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 Nº 1289. 12  de abril   de 2019

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Desde que Sánchez adelantara las generales, el Consejo de Ministros se ha convertido en el escaparate de un partido que se proclama sin ambages de izquierdas   La competencia en la derecha es tan reñida que los discursos de Casado a propósito de la unidad de España se han endurecido

Hace años que no se veía a la izquierda y a la derecha tan escoradas. Después de varias citas electorales tratando de buscar el centro político, la fragmentación del voto y el elevado porcentaje de indecisos, un 40 por ciento según el CIS, ha redirigido las estrategias de los dos principales partidos en busca del voto útil que, en ambos casos, pasa por resultar inequívocos a ojos de su electorado en busca de un resultado a la contra: el PSOE contra el tripartito de derechas, el PP contra el presidente que pacta con comunistas, independentistas y filoterroristas.

Los ‘viernes sociales’ de Pedro Sánchez son el programa electoral ‘hecho carne’; la ampliación del permiso de paternidad, el subsidio para mayores de 52 años, el ingreso mínimo vital para familias con hijos a su cargo… Desde que el presidente del Gobierno anunciara el adelanto de las generales, el Consejo de Ministros se ha convertido en el escaparate de un partido que se proclama sin ambages de izquierdas.

La batalla de la derecha se libra en Cataluña, germen de Ciudadanos que pronto lo será de Vox. La competencia es tan reñida que sus discursos a propósito de la unidad de España se han endurecido y, si bien dice un día Casado que quiere hablar de economía, al siguiente anuncia una batería de reformas legales contra el independentismo y se acaba enfangando con aquello de que “prefiere las manos manchadas de sangre” de las víctimas de ETA, la frase que le espetaba esta semana al líder socialista tras aprobar los últimos decretos con el apoyo de EH Bildu acusándole de querer vender España al separatismo a cambio de sus votos para gobernar. Todo ello, además, aderezado con reflexiones en ocasiones disparatadas sobre el aborto –especial mención merece la del número dos por Madrid, Adolfo Suárez Illana– o sobre la idoneidad de que la televisión pública vuelva a retransmitir corridas de toros.

Los anuncios efectistas con fuerte carga ideológica que han protagonizado la precampaña electoral tendrán continuación en los quince días que restan hasta el 28-A. Apenas un punto de diferencia en una provincia son dos diputados abajo o arriba para el Partido Socialista o el Partido Popular. Eso, en diez provincias, se convierte en un auténtico vuelco del escenario electoral. El CIS que presentaba esta semana José Félix Tezanos está muy abierto porque la situación política está muy abierta. Por eso cada voto cuenta como nunca y cualquiera de los dos candidatos puede ganar.

El PSOE parte con ventaja con una intención de voto que supera los 124-125 diputados y eso significa una gran subida. También está claro que el PP aguanta como segunda fuerza electoral pero perdiendo prácticamente la mitad de los votos, el mismo porcentaje que Podemos, y eso arroja un escenario de ingobernabilidad. A partir de ahí, la previsión de lo que pueda ocurrir el 28-A es un misterio para politólogos y expertos demoscópicos. Por eso ninguno se arriesga en aventurar un resultado y todos coinciden en que queda mucho partido por jugar en esta campaña.

La estrategia

La campaña del PSOE ha arrancado en Dos Hermanas, la misma localidad sevillana donde Pedro Sánchez anunció que se presentaría a las primarias y emprendió el camino de regreso al liderazgo del partido.

Sin embargo y frente a la hiperactividad de Casado, el candidato socialista va a intentar evitar errores con una sobreexposición que, como presidente del Gobierno, ya no necesita. Así, su estrategia será distinta a la de anteriores y opuesta a la de su principal competidor, Pablo Casado, con una presencia pública menor y de marcado carácter presidencial –recordando a la estrategia que siguió Mariano Rajoy en 2015 y 2016– donde apelará al voto útil de la izquierda para evitar que la suma de PP, Ciudadanos y Vox se acabe traduciendo en un Gobierno tripartito de derechas.

En el PP, las plazas de toros las van a dejar para los taurinos y Pablo Casado no tendrá tantas tardes de gloria como sí vivieron José María Aznar y Mariano Rajoy en los buenos tiempos de aquella “casa común del centro derecha”: la división del voto conservador entre tres candidatos ha dividido también a los electores y sólo se espera colgar el cartel de ‘todo vendido’ en las grandes citas, como el arranque de campaña en el coso de Vitoria con el candidato y su jefe de campaña y cabeza de lista por Álava, Javier Maroto. El mismo día, junto a la número uno por Barcelona, Cayetana Álvarez de Toledo, intervendrá en un acto en la Ciudad Condal, José María Aznar, la gran baza anti-Vox de Casado para esta recta final al 28-A.
 
Por lo demás, la dinámica será la que Casado viene protagonizando prácticamente desde que llegara a la presidencia del PP; mucha visita y mucho mitin de medio alcance. En total, el partido ha programado 25 actos en las 17 comunidades autónomas que le llevarán a recorrer 15.000 kilómetros para convencer a los electores conservadores de que aglutinar el voto en torno al PP es la única fórmula capaz de evitar que Pedro Sánchez continúe en La Moncloa.

Unidas Podemos se ha aferrado a varios indicadores, como el récord de recaudación para financiar la campaña a través de microcréditos, para tratar de exorcizar los malos augurios de las encuestas. No esperan alcanzar los cinco millones de votos de 2015. Han dado por perdido otro voto que no sea el urbano. Por eso van a economizar esfuerzos centrándose en los territorios donde tienen mayor poder de atracción como Madrid –será donde empiece y acabe la campaña de Pablo Iglesias– y en un par de ideas fuerza: la lucha contra las cloacas del Estado aprovechado la inercia del caso Villarejo y la utilidad del voto a las listas moradas porque, dicen, sólo ellas evitarían que el PSOE pacte con Ciudadanos.

Madrid es también para Ciudadanos una plaza clave. Como la Comunidad Valenciana, que comparte fecha con las generales para sus elecciones. Y Andalucía, donde el pasado mes de diciembre entraban por primera vez en un Ejecutivo autonómico. Allí llevarán su propuesta de Gobierno de coalición con el PP para echar a Pedro Sánchez, una de tantas obsesiones compartidas. Como la de acusar al presidente de plegarse a las reivindicaciones de los independentistas. Por eso va a ser tan importante la presencia en esta campaña de Inés Arrimadas, el tique electoral de Albert Rivera y símbolo de resistencia frente al separatismo catalán. Y para no desatender el flanco vasco, este domingo van a plantarle cara a la izquierda abertzale en Rentería (Guipúzcoa).

La pegada de carteles de Vox ha sido junto a la estatua en la plaza de Colón de Blas de Lezo, uno de los “héroes” en los que los españoles “deben mirarse todos los días”, dice Santiago Abascal. Al día siguiente la cita es en Covadonga, donde el líder de la formación de ultraderecha hará una ofrenda a la Virgen, y junto a la estatua del Tamborilero del Bruc de Barcelona, donde su número uno, Ignacio Garriga, recordará a quien venció “con sus tambores, valores e ingenio”, dicen desde la formación rememorando su leyenda, al ejército napoleónico en la Guerra de la Independencia.

Con un mensaje y una estrategia claros y reconocibles, Vox va a echar el resto en las provincias donde el CIS les da representación, como Murcia, Alicante o las andaluzas Málaga y Sevilla. Diferenciándose, dicen, de los partidos que rompen España y de los que no son capaces de mantenerla unida. Alimentando la idea de que tras el voto oculto está su gran oportunidad.

Los eslóganes

La del 28-A no es la primera campaña de la que se espera un notable impacto de las redes sociales. Pero éstas llegaron para quedarse y ya forman parte de la mecánica de los equipos electorales de cada partido. Como los anuncios y la cartelería, son el soporte de los eslóganes que, sin tener un impacto determinante, sí indican las prioridades o preferencias de cada unas de las formaciones que en quince días tienen una cita con las urnas.

“Haz que pase”, del PSOE, es provocativo. Se trata de una castellanización de un eslogan americano utilizado en muchas campañas; sirvió de spot electoral para la reelección de Bill Clinton. Sin embargo, fuentes expertas en comunicación política consideran que no es un buen mensaje porque se acaba de entender y, aunque busca el electorado joven y funciona bien en la cultura de voto de Podemos, no llega al votante más mayor y conservador dentro del PSOE. A pesar de ello ha conseguido su objetivo porque, buscando la polémica, ha sido noticia varios días provocando el meme fácil. Y no es descartable que surjan nuevos eslóganes: acabado su efecto inmediato, podría ser sustituido a lo largo de la campaña como ocurriera en 2008, cuando la de José Luis Rodríguez Zapatero tuvo hasta cuatro distintos.

Pablo Simón, politólogo y editor de Politikon, considera que el eslogan socialista tiene una doble interpretación y resulta ambiguo, “pero está subrayando algo importante: la idea de que el PSOE no las tiene todas consigo”. Es decir, está en un contexto en el que parece que va a quedar como primera fuerza y puede conseguir formar Gobierno, “pero tienen la incertidumbre de que realmente vaya a pasar. Por tanto, “Haz que pase” insta a transformar en realidad lo que están ahora indicando las encuestas”.

“Valor seguro habla del candidato y manifiesta una debilidad; la falta de conexión de Pablo Casado con el electorado”. Las primeras fuentes consultadas consideran que el eslogan del PP “apela a la seguridad, un valor fundamental entre el voto conservador. Pero si entre este voto existía la duda respecto a si Casado era un valor seguro o no, señala indirectamente que valía la pena tener la duda”. Esto es así, explican, porque “lleva implícita una connotación negativa poniendo de manifiesto la carencia del candidato, y es que no se le ve como un valor seguro”.
 
Por su parte, Simón cree que el eslogan va en la línea de lo que debería ser la estrategia de campaña del PP, insistir mucho en que el valor diferencial que tienen los populares es ofrecer gestión, ofrecer seriedad, disponer de cuadros que saben llevar la economía…  Pero “está sacando temas como el aborto o el salario mínimo que pueden incluso movilizar a sus rivales. El eslogan está bien dirigido, pero hace falta que la estrategia de campaña sea consecuente con el eslogan”.

“’La historia la escribes tú” es largo, impreciso y no apela al cambio, cuando un eslogan tiene que ser breve, conciso y movilizador”, dicen desde el ámbito de la comunicación política sobre el eslogan de Unidas Podemos. El politólogo y editor de Politikon explica que el lema “parece defensivo. No se trata tanto de ilusión o remontada, sino de darle un tono épico a la posibilidad de un voto que ha perdido mucho del brillo que tenía antes”.

En cuanto a “Vamos”, el eslogan de Ciudadanos, las fuentes consultadas dicen que es ligero y directo. Y aunque tiene muchas ventajas como eslogan, “no trasmite nada, no es ni siquiera arriesgado. Al ser muy neutro, tiene un impacto electoral muy pequeño. La intención es reforzar la idea de avance, pero pasa como con el eslogan de Pablo Casado; al decir “vamos” hay personas que les ven parados, o refuerza la duda. ¿De verdad vamos o retrocedemos? No es polisémico, pero es contradictorio y genera duras”.

“Es tal vez demasiado simple, pero entiendo la racionalidad que hay detrás”, dice Simón. “El eslogan está indicándonos que el votante de Ciudadanos es el que ahora está más indeciso en los sondeos y también el que se decide más tarde. Por tanto está apelando a ese empujón necesario para sorpassar al PP estando cerca de conseguir una movilización histórica. Es un lema dirigido a la movilización, un vector que para ellos es clave porque de él va a depender su resultado final”.

En lo que ambas fuentes coinciden es en que “Por España”, de Vox, es el mejor eslogan de esta campaña electoral. “Resume lo que quieren decir, lo dicen sin complejos. De todos los eslogan que hay en este momento es el mejor, el que más hace que toda su gente se identifique con ellos y el que hace que vaya a votar a Vox por algo en concreto; los toros, la caza, la mujer en casa… Ellos rememoran una idea de España y la destacan en grande. El mejor de todos con diferencia para su electorado”, subrayan.

Simón resume: “es efectivo, directo, en el punto de lo que más les interesa, que es movilizar por la cuestión territorial. No se andan con ambages”.

Puede que los autores del resto de lemas de campaña no hayan estado tan atinados. Pero, con mayor o menor éxito, tomando carreteras secundarias y llegando a perderse en algún jardín, todos los partidos han definido las ideas fuerza con las que defender la utilidad del voto a sus siglas. Cuatro de cada diez personas aún no saben a quién van a confiar su voto. La partida no ha hecho más que empezar.

 

Mariano Rajoy, Pedro Sánchez, Albert Rivera y Pablo Iglesias, en el último debate electoral, el 13 de junio de 2016. / EUROPA PRESS

Un debate, cinco candidatos

El Comité Electoral del PSOE acordaba la mañana de este pasado jueves la “plena disponibilidad del presidente del Gobierno y candidato socialista, Pedro Sánchez, a mantener un debate con los restantes candidatos” que presentan candidaturas en todas las provincias españolas  y que, según la encuesta preelectoral del CIS conocida hace unos días, superan el 10 por ciento de intención de voto a nivel nacional.

Sin embargo y después de decir el Partido Socialista que “siempre ha creído que los debates enriquecen la democracia y suponen una oportunidad inmejorable para que la ciudadanía conozca las propuestas de las diferentes fuerzas políticas”, no habrá cara a cara, tampoco segunda vuelta y, de las dos propuestas que había sobre la mesa, TVE ha sido la gran perdedora, si bien hay que decir que era la única que había descartado la presencia de Vox.

El presidente del Gobierno ha aceptado participar el 23 de abril en el debate a cinco con Pablo Casado, Pablo Iglesias, Albert Rivera y Santiago Abascal de Atresmedia. Y alguno de ellos ha tenido alguna objeción que plantear.

El líder del PP ha anunciado que también acudirá al debate que será conducido por Vicente Vallés (Antena 3) y Ana Pastor (La Sexta), pero dice que Sánchez “tiene miedo” por no aceptar el cara a cara con él. La portavoz de Unidos Podemos en el Congreso, Irene Montero, ha considerado “una vergüenza” que el presidente del Gobierno haya rechazado participar en un debate electoral en la televisión pública. La primera reacción del presidente de Ciudadanos ha sido en Twitter, donde ha dicho que tiene “ganas de debatir cara a cara con Sánchez”. Y, al cierre de esta edición, desde Vox sólo habían confirmado la participación de Abascal en un debate donde, sin duda, será uno de los protagonistas más esperados. 


 

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