Tiempos de hoy

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 Nº 1297. 7 de junio de 2019

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José García AbadSin Maldad / José García Abad

Juan Carlos, un buen rey que hizo lo que le dio la real gana

 

JuanCarlos I
En términos globales la gestión de Juan Carlos I puede calificarse de brillante pero los auditores pondrían salvedades referidas a la ética de sus propios negocios y en general respecto a la ejemplaridad personal, que los reyes no pueden constreñir al ámbito privado, como un terreno vedado a la opinión pública

Don Juan Carlos dispuso de menos poderes que sus colegas, los otros monarcas europeos, pues pesaba sobre los constituyentes el sombrío recuerdo de la dictadura de Franco a quien el nuevo rey debía su designación para sucederle. Sin embargo la ausencia de poderes políticos, con la interesante excepción de la inmunidad ante los tribunales, la irresponsabilidad de sus acciones, fue compensada por el privilegio de hecho, aunque no de derecho, de actuar en lo privado, como le dictara la real gana

Don Juan Carlos pasará a la historia como un gran rey. Tanto el balance de su reinado como la cuenta de resultados son positivos en términos políticos, tanto por su papel decisivo para la restauración de la democracia como por su lealtad constitucional una vez restablecida ésta. Fue fundamental su actuación frente al golpe de Estado del 23 de febrero de 1981 que fue considerada como la legitimación del rey coronado por Franco.

En términos globales, la gestión de Juan Carlos I puede calificarse de brillante, pero los auditores pondrían salvedades referidas a la ética de sus propios negocios y en general respecto a la ejemplaridad personal, que los reyes no pueden constreñir al ámbito privado, como un terreno vedado a la opinión pública.

Don Juan Carlos dispuso de menos poderes que sus colegas, los otros monarcas europeos, pues pesaba sobre los constituyentes el sombrío recuerdo de la dictadura de Franco, a quien el nuevo rey debía su designación para sucederle. Sin embargo, la ausencia de poderes políticos, con la interesante excepción de la inmunidad ante los tribunales, la irresponsabilidad de sus acciones, fue compensada por el privilegio de hecho, aunque no de derecho, de actuar en lo privado, como le dictara la real gana.

Disfrutó de este privilegio no formulado explícitamente a calzón quitado, gracias a la autocensura de la prensa, al amable silencio de los intelectuales y de otros referentes de la sociedad así como a la complicidad, activa o pasiva, de los partidos, incluido el Comunista de Santiago Carrillo y, por supuesto, el socialista de Felipe González.

Recibió regalos ostentosos
Más reprobable fue el hecho insólito en las demás jefaturas del Estado europeas, coronadas o no, de la recepción de obsequios ostentosos. Algunos regalos fueron muy comprometidos, como el que le hiciera Javier de la Rosa, que le regaló en 1988 un Porsche deportivo hecho a mano por su cumpleaños que el Rey aceptó sin remilgos.
Semejante obsequio era un detalle menor comparado con los 100 millones de dólares que De la Rosa ingresaría en una cuenta suiza de Manuel Prado y Colón de Carvajal cuando Sadam Hussein invadió Kuwait; unos dineros que el empresario catalán afirma iban destinados al rey de España y que así lo entendieron en el emirato tras las explicaciones ofrecidas por el ‘administrador’ de Don Juan Carlos.
El vehículo más deseado, el regalo más preciado era, sin embargo, el que surca los mares, la madre de todas las pasiones reales. El barco, que costó 3.000 millones de pesetas según apreciaciones oficiales –otras fuentes indican que el coste final se acercó a los 7.000 millones– fue pagado a escote por un nutrido grupo de empresarios,  inicialmente mallorquines, pero a los que, ante las dificultades para conseguir tan alta cifra, se tuvieron que añadir grandes empresas nacionales.

Se negó a que se prohibieran los regalos
El jeque de un emirato árabe vino a España como los Reyes Magos de Oriente, con las alforjas repletas. Regaló valiosas joyas a la Familia Real y al Príncipe una daga árabe con  incrustaciones de piedras preciosas. Don Felipe mandó desmontarla y con tales piedras le montaron una pulsera que regaló, como tributo de amor eterno, a Isabel Sartorius, su novia de entonces.

A los ministros, a la sazón gobernaba el PSOE, les regaló sendos relojes de oro. Los ministros, que no sabían que hacer con aquel reloj, lo depositaron en las cajas de sus respectivos departamentos. El Gobierno se planteó entonces regular este tipo de presentes. Se lo comentaron al Rey pero éste se negó en redondo: “Que queréis. Esta uno aquí currando todo el día y encima me pedís que rechace estos detalles...”

Esta fue la única objeción conocida que el Rey formulara para no estampar su firma en una ley, algo que ciertamente el Gobierno no planteó formalmente pues en ese caso el monarca no hubiera podido negarse.
De forma paulatina, lo que fuera la corte sobria de un rey pobre se convirtió en la más ostentosa de Europa con un rey que, según todos los indicios, logró amasar una formidable fortuna aunque no tan elevada como la de los reyes de Inglaterra, Holanda o Bélgica.

100 millones de dólares para que el Rey apoyara la invasión de Irak
Lo más comprometedor fue el dinero que Prado recibió de KIO, de su representante en España, Javier de la Rosa. Quedó probado ante los tribunales que De la Rosa ingresó 100 millones de dólares en una cuenta suiza de Manuel Prado y Colón de Carvajal cuando Sadam Hussein invadió Kuwait; cien millones que el empresario catalán afirma que iban destinados a Don Juan Carlos para, y así lo entendieron en el emirato, favorecer los intereses de la familia real kuwaití apoyando la invasión de Irak para que Sadam Hussein se retirara del emirato.

La entrega de los 100 millones de dólares al administrador del Rey quedó probada, pero no pudo investigarse si Prado entregó este dinero al monarca o se quedó con él, debido a que el Rey es constitucionalmente irresponsable y no puede ser juzgado. 

Pide dinero al Sha contra el peligro marxista

El 22 de junio de  1977, tras las elecciones parlamentarias,  el Rey le escribe una carta al Sha de Persia pidiéndole dinero para ponerle un partido fuerte a Suárez ante las inminentes elecciones municipales. El Rey justificaba su petición en el peligro socialista “que supone una seria amenaza para la seguridad del país y para la estabilidad de la Monarquía, ya que me han informado fuentes fidedignas que su partido es marxista”. (…) Por esta razón, es imperativo que Adolfo Suárez reestructure y consolide la Coalición Política Centrista, para crear un partido para él que servirá como sostén de la Monarquía y para la estabilidad de España. En definitiva, el Rey pide a su “querido hermano” el Sha que contribuya con diez millones de dólares para el fortalecimiento de la monarquía española.

Esta sería una de las pocas veces en la que el Rey no fue fiel a su papel institucional que le exigía neutralidad política si no fueran falsos los argumentos expresados en su misiva para sacar dinero al Sha, pues este dinero no fue a parar a la UCD de Suárez, sino a su real bolsillo.

Posteriormente, el rey del país de Mahoma, sensible a los problemas económicos de Juan Carlos, le confió en los años ochenta 100 millones de dólares para que los invirtiera prudentemente y los devolviera a los diez años sin intereses. Con sólo poner esa cantidad en un banco a plazo fijo hubiera obtenido una buena fortuna. Sin embargo, el dinero fue confiado a su administrador privado, Manuel Prado, que era todo menos prudente, y éste lo invirtió, al parecer en el azaroso mercado de futuros, con resultados catastróficos, de forma que cuando se cumplieron los diez años acordados no había dinero o el suficiente dinero para devolverlo.

Eficaces servicios al empresariado español
La última década antes de su abdicación fue realmente ‘horríbilis’. Ya era doloroso que su hija, la infanta Cristina, estuviera investigada en el ‘caso Noos’ junto a su esposo Iñaki Urdangarin, pero lo peor es que este proceso tenía consecuencias para la Monarquía e implicaba al Rey, que había ayudado a su yerno a conseguir apoyos para sus negocios.

Fueron los momentos en los que la Monarquía sufrió su mayor deterioro rematados por la relación del monarca con Corinna, la cacería del elefante, etc. En aquellos momentos críticos, según me comenta una fuente muy próxima al monarca, éste había reflexionado hondamente sobre cómo debía conducirse ante la nueva situación. Había acuñado una nueva filosofía: “Se dice –le comentó Juan Carlos a mi fuente– que la primera obligación del rey es ser ejemplar, pero la verdad es que hoy nadie puede ser ejemplar. Eso era antes, cuando la gente no sabía lo que pasaba en palacio. En los tiempos que vivimos se me debe valorar bajo dos parámetros: mi utilidad y mi cercanía”. En consecuencia decidió realizar más viajes empresariales: a Chile, a India, a Rusia, al Golfo, a Marruecos etc. “Menos viajes políticos y más road show”, resumió a mi fuente.

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Firmas:

Lleva ejerciendo la profesión de periodista desde hace más de medio siglo. Ha trabajado en prensa, radio y televisión y ha sido presidente de la Asociación de Periodistas Económicos por tres periodos. Es fundador y presidente del Grupo Nuevo Lunes, que edita los semanarios El Nuevo Lunes, de economía y negocios y El Siglo, de información general. 

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