Entrevista / Carlos Santos Tiempos de hoy

 
   

 Nº 1285. 15  de marzo de 2019

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Entrevista / Luis Eduardo Siles

Carlos Santos, actor

“Rodar ‘El Crack’ ha sido una experiencia bestial”

Es un actor con muchos registros, que lo han llevado de ser Povedilla, aquel meritorio de la Policía tímido y ensimismado de la serie televisiva ‘Los hombres de Paco’, a Germán Areta, el detective duro e impasible que en su día encarnó Alfredo Landa, y que ahora él interpreta en ‘El Crack 0’, película de José Luis Garci que se acaba de rodar. Carlos Santos estrena, además, el 12 de abril la película ‘Lo dejo cuando quiera’, comedia en la que encarna a un profesor universitario desfasado y azotado por la crisis, y está de gira con la obra teatral ‘Volvió una noche’, en la que hace de músico sin suerte.

“Germán Areta es un detective duro, seco, lacónico, apenas mueve un músculo”
“La melancolía y la nostalgia son sentimientos de los que Garci tira bastante en sus películas”

Foto: ENRIQUE CIDONCHA

¿Cómo ha sido su experiencia al encarar al detective Germán Areta en la nueva entrega de ‘El Crack’?
En principio la película se iba a llamar ‘Areta Investigación’, porque es precuela, la acción transcurre cinco años antes de los otros dos ‘Crack’, que rodó José Luis Garci. Pero a Garci se le encendió una bombilla y dijo un día que no le gustaba ese título. “El título va a ser ‘El Crack 0’”, dijo. Porque está ‘El Crack’ y ‘El Crack 2’. Ha sido uno de esos regalos que te da esta profesión de vez en cuando. A mí, alguna vez, esta profesión me ha dado algún regalo maravilloso, y éste es uno de ellos, sin duda. Porque yo, el día que lo conocí, le dije a Garci: “Tú has sido mi maestro sin saberlo. Porque yo he aprendido de cine, he aprendido a ver cine, he descubierto varias de las que hoy son mis películas favoritas en la historia del cine, viendo tu programa televisivo ‘Qué grande es el cine”. Yo lo veía cuando tenía 15 años. Conservo todavía las cintas en VHS de aquellos programas grabados, guardadas en casa de mi madre, con los debates completos, con los invitados que llevaba. Para mí, ver ‘Qué grande es el cine’ era como ir a clase. Y le tengo una devoción descomunal a Garci desde ese momento. E ir a una reunión a hablar con él, pensando que, al igual que yo, iban a acudir varios actores más, a los que quería entrevistar, y que Garci te reciba diciendo: “Hombre, aquí está Germán Areta, bienvenido, pase…”. Fue ese uno de los momentos cumbres de mi carrera. Y luego, el día a día del rodaje de la película ha resultado duro, porque yo he estado todas las jornadas, mi personaje, Germán Areta, es el protagonista absoluto, y ha sido duro, ha sido complejo, pero ha sido una experiencia bestial. Estoy deseando ver el resultado. He tenido la suerte de encarnar a un icono de la historia del cine, como es el caso de este personaje al que en su día dio vida Alfredo Landa, y es algo que ni se me podía pasar por la cabeza que ocurriera. Ya no sólo el hecho de rodar con Garci, sino rodar ‘El Crack’. Es algo que dices: ¿Pero qué más quieres tú en la vida?

¿Hay melancolía en ‘El Crack’ como en la mayoría de las películas y de los relatos de José Luis Garci?
Sí, sí, la melancolía, la nostalgia, es un sentimiento del que Garci tira bastante. En todo su cine está presente la melancolía y la nostalgia. Pensemos que los maestros para Garci son Ford, Howard Hawks y Leo McCarey. Y él ve todo el cine del mundo. Cada día venía al rodaje diciendo: “¿Has visto esta película?”, “¿has visto esa otra película?”. Ve todo el cine de ahora. Pero su Biblia podría estar entre Ford, Howard Hawks y Leo McCarey. Garci sigue pensando que el cine es de los actores y que el mejor director es el que no se nota. Y él sigue rodando de una manera muy pausada, dejando que todo el trabajo sea el texto y sean los actores. Es un enamorado del trabajo de los actores. Garci nunca dice: “¡Acción!”. Le parece una falta de respeto decirle al actor: “¡Ya, ahora hazlo!”. Él dice: “Bueno, ya estamos rodando, cuando quieras tómate la acción”. Garci es un apasionado del cine. Le podría contar miles de anécdotas. Un día vino y me regaló el guión original de ‘El Cid’, de Anthony Mann, del año 60, con su papel ya amarillento, con algunas anotaciones que aquel director hizo a bolígrafo. Garci es un tipo supergeneroso. Cada día nos regalaba un libro a los actores. Yo creo que le encanta el concepto de legado. Dejar un legado. No sólo en las cosas personales, también en su cine.

¿Cómo ha resuelto finalmente Garci los tiros de cámara en la Gran Vía madrileña, que ya no se parece en nada a la de los años 70?
Creo que él tiene material suficiente de la Gran Vía procedente de los primeros ‘Cracks’ que rodó, y aunque esta película es en blanco y negro algún truco hará para que podamos ver esas transiciones maravillosas. Evidentemente hemos rodado en exteriores, en esas zonas de Madrid que todavía tienen el aroma de los años 70, como El Viso, sitios que aún pueden dar el pego. Hemos rodado en localizaciones fantásticas que parecen, efectivamente, de los años 70. Hay edificios que, al entrar, dices: ¿Pero esto existe y yo no había entrado aquí nunca? Porque realmente parece que estamos en el año 50. Existen esos edificios y se ha realizado esa labor de localización.

El detective Germán Areta interpretado por Alfredo Landa era un tipo duro. Recuerde, por ejemplo, la escena del atraco en el bar. ¿Cómo es el Areta, apodado ‘El Piojo’, que usted ha encarnado?
Hemos intentado mantener un personaje que es icónico. Un personaje que se inventaron José Luis Garci y Alfredo Landa hace 30 años. Tienes que coger muchos elementos de ahí. Si Landa fumaba de una manera concreta, tú tienes que fumar igual, no puedes fumar de otra forma. Hay que cuidar mucho esos pequeños detalles. Pero Areta es un detective duro, seco, lacónico, apenas mueve un músculo. Pero yo hago un Areta más joven. Al que no le han pasado todavía una serie de cosas dolorosas. El Areta que yo interpreto es cinco años más joven que el de la primera película de Alfredo Landa. Y no diría que es más débil, pero no tiene tantas heridas de la vida. Es algo más frágil en algunos momentos. Es capaz de abrirse algunas veces de una manera que jamás pensaríamos en los otros dos ‘Cracks’. Este Areta abre el corazón realmente. ¿Por qué? Porque es más joven y todavía no le han pasado una serie de cosas. No tiene tantas cicatrices en la mochila. Y yo confío en que los aficionados al cine esperen ansiosos el estreno de ‘El Crack 0’, porque supone la vuelta a las pantallas de José Luis Garci, que dijo que ya no iba a hacer más cine, que dijo que no iba a volver a rodar ningún nuevo ‘Crack’, pero que, afortunadamente, se ha desdicho de todo aquello, y ha vuelto al cine y ha rodado un nuevo ‘Crack’.

Antes de ‘El Crack’, el próximo 12 de abril, se estrena otra película que usted protagoniza, ‘Lo dejo cuando quiera’, una comedia dirigida por Carlos Theón, que ya había obtenido un importante éxito de público con su anterior trabajo, ‘Es por tu bien’.
Sí, y efectivamente se trata de una comedia en la que los tres protagonistas en la ficción somos tres profesores de Universidad venidos a menos a causa del paro, a causa de la crisis, y cada uno de ellos medio malvive como puede. Uno de profesor interino, el otro dando clases particulares, y el que queda directamente en casa de sus padres. Y uno de ellos, que es químico, está trabajando en un complejo vitamínico que al probarlo de manera absolutamente casual advierte que produce una sensación de euforia absolutamente maravillosa, de que todo en la vida es perfecto. Y entonces deciden comercializar ese producto. Y ese es el punto de partida de la película. Tres tíos que no tienen ni idea de cómo es el mundo de la noche y que están desfasadísimos respecto a lo que hace la gente joven. Y necesitan de un personaje que los introduzca en el mundo de la noche para poder comercializar ese producto. Se trata de un ‘remake’ de una película italiana, de igual título, ‘Lo dejo cuando quiera’, que tuvo muchísimo éxito allí. Tenemos un gran reparto y creo que es una película que va a funcionar muy bien. Confío mucho en su director, Carlos Zehón, con el que ya había trabajado en ‘Los hombres de Paco’, y que firmó un éxito importante con ‘Es por tu bien’. ‘Lo dejo cuando quiera’ es una mezcla explosiva con tres tíos muy normales, muy tontitos ellos, también muy pusilánimes, que de repente acaban metidos en una movida totalmente alocada.

Usted protagoniza, junto a Beatriz Carvajal, la obra de teatro ‘Volvió una noche’, que se acaba de estrenar y sale de gira por España. ¿En qué medida esta pieza se puede considerar como un ajuste de cuentas del autor, el argentino Eduardo Rovner, con su madre, al igual que Simenon hizo con el implacable libro ‘Carta a mi madre’?
Rovner soñó una noche esta obra de teatro. Soñó que su madre, que ya había muerto, volvía de la tumba. Yo no sé si es un ajuste de cuentas o una necesidad de todo lo contrario: de reconciliarse con su madre. Reconociendo él mismo los errores que ha cometido. Porque el hijo, el personaje que yo interpreto, evidentemente no es perfecto. La madre, tampoco. Pero hay en la obra algo de reconocimiento de los errores de ambos durante la vida. Insisto: no sé si es un ajuste de cuentas. Creo que las madres de cada uno son sagradas, puedes discutir con ellas, sí, pero es un amor incondicional el que se siente hacia una madre. Puede haber alguna cuenta pendiente. Evidentemente la hay. Pero el autor lo trata desde el humor. Y desde el humor siempre resulta más fácil reconciliarse. Con un poco de azúcar, la píldora entra mejor. Entonces, todo el conflicto ha de estar aderezado de comedia. Y así es menos conflicto. Y es más real. Más humano. Yo considero que la gente se va a identificar muy bien con esos pequeños conflictos materno-filiales que hay en esta función.  

Vocación de director

Usted ha dirigido teatro en las obras ’75 puñaladas’ y ‘Un tonto en una caja’. Y, además de actor, trabaja como ayudante de dirección en ‘Volvió una noche’. ¿Le gusta dirigir teatro?
Lo que más me gusta del teatro son los actores. Lo que más disfruto cuando he dirigido teatro es trabajar con el actor y sacar del actor lo mejor que tiene. Y lo que más me gusta, como director, es no perder de vista la primera lectura, la primera impresión. ¿Qué te pasó en esa escena? ¿Qué te pasó cuando leíste por primera vez esto? Que nunca se te olvide la primera impresión. Porque esa primera impresión que tú tuviste es la que ahora va a tener el espectador. Hay que intentar ser siempre muy fiel a eso. Y los actores, a veces, se despistan. Cuando ya te sabes todo, sabes lo que te va a pasar, sabes lo que te toca, entonces nunca anticipes. Intenta ponerte en el lugar del espectador que está viendo por primera vez el espectáculo. No hay que olvidar nunca esas primeras impresiones. Y me gusta, como actor que soy, trabajar con los actores. Soy actor y conozco muy bien los mecanismos que existen. Sé identificar muy rápido cuál es el problema que le ocurre a un actor. Porque de pronto hay algo que no le sale, que le cuesta. Y yo le digo: “Vale, es por esto”. Se trata de intentar identificar cosas para que los actores sean felices sobre el escenario. Porque subirte a un escenario no puede consistir jamás en una tortura. El teatro tiene que ser un gozo. Porque esto se hace por amor. Es algo absolutamente vocacional.