Tribuna Cultural / Mauro Armiño Tiempos de hoy

 
   

 Nº 1292. 1  de mayo   de 2019

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Tribuna Cultural / Mauro Armiño

Sin esperanza, con convencimiento


Los líderes se cuidaron mucho de abrir la boca para pronunciar la palabra cultura; de refilón fue citada mínimamente en el debate de Atresmedia. / EUROPA PRESS

Suave ha sido la noche electoral, como, sin lo de electoral, cantaba John Keats en su Oda al ruiseñor. Quizá haya posibilidades de que alguna vez la historia de España acabe bien, como negaba Gil de Biedma, para quien siempre terminaba mal; al menos los miedos han pasado. Solo por ahora. Con el nivel de políticos que reina, hay que tener el espanto colgado junto al sombrero en el perchero. Pero, en fin, démonos unos días ya que no de certidumbres al menos de quietud para recobrar la respiración. Por esto al frente del artículo transcribo el título de un poemario de Ángel González: Sin esperanza, con convencimiento.

Miserias europeas

Como estas páginas suelen dedicarse a la cultura, vamos a cotejar las diferencias de promesas que han hecho los partidos. Como decía el viejo profesor Tierno Galván, las promesas están hechas para ser incumplidas. Este si que había leído repetidas veces El príncipe de Maquiavelo y conocía el meollo de lo que es la política. Que la cultura está en defecto –deficiencias seculares– en España, es un hecho que cada vez se refleja más en la vida cotidiana, a pesar de eso que algunos afirman: que esta es la generación mejor preparada. Preparada ¿para qué?, es lo que hay que adivinar. El mundo gira y no parece que se apee en ese terreno: en Bruselas, por ejemplo, la cultura sigue siendo el pariente pobre, y los 30.000 funcionarios europeos huyen como de la peste de un puesto en asuntos culturales; para alguno, decir “cultura” es soltar un taco. Recomiendo en este punto la reciente novela del austriaco Robert Menasse La capital (traducción de Carmen Gauger, Seix Barral), que acusa la máquina burocratizante de la Unión Europea en este y otros terrenos. Humor e ironía, para una fauna (cerdo incluido) cómica y dramática a un tiempo para desentrañar la inacción en diversos campos, uno de ellos la cultura. Y el proyecto de la UE, cuando surgió, nos puso ante las narices la cultura como lazo de unión, esencia misma del continente. Nos vendieron esa burra para que luego la economía se haya impuesto por encima de todas las cosas; la cultura sólo ha quedado en el fragmentito del Himno a la alegría de Beethoven y cuatro conmemoraciones para celebrar centenarios, no sin choques ni repudios, como la negativa italiana a ceder al Louvre cuadros de Leonardo para la celebración del sexo centenario de su muerte, hoy mismo, 2 de mayo. Ya se ve, “unión” europea. Para Salvini y su extrema derecha, Europa puede irse a tomar viento.

Ni para barrer la casa

Si en Europa están así las cosas, qué pedir por aquí. Los dos debates televisados que enfrentaban a los cuatro candidatos (PSOE, PP, Cs, UP) se cuidaron mucho de abrir la boca para pronunciar la palabra cultura; de refilón fue citada mínimamente en el debate de Atresmedia, pero de proyectos, planes o exigencias, nada de nada; y eso que rondaba el Día del Libro, que siempre da para expresar buenas intenciones.. Hubo que recurrir a programas con segundones y a encuentros específicos sobre el tema preparados a instancias de medios de comunicación.

Con gran prosopopeya, el PSOE quiere dar a la cultura, según programa, la categoría de “política de Estado”, cosa que no se sabe muy bien qué quiere decir; en los diez meses que ha estado al frente del gobierno ha hecho avanzar algunas leves cosas, leves aunque comparadas con la inanidad de Rajoy, parezca que ha movido montañas; ha vuelto a dar categoría de Ministerio al ramo, que el PP había eliminado, y ha puesto al mando de esa nave, tras el ridículo inicio de Máxim Huerta, a José Guirao, en quien están garantizados conocimientos especializados en la materia, aunque sea algo menesteroso en materia de buena educación y modales embutido en su condición ministerial; pero comparado con Pilar del Castillo, Wert o Méndez de Vigo (por no citar a varios anteriores, analfabetos funcionales que Aznar nos endilgó para arremeter contra la cultura, como Esperanza Aguirre o Rajoy, de quienes se olvida muy a menudo que fueron ministros de la cosa), Guirao puede presumir de conocer a fondo varias de las materias del departamento y haber sido gestor eficiente.

Promesas a cumplir

El PSOE ha tirado de promesas: leyes de creación de consejos de Estado, de Oficina para derechos de autor, de enseñanzas Artísticas superiores, de orientar parte de la recaudación de la lotería nacional para animar la vida del cine –esto, a imitación de lo que ya se hace en Reino Unido–, y, como no, la ya famosa por los siglos de los siglos ley de Mecenazgo, en la que tanto el PSOE como los otros tres partidos encomian muy engolados; pero el PP viene hablando de esa ley desde antes del Diluvio, y a José María Lasalle, secretario de Estado de Cultura de ese partido, no se le cayó de la boca durante los siete años y pico que reinó el censurado M. Rajoy; lo mismo prometía, ya que ha hecho aguas el afán presidencialista de Rivera, Ciudadanos, pero liándose con mecenazgos y micromecenazgos y tirando para casa, un liberalismo que abre la puerta a financiar la cultura en un “partenariado público-privado”: ya sabemos de qué va eso, la puerta de atrás por la que se cuelan las corruptelas y corrupciones a las que nos quieren acostumbrar y de la que deberá cuidarse el nuevo gobierno de Pedro Sánchez.

Unidas Podemos cambia esos tercios y da otros capotazos, yéndose por derroteros en los que tienen papel importante los “trabajadores de la cultura”: reformar RTVE, mirar qué pasa con esa merienda de chinos (¿a quién invitaremos a merendar si, después de los negros, no se puede convidar a los chinos por incorrección política?) en que se ha convertido la Sociedad General de Autores. Los cuatro grupos están encantados de haber participado en la elaboración del Estatuto del Artista aprobado el pasado diciembre; elaborado está, ahora le toca al PSOE bajarlo a la tierra y hacerlo efectivo; y no sólo eso, sino sobre potenciar como sea los planes de Educación para facilitar a todos la posibilidad de estudiar: sin esa base, la cultura sólo servirá para barrer la casa de unos pocos.

La victoria socialista arrumba en la nada –esperemos– la sombra de los cuervos: propuestas para rehacer los libros de historia y luchar contra la “injusta leyenda negra”, defender la tauromaquia (Ciudadanos), en lo que coincide con la ultraderecha de Vox, que además defendía la caza, las pistolas, las gestas históricas vistas desde la perspectiva del cuento de hadas, y figuras de héroes que pretenden llevar al cine para mostrar al mundo lo que fue España (¡Oh!). Por supuesto, eso de ver dictadores en la historia, antañona o más reciente, ni por asomo.


El apogeo del PP en política cultural lo perpetraron al alimón Fátima Báñez (Trabajo, Seguridad Social) y Cristóbal Montoro (Hacienda): no tuvieron mejor idea que negar a creadores jubilados su derecho a la pensión, considerando delito y engaño (y por lo tanto ser multados) haberla cobrado sin apearse de sus trabajos habituales. / EP

Corregir la inquina

Todas estas generalidades podían verse en el 2% de las páginas del PP y del 5,7% en las del PSOE. Las promesas del primero se las llevó el viento dejando un rastro de aversión contra el mundo cultural que tuvo su apogeo en un decreto pergeñado al alimón entre Fátima Báñez (Trabajo, Seguridad Social) y Cristóbal Montoro (Hacienda): no tuvieron mejor idea que negar a creadores jubilados su derecho a la pensión, considerando delito y engaño (y por lo tanto ser multados) haberla cobrado sin apearse de sus trabajos habituales. Los condenaba así a dejar de escribir, dibujar, traducir, si pretendían cobrar la, en la mayoría de los casos, magra pensión recibida por sus años de cotizaciones. Llegaron las informaciones de forma retroactiva y casos hubo, como el del ya fallecido Antonio Fraguas ‘Forges’ que se encontró debiendo 160.000 euros a la Seguridad Social. Nombres: los de todos los creadores de más de 65 años, desde Julia Uceda, decana de la poesía con sus 93 años, hasta Javier Reverte que, condenado a 151.000 euros, ganaba a finales de febrero su pleito a la Seguridad Social; ésta, erre que erre, recurría al Supremo veinte días antes de que el último Consejo de Ministros del Gobierno Sánchez (26 de abril) resolviera el problema aprobando un reglamento que hace compatible su pensión con seguir trabajando en sus libros, músicas, pinturas.

El PSOE lo había prometido; y lo ha cumplido, deshaciendo ese puñal de rencor con que el PP ha apuñalado a la cultura desde siempre, y sobre todo, por no remitirnos al franquismo, desde aquella gala de los Goya de infeliz recuerdo para ellos. Era rabia, inquina, por más que la portavoz de Cultura de Podemos, Sofía Castañón, piense que “hubo más estupidez que mala intención en la interpretación de Montoro”. Castañón, capaz de defender ante su partido con acierto que el arte no debe someterse a programas políticos (hablé de ello en su momento), aún no ha interiorizado cómo se las han gastado éstos, desde 1939, contra la cultura, cómo se las gastan y cómo se las gastará el trío calavera de Colón si llegase al poder.

 

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Firma

Escritor y traductor, ha publicado una novela, una plaquette poética y varios ensayos literarios. Colaborador de prensa, radio y televisión desde hace cincuenta años como periodista cultural y crítico de teatro, ha traducido, sobre todo, a los clásicos franceses (Molière, Voltaire, Rousseau, Rimbaud, Marcel Proust, etc.), y ha escrito yadaptado textos teatrales para la escena.  

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