Referencia Tiempos de hoy

 
   

 Nº 1290. 18  de abril   de 2019

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Entrevista / Juana Vera (Santiago de Compostela)

Ana Torrent, actriz

“Actuar es jugar”

Interpreta el personaje principal de la obra de teatro Todas las noches de un día, dirigida por Luis Luque, con la que viaja por España. Han pasado 42 años desde que, en 1977, debutara en la película El espíritu de la colmena de Víctor Erice. Desde entonces la hemos visto, entre otras películas, en Cría Cuervos de Carlos Saura, Vacas de Julio Médem, Tesis de Alejandro Amenábar, Yoyes de Helena Taberna o en El desentierro de Nacho Ruipérez. Ana Torrent (Madrid, 1966) sueña con trabajar con Woddy Allen y piensa que “para interpretar un personaje hay que entenderlo, no juzgarlo”. “Actúar es jugar”, matiza. Sobre la situación política en España reflexiona: “Es difícil el entendimiento sin diálogo, sin hacer el esfuerzo por entender y comprender al otro”.

SERGIO PARRA

“La oferta de papeles baja cuando una actriz cumple 50 años. Padezco esta situación. Hay que cambiar la mirada en este sentido”   “No hago una función igual cada tarde. Disfruto ahora de mi trabajo de otra forma. Más que antes”

Todas las noches de un día, de Alberto Conejero, dirigida por Luis Luque, es la obra de teatro que usted protagoniza. ¿Qué quiere decir  el título Todas las noches de un día?
Tiene que ver con el personaje que interpreto, una mujer que ha sufrido un trauma en la adolescencia y ha tomado la decisión de detener el tiempo. “Levanté una alambrada y afuera dejé el tiempo”, dice en un momento de la obra. El título también refleja que en la obra se habla de la oscuridad como lugar recurrente, que atrae a mi personaje y que, por otro lado, es un abismo en el que este personaje cae. Hay algo sutil en la obra que nos habla de vivir con esa oscuridad. Hay un lado oscuro en la protagonista de esta obra y también en el personaje que interpreta Carmelo Gómez.

La idea y el sentimiento del tiempo son esenciales en Todas las noches de un día. ¿Cuál es su relación con el tiempo, lo deja afuera cuando actúa?
Mi personaje en esa obra ha llegado al lugar en el que vive decidida a separarse, a vivir alejada del tiempo. Respecto a mí, el tiempo es relativo. Es elástico. Lo que cada uno vive con el tiempo es un sentimiento único. A veces el tiempo es eterno, otras muy breve. Han pasado, por ejemplo, diez años de hechos que he vivido y me pregunto, ¿tanto tiempo ha pasado ya?, ¿qué ha ocurrido de todo aquello?, ¿qué ha ocurrido? Lo que hace mi personaje en esta obra y lo que a veces hago es vivir el momento sin pensar tanto, ignorando y sin luchar esa batalla contra la rapidez con la que, normalmente, suceden los acontecimientos. Entro así en otro latir que no tiene que ver con el tiempo del reloj. Los dos protagonistas de Todas las noches de un día no desean entender el paso del tiempo. Viven fuera del tiempo. En un momento de la obra ella hace referencia al paso de las estaciones y no sabe cuántas han pasado desde que su prometido se fue, no lo recuerda. Ella vive esperando pero no quiere ser consciente del tiempo. Esto es algo que a veces necesitamos. A mí me sucede también. Cuando actúo el tiempo siempre es otro tiempo. En teatro esto me sucede con cada función.

Ha comentado usted, en declaraciones a la prensa, que cumplir años para las actrices es un problema. ¿Lo es para usted?
Es una mezcla de cosas. Nos alarmamos, sobre todo las mujeres. Con 55 años un hombre aún interpreta el papel de galán, eso sí, con una compañera de 35 años o menos. Siempre ha sido así. Todo el mundo lo ha sufrido y la oferta de papeles baja para las mujeres que han cumplido 50 años.

¿Hay que cambiar la mirada, en este sentido?
Sí. Se dice, “esta mujer ya no es atractiva, ya está mayor”. Conozco a mujeres de 50 y de 60 años que están estupendas. Hay millones. Han ganado muchas batallas, han ganado sabiduría. Hace unos días me hallaba con dos amigas actrices. Un amigo nos miró y nos dijo: “Que bonito veros así”. Las mujeres de 50 y de 60 años tienen mucho que dar.

De hecho el sexo no es igual a los veinte que a los cincuenta, algo que habitualmente se ignora.
No encajamos en historias de veinteañeras, pero hay otras historias. En televisión hay más papeles para mujeres de mi edad, hay más espacio. También hay más papeles para mujeres de mi edad en el teatro. En el cine es más difícil. En Estados Unidos, donde resido, hay más papeles protagonistas para mujeres de estas edades. Lo peor es que esta situación de la que hablamos siempre ha estado ahí. Me alarmo ante ella. La he vivido. La vivo. La padezco. Y ahí está la esclavitud ante el físico, las operaciones, los retoques..., consecuencia de esta situación. Por otro lado, normalmente te llaman para papeles protagonistas pero no para papeles secundarios. ¿¡Por qué!?, si soy actriz....

“Interpretar es jugar”, ha dicho usted. ¿Qué ha querido decir?
Antes sufría más actuando. Ahora lo vivo de otra forma. Actuar es jugar. No ser tú. Ser otra. Te olvidas de ti. Estamos en la misma mente, en el mismo lugar cada día y de pronto te metes en la mente de otro. El personaje que interpreto en Todas las noches de un día tiene sus momentos duros pero no lo paso mal. Estoy jugando. Me tocan cosas. Pero es un juego. Conecto también con aspectos de mi personalidad al interpretarlo. Pero es un juego. No sé si me he explicado. Lo siento así. Fíjese, en inglés actuar se dice to play, que en inglés significa jugar. Tengo una hija de diez años que se pasa el día jugando a ser otra con sus amigas. “Ahora voy a ser fulanita y voy a tal sitio. Ahora soy menganita”, dice.  Para ella hacer esto es como una fiesta. Y el tiempo vuela para ella. No existe.

¿Este juego le ayuda a comprender a los demás y a sí misma?
Claro. Es parte del trabajo que tienes que hacer. Para interpretar, hacer, un personaje hay que entenderlo, no juzgarlo. Tratar de comprender, además, el porqué de lo que ha hecho. Detrás de ese intento de comprensión, de ese proceso, siempre hay una explicación. Una vida. Unas circunstancias. Puede que tú estés o no de acuerdo, pero lo entiendes, lo que no significa que lo justifiques.

‘Yoyes’, miembro de ETA, y Enriqueta Martí, la asesina del Raval, han sido dos de sus papeles protagonistas. ¿Le resultó difícil ponerse en su lugar?
El papel de ‘Yoyes’ no fue fácil. Me resultó complicado. Para interpretar a ‘Yoyes’ tuve que hacer el esfuerzo de entenderla. Cuando haces ese esfuerzo, te das cuenta de que si te encontraras en sus circunstancias vitales no sabrías lo que harías. Pienso que no haría lo que ella hizo, claro. También pienso que no haría lo que hizo Enriqueta Martí. Lo pienso, pero en realidad no lo sé porque lo que pienso, lo pienso desde mis circunstancias no desde las de ‘Yoyes’, ni desde las de Enriqueta Martí.

¿Falta hoy entendimiento en el ámbito político español?
Falta mucho. La situación está muy mal. No creo que se esté avanzando en el camino del entendimiento. Basta escuchar a los demás para darse cuenta. El díálogo es constructivo. Hablar. Poder entender. Pero vivimos con eslóganes. No hay diálogo. Es difícil el entendimiento sin diálogo. Sin hacer el esfuerzo por escuchar y comprender al otro. Todo son titulares. Los políticos hablan a través de titulares. Esto no es diálogo. A la gente le pasa  lo mismo. Reacciona con estrechez de miras, con cerrazón. A los jóvenes también  les pasa esto mucho. Es como si se cerrasen, como si se negasen a dialogar y se agarrasen a una idea de grupo. Esto refleja que no hay educación, reflexión. Que vamos a peor.

 

Ana Torrent con Carmelo Gómez en una escena de ‘Todas las noches de un día’.

“Lo que hace mi personaje en ‘Todas las noches de un día’ y lo que a veces hago es vivir el momento sin pensar tanto, ignorando, sin luchar esa batalla contra la rapidez con la que, normalmente, suceden los acontecimientos”

 

 

 

 

Es usted pesimista
Hay que estudiar, leer. Hay que saber rectificar cuando nos equivocamos. No todo es tan básico como un eslogan.

Usted vive entre la realidad y la ficción. ¿Qué es para usted la realidad y qué es para usted la ficción?
Están ahí las dos. Se comunican continuamente. La realidad es relativa. Hay un encuentro de las dos en la novela, en el teatro, en el cine. Cuando creas un personaje, es decir, ficción, hay mucho de ti, de tu realidad. Por otro lado, no sólo hay una realidad, hay muchas realidades. Yo vivo algo como real y, sin embargo, lo que yo vivo como real es ficción para otros. La realidad de otra persona es para mí una ficción y viceversa.

¿Cómo ha cambiado su relación con su profesión a lo largo de su vida?
Cada día disfruto más con mi trabajo. Mucho más. Esto tiene que ver con el juego del que hablamos antes y con la libertad, con dejarse de mirar adentro tanto y mirar hacia fuera. Soy muy crítica con mi trabajo. Soy muy trabajadora. Con el tiempo he aprendido a jugar más, a pensar que lo que hacemos se hace entre muchos, en equipo. No hay que mirar tanto hacia uno mismo. Los actores lo hacemos. Pero somos un vehículo. Tenemos que tener claro que lo que hacemos es un viaje con otras personas, un trabajo en equipo. Tenemos que pensar en cómo llevar a buen término ese viaje. Ahí es donde empieza el juego y también el riesgo de probar. No hago una función igual cada tarde. Disfruto ahora de otra forma. Más que antes.

¿Sigue soñando con trabajar con Woddy Allen?
Sí, mucho, mucho. Nunca se sabe. Vivo en Nueva York pero nunca me lo he encontrado.