Las cloacas salpican a periodistas Tiempos de hoy

 
   

 Nº 1289. 12  de abril   de 2019

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Política / Manuel Capilla

El ‘caso Villarejo’ complica el amor-odio de Iglesias con los medios

Las cloacas salpican a periodistas

Pocos partidos tienen una trayectoria tan dependiente de los medios como Podemos. Si en 2014 Pablo Iglesias supo seducirlos para irrumpir en el panorama político, ahora están en su punto de mira, en un escenario en el que el comisario José Villarejo es el nexo común de una trama que une al dimitido asesor monclovita Alberto Pozas y al inefable Eduardo Inda, un fijo en La Sexta de Antonio García Ferreras. La trama supuestamente orquestada desde el Ministerio del Interior de Jorge Fernández Díaz tuvo en Iglesias uno de sus objetivos predilectos. Y su periplo judicial le viene de perlas para volver a marcar agenda y articular su relato de campaña.

Pablo Iglesias acusa a Eduardo Inda (izquierda) de estar implicado en los actos delictivos del ‘caso Villarejo’, en el que ya está imputado Alberto Pozas (centro). / EUROPA PRESS

Parecía retórica, pero no. Cuando Pablo Iglesias basó su discurso de la Plaza del Reina Sofía en “la puñetera verdad”, en cargar contra los medios de comunicación, el líder de Podemos no insistía en cuestiones a las que ya había recurrido. No estaba rescatando el marco discursivo de “la trama” –el que dio lugar al naufragado a medias ‘Tramabús’-. Estaba recurriendo a una de las pocas herramientas que, según su criterio, puede devolver a Podemos a la centralidad del tablero político, a volver a marcar la agenda. Iglesias conoce bien la trastienda de los medios y sabe que a los periodistas nos encanta hablar de nosotros y de nuestra profesión -y si es para defendernos, más-. Pero esta vez, además, cuenta con ‘respaldo’ judicial; con una investigación abierta sobre cómo la policía política supuestamente articulada por Jorge Fernández Díaz difundió datos falsos y/o personales con la probable complicidad de ciertos periodistas. Todo para tratar de evitar que Podemos alcanzara un acuerdo de gobierno con el PSOE.

Eso es lo que se desprende por el momento de lo que conocemos del ‘caso Dina’, la pieza separada del ‘caso Tándem’, en la que se investiga el robo del móvil de la antigua asesora de Iglesias Dina Bousselham –hoy a la cabeza de la gestora que se ha hecho cargo de Podemos Madrid tras la dimisión de Ramón Espinar-, cuando todavía trabajaba en Bruselas. Es el móvil cuyo contenido se recibió en el Grupo Zeta, la editora de la ya extinta Interviú. El presidente del grupo, Antonio Asensio, decidió que era información personal y no se iba a publicar. El director de Interviú en ese momento, Alberto Pozas, le entregó un pendrive con una copia del contenido al comisario Villarejo. Pozas, dimitido ya como número dos de la secretaría de Estado de Comunicación, es el único periodista imputado en esta pieza. Del contenido de ese móvil sale la información que publica Ok Diario poco después de las elecciones de junio de 2016. Una información que recoge cómo Iglesias, en un chat de Telegram, asegura que azotaría a Mariló Montero “hasta que sangrara”. La policía ya se ha personado en la sede del digital dirigido por Eduardo Inda para advertir de que no puede publicar ningún otro contenido de ese móvil y que para requisar el que pudiera estar en su poder.

En guerra contra Inda

El ‘caso Dina’, le ha dado a Iglesias más munición en la guerra que mantiene contra Inda desde hace años, desde los tiempos en los que compartieron debates en La Sexta Noche e Iglesias era un simple profesor universitario. Una guerra que tuvo momentos épicos, como cuando el  líder de Podemos insistió en llamarle “Don Pantuflo” como si siguiera siendo un tertuliano de a pie y no el líder de la tercera fuerza política de España. Las hostilidades siguieron in crescendo cuando Inda se hizo eco de los famosos informes policiales falsos, producto de la trama Villarejo, que atribuía a Podemos una financiación ilegal proveniente de Irán y Venezuela. Unos informes que dieron pie a varias querellas archivadas por el Supremo.

Iglesias regañó a Antonio García Ferreras en directo por acoger a Inda en sus tertulias. / EP

Finalmente, hubo un punto de no retorno. OK Diario publicó unas fotos de Pablo Iglesias e Irene Montero saliendo del hospital. Y en ellas se veían las ecografías de los mellizos nacidos en julio. En Podemos se entendió que Inda había cruzado la línea, en la que se adentró cuando también dio detalles e imágenes sobre el famoso chalet de Galapagar. Inda y su OK Diario no fue el único medio que invadió la intimidad de Iglesias y Montero.  LOC, de El Mundo, también publicó fotografías de Iglesias y Montero paseando, por ejemplo. Pero lo de Inda provocó verdadera indignación en la cúpula del partido morado. 

De esa indignación nace uno de los momentos más memorables de la televisión española reciente: el rapapolvo de Iglesias a Antonio García Ferreras, en directo, a cuenta del propio Inda. “Te lo voy a decir a la cara: tú eres uno de los mayores protectores de Eduardo Inda. Y te lo digo con mucho dolor, pero me parece terrible”; así le reprendía Iglesias a Ferreras el pasado martes en Al Rojo Vivo, lamentando también el espacio del que disfruta Inda en las tertulias de La Sexta, en detrimento de “la mayoría de los periodistas honrados de este país”. Ferreras se defendió enumerando los casos de corrupción desvelados por Inda, casi todos relacionados con el PP, y subrayando que a Inda también lo protege “la presunción de inocencia”, porque “usted hace afirmaciones y todavía no están contrastadas. Usted dice que publica cosas a sabiendas de que son falsas. Y eso, ¿quién lo demuestra? Cuando publicaba estas cosas que yo le he dicho, ustedes utilizaban ese material para hacer política”. Antes de que un oportuno fallo técnico cortara la comunicación y diera tiempo a que se rebajara el tono cuando se retomó pocos minutos después, Ferreras subrayó que Inda es uno “de nuestros 90 colaboradores y los partidos políticos no pueden decirle a un medio quién tiene que estar y quién no tiene que estar”.

Unas presiones de ida y vuelta

El rifirrafe, en el que no llegaron a perderse las formas en ningún momento, es muy llamativo porque fue en La Sexta donde Pablo Iglesias acumuló el capital que le permitió conseguir cinco eurodiputados en 2014. Sin su trayectoria como tertuliano habría sido imposible que Podemos irrumpiera en el panorama electoral como lo hizo. Aunque ese espacio no fue regalado por los mandamases de La Sexta, con García Ferreras a la cabeza. Era 2013, en lo peor de la crisis. Los tiempos pos 15-M en los que era muy goloso contar como tertuliano con un profesor universitario que conectaba con el cabreo popular.

Iglesias conocía los medios. Tenía una gran experiencia dialéctica forjada durante varios años en ‘La Tuerka’ y en sus incursiones en “territorio comanche”, como el mismo llamaba a Intereconomía. Supo seducir a los periodistas como ningún otro líder a la izquierda del PSOE lo había hecho antes, rompiendo además con el discurso victimista sobre los medios que siempre había imperado en IU; y que denunciaba el propio Iglesias en los albores de Podemos. De ahí que haya más de uno en la formación morada y su órbita que, con la queja continua sobre cómo los medios informan sobre ellos –que no es lo mismo que denunciar las malas prácticas-, interpreten que se recupera una antigua inercia de IU.

Pero además, las presiones sobre los medios van y vienen en todas direcciones. Por supuesto, también desde los partidos, incluido Podemos. Todas las formaciones políticas intentan arrimar el ascua a su sardina mediática y tratan de influir para restar espacio a tal o cual redactor o a tal o cual columnista. Es célebre el caso en el que Iglesias, poco antes de las elecciones de junio de 2016, señaló públicamente a un redactor de El Mundo para criticar el comportamiento de los medios en general y hacia su partido en particular. “Buena parte de los periodistas que nos siguen están obligados profesionalmente a hablar mal de nosotros, porque así son las reglas del juego...”, afirmaba en ese momento Iglesias. Denunciar las malas prácticas periodísticas y la complicidad de los medios con oscuros intereses es loable. Pero, a veces, es muy delgada la línea que separa esa denuncia de la presión para influir en las líneas editoriales.

Roures, a la izquierda, es el dueño de Mediapro junto a Tatxo Benet. / EP

Malos tiempos para Roures

Hubo un tiempo en que Jaume Roures era el empresario mediático del PSOE. Eran los tiempos en los que Antonio García Ferreras y José Miguel Contreras visitaban asiduamente la Moncloa, invitados por el por entonces secretario de Estado de Comunicación, Miguel Barroso. Entre los tres, terminaron de convencer a José Luis Rodríguez Zapatero de que había que equilibrar un panorama mediático demasiado escorado a la derecha. A Prisa se le concedió la licencia de Cuatro y Jaume Roures puso el dinero para fundar Público y La Sexta.

Sin embargo, hace tiempo que la estrella del factótum de Mediapro declina, al mismo tiempo que se deteriora su relación con García Ferreras. A principios de marzo, Roures, que no oculta sus simpatías por el soberanismo catalán, participaba en un debate organizado por la ANC en Bilbao en el que cargaba contra García Ferreras porque representa el “prototipo de este discurso engañoso que hace ver que defiende las libertades cuando en realidad pone excusas para favorecer la represión”, según informaba El Independiente. Ferreras le respondía en el ‘Salvados’ dedicado a la cobertura mediática del 1-O. Tras mencionar las críticas que ha recibido de Federico Jiménez Losantos por entrevistar a Jordi Cuixart, señala que: “Roures, que es un accionista de mi grupo, dice que yo y La Sexta somos el prototipo de blanqueadores de la represión. ¡Alucinante! Dos sectarios opinando sobre nuestra posición”.

Otra respuesta llegaba por parte de la periodista de La Sexta Ana Pastor –y pareja del conductor de ‘Al Rojo Vivo’–  desde el XX Congreso de Periodismo Digital, celebrado en Huesca hace pocas semanas. Entrevistada por el director de eldiario.es, Ignacio Escolar, Pastor respondía que esa crítica llegaba al mismo tiempo que  “Federico Jiménez Losantos acusa a La Sexta, más concretamente a Ferreras, de provocar la independencia de Cataluña y alentar a los independentistas (...) Roures igual piensa que todo tiene un precio. Pero no todo tiene un precio y no todos tienen un precio”.

En este escenario, hace algunos meses se conocía que la filial de Mediapro Liquid Media, perdía el contrato de producción de los informativos de La Sexta, cuyos periodistas, realizadores y productores han pasado a integrarse a una nueva empresa 6ymedio, integrada en la estructura de la propia Atresmedia. Mediapro sólo conserva servicios estrictamente técnicos como las cámaras, las unidades móviles y el grafismo, aparte de las delegaciones territoriales. La estructura imita a la que funciona en Antena 3 desde hace años.

Y esta semana se ha conocido que Roures ha perdido el contrato de gestión de Real Madrid TV, 18 años después, a favor de un consorcio integrado por Telefónica y Supersport, productora vinculada a Mediaset. No hay que olvidar que García Ferreras fue dircom del Madrid antes de incorporarse a La Sexta, aunque la ruptura ha llegado después de que las informaciones de prensa recojan que entre sus causas está la cercanía de Roures al independentismo. Roures tampoco consiguió llevarse el gato al agua en la puja por el Grupo Zeta, editor de El Periódico. Y las informaciones también recogían que los bancos acreedores preferían que no se hiciera con la cabecera alguien con sus posiciones.

Según circula en el Madrid político y mediático, el deterioro de la relación de Roures con Ferreras vendría también, en buena medida, por la negativa de éste a emitir el documental ‘Las cloacas de Interior’, producido por Roures. Sin embargo, el dueño de Mediapro ha negado la mayor en su intervención en un desayuno informativo de Nueva Economía Fórum, esta misma semana: “No tengo ningún conflicto con Antonio. Hizo una referencia negativa a mí por una información que no contrastó. Puedo estar equivocado en muchas cosas, pero no digo tonterías”.