Tribuna / José Antonio Pérez Tapias Tiempos de hoy

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 Nº 1293. 10 de mayo de 2019

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Tribuna / José Antonio Pérez Tapias

Contrarrevolución, antirrevolución y dominio neocolonial

EUROPA PRESS

Guaidó pierde sus presuntas credenciales democráticas alentando, con asesoramiento norteamericano, acciones golpistas por parte del Ejército. Una derecha que se halla desde tiempo atrás situada en la “contrarrevolución”, boicoteando la revolución democrática que inició Chaves bajo imaginario bolivariano

Por Venezuela y su futuro también pasa el futuro de nuestro mundo. El drama de la república caribeña no debe acabar en esa tragedia de la cual, sin embargo, la ciudadanía venezolana ya sufre terrible anticipo. Cabe esperar que no se consume por verificación de que lo necesario es imposible.

Lo necesario es un diálogo entre las partes en conflicto en una sociedad muy dividida, condenada a profundizar en su enfrentamiento por cuanto las élites que se arrogan su representación no dan su brazo a torcer ni por un lado ni por otro. En tal situación, postular diálogo para propiciar una solución democrática parece, por presentarse imposible, una ingenuidad; no obstante, por ser imprescindible es lo realista. Hace meses, se apostó por ello al postular una mediación de Uruguay y México. Lo nuevo es que el Grupo de Lima, constituido por gobiernos derechistas de la región, también reclama diálogo al día de hoy, incluso pidiendo ayuda a Cuba. El caso es que, al hacerlo, dicho Grupo no se desdice de su apoyo a Guaidó en esa ilegal condición de “presidente-encargado”. Después de todo es similar a lo que hace la UE, que rechaza las actuaciones golpistas de Guaidó, bajo el amparo de los EE UU de Trump, pero sin retractarse del desafortunado aval que le concedió a la vez que insistía, con descaro colonial, en que se convocaran elecciones en ocho días. Maduro no iba a aceptar eso, por más que acumule gravoso déficit de legitimidad, mas resulta que la Rusia de Putin también apela al diálogo al mismo tiempo que le apoya. En tan dramático laberinto, la olla a presión que es Venezuela no se libra de poderes externos que meten el cazo y avivan el fuego, empezando por Trump, el más interesado en que la olla reviente y que, por eso mismo, ni siquiera se molesta en apelar al diálogo.

Los intereses en juego son obstáculos casi insalvables para un diálogo político efectivo, máxime por lo que suponen intereses económicos y geopolíticos de potencias –también China– que tienen sus miras y sus manos sobre Venezuela, y no sólo por su flotar en petróleo. Es tremenda paradoja hablar de diálogo desde un entramado de relaciones neocoloniales que lo torpedean y sobre las que gravita, una vez más, el reactualizado imperialismo estadounidense. El enrocamiento de quienes encabezan las posiciones enfrentadas no hace sino agravarse.

Guaidó pierde sus presuntas credenciales democráticas alentando, con asesoramiento norteamericano, acciones golpistas por parte del Ejército. Una derecha que se halla desde tiempo atrás situada en la “contrarrevolución”, boicoteando la revolución democrática que inició Chaves bajo imaginario bolivariano, no logra ganar legitimidad democrática debido a sus procedimientos y padrinos. Debía tener en cuenta lo que ese político y pensador antillano que fue Aimé Césaire dejó dicho hace más de sesenta años, en su Discurso sobre el colonialismo, al escribir que cuando se cae bajo la barbarie moderna de la dominación estadounidense ya no se sale. La historia lo confirma.

Por el lado de Maduro y su régimen encontramos una “antirrevolución” sin salida, es decir, un deterioro irreversible de lo que pretendió ser revolución transformadora de la realidad venezolana –con eco continental–, generado desde dentro de ella misma. Habría que recordar, también con Césaire, que “en nombre del socialismo, burocracias separadas del pueblo, burocracias usurpadoras de las cuales se ha probado actualmente que no hay nada que esperar, han logrado el lamentable prodigio de transformar en pesadilla lo que durante largo tiempo la humanidad acarició como sueño: el socialismo”. 

Para abrir camino al diálogo, haciendo posible superar el antagonismo entre contrarrevolución y antirrevolución, haría falta que dejaran hablar a los venezolanos sin que nadie les robe su palabra. Trump es el primero que debiera hacerlo.

 

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Colaboradores

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Abad

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Miguel Ángel
Aguilar
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Inmaculada
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Hoyo

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Firma

Catedrático de Filosofía y decano de su Facultad en la Universidad de Granada. Diputado del Grupo Parlamentario Socialista del Congreso en Legislaturas VIII y IX. Autor de libros como "Del bienestar a la justicia. Aportaciones para una ciudadanía intercultural"(2007), "Invitación al federalismo. España y las razones para un Estado plurinacional" (2013) y "La insoportable contradicción de una democracia cínica" (2016).

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