Entrevista / Guillermo Montesinos Tiempos de hoy

 
   

 Nº 1292. 1  de mayo   de 2019

- - --

Entrevista / Luis Eduardo Siles

Guillermo Montesinos, actor

“Con ‘Regresa El Cepa’ he sentido miedo retrospectivo”

Roxana Torres escribió hace años de él que “es un actor capaz de transitar con buena fortuna por el barroco español, clásicos contemporáneos, vodevil, teatro independiente, comedia rabiosa, zarzuela, tragedia y grandes maestros europeos”. Además de su trabajo sobre las tablas, Guillermo Montesinos ha hecho 54 películas. En la última, ‘Regresa El Cepa’, que se estrena el 24 de mayo, hace de conductor de este documental sobre ‘El crimen de Cuenca’, de Pilar Miró, película que permaneció 18 meses secuestrada por orden de un Tribunal Militar, pero cuando finalmente se exhibió en agosto de 1981 supuso un rotundo éxito de taquilla y la sensación de un triunfo enorme de la libertad.

“Pilar Miró no quiso incidir en el dolor. Pero es lo que más morbo tuvo porque era la primera vez que se veía en un cine español a la Guardia Civil torturando”   “Había que recordar qué pasó alrededor de ‘El crimen de Cuenca’, hacer un documental para recordar las dificultades que rodearon aquella película”

-¿Cómo ha surgido la idea de rodar ‘Regresa El Cepa’, en el 40 aniversario de la película ‘El crimen de Cuenca’?
Por Víctor Matellano, el director del documental. Me dijo que había vuelto a la zona donde rodamos ‘El crimen de Cuenca’. E insistía: “Habría que hacer un documental sobre esa película”. Víctor Matellano fue el artífice. Y me propuso que yo fuera el conductor del documental. Me pareció una idea estupenda. Y, además, una iniciativa muy necesaria. Porque había que recordar qué pasó alrededor de esa película. Hacer un documental para recordar las dificultades que la rodearon. Víctor Matellano es el que parió la idea.

-‘El crimen de Cuenca’ recogió uno de los mayores errores de la Justicia española, porque al ‘Cepa’, que era un pastor, lo dieron por asesinado, y torturaron brutalmente y encarcelaron a sus presuntos agresores, también pastores, pero ‘El Cepa’ reapareció años después porque se había ido a vivir a otro pueblo. Se ha escrito que Pilar Miró quiso incidir, más que en el dolor de las torturas, en lo que conllevan de degradación humana de sus víctimas. ¿Está de acuerdo?
Absolutamente. Mi experiencia infantil durante los viajes que hice por España de excursión, en autobús, junto a otros niños, era que cuando parábamos en alguna localidad, la gente te preguntaba: “¿Tú de dónde eres?”. Y yo respondía: “De Castellón”. Pero de pronto había algún niño que decía: “Yo soy de Cuenca”. Y la reacción inmediata era exclamar: “¡Hombre, la tierra del crimen!”. Y eso era como un hachazo para el chaval. Yo me preguntaba: “¿Pero qué habrá pasado en Cuenca?”. Y Pilar Miró me llamó para rodar la película. Y me entero entonces de lo que realmente sucedió. Que no había habido ningún crimen. Sino una sucesión de errores gravísimos. De los jueces, de los curas y de los terratenientes. Que entre todos taparon lo que realmente pasó. Pilar Miró tuvo un rigor tremendo al describir en la película las torturas a las que fueron sometidos los dos acusados. Y todo se corroboró posteriormente en un juicio de revisión del caso que hubo. En ‘El crimen de Cuenca’ no se quiere incidir en el dolor. Pero es lo que en su día más morbo tuvo de la película. Porque era la primera vez que se veía en la pantalla de un cine español a la Guardia Civil torturando. Y era una injusticia para Cuenca, insisto, que el ‘vox populi’ sostuviera que había habido allí un crimen espantoso. Un crimen que en realidad no se había producido. Y hubo intencionalidad por parte de los jueces de aquella época. Por todo ello, cuando conocí en profundidad el asunto, me pareció maravilloso que se contara la verdad. Detuvieron a aquellos dos pastores porque existían problemas de una fuerte rivalidad entre pueblos cercanos. Y rivalidad también por parte del terrateniente. Se llegaron a inventar cosas extrañísimas: como que se oía por las noches la voz de ‘El Cepa’ asesinado clamar su dolor por el río. Porque los dos pastores a los que acusaron pertenecían al Partido Liberal, que era el opositor a partidos más tradicionalistas y de derechas. Se dio una rivalidad política que también incidió en aquel caso. Los jueces dijeron a la Guardia Civil: “Sacadles a estos dos declaración”. 

A dos días del estreno de ‘El crimen de Cuenca’, la Justicia Militar paralizó el lanzamiento de la película y secuestró las copias. Y durante 18 meses la película constituyó una asignatura pendiente del Gobierno de Adolfo Suárez, que no era nada partidario del estreno. ¿Cómo vivió usted todo aquello?
Eran tiempos difíciles y muy preocupantes. Yo, como actor, y mis compañeros, sentíamos una frustración tremenda de que no se pudiera ver la película en los cines. Era un trabajo que habíamos hecho. Pero pasaba el tiempo y la película no se estrenaba. La situación política en aquel momento era terrible. Hacía 10 meses que se había aprobado la Constitución. Sólo habían pasado cuatro años desde que murió Franco. Y los poderes fácticos estaban ahí. Yo no sentía miedo en aquellos momentos. Porque en ese tiempo estábamos luchando por una sociedad mejor, más justa. Y por la libertad. Pero ha sido viendo este documental cuando yo he sentido un miedo retrospectivo. Me he preguntado: “¿Pero dónde estábamos viviendo?”. En ese tiempo muchos luchábamos por la libertad, por los derechos, y no nos preocupábamos de lo que nos pudiera pasar. Pero viendo el documental he pensado: el lío en el que estaba metida España.

Víctor Matellano afirma en ‘Regresa El Cepa’ que, al principio, Pilar Miró se tomó el secuestro de la película y todo lo que eso conllevaba como un reto para mostrar su fortaleza. Pero que según avanzó el proceso se sintió más desvalida y finalmente se sintió sola. ¿Fue así?
Creo que no. Al principio, Pilar Miró quiso contar la historia, que se la encargó Alfredo Matas. Ella intentaba narrar una realidad que había pasado, pero no intentaba ir más allá. Pilar llevó todo aquello con gran entereza. Pero llega un momento lógicamente en el que tú te sientes solo ante un Tribunal Militar que te va a juzgar y que te quiere meter en la cárcel. Pero eso le pasa a todo el mundo. Llega ese momento de bajón que nos viene a todos. No sólo a Pilar. A todos. Yo considero que Pilar se sintió sola, pero en ese sentido. Se sentía sola porque la Justicia Militar era la que iba a juzgarla. Alfredo Matas dijo que era él quien había encargado que se rodara la película, y que, por tanto, él era el responsable de todo Y que lo juzgaran a él. Pero dijeron que no. Porque Pilar Miró ofrecía además para ellos el morbo de que era mujer. Pero Pilar no reivindicó adrede ni su condición de mujer, ni tampoco lo de las torturas que aparecen en la película. Además, había cosas más cruentas que Pilar no quiso sacar. Pero, en definitiva, que la Guardia Civil se llevase la película contribuyó a que ‘El crimen de Cuenca’ fuera también un éxito tremendo de taquilla.

-¿Qué recuerdo esencial conserva del rodaje de ‘El crimen de Cuenca?
Fue un rodaje precioso. Rodamos en la provincia de Cuenca. Pero hubo una cosa que trabajé mucho. Se decía que ‘El Cepa’ andaba de una manera especial. Yo me recreé en aquello e hice una manera de andar muy peculiar. Lo ensayé en casa. Hasta que Pilar me dijo durante el rodaje: “¿Cómo vas a andar Guillermito?”. Yo anduve 20 metros y ella exclamó: “¡Adelante, así, así…!” Pilar no era una persona que anduviera deteniéndose mucho en psicologías. Y dos viejecitas que me vieron rodar aquella escena me dijeron después: “El Cepa andaba igualito que usted”. El Cepa medía 1.50 de estatura. Me quedó la satisfacción de acertar en el trabajo. Y emoción. Lo de “¡estoy vivo, estoy vivo!”, que gritó ‘El Cepa’ cuando llegó al pueblo se hizo una frase muy popular. La gente me veía después por la calle y exclamaba: “¡Estoy vivo, estoy vivo!”.

-En ‘Regresa El Cepa’ aparece el crítico cinematográfico Diego Galán, que murió recientemente. Mientras la película estuvo prohibida, Diego Galán organizó en su casa proyecciones clandestinas de ‘El crimen de Cuenca’ para los amigos.
He sentido mucho su muerte, porque cinco días antes estuvimos juntos en Málaga. Diego Galán vino a Málaga para presentar el documental, que se exhibió en el Festival de Cine de allí. Otra pérdida. Otro palo. Otro que se nos va. Antes, cuando éramos jóvenes, no nos pasaban estas cosas. Ahora se nos va alguien cada semana. La muerte de Diego Galán es una injusticia.

-¿Qué acogida tuvo en Málaga ‘Regresa ‘El Cepa’?
Estupenda. Tuve la impresión de que impresionó a la gente. El documental engancha, emociona, informa. Alcanza la fibra emocional del público. Se trata de un documental necesario a nivel didáctico y a nivel de información. 

En más de una ocasión ha dicho usted que la película ‘La Vaquilla’, de Luis García Berlanga, “ha sido una tesina dentro de su carrera”.
Sí, fue como una tesina. Yo he hecho teatro desde los siete años. Pero una película de ese calibre… Y con Luis García Berlanga… Y yo de protagonista. Y rodamos todos los días. Aprendí muchísimo. Pero aquello fue, si no un examen, sí una prueba como actor. Para mí fue muy importante trabajar en ‘La Vaquilla’. Veo ahora la película y pienso: “Vaya nivel”. Y para mí fue una suerte estar en ‘El crimen de Cuenca’. Porque supuso un espaldarazo enorme. Yo tenía entonces permanentemente tres guiones sobre la mesa para ver cuál era la siguiente película que hacía. Y trabajé en ‘Jalea real’, en las películas de Carles Mira, en ‘Que nos quiten lo bailao’. Mire, yo llevo 54 películas. De ellas, entre 25 y 30 se les puede calificar de muy bien. Y cinco han quedado como películas de culto. Como ‘Amanece que nos es poco’. Y me gustan las películas que hice con Mariano Ozores. Tengo un recuerdo maravilloso de Mariano Ozores y de su hermano Antonio. Yo no he sido nunca nada elitista. He considerado siempre que mientras mayor fuera el número de directores con los que trabajara, mejor. Mis personajes no son yo para nada. Hay una gran diferencia entre yo y mis personajes. No tiene nada que ver mi personaje en ‘Sé infiel y no mires con quién’ con el de ‘La Vaquilla’. Ni el personaje de ‘La Vaquilla’ con el de ‘El crimen de Cuenca’. He tenido esa suerte y ese acierto.

Aquel teatro independiente

¿Qué recuerdos conserva de su paso por el teatro independiente? Usted trabajó en Tábano, un grupo histórico de los 70 y comienzos de los 80, junto a actores como Ángel de Andrés (ya fallecido) o Santiago Ramos.
Sí, yo llegué a Madrid alrededor de 1970, y ya tenía experiencia en el teatro independiente de Castellón. Al llegar a Madrid yo hacía teatro infantil por la mañana y café teatro o cabaret durante la noche. De todo. Me llamaron para formar parte del grupo Bululú, otro histórico, que dirigía Antonio Malonda. Pero yo tocaba todos los palos. Y así fue pasando mi primera década en Madrid. El teatro conectaba con mi más tierna infancia porque, como le decía, yo subí por primera vez a las tablas con siete años. Y entré en Tábano. Es una sensación distinta a estar en el teatro comercial o en el teatro clásico, donde también he trabajado mucho. En Tábano, Guillermo Heras dirigía los espectáculos y Gerardo Vera diseñaba el vestuario. Actuamos en la sala Olimpia, que estaba en Lavapiés, en lo que ahora es el Teatro Valle-Inclán de Madrid. Y luego, las giras. El teatro independiente aportó talento, libertad: el hacer las cosas con una concienciación social y cultural. Porque la gente tiene que conocer. Y el teatro es una vía extraordinaria para trasladar cultura. Nos atrevíamos a montar obras que el teatro comercial no hacía. Aquel teatro era un cauce guerrillero a nivel de llevar la cultura independiente al público. Y tenía mucho talento dentro.