Tiempos de hoy

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 Nº 1298. 14 de junio de 2019

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Política / Virginia Miranda

Sánchez calma a Iglesias mientras persigue los votos para su geometría variable

¿Cooperamos?

Pedro Sánchez quiere gobernar pero, para que le den los números, tiene que encontrar la fórmula de encajar las piezas en el enrevesado puzle político en que ha quedado constituido el Congreso. Su reunión con Pablo Iglesias ha conseguido rebajar el tono, pero Podemos mantiene sobre la mesa su exigencia de entrar en el Gobierno y eso eliminaría a Coalición Canaria y a UPN de la ecuación que, de tener que replantearse, pasaría por las abstenciones del independentismo catalán o vasco. Con un escenario más abierto que nunca, el PSOE se afana en buscar la geometría variable que le permita cuatro años de estabilidad, toda una proeza en un escenario donde la fragmentación descarta el uso de las ciencias exactas.

Sánchez e Iglesias
Sánchez e Iglesias buscan la fórmula que facilite una investidura progresista sin renunciar cada uno de ellos a sus intereses de partido. / PSOE

Las líneas rojas de Coalición Canaria plantea
la necesidad de que una abstención entre el independentismo propicie la investidura de Sánchez
Transcurrido más de un mes desde su último encuentro, los líderes de PSOE y Podemos
han trasladado su voluntad de cooperar
sin renunciar a sus planes

Nada más conocer el resultado de las elecciones generales, con 123 escaños en la mano y a falta de 53 para la mayoría absoluta, el PSOE anunció que su “vocación” es mantenerse en el poder haciendo uso de la geometría variable. Esto es, alcanzando pactos de investidura distintos y complementarios con varias fuerzas políticas para garantizarse una legislatura estable de cuatro años.

Pero una cosa es la vocación y otra la disposición. La disposición del resto de fuerzas políticas a hacer presidente del Gobierno a Pedro Sánchez con la concurrencia de otros partidos ideológica y estratégicamente discordantes que, puestas ya las cartas encima de la mesa, aparece sepultada por una montaña de objeciones.  

En un escenario ideal, al PSOE le saldrían las cuentas si contase con los 42 votos de Unidas Podemos y con el apoyo o la abstención de nacionalistas y regionalistas, sumados los seis del PNV, el que aportan Compromís y el Partido Regionalista de Cantabria (PRC) y los dos de Coalición Canaria (CC) o de Unión del Pueblo Navarro (UPN).

Pero en una ecuación múltiple como ésta la suma de factores no da el resultado esperado. CC había manifestado su reticencia inicial a permitir la investidura de Sánchez si Unidas Podemos entraba en el Ejecutivo pero, tras la toma de contacto que los socialistas han tenido esta semana con todas las fuerzas políticas representadas en el Congreso –todas menos Vox y Bildu–, Ana Oramas ha añadido una línea roja más: no sólo condiciona sus dos votos a que no haya coalición con Podemos, tampoco aceptaría un acuerdo programático o de cooperación con la formación morada.

Oramas
Ana Oramas justifica su no a Sánchez por la concurrencia, del cualquier tipo que sea, de Unidas Podemos. / EUROPA PRESS

Por ésta y otras razones, el PSOE viene insistiendo en un Gobierno en solitario desde la campaña electoral. Los resultados del 28-A reafirmaron su propósito y con los del 26-M se sintieron cargados de razones para sostener el mismo discurso frente a Pablo Iglesias, mucho más exigente de lo que lo fue hace un año con motivo de la moción de censura contra Mariano Rajoy.

De la coalición a la cooperación
A pesar de que los socialistas crecieron en votos y en escaños en las últimas citas electorales en detrimento de Unidas Podemos, la coalición sigue reclamando sus asientos en el Consejo de Ministros y Ministras entrando apenas en matizaciones semánticas que, más que un cambio de discurso, representan una voluntad de superar una situación de bloqueo. Bloqueo que, el peor de los casos, abocaría a una repetición de elecciones que en nada beneficiaría a Iglesias conocida la experiencia de 2016.

El “Gobierno de cooperación” del que habló Iglesias tras su reunión de algo más de una hora con Sánchez resultó satisfactorio para ambas partes. Porque el secretario general de Podemos se avino a emplear un término con el que Ferraz y el propio candidato a la investidura se sienten más cómodos y porque, tras más de un mes sin verse ni haber hablado desde los comicios del 26-M, la desconfianza que había surgido en este tiempo se disipó cuando el líder de la formación morada comprobó que el programa socialista tiene “puntos de partida interesantes”.

Además, no reconoce diferencias entre un Gobierno de cooperación y un Gobierno de coalición. “Esto es lo que para nosotros significa hacer un Gobierno de cooperación y plural que encare el mandato de la ciudadanía”, dijo tras conocerse el acuerdo del PSPV-PSOE, Compromís y Unides Podem en la Comunidad Valenciana.

Todo está abierto
Mientras el PSOE intenta asegurarse el apoyo de Iglesias a la investidura de Sánchez sin muchas más contrapartidas que las programáticas –su número tres, José Luis Ábalos, ha dicho que “no descarto nada”– y Unidas Podemos trata de asegurarse una representación en las carteras sociales, Ferraz busca alternativas a una opción, en cualquier caso, insuficiente.

Tras el órdago de Pedro Sánchez, que el lunes instaba la abstención de PP y Ciudadanos después de la Ejecutiva del PSOE y antes de sus encuentros con Pablo Casado y Albert Rivera, el secretario de Organización socialista recordaba dos días después que aún queda otra opción por explorar que ya funcionó en la moción de censura: la abstención, sin contrapartidas, llegada desde las filas independentistas.

A pesar de que los portavoces de Ferraz y Moncloa han insistido desde la campaña en descartar que la gobernabilidad del país descanse sobre partidos secesionistas , a pesar incluso de que él mismo ha valorado la posibilidad de buscar algún tipo de acuerdo con Ciudadanos, Ábalos ha abierto el abanico de la investidura señalando en rueda de prensa que “vamos a conseguir o pretendemos conseguirlo como establece la Constitución y de acuerdo a las reglas, en la primera votación con mayoría absoluta y, si no fuera posible, en la segunda votación consiguiendo mas síes que noes, incluidos los 350 diputados que nos merecen la misma consideración y cuentan exactamente lo mismo”.

Los minoritarios de la mayoría
Pedro Sánchez no cuenta con el apoyo del PNV “de momento”. Los nacionalistas vascos son conservadores pero también muy prácticos y, siempre que hayan sacado provecho de su pactos con el PP o el PSOE, han colaborado en la gobernabilidad de España.

Tras su reunión con Ábalos, el portavoz parlamentario del partido jeltzale, Aitor Esteban, fue prudente. Ni planteó vetos a Podemos ni se lo puso fácil a los socialistas, a los que emplaza a mantener nuevas conversaciones “en profundidad”. Pero su apoyo a la investidura arroja pocas dudas. Íñigo Urkullu gobierna Euskadi gracias al PSE y, tras el 26-M, su alianza se ha reeditado en diputaciones y Ayuntamientos.

El veterano diputado de Compromís y el recién llegado representante del PRC sumarán dos votos favorables a Sánchez sin complicaciones. Quien más fácil lo ha puesto ha sido regionalista José María Mazón, que ya ha firmado un acuerdo de colaboración mutua con el secretario de Organización del PSOE para facilitar la investidura del candidato socialista en Madrid y la de Miguel Ángel Revilla en Cantabria. Joan Baldoví, convencido de que habrá Gobierno antes de agosto tras el primer o el segundo debate de investidura, se ha manifestado a favor de repetir la fórmula valenciana que, en este caso, pasaría por un Ejecutivo con “gente de otros partidos sin aspavientos”.

En busca de la abstención
PSOE, Unidas Podemos, PNV, Compromís y PRC sumarían 173 diputados. Sin la mayoría absoluta que requeriría una primera votación y tal y como recordaba Ábalos, en la segunda se precisarían más síes que noes. Anunciado ya el rechazo de los 66 del PP, los 57 de Ciudadanos, los 24 de Vox y siendo previsible el de las dos diputadas de Coalición Canaria, queda por saber qué harán el resto, teniendo en cuenta que JxCat, que no dará “más cheques en blanco” a Sánchez y ya ha dicho que votará en contra de su investidura, tiene a tres diputados presos que no renuncian a su acta mejorando la aritmética del candidato, quien precisaría de dos abstenciones para repetir como presidente del Gobierno.

Rugfián y Adriana Lastra
Tras su reunión con Adriana Lastra, Gabriel Rufián ha señalado una posible abstención, pero no un cheque en blanco al PSOE. / EUROPA PRESS

UPN ha condicionado sus dos votos en esta primera ronda de contactos a que los socialistas navarros dejen gobernar en la Comunidad Foral y en el Ayuntamiento de Pamplona a la coalición Navarra Suma que forma con PP y Ciudadanos. Sin embargo, de momento no parece que vaya a ver cumplidas estas dos exigencias. Aunque las disputas en la capital entre socialistas y abertzales complicaban al cierre de esta edición la consecución de un Gobierno municipal que no fuera el del tripartido de derechas (UPN, PP y Cs), la vicesecretaria general del PSOE, Adriana Lastra, declaraba en rueda de prensa que su candidata en Comunidad, María Chivite, “tiene toda la legitimidad para presentarse a la investidura”, para la que requeriría de la abstención de EH Bildu.


De Navarra a Cataluña
De lo que pase en la Comunidad Foral dependerá lo que ocurra en el Congreso; si Navarra Suma se hace finalmente con el poder en la Comunidad y el Ayuntamiento, las dos abstenciones de UPN harían presidente a Sánchez. Si no, el acuerdo con EH Bildu a nivel autonómico abriría una puerta a su abstención en Madrid siempre y cuando el PSOE acepte reunirse con ellos, dice su diputado, Oskar Matute, que en una reciente entrevista en TVE ha recordando que ya se abstuvieron en la votación que hace algo más de un año permitió desalojar al PP del Gobierno.

Sin UPN y sin EH Bildu, a Sánchez sólo le queda la opción de ERC. Tras la reunión de Gabriel Rufián con Adriana Lastra, el partido independentista parece haber regresado a posiciones más pragmáticas. “No hemos venido a bloquear nada”, decía el portavoz de Esquerra en rueda de prensa tras su encuentro con la número dos del PSOE. Pero al encuentro llegó con condiciones, como una mesa de diálogo “que aglutinen todas las sensibilidades políticas que hay en Cataluña”, y con advertencias. “Hay que ver si Ada Colau es alcaldesa con los votos de un señor que deportó a miles de personas”, dijo en alusión a Manuel Valls y recordando que su candidato, Ernest Maragall, fue el más votado el 26-M y propuso a la líder de Barcelona en Comú gobernar juntos.
 
Pedro Sánchez tiene tantas opciones de gobernar como de repetir elecciones. Pero esta última es una posibilidad que no quiere nadie y habrá acuerdo. Por eso en Ferraz están siendo tan cautelosos. Para que dar por hecha la investidura no les impida alcanzar la mejor legislatura a la que puedan aspirar. 

Andalucía
Antes de que se hayan constituido Ayuntamientos y gobiernos autonómicos, el partido de Abascal ha logrado su primera foto con la formación naranja en Andalucía. / EUROPA PRESS

Ciudadanos ya no es inmune a Vox

No ha podido ser. Desde que Vox entrara en las instituciones con doce escaños en el Parlamento andaluz, Ciudadanos ha intentado nadar y guardar la ropa sin cierto éxito desde un punto de vista estrictamente formal: PP y Cs sacaron al PSOE de la Junta de Andalucía gracias a los votos del partido de Santiago Abascal sin que hubiese una foto que certificase el acuerdo. Es más, los populares tuvieron que hacer sendos pactos con unos y con otros para que los portavoces del partido naranja pudieran decir desde entonces, sin mentir en puridad, que ellos no tenían nada que ver con “los populistas de derecha”.

Las medidas profilácticas que había adoptado Albert Rivera tenían sin embargo fecha de caducidad. Estos últimos días, a pesar de las reuniones secretas y de los gestos y expresiones de disgusto vistos y oídos a los dirigentes de Ciudadanos por los anuncios del reparto de poderes que, ahora sí, está logrando Vox en las instituciones, el partido que llegó para regenerar la política desde la práctica de un “liberalismo progresista” ha plasmado su primera firma con la ultraderecha.

Abascal ha sabido torcerle la mano a Cs con los presupuestos andaluces, que amenazó con rechazar como medida de presión añadida a las negociaciones que se estaban siguiendo en cada una de las circunscripciones que concurrieron a las elecciones del 26-M. Y no sólo ha logrado en parte su objetivo. También ha marcado su impronta ideológica en las cuentas autonómicas detrayendo dinero de la partida destinada a la inserción de personas inmigrantes para edificios judiciales, imponiendo un teléfono de atención a las “víctimas de la violencia intrafamiliar” donde podrían acudir “hijos de madres alcohólicas”, reduciendo las subvenciones a asociaciones memorialistas o destinando fondos a la puesta en valor del descubrimiento de América y otras gestas.

Así, un documento de 34 medidas encabezadas por los logotipos de Ciudadanos, PP y Vox lleva ya la rúbrica del consejero de Hacienda, el popular Juan Bravo, del de Economía, el independiente nombrado por Cs Rogelio Velasco, y de los diputados de Vox Francisco Serrano, Alejandro Hernández y Manuel Gavira. Una firma que pone fin a la ‘inocencia’ de Albert Rivera.