Opinión García Abad Tiempos de hoy

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 Nº 1296. 31 de mayo de 2019

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García Abad

Sin Maldad / José García Abad

Pactos necesarios y, por tanto, posibles

 

Mónica Oltra
En Podemos se cavilan distintas ideas y ocurrencias para suceder a Pablo Iglesias, hasta ahora sin alternativa. Pasó el tiempo en que se maquinó la idea de que Irene Montero lo sucediera retirándose Iglesias a un plano de inspiración ideológica, una operación que se rompió antes de nacer. Ahora se hacen cábalas para encontrar sucesor o sucesora. Una de ellas sería la reintegración con todos los honores de Iñigo Errejón, lo que sólo podría producirse con un acto, más que generoso, heroico, de Iglesias haciéndose el haraquiri en beneficio de su adversario. Otra posibilidad que he escuchado estos días sería ungir para los nuevos tiempos a Mónica Oltra que, entre otras virtudes, es mujer y tiene experiencia de gobierno como vicepresidenta de la Comunidad Valenciana.

Albert Rivera no ha explicado cómo sería la ceremonia de abjuración  o apostasía de Pedro Sánchez a la que deberían someterse los barones socialistas para ser ungidos por Ciudadanos en alcaldías y comunidades autónomas. Probablemente se aprovechen de las fórmulas eclesiales de amplia constancia histórica: “Renuncio a Satanás, disfrazado de Sánchez, a sus pompas y a sus obras”. O algo así.

Una condición alto improbable, incluso para el retorcido Lambán, enemigo acérrimo de Sánchez, después del resultado de las elecciones de abril y de mayo en las que el demonio Sánchez se consolidó elevando al PSOE, como en los viejos tiempos, a primer partido de España.

Ha ganado las generales, las  europeas y las municipales y ha avanzado en todas las comunidades autónomas. En definitiva, los españoles, mayormente sensatos, incluso muchos de propensión conservadora, han dado su confianza primando a quien mejor podía asegurar una cierta estabilidad levemente progresista, hastiados de tantos sobresaltos.
A partir de las elecciones primaverales el presidente en funciones reiteró voluntad general de acuerdos sin líneas rojas ni cordones sanitarios. Con la excepción, implícita por obvia, del verdadero Satanás.

Es el momento de los pactos que, por necesarios, tendrán que ser posibles. Se ha dicho que la política es hacer posible lo necesario. En tiempos tan complicados como a los que se enfrenta este país habría de extender su virtud como arte de hacer posible lo aparentemente imposible.

Lo que no es viable, o al menos no es rentable, es decidir con las vísceras de las que en campaña se han podido permitir dar rienda suelta Pablo Casado y Albert Rivera. De hecho, ya se barruntan conversaciones entre Ciudadanos y el PSOE.


Abascal echa un pulso

Un factor inédito es la irrupción de Vox en la escena política, cuya estrategia parece cambiar después de haber facilitado el gobierno de Juanma Moreno en Andalucía sin entrar en el mismo, conformándose, o consolándose, con echar a los socialistas.

Santiago Abascal se ha plantado. Ha roto la baraja  asegurando que se acabó lo que se daba gratis y que no entregará sus votos sin tocar poder. No le consuela ni siquiera la satisfacción de echar a Manuela Carmena.
Está por ver si en Pablo Casado y en Albert Rivera prevalecerán sus principios democráticos sobre la pérdida de territorios y, de forma especialmente sensible el de Madrid, potente comunidad y villa emblemática, que, Casado había acariciado para mantenerse al frente de su partido.
Esta es una de las incógnitas más inescrutables del momento que, en buena medida, depende de escrutar si la amenaza de Abascal es firme o meramente un farol.


Pablo Iglesias amenaza

Otra incógnita es si Pablo Iglesias podrá mantener su amenaza de oponerse a la investidura de Pedro Sánchez si no consigue entrar en su gabinete aunque sea de ministro de Marina. Ya antes de las elecciones de mayo Sánchez había insinuado su objetivo de formar un gabinete socialista con incrustaciones independientes de reconocido prestigio, podemitas incluidos, a los que se les podría asignar puestos importantes de segundo nivel.

Sánchez lo insinuó, José Luis Ábalos lo remachó, y en el partido predomina el reconocimiento de que la caída de Podemos en ambos comicios no aconseja rectificación. En primer lugar porque la suma del PSOE y de Unidas Podemos y compañías no suman para gobernar y la presencia de este último en el Gobierno excluiría el apoyo de otros partidos.

Sin embargo, como comenté en otra columna, aparte de cuestiones puntuales, hay algo que late en el fondo de la negativa de Sánchez a llevar a Podemos al Gobierno, ni siquiera ofreciéndole carteras menores. Una razón profunda que nunca manifestará: el miedo a despertar el fantasma del Frente Popular que sigue generando pavor en mucha gente, repulsa en ámbitos de la parroquia socialista y, desde luego, en el mundo económico.

No olvida Sánchez la estrepitosa derrota de Joaquín Almunia cuando se presentó a las elecciones del año 2000 de la mano de Paco Frutos, secretario general de Izquierda Unida, una derrota que lo movió a la dimisión inmediata como secretario general del PSOE y a José María Aznar a la presidencia del gobierno con mayoría absoluta.


Cábalas para sustituir a Iglesias, que, de momento, no tiene alternativa

No ayuda el carajal que está sufriendo Podemos tras el estacazo sufrido, que ha deteriorado el carisma de Pablo Iglesias. Llueven los navajazos en el partido donde no se excluye el hundimiento definitivo. Si Iglesias/Montero se mantienen en la dirección es porque no tienen alternativa desde la marcha de Iñigo Errejón.

En el partido se cavilan distintas ideas y ocurrencias para sucederlo. Pasó el tiempo en que se maquinó la idea de que Montero lo sucediera retirándose Iglesias a un plano de inspiración ideológica, una operación que se rompió antes de nacer. Ahora se hacen cábalas para encontrar sucesor o sucesora. Una de ellas sería la reintegración con todos los honores de Errejón, lo que sólo podría producirse con un acto, más que generoso heroico, de Iglesias haciéndose el haraquiri en beneficio de su adversario. Otra posibilidad que he escuchado estos días sería ungir para los nuevos tiempos a Mónica Oltra que, entre otras virtudes, tiene experiencia de gobierno como vicepresidenta de la Comunidad Valenciana.

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