Artículo de Opinión de josé Luis Centella Tiempos de hoy

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 Nº 1301. 5 de julio de 2019

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José Luis Centella
Tribuna / José Luis Centella

El especial significado del Orgullo de este año

Bandera del Orgullo GayEUROPA PRESS

Hay que desterrar la discriminación por orientación sexual o identidad de género de todos los espacios, hay que garantizar que la igualdad sea un hecho y que no haya espacio en nuestra sociedad al odio hacia el colectivo LGTBI

Un año más hemos asistido a los actos en toda España del Orgullo LGTBI. Pero cuando pensábamos que se había normalizado esta celebración y que su carácter reivindicativo se matizaba, la derecha y la ultraderecha nos han demostrado que perdieron sus complejos para aflorar un machismo y una homofobia digna de los mejores tiempos de la Ley de Vagos y Maleantes. El franquismo que trataba a la homosexualidad como un comportamiento antisocial sigue muy vigente para algunos, lo que lleva a tener que reivindicar de nuevo cuestiones que creíamos superadas.

Reafirmar el compromiso con la lucha para conseguir la igualdad real entre todas las personas, independientemente de su orientación sexual o identidad de género, sigue siendo prioritario. Esto no es nuevo para la izquierda, que siempre ha estado a la vanguardia en la defensa de los derechos del colectivo LGTBI en nuestro país, luchando para acabar con la doble discriminación que supone que lesbianas, gays, transexuales, bisexuales e intersexuales sean especialmente rechazados a diario. La derecha, mientras, pone en el camino todas las piedras posibles.

Esas múltiples discriminaciones cotidianas no se dan sólo en la calle, siguen muy presentes en el trabajo, en la familia, en la escuela. La igualdad formal que se ha arrancado ni cayó del cielo ni es suficiente, por eso hay que reaccionar ante cualquier intento de retroceso social y ante los recortes en las políticas de igualdad que se mantienen con la crisis.
Debemos estar muy vigilantes ante el anteproyecto de Ley de Igualdad de Trato que prepara el Gobierno aún en funciones para que sea realmente una ‘ley integral’ contra la discriminación por orientación sexual e identidad de género, valiente, garantista y con una memoria económica digna. En definitiva, que permita crear espacios de socialización, visibilidad y participación al margen del consumo.

Podrán ilusionarnos con algunas conquistas sobre derechos civiles, pero para alcanzar la igualdad real es necesaria una verdadera democratización de la sociedad para conseguir el fin de la exclusión que históricamente ha padecido y padece mucha gente.

La entrada de la ultraderecha en las instituciones y la difusión de discursos abiertamente situados en la ‘LGTBIfobia’ suponen un peligro para todos esos avances legales conquistados. No hablamos en sentido figurado, las propuestas de Vox en el Parlamento valenciano o las actuaciones del Gobierno de la Junta de Andalucía son el espejo donde se mira la derecha española.

Además, los avances normativos no pueden quedarse en los boletines oficiales: hay que desterrar la discriminación por orientación sexual o identidad de género de todos los espacios, hay que garantizar que la igualdad sea un hecho y que no haya espacio en nuestra sociedad al odio hacia el colectivo LGTBI.

Por todo ello, este año tuvo un valor especial reafirmar el compromiso con un Orgullo que no puede perder su carácter crítico y de protesta, que no debe dejarse cautivar por los derechos sociales ya conquistados ni por el patriarcado que todo lo reduce al hombre-blanco-homosexual.

En el 50 aniversario de los disturbios de Stonewell y cuando en nuestro país acechan los discursos ultras es necesario llamar especialmente a recuperar el espíritu de lucha del colectivo LGTBI. No es sólo por una cuestión de reconocimiento histórico a aquellas mujeres ‘trans’ que se rebelaron contra la represión policial en el Nueva York de 1969, sino porque la movilización crítica con el sistema es el único camino para conseguir una sociedad con derechos reales y plena libertad.

Firma

Coordinador de la Asamblea Político y Social de Izquierda Unida y presidente del Partido Comunista de España (PCE), partido del que ha sido secretario general entre 2009 y 2018. Maestro de profesión, fue concejal en el Ayuntamiento de la localidad malagueña de Benalmádena, provincia donde inició su actividad política y por la que fue elegido diputado al Congreso en 1993, 1996 y 2000. En la X Legislatura (2011-2015) volvió a la Cámara Baja como diputado por Sevilla, ocupando la portavocía del Grupo Parlamentario de IU, ICV-EUiA, CHA-La Izquierda Plural.

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