Tiempos de hoy

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 Nº 1297. 7 de junio de 2019

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Política / Virginia Miranda

Espinosa de l
os Monteros presiona, Villegas se resiste y García Egea implora un acuerdo

Los negociadores

En unos días se constituyen los primeros Parlamentos autonómicos y Ayuntamientos y las derechas se buscan con recelo; mientras Ciudadanos y Vox juegan al ratón y al gato, el PP empieza a impacientarse. Los primeros necesitan evitar la foto con la ultraderecha, los segundos intentan sacar contrapartidas de sus votos y de las cesiones de ambos depende el poder territorial y orgánico de Pablo Casado. Iván Espinosa de los Monteros, José Manuel Villegas y Teodoro García Egea capitanean los equipos negociadores. De su habilidad depende el mapa político y su equilibrio de poder.

Vox y Partido Popular negocian
Iván Espinosa de los Monteros se ha estrenado como negociador de la mano de Teodoro García Egea. / EUROPA PRESS

García Egea, que se reconoce como el nexo entre las posturas aparentemente irreconciliables de Cs y Vox, mide sus palabras para propiciar el deseado encuentro Villegas ha rescatado la fórmula de apoyar gobiernos sin entrar en ellos, una posibilidad que le permitiría evitar la concurrencia con Vox sin abandonar la batalla de la derecha

La cuenta atrás post 26-M ha comenzado. El próximo 15 de junio se constituyen los Ayuntamientos y los Parlamentos autonómicos de Madrid y Murcia lo hacen el día 11, deadline de los acuerdos de Gobierno que habrán de alcanzar los partidos para los próximos cuatro años. Y aunque la aritmética electoral y la lógica programática han dado ventaja a las tres derechas, la cosa no es tan sencilla como parece porque en juego hay más variables que la mera suma de escaños.

Albert Rivera está en unas condiciones inmejorables para negociar con el PP la conformación de mayorías, pero la necesaria concurrencia de Vox para la consecución de muchas de ellas supone un freno para un partido al que sus socios liberales en Europa vigilan muy de cerca. Por escaso que haya sido su peso electoral, Santiago Abascal es imprescindible en plazas clave como la Comunidad y el Ayuntamiento de Madrid y mantiene un pulso con Ciudadanos para romper el cordón naranja que bloquea su entrada en los gobiernos. Y Pablo Casado, que la noche electoral vendió su derrota en las urnas como una remontada de la derecha ahora dividida en tres, necesita romper los bloqueos que le rodean para evitar que los barones críticos le hagan una enmienda a la totalidad.

Con este punto de partida y las tentadoras propuestas o insinuaciones del PSOE y Ahora Madrid para hacer alcaldesa a Begoña Villacís, en el PP vivía la resaca electoral con la preocupación de ver que los planes no estaban saliendo como esperaban.  Y eso que las conversaciones entre los líderes, apenas confirmada por Abascal la que él mismo mantuvo con Casado, se sucedieron con discreción a lo largo de la pasada semana; nada pudo evitar la proliferación de hipótesis que durante días mantuvieron abiertos todos los escenarios posibles.


Puntos de encuentro
Pero llegaron las primeras reuniones y, con ellas, la relajación de sus protagonistas. Los tres partidos apurarán los plazos para sacar el mayor provecho político a esta etapa de negociación, pero el PSOE no confía en sus posibilidades de acuerdo con Ciudadanos y Manuela Carmena ya da por hecho el pacto de las tres derechas en la capital; el miércoles, José Luis Martínez-Almeida se reunía con Begoña Villacís. Tras la reunión, desde el PP celebraban la “buena sintonía” entre ambos y el interés común en llevar a cabo un cambio al frente del Palacio de Cibeles. Estaba previsto que este viernes avanzaran en un acuerdo programático.

En cada autonomía tienen PP y Ciudadanos sus comisiones negociadoras, aunque todos los pactos han de ser supervisados por los equipos nacionales que tienen la última palabra. De hecho, el único líder autonómico de la formación naranja que tenía intención de propiciar un cambio de gobierno a favor del PSOE se ha visto obligado a rectificar. Francisco Igea, líder de Cs en Castilla y León, dijo antes y después de la campaña electoral que, si por él fuera, el PP no repetiría al frente de la Junta. Pero, tras la reunión el pasado miércoles con sus colegas populares, a la que también asistió el secretario de Acción Institucional y coordinador del equipo negociador ‘naranja’, José María Espejo, acabó reconociendo que habían alcanzado un “principio de acuerdo siguiendo los criterios de la Ejecutiva con el PP como socio preferencial”.

Igea se refería a los criterios acordados en Ciudadanos y votados por unanimidad en la Ejecutiva para alcanzar acuerdos postelectorales en autonomías y ayuntamientos. Estos criterios sostienen que el PP es el socio preferente, que allí donde no sean posibles los acuerdos con los populares se podrán abrir negociaciones con los socialistas siempre que se desmarquen  de las políticas de Pedro Sánchez, que las alianzas serán sólo con el PP o con el PSOE sin integrar otros partidos como Vox, Podemos o formaciones nacionalistas y que la Ejecutiva habrá de ratificar los pactos.

Con estas premisas, el de Castilla y León es un caso fácil para Ciudadanos; suman con el PP sin necesidad de Vox y, aunque el ganador de las elecciones ha sido el socialista Luis Tudanca, se trata de un reconocido sanchista y resulta de muy difícil digestión para Rivera.

A nivel autonómico, los populares tratarán de gobernar Castilla y León, la Comunidad de Madrid, Murcia e incluso Aragón. También ven posibilidades en Albacete, Alicante, Almería, Badajoz, Cáceres, Burgos, Ciudad Real, Ceuta, Córdoba, Granada, Guadalajara, Huesca, Jaén, León, Sevilla, Murcia, Málaga, Oviedo, Palencia, Salamanca, Teruel, Zaragoza y, por supuesto, la ciudad de Madrid. Para sacrificar la capital a cambio de la fidelidad de Cs todavía hay tiempo. De momento, el PP va a hacer valer el “criterio objetivo” de los votos y los escaños para decidir quién preside y quién forma parte de los gobiernos de la derecha.


El mediador

Lo defiende Teodoro García Egea, el responsable del Comité para la Gobernabilidad constituido en el PP para coordinar las conversaciones con Cs y Vox allí donde pueden formar mayorías. El equipo de negociación está dirigido por el propio secretario general, el vicesecretario de Organización, Javier Maroto, la presidenta del PP de Navarra y diputada electa en el Congreso, Ana Beltrán, y la vicesecretaria de Política Social y coordinadora de campaña de las elecciones municipales y autonómicas, Cuca Gamarra.

Los responsables nacionales de estas negociaciones a nivel municipal son el secretario de Política Local, Antonio González Terol, y el secretario ejecutivo de Medio Ambiente y Cambio Climático, Alberto Casero; a nivel provincial el secretario de Política Provincial, Vicente Betoret, y la coordinadora de Murcia, Isabel Borrego; y para las comunidades autónomas el secretario de Transparencia, César Sánchez.

También forman parte de este equipo negociador María Pelayo, Pablo Cano, Pablo Balbín, Rafael Laza, Pablo Hispán, Jorge González Barrante y Javier Martínez Gilabert. Todos ellos, la mayoría asesores en Génova, son personas de la confianza de Pablo Casado y del propio García Egea que, sumando al negociador regional, José Miguel Luengo, se ha rodeado de otros cuatro murcianos.

El número dos del PP, que se reconoce como el nexo entre las posturas aparentemente irreconciliables de Cs y Vox, mide cada una de sus palabras para propiciar el deseado encuentro. A la formación naranja, cuyo acuerdo programático para la formación gobiernos ha calificado de “excelente punto de partida”, le recuerda que los tres partidos se presentaron a las elecciones compartiendo “lo esencial” –unidad de España, bajada de impuestos, libertad de elección educativa– y, como dice Gamarra, Rivera y Abascal tendrán que explicar a sus votantes por qué no se sientan a negociar porque, de no hacerlo, “promoverán más gobiernos de Sánchez” o que “siga gobernando Carmena en Madrid”.

Tras reunirse el miércoles con la delegación de Vox, García Egea aseguró que se había abierto “un espacio de diálogo” y habló de “generosidad” y de la necesidad de avanzar “en cuestiones programáticas” subrayando las coincidencias de las tres formaciones. Las mismas que hubo tras las andaluzas y que fueron un salvavidas para el PP de Casado: Gobierno de populares y ‘naranjas’ presidido por los primeros gracias al apoyo parlamentario de los doce diputados de Vox, a los que Juan Marín y los suyos no tuvo que ver en una negociación a dos bandas.

En cada una de sus comparecencias públicas, García Egea, Maroto, Beltrán y Gamarra, los cuatro responsables del equipo negociador, defienden la vigencia del modelo andaluz, una posibilidad que encaja en los criterios votados por la Ejecutiva de Ciudadanos pero choca frontalmente con los deseos de Vox: el partido de Santiago Abascal reclama un puesto en la misma mesa de negociación en la que se sienta la comisión ‘naranja’. Una exigencia que ha venido acompañada de una amenaza: mientras haya vetos, no habrá presupuesto en Andalucía.

El novato
La comisión negociadora de la formación de ultraderecha está encabezada por su número tres, Iván Espinosa de los Monteros. Le acompañan Macarena Olona, abogada del Estado y diputada en el Congreso; Pedro Fernández, con escaño también tras las elecciones del 28-A y vicesecretario jurídico de Vox; Enrique Cabanas, vicesecretario de Presidencia del partido; y Víctor González, su vicepresidente primero.

El acuerdo que propició la investidura de Juan Manuel Moreno Bonilla el pasado enero ha cambiado, en el caso de Vox, de protagonistas. Entonces fue el secretario general, Javier Ortega Smith, quien encabezó las conversaciones. Ahora es el recién elegido portavoz parlamentario quien parte de cero para buscar un acuerdo más ambicioso. “El PP, Vox y Ciudadanos tienen que alcanzar acuerdos para formar gobiernos alternativos a las izquierdas” y esos acuerdos “exigen que los tres partidos encuentren un espacio común”, dijo tras su reunión con García Egea.

Tras estas palabras y en vista de que va a ser muy difícil convencer a Ciudadanos de lo contrario, una alternativa a la entrada de Vox en los gobiernos podría ser un puesto en la mesa de los parlamentos autonómicos donde sean decisivos, idea que cobra fuerza y que podría beneficiar a la líder de la formación de ultraderecha en Madrid y mujer de Espinosa de los Monteros, Rocío Monasterio.

El peligro aquí es que Ciudadanos vuelva a incurrir en contradicciones con el último de sus compromisos, los criterios ratificados por la Ejecutiva hace tan sólo unos días, y sobre todo suponga un problema en la relación con sus socios liberales europeos, por la que vela su responsable de Economía y Empleo y recién elegido eurodiputado, Luis Garicano.


El experimentado

Creado un día después de las elecciones europeas, autonómicas y municipales del 26-M, el Comité Nacional de Negociación de Gobiernos de Ciudadanos está coordinado por José María Espejo, secretario de Acción Institucional del partido y una de las personas de la máxima confianza de Rivera. Presente en las primeras reuniones autonómicas resueltas casi todas esta misma semana, en la de Castilla y León lo dejó claro: “Si nos hemos sentado [con el PP] es porque ya hay un acuerdo de que vamos a intentar hacer un Gobierno” en la región.

Villegas Ciudadanos
El número dos de Rivera sólo reconoce a García Egea y a Ábalos como interlocutores. / EUROPA PRESS

Del comité forman también parte los tres grandes clásicos de este joven partido. Juan Manuel Villegas, el secretario general presente en las grandes ocasiones de la formación naranja –estuvo en la negociación del pacto de investidura frustrado de Pedro Sánchez en 2016, en la del pacto de investidura de Mariano Rajoy de aquel mismo año y en la de Juan Manuel Moreno en Andalucía–, Fran Hervías, secretario de Organización, y Fernando de Páramo, secretario de Comunicación.

Aunque no ha negado que “lo normal” para Ciudadanos es pactar con el PP, Villegas ha hecho valer su amplia capacidad de maniobra para poner condiciones. El número dos de Rivera ha avanzado que sólo mantendrá “conversaciones formales” con Teodoro García Egea y José Luis Ábalos (PSOE) para promover programas “centrados, liberales y moderados” y “alejados de extremos”. De no alcanzarlos, el secretario general del partido naranja plantea rescatar una fórmula que funcionó hace cuatro años y que ya habían dado por descartada, pero que les permitiría mantenerse en los márgenes de la derecha para seguir librando su particular batalla con el PP sin verse involucrados en un acuerdo con Vox.

“Vamos a intentar estar dentro, pero eso no quiere decir que no podamos apoyar un gobierno desde fuera”, ha explicado Villegas. Dentro, allí donde se pueda repetir la fórmula andaluza. Fuera, si no consiguen que sea Abascal el que quede al margen de los ejecutivos. Y en la presidencia, si saben jugar bien sus cartas. Porque, aunque dice que no van a entrar en una política de mercadeo, “sería muy mal negociador” si esta vez no consiguen tocar poder.

Porque de eso se trata. De la habilidad de cada uno de los negociadores para sacar el máximo provecho político a un escenario tan abierto que planta multitud de combinaciones. Lo que consigan estos próximos días determinará el futuro de sus partidos y sus líderes para los próximos cuatro años. De las alianzas de hoy dependerá la batalla del mañana en la derecha.

EcheniqueDeja de ser secretario de Organización tras el fiasco del 26-M para situarse al frente de la Secretaría de Acción de Gobierno e Institucional. / EUROPA PRESS

Echenique, el negociador imprevisto

Ahora le toca el turno a la derecha. Porque tiene capacidad de maniobra y porque, como dicen en el PSOE, hasta que no se resuelva la constitución de Ayuntamientos y Comunidades Autónomas los socialistas no van a mover ficha para negociar la investidura de Pedro Sánchez, no vaya  ser que interfieran en el tablero del 26-M y dejen escapar alguna oportunidad con Ciudadanos.

En Podemos no están nada conformes con la jugada y mantienen su exigencia de un Gobierno de coalición del que Ferraz no quiere oír ni hablar. Para relajar la postura del PSOE, Pablo Iglesias contará con Pablo Echenique, secretario de Organización hasta que hace unos días fue cesado en sus responsabilidades tras el fracaso en las municipales, autonómicas y europeas. La dirección del partido morado no reconoce la purga ni le reprocha responsabilidad alguna en sus problemas con los territorios. Pero le sustituye Alberto Rodríguez, de perfil más dialogante y más próximo a Irene Montero.

Dicen en cambio en Podemos que Echenique es un activo y, por eso, Pablo Iglesias le ha colocado al frente del equipo negociador de los pactos, tarea de la que se ocupará como secretario de Acción de Gobierno e Institucional desde una comisión que habrá de gestionar los posibles acuerdos de gobierno. Acuerdos que, a nivel autonómico y municipal, apenas arroja grandes cambios salvo La Rioja, donde el PSOE necesita los escaños de Podemos o de Ciudadanos para poner fin a 24 años de Gobierno del PP. Para hablar del Consejo de Ministros, aún tendrá que esperar.