Tribuna / José Luis Centella Tiempos de hoy

 
   

 Nº 1289. 12  de abril   de 2019

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Tribuna / José Luis Centella

Lo que nos jugamos el próximo 28-A

EUROPA PRESS

Es mucho más positivo para la mayoría social la colaboración entre PSOE y Unidas Podemos que entre el PSOE y Ciudadanos. No hay más que ver las diferencias entre las medidas acordadas entre el Gobierno y el anterior grupo de Unidos Podemos y las que se plasmaron en 2016 en el pacto entre Sánchez y Rivera

Estamos ya oficialmente en campaña electoral de cara a los comicios del 28-A, aunque creo que nadie podría explicar con certeza cuantos meses o años hace ya que empezó la precampaña. Se van a decidir muchas más cosas que la composición del Parlamento o el color político del próximo Gobierno de España. Para entenderlo, no se puede olvidar que hace más de diez años empezó una crisis económica que seguimos pagando trabajadores y trabajadoras, y que los poderes económicos y políticos continúan aprovechándola para recortar más derechos sociales y laborales, así como privatizar y desmantelar servicios públicos.

La tan cacareada recuperación ha favorecido cuatro veces más a los más ricos que a los más pobres. Mientras los beneficios de la banca y las grandes empresas se han disparado, ahora tenemos que trabajar más horas por menos salario, el paro no baja como debiera y la precariedad laboral se ha instalado como norma.

Para las élites, la salida de la crisis pasa por acentuar que seamos un país meramente de servicios, con bajos salarios, trabajos precarios y cada vez menos servicios públicos. Si a este modelo le sumamos la corrupción, vemos en la práctica que estamos ante una estafa para salvar los privilegios de unos pocos.

Lo que se decide el 28-A es si seguimos por este camino, desandando incluso los pequeños avances conseguidos con mucho esfuerzo estos últimos meses, o cambiamos de rumbo.

Mientras, la derecha y la ultraderecha se han quitado la careta y reivindican sin complejos los valores más rancios de nuestra historia. Hacen gala del patriarcado como elemento vertebrador de un modelo de familia conservadora como base de una sociedad autoritaria.

Tratan de repetir la experiencia andaluza, en la cual la desmovilización del electorado de izquierda tuvo mucho que ver para que el Gobierno andaluz acabara en manos de un tripartito que, tanto allí como en el resto del Estado, entiende que llegó el momento de ajustar las cuentas con las fuerzas sociales y políticas que defienden un modelo de sociedad diferente. Así, no se cortan en plantear la ilegalización de los partidos marxistas o acabar con los sindicatos de clase.

No nos jugamos, por tanto, saber quiénes nos gobernarán en los próximos años, sino si España emprende el camino hacia un Estado autoritario, insolidario y patriarcal.

Sería un error apelar al miedo para conseguir la movilización del electorado de izquierdas. Para frenar a la derecha extrema lo que hace falta es ilusión y ganas de luchar por una sociedad más justa, más libre, más democrática. El reto de las fuerzas de izquierda no es tanto airear el ‘que viene el fascismo’, sino ilusionar con la posibilidad de construir una España de progreso, con derechos reconocidos, con libertades públicas garantizadas y una economía al servicio de los más débiles. Hay que enfrentar la campaña de la ilusión a la campaña de la amenaza.

Los meses vividos tras la moción de censura que sacó al PP de La Moncloa nos ha demostrado, entre otras cosas, que al PSOE le tiembla el pulso a la hora de tomar decisiones tan necesarias como acabar con la ‘ley Mordaza’ o la reforma laboral, pero también que es mucho más positivo para la mayoría social la colaboración entre PSOE y Unidas Podemos que entre el PSOE y Ciudadanos. No hay más que ver las diferencias entre las medidas acordadas en el acuerdo presupuestario entre el Gobierno y el anterior grupo de Unidos Podemos y las que se plasmaron en 2016 en el pacto entre Sánchez y Rivera.

Por último, es evidente que la llamada ‘cuestión catalana’ forma parte de la campaña, quizás menos que en la andaluza, pero la derecha la sigue utilizando como instrumento para que se olviden sus gobiernos llenos de corruptos y las agresiones que cometían contra la mayoría social. La izquierda debe defender un modelo de Estado en el que puedan sentirse cómodos todos los pueblos que lo componen, desde el reconocimiento de una realidad plurinacional, multicultural y plurilingüística.

 

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Colaboradores

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José García
Abad

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Miguel Ángel
Aguilar
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Inmaculada
Sánchez
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Cristina
Narbona

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Belén
Hoyo

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Idoia
Villanueva

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Sergio
del Campo

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Carles
Campuzano

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Cristina
Antoñanzas
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Elena
Blasco
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Miguel Ángel
Paniagua

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Bruno
Estrada

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José Antonio
Pérez Tapias

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José Luis
Centella

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Joan
Navarro
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José M. Benítez
de Lugo
,
Carlos
Berzosa

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Graciano
Palomo

,

Julio Rodríguez
López

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Mauro
Armiño

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Pere
Navarro

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Julius
G. Castle

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Carmen
Calvo
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Joan
Tardà

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Ignacio
Aguado

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Julio Rodríguez
Fernández
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Pablo
Bustinduy

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Jesús
Lizcano

   

 

 

Firma

Coordinador de la Asamblea Político y Social de Izquierda Unida y presidente del Partido Comunista de España (PCE), partido del que ha sido secretario general entre 2009 y 2018. Maestro de profesión, fue concejal en el Ayuntamiento de la localidad malagueña de Benalmádena, provincia donde inició su actividad política y por la que fue elegido diputado al Congreso en 1993, 1996 y 2000. En la X Legislatura (2011-2015) volvió a la Cámara Baja como diputado por Sevilla, ocupando la portavocía del Grupo Parlamentario de IU, ICV-EUiA, CHA-La Izquierda Plural. 

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