Sin Maldad / José García Abad Tiempos de hoy

 
   

 Nº 1285. 15  de marzo de 2019

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Sin Maldad / José García Abad

Hubo más gallardía en el proceso a Companys que en los que ahora juzga el Supremo

EUROPA PRESS

Los acusados tratan, obviamente, de salvar sus responsabilidades en los hechos que el tribunal, dirigido magistralmente por Marchena, trata de dilucidar en términos estrictamente jurídicos. Es un comportamiento humano pero no muy gallardo que ha generado decepción en la parroquia independentista, que se había creído con el corazón exaltado que lo de la independencia iba en serio. Companys fue más gallardo ante el Tribunal de Garantías Constitucionales de la II República.

El proceso al ‘procés’ que juzga el Tribunal Supremo no ha provocado los terribles efectos que se temía, lo que demuestra una vez más que cuando se produce el hecho temido la realidad es un alivio, que lo peor es el miedo.

La vida trascurre con normalidad en España, incluida obviamente Cataluña y el fracaso de la huelga general convocada en esta comunidad refleja, entre otros signos,  esa normalidad.

La comparecencia de los acusados, transmitida por televisión al mundo entero, que la sigue con interés decreciente, como era de esperar, arruina el argumento central de los dirigentes del independentismo de que en España no se respetan los derechos humanos, que no somos una democracia homologable.

Aún es pronto para hacer un balance del proceso y llegar a una conclusión válida sobre el fondo del asunto, pero ya se puede adelantar, siguiendo a las defensas, que la declaración de independencia no fue tal; que sólo fue una manifestación de retórica partidaria exenta de la grandeza que se pretendía.

Los acusados tratan, obviamente, de salvar sus responsabilidades en los hechos que el tribunal, dirigido magistralmente por Marchena, trata de dilucidar en términos estrictamente jurídicos. Es un comportamiento humano pero no muy gallardo que ha generado decepción en la parroquia independentista, que se había creído con el corazón exaltado que lo de la independencia iba en serio.

Companys fue más gallardo

He pasado revista a lo que pasó cuando el Tribunal de Garantías Constitucionales de la República, en mayo de 1936, juzgó al ‘president’ y al gobierno de la Generalitat en pleno por la proclamación de la independencia de Cataluña que efectuó Companys el 6 de octubre de 1934.

En aquel momento, la mayor parte de los ‘consellers’ trataron también de defenderse con todos sus recursos dialécticos, pero en general actuaron con gallardía. Fue especialmente gallardo el ‘president’ Companys, a diferencia del ‘president’ Puigdemont, que optó por la huida.  

Companys pide a Ángel Ossorio Gallardo, liberal católico y conservador que abrazó lealmente la República, que lo defienda. Ossorio le pide instrucciones para el desempeño de su cometido. Companys le dice: "Ni yo tengo miedo a nada, ni tengo que presumir de nada. Yo soy un político que se ha encontrado con una dificultad política, que la ha resuelto con modos políticos, que se ha equivocado y que ha perdido. He de pagar la cuenta”.

Y sigue la siguiente conversación tal como cuenta Ossorio en su libro ‘Vida y sacrificio de Companys’: 

OSSORIO: Companys, conviene que tenga usted el ánimo preparado a que el fiscal le pida la pena de muerte.

COMPANYS: ¡Oh! Es que si no me la piden me estafan.

OSSORIO: Siempre he recomendado: afronta la muerte, pero no afrontes el ridículo.

“Eran de tipo fascista”

Cuando le interroga Ossorio, su abogado, ante el Tribunal de Garantías Constitucionales, Companys se apoya en un argumento similar al que están utilizando hoy los dirigentes independentistas: que son independentistas porque España es un Estado escasamente democrático. 

COMPANYS: La cosa es bien clara. Había un Gobierno; se provoca una crisis; entran en el nuevo Gabinete elementos, a nuestro juicio, de dudoso republicanismo. Creí la República en peligro. Estos señores no habían votado la Constitución, habían amenazado apo­derarse del Estado, tenían una concepción del Estado contraria a toda República parlamentaria, eran de tipo fascista. Entran en el poder, que habían dicho que era su segundo objetivo, puesto que se iban a apoderar del Estado. Para nosotros aquello no era Gobierno.

OSSORIO: En la conversación tenida con el general Batet recabó us­ted para sí la plenitud de la responsabilidad, según nos ha dicho. Es cierto, y usted me tiene dadas instrucciones, como su compa­ñero y defensor, que yo recabe la plenitud de la responsabilidad para usted...

COMPANYS: Exacto. Lo único que me interesa es que no se desfigure la intención, el motivo del movimiento. En cuanto a la suerte perso­nal, no me importa.

OSSORIO: ¿Por qué se juzga usted singular y plenamente responsable por encima de sus compañeros de Gobierno?

COMPANYS: Primero, porque yo era el Presidente de la Generalidad; en segundo lugar, porque el Presidente de la Generalidad nombra a sus consejeros; en tercer lugar, porque, además de ser Presidente de la Generalidad y de haber nombrado directamente a mis conse­jeros, yo era el jefe del Gobierno, porque las funciones ejecutivas pude haberlas delegado y no las delegué; era, pues, jefe del Go­bierno, Presidente de la Generalidad. En tercer lugar, porque, sin merecerlo, por fuerza o por fortuna de la política, yo había venido a ser, no por mis méritos ni por mis aptitudes, sino por las cir­cunstancias de la política, la persona más señalada de Esquerra Republicana de Cataluña, que era el partido mayoritario en Ca­taluña, y el cargo da siempre sobre los consejeros, y más sin­gularmente sobre estos consejeros que me tienen en tanta estima, una influencia que los demás consejeros, valiendo más que yo, no pueden tener.

Y cuando el fiscal, Lorenzo Gallardo, solicita para él la reclusión perpetua se indigna y se dirige a él con las siguientes palabras: “Usted no ha pedido la pena de muerte para saborear el placer de llamarme cobarde, prevaliéndose de mi situación en estos momentos”. Y Companys, con actitud de desprecio, le vuelve la espalda.

 

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Lleva ejerciendo la profesión de periodista desde hace más de medio siglo. Ha trabajado en prensa, radio y televisión y ha sido presidente de la Asociación de Periodistas Económicos por tres periodos. Es fundador y presidente del Grupo Nuevo Lunes, que edita los semanarios El Nuevo Lunes, de economía y negocios y El Siglo, de información general. 

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