Dos hombres y un destino Tiempos de hoy

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 Nº 1293. 10 de mayo de 2019

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Política / Manuel Capilla

Sánchez e Iglesias pactan no pactar hasta después del 26-M

Dos hombres y un destino

Será después de las elecciones municipales y autonómicas cuando Pedro Sánchez y Pablo Iglesias terminen de cerrar el acuerdo sobre el que gravitará la legislatura. Pero mientras el líder de Podemos no desiste oficialmente de articular un Ejecutivo de coalición, la opción que parece cobrar más fuerza es la inclusión de independientes ‘bendecidos’ por un Iglesias que ha salvado el ‘match ball’ del 28-A. Que las voces que demandan una nueva etapa en Podemos no arrecien depende, en buena medida, de las condiciones del acuerdo que Iglesias consiga arrancarle a Sánchez.


Pedro Sánchez y Pablo Iglesias han transmitido una imagen de entendimiento de cara al 26-M.  / EP

Parece que Sánchez e Iglesias han aprendido que les va mejor sin tirarse los trastos a la cabeza. Ahuyentado el fantasma del sorpasso que animaba a uno y espantaba al otro, Sánchez e Iglesias han asumido que tienen que entenderse, que la colaboración que pusieron en marcha en la moción de censura no puede descarrilar. Lo expresaba el líder de Podemos a su salida de la entrevista en Moncloa con el presidente en funciones. Tras el encuentro, de algo más de dos horas de reunión, Iglesias comparecía en una brevísima rueda de prensa para señalar, regateando las preguntas, que “nos hemos puesto de acuerdo en que tenemos que ponernos de acuerdo”. Buena voluntad hasta el 26-M. Después, ya veremos.
No es mala perspectiva, teniendo en cuenta que los ánimos se habían ido calentando desde el 27 de abril, cuando Sánchez aseguraba en una entrevista a 'El País' que no suponía ningún problema que Iglesias entrara en el Gobierno.

Pero desde la noche electoral, la situación empezó a enredarse, cuando el líder de Unidos Podemos se puso en contacto con Sánchez para felicitarlo y encontró poca receptividad a su propuesta de gobierno de coalición. Tan pocas garantías tenía en ese momento Iglesias que, en rueda de prensa tras conocer los resultados y preguntado por la posibilidad de un acuerdo PSOE-Ciudadanos, señaló que “las preguntas a Pedro Sánchez las contesta Pedro Sánchez, no yo”. En ese momento, se limitó a señalar que “le he transmitido la voluntad de trabajar y hemos quedado en hablar”.

Al día siguiente, Carmen Calvo subrayaba que el PSOE intentará formar un gobierno en solitario, y el pulso comenzaba. Irene Montero recordaba al Iglesias que comparecía en rueda de prensa en el Congreso acompañado de sus ministrables. En una entrevista en RNE, la portavoz parlamentaria del partido morado insistía en el gobierno de coalición y ponía nombres encima de la mesa de “reconocida solvencia” como “Pablo Iglesias, Yolanda Díaz, Pablo Echenique o Rafa Mayoral”. “Nos planteamos un solo escenario: el de un gobierno de coalición”, así de tajante. Y el uno de mayo, Iglesias insistía en que es “imprescindible” que Unidas Podemos entre en el Ejecutivo. En segundo plano, los contactos entre los dirigentes socialistas con los de Unidas Podemos trataban de frenar esa tensión mediática creciente.

Los contactos que trataban de calmar los ánimos empezaban a dar fruto el lunes. Iglesias empezaba a desactivar esa tensión con su intervención en el Consejo Ciudadano Estatal, dejando clara “nuestra disposición al diálogo para participar en la formación de un gobierno con una base parlamentaria amplia y estable que garantice la aplicación de un programa progresista”. Una disposición “sin líneas rojas, sin ultimátums, sin arrogancia”.

El Gobierno de coalición despierta dudas

Tras la reunión del Consejo Ciudadano Estatal del pasado lunes, desde la dirección de Podemos se transmitía que no hubo debate, que nadie se había posicionado abiertamente en contra de la voluntad del secretario general de entrar en el Ejecutivo. Pero la oposición existe, capitaneada por la dirección de Podemos Andalucía, que antes de la cita del lunes hacía pública una resolución en la que apuestan por “una fórmula a la portuguesa”. Es decir, un acuerdo programático con el PSOE, lo cual permite mantener la “independencia” para controlar “la acción desde fuera del Gobierno”. Es más, subrayan que en Vistalegre II no es esbozó “la estrategia de cogobiernos con el PSOE” por lo que se debe abrir un debate en torno a esta cuestión. ¿Su propuesta?  Un “debate democrático con plazos”, con la presentación de documentos que se debatirían en círculos y órganos y que concluiría con una votación entre los inscritos. 

Además, Iglesias llegaba a la reunión del Consejo Ciudadano sin conocer que un grupo de líderes autonómicos, capitaneados por el secretario general en Castilla-La Mancha, José García Molina, se había reunido ese mismo lunes para fijar una posición común de cara al Consejo. No ha trascendido quiénes han asistido a esa reunión, pero a principios de año ya hubo un precedente, de otro cónclave de líderes autonómicos convocados por García Molina. Fue después de conocerse que Iñigo Errejón concurriría a las elecciones con la marca de Más Madrid y no la de Podemos. Unos días críticos para la formación morada, en los que dimitió el secretario general madrileño, Ramón Espinar, partidario de llegar a una entente con Errejón y con competir electoralmente con el.  A esa cita acudieron los secretarios generales de Euskadi (Lander Martínez), Murcia (Óscar Urralburu), La Rioja (Kiko Garrido), Baleares (Mae de la Concha), Extremadura (Alvaro Jaén), Valencia (Antonio Estañ), Canarias (Noemí Santana), Aragón (Nacho Escartín) y Asturias (Daniel Ripa). En lo que se conoció en la prensa como la ‘Declaración de Toledo’, este grupo de secretarios generales demandó a la dirección “unidad y responsabilidad”. Esta vez no ha habido comunicado tras la cita, pero no hay que perder de vista el cambio de tono de Iglesias tras estos movimientos de sus barones.

  Carmen Calvo e Irene Montero fueron protagonistas del cruce de declaraciones sobre la posibilidad de construir un gobierno de coalición. / EP / EP

Iglesias salva el primer ‘match ball’

A la espera de los resultados del 26-M y del desenlace de las conversaciones con Sánchez, lo cierto es que Iglesias ha conseguido salvar un primer 'match ball'. Con la colaboración del coordinador general de IU, Alberto Garzón, ha conseguido esquivar la implosión de Unidos Podemos en el primer trimestre del año, cuando la organización estuvo a punto de venirse abajo tras el anuncio de la alianza entre Errejón y Manuela Carmena. En esas semanas, muchos sectores y fuerzas aliadas trataron de distanciarse de una marca, Podemos, a la baja en las encuestas. Y aunque la organización se ha deshilachado en algunos territorios y municipios, se ha evitado la fractura definitiva en la piedra de toque del 26-M: Madrid. A nivel municipal, Iglesias ha impuesto su criterio de no competir con Manuela Carmena, algo que hubiera supuesto una decisión dificilísima de entender por sus simpatizantes. El gobierno municipal liderado por Carmena es, probablemente, el mayor éxito político nacido de Podemos y enfrentarse a ella hubiera supuesto un auténtico terremoto. Y eso que no han faltado quienes han defendido que Podemos no podía estar ausente de las elecciones municipales madrileñas y que, por tanto, había que competir con la alcaldesa.

A nivel autonómico, ha sido clave la intervención de Garzón para evitar lo que hubiera supuesto una catástrofe para las fuerzas progresistas madrileñas: la existencia de tres papeletas a la izquierda del PSOE. Las negociaciones entre Podemos y la cúpula madrileña de IU se salvaron en el último momento, pocos minutos antes de que se cerrara el plazo para la inscripción de las listas. Se ha conseguido alejar así el fantasma de lo ocurrido en 2015, cuando la candidatura de IU liderada por el actual responsable del Instituto Cervantes, Luis García Montero, se quedó fuera de la Asamblea madrileña al no superar el corte del 5% de los votos. Sin embargo, los apoyos de García Montero, el 4,1%, fueron los que faltaron para investir a Ángel Gabilondo presidente de la Comunidad en lugar de a Cristina Cifuentes.

Eso sí, ese fantasma no se ha disipado a nivel municipal. Podemos no concurre, pero IU sí, de la mano de Anticapitalistas. Y en los círculos políticos madrileños, hay serias dudas de que la lista liderada por el exconcejal Carlos Sánchez Mato, Madrid En Pie, consiga superar ese 5%. En el equipo de Carmena consideran que si se queda en el 1% no habrá problema, pero que si se queda en el entorno del 4% lo que pasó en la Comunidad en 2015 puede pasar ahora en el Ayuntamiento.

Independientes… ¿De Podemos?

Con su llamada a consultas a Moncloa -como si del Rey, se tratara- Pedro Sánchez ha distribuido los roles del resto de líderes para la legislatura. A Pablo Casado le ha entregado el papel de líder de la oposición, por mucho que Albert Rivera reclame un título que no le corresponde por votos y escaños. Y a Pablo Iglesias, como estaba cantado, le ha obsequiado con el de aliado. Eso sí, mientras Iglesias quiere llegar al matrimonio del gobierno de coalición, Sánchez parece que lo prefiere como el ‘amigovio’ del acuerdo de legislatura.

Han sido muchas las versiones cruzadas que ha circulado en el Madrid político y mediático en las últimas semanas sobre la posibilidad de que Unidas Podemos entre en el Gobierno. Ante las reticencias socialistas, desde la dirección morada se deslizó la idea de que podrían conformarse con según qué nombramientos de segundo nivel. Es decir, que no sería imprescindible que se nombrara ministros de Unidas Podemos, con ocupar secretarías de Estado y secretarías generales podría ser suficiente.

Sin embargo, la opción que parece coger más fuerza es la entrada de independientes cercanos a Unidas Podemos o, por lo menos, acordados con la dirección del partido. La entrada de independientes es la opción que Sánchez ha expresado más habitualmente en las últimas semanas. Eso sí, ni siquiera hay quinielas todavía. No ha trascendido ningún nombre y no parece que vayan a saberse hasta después del 26-M.