Entrevista / Laura Toledo Tiempos de hoy

 
   

 Nº 1284. 8  de marzo de 2019

- - --

Entrevista / Luis Eduardo Siles

Laura Toledo, actriz

“Yo estoy por el teatro social, el que remueva”

Llega casi tres horas antes de que empiece la función y está sentada en una mesa de lo que fue el bar del Teatro Bellas Artes, en la planta baja, en medio de un silencio total, leyendo un fragmento de ‘La voz dormida’, el libro de Dulce Chacón, viejísimo pero cuidado, que Laura Toledo siempre lleva en el bolso cuando actúa. Después de su estancia en Madrid, el monólogo que interpreta de manera colosal Laura Toledo emprenderá una gira por Sevilla, Albacete, Rivas-Vaciamadrid, y posteriormente recalará en Cuba.

“Cuando me subo al escenario como Pepita Patiño me abro en canal”

“En la obra ponemos en la voz de Pepita Patiño el sufrimiento de todas las mujeres que vivieron la guerra”

“Obvio que ‘La voz dormida’ es un drama. Pero es también un canto a la alegría, a la esperanza. Un canto a la paz”

 

Se ha escrito que ‘La voz dormida’ relata el sufrimiento de aquellas mujeres que perdieron la guerra y la agonía que vivían sin conocer su final.
Es una historia en la que se habla de la mujer. Sobre todo, en esta versión de teatro, nos centramos en la historia de Pepita Patiño. Que es una mujer de Córdoba, una historia real, sobre la que Dulce Chacón investigó antes de escribir ‘La voz dormida’. Además hay cosas de ficción, y cosas que Dulce Chacón pone en Pepita pero que no son de Pepita, sino de otras mujeres. Entonces, digámoslo así, ponemos en la voz de Pepita el sufrimiento de todas las mujeres que vivieron la guerra. Pertenecen al bando de los vencidos. Nosotros contamos la historia en forma de monólogo y nos centramos en la sensacional historia de amor que vivió Pepita. Pero sin olvidar nunca que ella se encuentra en un contexto de guerra. Y Pepita hace muchas cosas, algunas relacionadas con la política, y no porque ella quiera hacerlas, sino porque, sobre todo, tiene un motor que es la fuerza del amor. Pepita Patiño lo hace todo por amor: a su familia, a su chico, a todo ello.

Sin embargo, aquellas mujeres tenían una gran vitalidad dentro, un afán de lucha contra el infortunio y la injusticia, ¿no?
Yo imagino que cuando te encuentras en una situación tan límite como en este caso de supervivencia tienes que luchar mucho por sobrevivir porque, de lo contrario, mueres. Supongo que la fuerza te sale de donde no la tienes. Pepita dice en la función: “Somos como animales, ante el peligro nos volvemos listos”. Imagino que las mujeres de aquella época sufrían no sólo por lo que estaban viendo en la guerra, sino también porque perdían a sus familiares, sufrían por su marido porque lo mandaban al frente, tenían que luchar de manera incansable para sobrevivir ellas y para que sus hijos sobrevivieran. Hay como un coraje y una fuerza enorme en estas mujeres.

Se ha dicho que ‘La voz dormida’ es “un canto a la paz, a la libertad y a la justicia”. ¿Está usted de acuerdo?
Sí, puede decirse que es un canto, nosotros intentamos cantar también para que haya paz. Obvio que la obra es un drama. Pero es también un canto a la alegría, a la esperanza. Un canto a la paz.

Usted realiza un ejercicio interpretativo de primer orden. Con lágrimas casi continuamente en los ojos sin llegar al llanto. Pasa del dolor a la risa. Contagia su emoción al público.
Mi objetivo no consiste en contagiar. Yo intento ser muy humilde. Pienso: de lo que se trata es de contar la historia, yo me quito de en medio como Laura Toledo y lo que trato es de contar esta historia con la mayor humildad posible, porque de lo que se trata es de historias reales. Yo quiero ser fiel a lo que la historia me pide. Y supongo que al entregarme tanto, porque yo siempre me entrego al cien por cien en todos mis trabajos, pero cuando me subo al escenario como Pepita Patiño me abro en canal y me digo: “Tengo que contar muy bien todo esto”. Y hay algo que sale del alma. Al principio tenía mucho miedo con esta función. Porque hay mucha gente todavía que ha sufrido lo que en su día sufrió Pepita. Y comprobar que tu historia, la forma en la que yo la cuento, que es desde la voz de Pepita y de Dulce Chacón, llega al público, y la gente empatiza contigo, y además se emociona, y ríe, y llora, y hace lo mismo que haces tú, pues, en definitiva, no ya sólo como actriz, sino como persona, valoro que es algo muy de agradecer. Sí, de mucho agradecimiento. La noche del estreno de ‘La voz dormida’, hace un año y medio en Zaragoza, yo me quería morir. Literalmente. Créame. Y no había tenido nunca esa sensación como actriz. Llegué a pensar: si ahora se produce un apagón de luz en el teatro por tiempo indefinido no pasa nada, e incluso respiraría. Pero inmediatamente pensé: hay tanto trabajo aquí, tanta entrega, tanta necesidad. Porque me di cuenta de que tenía mucha necesidad de hacer esta obra. Como mujer. De contar esta historia como mujer. Y cuando empezó la función del estreno todo fue fluido. Yo creo que los actores tenemos la necesidad de contar historias. Hablo, al menos, de mí. Existe, sí, esa necesidad. Para que la gente vea. Y abra los ojos. Y que despierten las voces dormidas con la función. Se trata de despertar esas voces dormidas y de hablar.

Se ha escrito que en esta obra “el público la aplaude a usted hasta las lágrimas”. ¿Qué le parece?
Yo creo que el público necesita tener obras interesantes. También el público necesita un día ir a ver una comedia y desconectar de los problemas que tenga en su vida y va al teatro a reírse y a no pensar. Pero yo he comprobado con ‘La voz dormida’ que cada vez viene más público experto. Pero no sólo experto en teatro. Experto en historia. Experto en arte. En filosofía. Experto en el arte de la vida. Yo sí creo que cada vez hay más público que necesita de obras buenas, en las que se cuenten cosas interesantes. Detesto que se engañe al público. La gente que paga una entrada y está ahí durante una hora y media sentada, viéndote, para mí eso es… Yo pienso que al final de la función yo tendría que aplaudirlos a ellos, no ellos a mí. Decir: “Bravo por tu generosidad de estar sentado ahí, apoyando y siendo un público respetuoso”. La gente quiere obras interesantes y buenas. Y hay muy buen público. Y un público muy estricto.

¿Existe alguna semejanza entre la película sobre ‘La dormida’ que estrenó en 2011 Benito Zambrano y la obra teatral que usted protagoniza?
Lo único es la historia que escribió Dulce Chacón. En la película se habla de Pepita, de su hermana, de sus familiares, se cuenta la historia de ella. La semejanza es que la historia es la misma. Eso es obvio. Pero nosotros contamos la historia de Pepita desde mayor. La función empieza cuando Pepita tiene ya 42 años y se va a casar ese mismo día. Y ella vuelve atrás y recuerda lo que pasó. La función tiene ‘flashback’ hacia atrás. La película se centra en la Pepita de joven y camina hacia adelante. Nosotros nos centramos en la Pepita de mayor y caminamos hacia atrás y hacia adelante. La única semejanza consiste en que la historia es la misma.

¿Qué opinión le merece la novela de Dulce Chacón? Dulce Chacón afirmaba en las entrevistas: “Dicen que soy muy dulce”.
Yo no llegué a conocer a Dulce Chacón pero sí conocí a sus hijas, a su hermana Inma, que también es escritora, y a más familiares suyos. Y sé bastante de Dulce Chacón, pero por lo que me cuentan. Y luego, por lo que yo leo en la novela, ella tiene una sutileza y una dulzura, por decirlo así, en contar algo tan feo y tan trágico como lo que pasó en aquella época, y saberle sacar también el contexto de felicidad, de ilusión, de esa valentía que tenían aquellas mujeres. Cuando leí la novela por primera vez, el primer impacto fue la emoción. Una emoción tremenda. Lloré. He leído muchas veces la novela. De hecho, al llegar cada día al teatro antes de la función siempre leo algún capítulo de la novela. Y siempre hay algo que te llega al corazón, al alma. Porque Dulce Chacón escribía como con una sutileza en cada palabra. Ella ponía esa palabra, y no había otra palabra que describiera tan bien lo que ella quería contar. Era esa palabra concreta. La que ella había escrito. Y eso a mí me ha facilitado mucho la labor a la hora de entender a los personajes y, sobre todo, a la hora de meterme en el personaje de Pepita Patiño.

¿Qué papel no aceptaría usted jamás?
Un papel donde se mienta. Un papel donde se digan cosas que no son verdad. Para engañar al público. Para engañar a la sociedad. No podría hacerlo. Yo estoy por el teatro social, por el teatro que cuente verdades, por el teatro que remueva, por el teatro que haga recapacitar a la gente. Y no soportaría contar mentiras, vender humo.  

 

Inolvidable voz dormida

‘La voz dormida’ es un colosal, dolorido, esperanzador y deslumbrante poema escénico. Pero es, claro, y sobre todo, teatro. Porque la joven actriz sevillana Laura Toledo llena el escenario en este monólogo estremecedor y emocionante: con talento, con un dolor que le sale de dentro y nunca parece fingido, sino auténtico, con la expresión de sus ojos, ojos de océano, llenos de lágrimas, lágrimas de lluvia que no parecen surgir de la ficción, sino de sus entrañas. Es impresionante la interpretación de Laura Toledo que, decíamos, llena el escenario del Teatro Bellas Artes de Madrid. Laura Toledo es ‘La voz dormida’. A partir de ahora, Pepita Patiño, aquella cordobesa que vivió la tragedia y el dolor de la posguerra como una troyana de Eurípides que hablara andaluz, y cuya vida recreó en su novela la inolvidable Dulce Chacón, Pepita Patiño, decíamos, tendrá ya para siempre el rostro de Laura Toledo. Pepita vivió la guerra desde fuera. Desde el ámbito vacío y desolado de las víctimas. De quienes no eran de ningún bando. Pero le dolía: “Cuánta sangre de jóvenes fusilados entre las tapias”. Pertenecía a las que no hicieron nada. A las que lo hicieron todo. En un Madrid absurdo y hambriento. “Soy la mejor bordadora de Madrid y nadie me da trabajo”, exclamará Pepita, luchadora en la vida pero no en la guerra, sola: “El peor dolor es no poder compartir el dolor”. Y el destino la lleva a enamorarse –“es guapo, el tío”– de Paulino, apodado ‘El chaqueta negra’, líder comunista en la clandestinidad, en el exilio, y posteriormente encarcelado. Pepita puede visitarlo una vez al año en la prisión de Madrid. Pero Pepita y Paulino se casarán “como Dios manda” cuando ella tiene ya 42 años, durante un permiso carcelario del recluso. Dulce Chacón publicó ‘La voz dormida’ en 2002, fue libro del año, ella vivió intensamente durante aquellos meses la gloria literaria, y murió de un cáncer implacable en 2003. Dulce Chacón se fue, pero su talento aquí sigue. La auténtica Pepita Patiño la sobrevivió. Falleció hace tres años en Córdoba. Laura Toledo ha investigado profundamente la vida de Pepita antes de interpretar su personaje. Visitó la residencia en la que pasó sus últimos años. Habló con las monjas. Vio su habitación, y esa pequeña capilla, con velas encendidas, a la que Pepita, hermana y mujer de milicianos, acudía todas las mañanas a rezar a Dios. A rezar con su voz dormida.