Entrevista / Carme Portaceli Tiempos de hoy

 
   

 Nº 1288. 5  de abril   de 2019

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Entrevista / Luis Eduardo Siles

Carme Portaceli, directora del Teatro Español

“La única revolución que ha vivido el siglo XX es la feminista”

“Las mujeres decoramos las mazmorras”. Esta frase de Virginia Woolf parece resonar en el interior de la mente de Carme Portaceli, que da la impresión de que ha interiorizado al máximo el pensamiento y los sentimientos de la escritora inglesa para dirigir ‘Mrs Dalloway’, la versión teatral de la novela que resume la vida de una mujer en 24 horas. ‘Mrs. Dalloway’ se acaba de estrenar en el Español, el teatro que Carme Portaceli dirige desde septiembre de 2016, con Blanca Portillo como protagonista.

“Nosotras, las mujeres, como decía Virginia Woolf, decoramos las mazmorras. Es otra manera de ver el mundo”   “Hay que ir a votar. Yo no soy partidaria del voto obligatorio, pero que la gente no vaya a votar me parece terrible”

Ha dicho usted: “El conocimiento del alma humana de Virginia Woolf es impresionante. Va todavía más lejos que el de Chéjov”.
Yo creo que Virginia es una mujer que sufrió también una serie de problemas mentales debido al abuso que en su infancia sufrió de un medio hermano que tenía, creo que del matrimonio de su padre. A partir de ahí empezó a oír voces. Y tuvo una serie de episodios de bipolaridad. Considero que ella, como es una mujer además de una gran cultura, no de un elevado nivel económico pero sí de una inmensa cultura, tuvo una elevada capacidad de introspección. Además a Virginia Woolf le gusta mucho Proust, le gusta mucho Joyce, y con ellos inventa una cosa que es una especie de alud, de torrente de conciencia, que cuando ella piensa entra y entra, y por eso Virginia Wolf es a veces difícil de leer, pero resulta bellísimo cuando finalmente la entiendes. Ella hace lo que hace la mente. Por ejemplo, yo estoy aquí hablando con usted mientras me hace esta pregunta, pero al mismo tiempo estoy pensando en otras tres cosas más. Es decir, tengo compartimentos. Estoy pensando en lo que tengo que hacer después de esta entrevista, en algo del resto de la temporada en el Teatro Español, y en lo que he de hablar en unos minutos con una persona de mi equipo. Y todo mientras estoy contestando a la pregunta que usted me ha formulado sobre Virginia Woolf. Todas esas cuestiones que ella tiene en la mente las reconoce y las escribe. Dispone de esa capacidad de entrar, salir, de pensar en esto, de pensar en lo otro, y de en el momento más trágico asomarse a mirar por la ventana y decir: “¿Esa señora de ahí enfrente me verá o no me verá?”. De modo que en la escritura de Virginia está todo eso y, además, el canto a la vida. Yo creo que Chéjov es un gran conocedor del alma humana. García Lorca también lo es. Y también Virginia. Pero lo que ella tiene respecto a eso es que ella era mujer y tenía muchísimas más limitaciones sociales. La libertad interior que ella tiene y la vida que ella reivindica para poder volar cuando en la vida no puede, creo que eso es extraordinario.

Usted ha reivindicado la belleza en la palabra de esta obra.
Es bellísima la palabra en ‘Mrs Dalloway’. Ahora estamos en unos tiempos en los que todo es explícito, por eso están los populismos también, todo hay que decirlo de una manera como a ‘grosso modo’, de una manera para mí terrible, se lo digo de verdad, entiendo que la ciudadanía se desconecte de todo eso, porque además es desagradable. Y, sin embargo, Virginia tiene ese nivel, propio de un gran artista, que es capaz de hacer poesía de sus reflexiones, y de realizar una introspección y una mirada hacia dentro. Y ese nivel es hermoso y te hace enriquecer.

Usted ha decidido sustituir el personaje de Septimus, que aparece en la novela, por el de Angélica, inspirado en una sobrina de la escritora que también es escritora. ¿Por qué motivo?
Porque al hacer la dramaturgia con Michael de Cock y Ana María Ricart estuvimos reflexionando mucho sobre la necesidad o no de que estuviera Virginia en la obra. Yo tenía una gran necesidad de que estuviera Virginia aquí. Además esta obra se desarrolla en 2019 cuando la novela fue escrita en 1920. Septimus es un hombre que ha sufrido un tremendo trauma en la Primera Guerra Mundial. Incluso nosotros nos llegamos a plantear a alguien que hubiera vivido un ataque terrorista hoy en día. Pero lo banalizaba tremendamente, porque es muchísimo más allá de lo que hablaba Septimus y de lo que hablaba Virginia Wolf con Septimus. Lo banalizaba tanto que pensamos que lo del terrorismo no lo veíamos claro. Septimus decide en la novela irse de esta vida porque no lo dejan ser como es, entre otras cosas. Y Michael de Cock y Ana María Ricart propusieron cambiar el sexo a Septimus y no vincularlo a ningún hecho concreto, como el terrorismo, una guerra, todo eso, sino vincularlo directamente con una persona que escribe, que ha visto la vida de una mujer en 24 horas, que tiene unas limitaciones que no quiere vivir, y que decide marcharse en el momento más feliz de su vida. Porque eso es lo que hace Virginia en el libro. Después del momento más feliz que tiene Septimus con Raisa, ese es el momento en el que Septimus decide tirarse por la ventana. Él decide llevarse en la retina un momento inmensamente feliz con su esposa. Angélica, que es el nombre de la sobrina a la que Virginia más amaba, la hija menor de su hermana Vanessa, por cierto gran pintora pero invisibilizada como la mayoría de las mujeres, Virginia, decía, amaba muchísimo a esta niña, Angélica, y decidimos llamar así al personaje en la obra.

,“La felicidad es sólo unos segundos y lo que tienes que hacer es vivirla, no intentar retenerla”

El psiquiatra, según se ha dicho, recomendó a Virginia Woolf que no escribiera, que tuviera otras aficiones, porque escribir, le decía, “remueve los fantasmas”. Pero Virginia pensaba: “Cuando dejo de escribir siento que me hundo, me hundo…”. ¿Existe alguna crítica a la Psiquiatría en la obra?
No, pero sí hay una crítica soterrada a una sociedad que a veces quiere poner etiquetas a una especie de enfermos, entre comillas, que necesita clasificar y no puede. Lo bonito del psiquiatra de la obra consiste en que él ha detectado las irregularidades mentales que puede tener Angélica, las quiere tipificar y no lo consigue, y entonces decide que como él no encuentra nada en los análisis, por decirlo de alguna manera, decide que ella no sufre nada grave. Pero ella finalmente se tira por una ventana. Entonces hay un momento en el cual él dice: “¿Cómo podemos saber lo que hay en la mente de un ser humano?”. Porque eso no se puede saber. Entonces, sí hay en la obra una crítica a una postura social ante ciertas deficiencias de comportamiento.

En ‘Troyanas’, un sensacional montaje que usted dirigió a finales de 2017 en el Teatro Español, protagonizado por Aitana Sánchez Gijón, se decía: “No hay amante más infiel que la felicidad”. Y la señora Dalloway aspiraba a hacer más bella la vida.
Ambas cosas son verdad. La señora Dalloway dice una cosa maravillosa: “Ya que estamos condenados a vivir encerrados, decoremos las mazmorras con flores y almohadones para que al menos los dioses no se salgan completamente con la suya”. Y también dice: “Embellezcamos la vida porque es lo único que tenemos cada día. Y démosle valor a la salida del sol, a cuando muere el día, a cada momento que vivimos, porque es imposible de retener, porque la vida misma es pasado”. Creo que esto es de un vitalismo extraordinario y de una belleza extraordinaria y además algo profundamente femenino, esa fuerza, casi alegría, con la que a veces las mujeres, tal vez por una cuestión educacional, afrontamos desde una gripe hasta una pérdida. Los hombres siempre lo afrontan con menos armas, con más cobardía, con menos capacidad de lucha para ir hacia adelante. Y es verdad: “No hay amante más infiel que la felicidad”. Porque la felicidad es sólo unos segundos y lo que tienes que hacer es vivirla, no intentar retenerla.
   
¿Hasta qué punto el silencio es importante en ‘Mrs Dalloway? Virginia Woolf afirmó en cierta ocasión: “Quiero escribir la novela sobre el silencio, las cosas que la gente no dice”. El silencio es muy complicado de expresar en teatro.
Yo creo que en la vida y entre la gente muchas veces resulta muy importante lo que no se cuenta, lo que no se dice. Si tú reflexionas, el silencio es muy importante para pensar y escuchar. Porque hay muchas cosas que no se dicen y, sin embargo, la gente las conoce si quiere. Resulta efectivamente difícil expresar el silencio en el teatro. Pero ahí está Harold Pinter, que es el rey de eso. Pinter es un autor que, cuando un personaje se enfrenta a otro, ese personaje no dice en principio lo que piensa. Calla. Se hace un silencio. Pinter distingue entre silencio, pausa, y pausa corta. Y todo eso resulta muy importante porque se trata de una partitura interior. No es una partitura formal. Es una partitura interior. Es lo que piensa ese personaje, cómo prepara la artillería para dentro de cuatro réplicas, ¡¡pam!!, devolvérsela al otro. Y todo eso es lo que crea un universo de relaciones y de vida.

En una viñeta de ‘El Roto’ hace unos días, aparecía un médico auscultando a un paciente, y el facultativo decía: “Esto se soluciona votando”. ¿Qué piensa usted?
Claro, sí, esto se soluciona votando. Hay que ir a votar. Yo no soy partidaria del voto obligatorio, pero que la gente no vaya a votar me parece terrible. Porque luego se quejan del ‘Brexit’ y dicen: “Ahora queremos hacer otro referéndum”. Pero si lo acabáis de hacer, pues eso es la democracia, chica… Para mí es muy importante ir a votar. Porque yo nací en la época final del franquismo y viví una etapa en la que en España no se podía votar. Y luego los partidos lo que tienen que hacer es pactar. Con mayúsculas: PACTAR.

Virginia y las mujeres

¿A qué considera que se debe la actualidad de Virginia Woolf? En el Teatro Español se acaba de estrenar ‘Mrs Dalloway’, pero hace dos años subió a estas mismas tablas ‘Una habitación propia’, con la actriz Clara Sanchís, montaje que aún continúa de gira, y las novelas de esta autora abundan en las librerías casi como novedades editoriales.
Yo creo que la única revolución que se ha vivido en el siglo XX es la feminista. Es la única revolución que hubo en ese siglo. Y esa revolución empezará a coger… Bueno, ya tuvo muchísimos resultados y es gracias a todas esas mujeres que además fueron asesinadas en numerosísimas ocasiones. Como las sufragistas en Inglaterra, etcétera. Gracias a todas aquellas mujeres estamos hoy en día donde estamos. Y yo creo que en el siglo XXI será una realidad todo eso. Nos pueden cortar, nos pueden capar esta realidad, pero tendrán que matarnos a todas, como dicen las sufragistas en aquella película maravillosa. Y somos muchas mujeres para matarnos a todas. Yo creo que la revolución feminista es una revolución imparable. En ‘Una habitación propia’ resulta impresionante cómo Virginia hablaba de la libertad interior de un ser humano. Ella sostiene que la mujer ha de disponer de su propio dinero. Porque las mujeres no pedimos más que la mitad de todo. Nada más. Por eso la revolución feminista es una revolución de cara al funcionamiento del mundo. Nosotras, las mujeres, decoramos las mazmorras. Es otra manera de ver el mundo.