Tribuna / Bruno Estrada Tiempos de hoy

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 Nº 1293. 10 de mayo de 2019

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Tribuna / Bruno Estrada

¿Por qué nos distraen con banderas?

EUROPA PRESS

Afortunadamente, este 28 de abril no han tenido éxito nuestros trumpitos (Pablo Casado, Alberto Rivera, Santiago Abascal). La ciudadanía española ha demostrado, una vez más, una profunda inteligencia política, pero no bajemos la guardia. Lo seguirán intentando, es mucho lo que ganan

Cuando el debate público debería estar centrado en hablar de las causas del incremento de la desigualdad; de por qué una importante subida salarial en los convenios colectivos garantizaría el sostenimiento de la demanda nacional en un escenario de incertidumbre comercial internacional; de cómo se reduce de forma efectiva y rápida la creciente pobreza de millones de personas de nuestro país; de cómo se financia nuestro exangüe Estado del Bienestar; de que los ricos deben pagar lo que les corresponde, incluido el impuesto de sucesiones; de cómo evitar que defrauden o eludan sus obligaciones fiscales; de que el oligopolio eléctrico no alcance beneficios estratosféricos para sus accionistas, en gran medida extranjeros, a costa de nuestro recibo de la luz; de que es inadmisible que los bancos, después de haber generado la crisis, se lleven miles de millones de euros de dinero público. Cuando queremos hablar de todo esto nos salen con banderas y con el “golpismo” catalán.

En la última campaña electoral nuestros trumpitos (Pablo Casado, Alberto Rivera, Santiago Abascal) copiaron la estrategia política del Partido Republicano de EEUU, que ha permitido que los grupos sociales privilegiados nucleados en torno suyo hayan mantenido e incrementado sus privilegios.

La derecha estadounidense ha conseguido recuperar la hegemonía cultural, y el gobierno, gracias a una estrategia encaminada a poner en el primer lugar de la agenda política temas vinculados a los valores identitarios, religiosos y tradicionales, con los que se pueden sentir identificados parte importante de los grupos sociales más desfavorecidos. De esta forma estos grupos sociales se distraen políticamente y no ponen en cuestión los privilegios de los ricos y poderosos. Recordemos el lema de Trump: “Make America great again”, que por cierto ya había usado Reagan exitosamente en 1980.

Nuestros trumpitos lo han intentado en estas elecciones para tapar algo tan evidente como muestra este gráfico, que en España desde la crisis, en el periodo 2007-2017, el 0,1% de la población más rica ha visto incrementar sus ingresos en un 70%, el 1% más rico en un 24% y el 90% de la población con ingresos más bajos apenas un 2%.

 

 

Han sacado las banderas, no porque realmente piensen gran parte de las sandeces que dicen, si no para que nos olvidemos para qué ha servido la reforma laboral, las políticas de austeridad y devaluación salarial, el rescate bancario con dinero de todos, la desregulación de los mercados de vivienda y energía, la desfiscalización de las rentas del capital, el no publicar la lista de defraudadores fiscales, el intento de debilitar la negociación colectiva y los sindicatos, el deterioro del Estado del Bienestar, etcétera, etcétera, etcétera…

Afortunadamente, este 28 de abril no han tenido éxito. La ciudadanía española ha demostrado, una vez más, una profunda inteligencia política, pero no bajemos la guardia. Lo seguirán intentando, es mucho lo que ganan, como muestra este gráfico.

La pobreza no es un efecto colateral de las políticas que se han impulsado desde la crisis, la pobreza es funcional para las élites económicas, ya que les permite seguir manteniendo sus privilegios. “En una nación libre en la que no se permite la esclavitud, la riqueza más segura consiste en una multitud de pobres laboriosos (...) es un requisito que un gran número de personas se mantengan tan ignorantes como igualmente pobres”, nos dijo ya hace más de dos siglos el filósofo Bernard Mandeville.

Para conseguir derogar las últimas reformas laborales, fortalecer el poder de negociación de los sindicatos, subir los impuestos a los más ricos y dotarnos de servicios públicos de calidad, sólo tenemos la democracia, pero una democracia que también debe entrar en las empresas.

 

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Colaboradores

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José García
Abad

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Miguel Ángel
Aguilar
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Inmaculada
Sánchez
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Cristina
Narbona

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Belén
Hoyo

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Idoia
Villanueva

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Sergio
del Campo

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Carles
Campuzano

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Cristina
Antoñanzas
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Elena
Blasco
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Miguel Ángel
Paniagua

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Bruno
Estrada

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José Antonio
Pérez Tapias

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José Luis
Centella

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Joan
Navarro
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José M. Benítez
de Lugo
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Carlos
Berzosa

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Graciano
Palomo

,

Julio Rodríguez
López

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Mauro
Armiño

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Pere
Navarro

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Julius
G. Castle

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Carmen
Calvo
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Joan
Tardà

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Ignacio
Aguado

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Julio Rodríguez
Fernández
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Pablo
Bustinduy

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Jesús
Lizcano

   

Firma

Economista, adjunto a la Secretaría General de CC OO. Es director adjunto del Programa Modular de Relaciones Laborales de la UNED y miembro del Consejo Ciudadano de Podemos de la Ciudad de Madrid. Fue miembro fundador de Economistas Frente a la Crisis. Ha publicado diversos libros, el más reciente La Revolución Tranquila (Ed. Bomarzo). Autor de la obra de teatro Escuela Rota y productor de varios cortometrajes y películas con los que la productora Dexiderius ganó dos Goyas. 

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