Tiempos de hoy

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 Nº 1297. 7 de junio de 2019

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Dinero / Informe ‘Contexto Económico’

Crecimiento y vulnerabilidades de la economía española


El horizonte de recuperación de la economía mundial está pendiente de innumerables incógnitas, desde el ‘Brexit’ a la guerra comercial China-Estados Unidos, mientras la española se mantiene firme en su expansión, aunque con importantes debilidades. El informe de ‘Contexto Económico’ de la consultora LLYC de este mes analiza la situación.

OCDELa OCDE mantiene sus previsiones de crecimiento para España.

La expansión de la economía española parece mantenerse inmune a los múltiples riesgos que rodean a la Eurozona, como el frágil escenario fiscal de Italia, la pérdida de impulso de la economía alemana, la posibilidad de un Brexit desordenado, o el impacto del movimiento de los ‘gilets jaunes’ en Francia. Los datos de crecimiento del PIB del primer trimestre (la economía creció a un ritmo intertrimestral del 0,7 %, impulsada por la solidez del empleo1 y la inversión empresarial) y las previsiones de la AIReFpara los dos próximos trimestres (0,71 % y 0,64 %, respectivamente) confirman estas buenas sensaciones. Las principales instituciones internacionales siguen dando un amplio margen positivo a España para los próximos dos años con respecto a sus socios europeos. La OCDE mantiene sus previsiones de crecimiento para la economía española en el 2,2 % en 2019 y en el 1,9 % en 2020, frente a apenas un 1,2 % y 1,4 % de media de la zona euro. La Comisión Europea, en sus Previsiones Económicas de Primavera, prevé un crecimiento del 2,1% este año y del 1,9 % en 2020, frente al 1,2 % y el 1,5 % que augura para la zona euro.Sin embargo, la economía española mantiene elementos de vulnerabilidad que comienzan a hacerse evidentes y que podrían poner en riesgo las previsiones señaladas. En su último Informe de Estabilidad Financiera, el Banco de España señala dos importantes: el elevado endeudamiento público y externo, y la persistencia de segmentos de familias y empresas (fundamentalmente, las de menor dimensión y las que operan en los sectores inmobiliario y de la construcción) altamente endeudados. A estos retos se añaden la persistencia del déficit público, que el Programa de Estabilidad 2019-2022 cifra en el 2 % este año2, y la incertidumbre sobre la evolución de las cuentas externas, que siguen aportando crecimiento a la economía, pero muestran un progresivo deterioro.En este contexto, cada vez son más las voces que apuestan por dar, a pesar de la inestabilidad parlamentaria tras las recientes elecciones generales, un impulso al proceso de reformas estructurales orientadas a la mejora de la productividad como único garante de un crecimiento económico sostenible en el largo plazo. El Banco de España y la OCDE han sido los últimos en hacerlo.

Indicadores que crecen y que bajan

  • Contabilidad regional de España (INE). La Comunidad de Madrid fue la comunidad autónoma que más creció en 2018 (3,7 %), por delante de Cantabria (3,4 %) y Navarra (3 %). La otra cara de la moneda fueron Murcia, con un crecimiento del 1,5 %, y las ciudades autónomas de Ceuta y Melilla, que crecieron un 1,5 % y un 1,6 %, respectivamente.
  • Índice de Producción Industrial (INE). El Índice de Producción Industrial cayó un 3,1 % en el mes de marzo y cerró el primer trimestre con una caída del 0,2 %, lejos de la caída del 2,8 % del último trimestre de 2019.
  • Indicador de Sentimiento Económico (EUROSTAT). Este indicador cayó 1,6 puntos porcentuales en el mes de abril y se sitúa en el nivel más bajo de los últimos 2 años y medio.

 

Donald Trump Presidente de los Estados UnidosLa Administración Trump ha prohibido a las ‘telecos’ norteamericanas trabajar con China sin autorización previa. / EUROPA PRESS

Estados Unidos-China: más allá de la guerra comercial

Estados Unidos y China se enzarzaron en 2018 en un conflicto comercial que comienza a tomar visos de batalla por la hegemonía tecnológica global. El punto de inflexión de las tensiones entre Washington y Pekín lo ha marcado la reciente decisión de la Administración Trump de prohibir, mediante una “Orden Ejecutiva”, que las empresas estadounidenses de telecomunicaciones hagan negocios con compañías extranjeras sin autorización del Gobierno. Y ello, por razones de seguridad nacional, apuntando directamente al espionaje económico e industrial. La consecuencia más inmediata de esta medida ha sido el veto de Google a Huawei, el gigante tecnológico chino (y líder en la tecnología de comunicaciones 5G) al que Estados Unidos lleva tiempo vigilando de cerca y que a partir de ahora (con un período de gracia de 90 días a contar desde el 15 de mayo) no podrá abastecerse de su tecnología3. Parece evidente que detrás de esta estrategia de políticas defensivas se encuentra el temor de Estados Unidos a perder el liderazgo en la carrera por la dominancia tecnológica mundial.

El ataque a Huawei por parte de Estados Unidos ha sido doble. De un lado, la Orden Ejecutiva aprobada por la Administración el pasado 15 de mayo prohíbe que las empresas estadounidenses comercien con compañías extranjeras que representen una amenaza para la seguridad nacional (dicha orden no menciona a Huawei, aunque de facto la incluye). De otro lado, el Gobierno de Trump ha incluido a Huawei en la “lista negra” de empresas que suponen una amenaza para la seguridad nacional, prohibiendo así que la compañía china venda sus productos a empresas estadounidenses.

En este contexto, pocos son ya quienes creen que un mero acuerdo comercial entre Estados Unidos y China terminaría con la tensión entre ambas potencias. Al contrario, cada vez son más los que advierten que las tensiones continuarían en otros ámbitos, fundamentalmente el tecnológico. En todo caso, las negociaciones para frenar la escalada arancelaria han fracasado y la posibilidad de cualquier acuerdo comercial entre Washington y Pekín queda, por ahora, aparcada. Y en medio de esta vorágine tecnológica, que va mucho más allá de Huawei (algunos ya hablan de una Guerra Fría tecnológica), está la Unión Europea (el ministro de Asuntos Exteriores Josep Borrell analizó con acierto esta relación en un artículo reciente). Una UE que, según los expertos, ha jugado mal la partida tecnológica y está ahora fundamentalmente en manos de terceras potencias –Estados Unidos y China. Federico Steinberg describe lo que está ocurriendo como una suerte de “neoimperialismo” en el que Europa se verá obligada a elegir entre convertirse en un actor secundario en el orden global, o mantener sus convicciones y valores sobre el multilateralismo, la democracia liberal y el libre mercado, apostando por recuperar la relevancia en el campo tecnológico.

HuaweiLa china Huawei ha sido etiquetada por los EE UU como  amenaza para su seguridad nacional. / EUROPA PRESS

La clave del 5G

De las tres vertientes que tiene el “affaire Huawei” (comercial, dominio tecnológico y seguridad nacional) todo apunta a que es la ventaja china en el desarrollo de la tecnología 5G y sus posibles aplicaciones comerciales, que los expertos calculan nada menos que en dos años, lo que ha puesto en marcha la siempre agresiva maquinaria de la Administración Trump para recuperar parte del terreno perdido. Las consecuencias de este nuevo conflicto no son menores. Por un lado, desde la óptica geoestratégica, la pérdida de la hegemonía tecnológica por parte de Estados Unidos, que lideró el despliegue y los desarrollos de la 4G, serían un golpe muy duro teniendo en cuenta el enorme -casi milagroso- potencial que se le achaca al próximo salto tecnológico. Desde el punto de vista comercial y económico, el efecto desbordamiento sobre las negociaciones comerciales en marcha puede suponer un lastre más a sumar a la ralentización del crecimiento mundial. En medio de esta “guerra”, Europa se arriesga a aparecer de nuevo como un convidado de piedra, y eso aun teniendo en cuenta que empresas como Nokia o Eriksson están consiguiendo avances en el desarrollo del nuevo estándar tecnológico.



Parlamento EuropeoLa gestión del ‘Brexit’ será el primer reto al que se enfrente la nueva Eurocámara. /EUROPA PRESS

Los retos económicos del nuevo Parlamento Europeo

El Parlamento Europeo resultante de las elecciones celebradas el pasado 26 de mayo tendrá muchos e importantes retos a los que hacer frente en un contexto muy delicado, marcado por la desaceleración económica y el auge de partidos nacionalistas y populistas (xenófobos, incluso) y en general partidarios de “menos Europa”. La gestión del Brexit será uno de los grandes retos de la nueva Eurocámara. El Parlamento, aunque no forma parte formal de las negociaciones, debe aprobar el acuerdo final de salida de Reino Unido de la UE. Aún está por ver cómo (la posibilidad de un Brexit desordenado vuelve a estar sobre la mesa tras la dimisión de la primera ministra británica) y cuándo (el escenario principal es el 31 de octubre) se producirá el Brexit, pero en todo caso habrán de negociarse importantes aspectos de la nueva relación entre Reino Unido y la UE, siendo la configuración de las relaciones comerciales y de defensa dos de las cuestiones que más preocupan. El nuevo Parlamento Europeo también deberá acordar los presupuestos y el Marco Financiero Plurianual para el período 2021-2027. Y deberá hacerlo, por primera vez, sin contar con el Reino Unido, que es el segundo mayor contribuyente neto a las arcas europeas, solo por detrás de Alemania. Esto sin duda tendrá consecuencias para el resto de Estados miembros de la UE, que tendrán que cubrir el agujero de entre 12.000 y 13.000 millones de euros al año que dejará Reino Unido en el presupuesto comunitario para 2021-2027. Esta es una cuestión especialmente relevante para España, que, con la marcha de Reino Unido del club comunitario, podría contemplar -por primera vez- la posibilidad de convertirse en contribuyente neto al presupuesto europeo.La culminación de la Unión Bancaria, mediante el establecimiento de un esquema de garantía de depósitos europeo, es otra de las principales asignaturas pendientes de la UE. Las resistencias de países como Alemania, contraria a este tipo de mutualización de riesgos, han impedido avanzar en este sentido en los últimos años. Poco a poco, vamos dando pasos hacia la culminación de la Unión Bancaria –en la Cumbre del Euro de junio del año pasado los dirigentes de la UE se comprometieron a avanzar en esta dirección–, pero aún queda un largo camino por recorrer. El Parlamento Europeo deberá jugar un papel clave de impulsor de este proceso. El nuevo Parlamento Europeo tampoco deberá perder de vista las tensiones comerciales que han cobrado impulso en los últimos meses. Uno de los grandes retos de los próximos años será alcanzar un acuerdo comercial con Estados Unidos que, de un lado, elimine los aranceles sobre las importaciones de acero y aluminio interpuestos en 2018 y, de otro lado, evite la interposición de nuevos aranceles. La decisión de Estados Unidos de posponer durante seis meses la imposición de aranceles sobre las importaciones de vehículos europeos parece haber dado un respiro a las tensiones entre Washington y Bruselas (también a la industria automovilística europea), aunque la amenaza persiste. La agenda comercial multilateral será intensa, y la UE deberá seguir liderando su propuesta de reforma de la Organización Mundial del Comercio.

Demasiada fragmentación

Si bien es cierto que, afortunadamente, el auge del populismo antieuropeo ha ralentizado su crecimiento, también lo es que los resultados de las recientes elecciones en la Unión Europea deparan un Parlamento mucho más fragmentado y con multitud de intereses cruzados que, a priori, dificultarán la consecución de amplios acuerdos para poner en marcha reformas que son inaplazables. Destacan entre las medidas de ámbito económico, las negociaciones sobre las perspectivas financieras que, Brexit mediante, depararán si España pasa a ser contribuyente neto del sistema, algo que, de producirse, podría tener el efecto de reformar nuestra posición política dentro de la Unión. El cierre de acuerdos de libre comercio y, sobre todo, la culminación de la Unión Bancaria pueden verse demoradas ante las perspectivas de un Parlamento dividido y más centrado en otras prioridades.


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