio centenar de títulos, convirtiendo a esta discreta estudiante de Historia y Economía del Instituto de Empresa en la noble más titulada.

El reportaje no lo subraya, pero también la nobleza se ha beneficiado de las políticas feministas de los gobiernos progresistas de España. De no ser por la Ley de Igualdad para la Sucesión de Títulos Nobiliarios del socialista José Luis Rodríguez Zapatero, el ducado de Suárez estaría en manos de Adolfo Suárez Illana, tío de Alejandra Romero, y Alexander Gonzalo von Hohenlohe-Langenburg, hermano pequeño de la duquesa de Medinaceli, sería hoy jefe de una de las casas más antiguas del país.

 

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