Referencia Tiempos de hoy

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 Nº 1302. 12 de julio de 2019

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Los Dossieres / E. S.

Informe WWF: Qué hacer para frenar los incendios en el sur de Europa

¿Por qué arde el Mediterráneo?


Los países de la cuenca mediterránea afrontan una emergencia creciente con unos incendios forestales que provocan importantes daños personales, ambientales y económicos. Ante esta perspectiva, WWF ha publicado el documento ‘Arde el Mediterráneo’, en el que la ONG ambientalista repasa las causas de esta situación y sus posibles soluciones, que pasan, principalmente, por “hacer el territorio menos inflamable y más resiliente al cambio climático”. 'El Siglo' ofrece un extracto de sus principales contenidos.

Que hacer para frenar los incendiosEUROPA PRESS

Los medios de extinción son cada vez más potentes y eficaces, pero se registran incendios cada vez más peligrosos en el sur de Europa

Los incendios forestales constituyen una grave y creciente amenaza para Europa, especialmente para los países del arco mediterráneo. En Portugal, España, Francia, Italia, Grecia y Turquía arde al año más del 80% de la superficie total quemada en el continente. Los bosques ocupan 76 millones de hectáreas en el arco norte del Mediterráneo, lo que supone más del 45% de la superficie de la región. En algunos países como Francia, España, Grecia o Portugal, los bosques ocupan al menos el 50% de la superficie.

A pesar de que desde la década de los ochenta hay una tendencia en general decreciente en el número de incendios y superficie quemada, en los últimos años, aún con los avanzados dispositivos de extinción, se ha incrementado el riesgo de sufrir oleadas de superincendios con un comportamiento explosivo. En junio de 2017 se produjo en Portugal, por primera vez en nuestras latitudes, una nueva tipología de incendio desconocida hasta la fecha para la comunidad científica: un megaincendio de sexta generación, claramente vinculado al cambio climático. Extremo, incontrolable y letal. Un tipo de incendio que volvió a repetirse en octubre de ese mismo año en Portugal y España y un año más tarde en Grecia. El cambio climático está acelerando e intensificando los regímenes de los grandes incendios más rápidamente de lo esperado: hemos pasado de no tener este tipo de fuegos a tener los tres incendios más grandes de Europa en apenas dos años y en la misma región.

El fuego ha sido siempre un elemento natural y principal modelador del paisaje mediterráneo, pero en los últimos años se ha convertido en un grave riesgo para el medio rural, los bosques y las personas. ¿Cómo es posible? Los medios de extinción son cada vez más potentes y eficaces, pero se registran incendios cada vez más peligrosos en el sur de Europa. La respuesta está en la inflamabilidad del paisaje debido a un proceso paralelo de homogeneización de los sistemas forestales y al aumento de sus usos “urbanos”: por un lado, el abandono del medio rural y los usos tradicionales de los bosques han incrementado la superficie de masas jóvenes y arbustivas y, por otro, la “urbanización” y usos recreativos del monte se han traducido en un mayor riesgo de ignición, severidad y gravedad civil. Esto, combinado con la arraigada cultura del fuego y los efectos acumulativos del calentamiento global han creado las condiciones perfectas para que se produzcan auténticas tormentas de fuego. Entre 2009 y 2018 se registraron en el arco norte del Mediterráneo una media anual de más de 56 000 siniestros, en los que ardieron más de 375 000 hectáreas, aproximadamente el 0,6% de la superficie forestal total de la región. Desde el año 2000 han sucedido episodios especialmente críticos para algún país del sur de Europa.

Evolución del número de incendios por década y país
Evolución del
número de incendios
por década y país


Lo preocupante es que este fenómeno no afecta únicamente al sur de Europa: los incendios de julio de 2018 demostraron que el norte y centro de Europa también están en alerta ante los nuevos incendios del cambio climático. Los veranos inusualmente secos en estas regiones han llevado recientemente grandes incendios a países como Suecia, Alemania, Polonia y Reino Unido, históricamente nada acostumbrados a los incendios forestales. El Sistema Europeo de Información sobre Incendios Forestales (EFFIS) registró hasta mediados de mayo de 2019 once veces más siniestros de los habituales para esta época del año, con el resultado de un 40% de superficie quemada mayor que durante todo 2018. Urge asumir que tenemos un problema: debemos aprender a convivir con los incendios y estar mejor preparados para aquellos que están alcanzando un tamaño y severidad extrema. Un problema que requiere soluciones transfronterizas, compartidas y adaptadas.


El Mediterráneo en cifras

La creciente concienciación ciudadana, el progresivo abandono del medio rural y la mayor persecución del delito han logrado reducir el número de incendios en todos los países mediterráneos. De media para la región, entre 2010 y 2017 ha disminuido en un 22% el número de siniestros respecto a la década 1990-1999. Sin embargo, los más de 56.000 siniestros3 que de media se producen al año siguen siendo una cifra desorbitada. Teniendo en cuenta que entre el 90 y el 99% de los incendios en el Mediterráneo responde a causas humanas, los gobiernos deben aspirar a una reducción más contundente. Para ello urge incrementar los esfuerzos por conocer las causas y las motivaciones que hay detrás de quien prende, ya sea de forma negligente o intencionada.

La superficie total afectada por el fuego también ha disminuido en los últimos años en casi todos los países mediterráneos debido al incremento generalizado de la eficacia de los dispositivos de extinción y a la reducción del número total de siniestros. Salvo en Portugal, donde el área ardida no ha parado de crecer en los últimos años. De media para toda la región, entre 2010 y 2017 la superficie afectada ha disminuido en un 22% respecto a la década 1990-1999. Sin embargo el impacto continúa siendo elevado: de media se queman más de 375.000 hectáreas.
A pesar de la tendencia general decreciente en el número de incendios y superficie quemada desde la década de los ochenta, se mantiene la peligrosa tendencia de los grandes incendios (GIF), aquellos en los que arden más de 500 hectáreas. Entre 2009 y 2018 apenas supusieron el 0,15% del total de siniestros4, pero dejaron la huella más dramática de los incendios, pues en ellos arde el 35% de la superficie total afectada.

Evolución de la superficie total afectada (ha) por década y país
Evolución del
número de incendios
por década y país

En Portugal no existen datos de incendios en los que se queman más de 500 hectáreas. En este país, se consideran como GIF los incendios a partir de 100 hectáreas. Entre 2009 y 2018 los incendios mayores a 100 hectáreas supusieron en Portugal el 0,66% del total de siniestros y en ellos se quemó el 68% de la superficie. Además, ha aparecido una nueva generación de incendios en la Europa mediterránea. Se trata de superincendios que generan auténticas tormentas de fuego debido al colapso de la columna convectiva. Este fenómeno genera que las llamas avancen a velocidades superiores a las 4.000 hectáreas por hora (ha/h)6. Por ejemplo, los incendios de Chile en enero de 2017 avanzaron a 8.000 ha/h y los de Portugal en octubre de 2017 llegaron a recorrer 14.000 ha/h7. Este tipo de incendio ocurre en una proporción muy baja, pero suponen daños catastróficos para el paisaje, la economía de un país y la vida de sus ciudadanos.

En los dos últimos años Portugal, España y Grecia han sufrido graves superincendios que han dejado en total 225 víctimas mortales, cientos de heridos, miles de evacuados e incuantificables daños materiales y ambientales. Los incendios han dejado de ser un problema forestal o rural para convertirse en emergencias civiles. Estos superincendios son imposibles de apagar. La prevención y el manejo del fuego son las únicas herramientas efectivas.


Incendio forestal
EUROPA PRESS

Incendios por países: mismo patrón, pero no mismo riesgo
Los incendios en el arco mediterráneo comparten un mismo patrón. Sin embargo, no todos los países están sometidos al mismo riesgo. Portugal es, de lejos, el país mediterráneo más castigado por los incendios forestales: en los últimos 30 años es el que más siniestros ha afrontado y en el que más hectáreas se han quemado. En Portugal se producen el 40% del total de siniestros de la región y se quema el 37% de la superficie afectada al año. De media, al año, se quema más del 3% de su superficie forestal. El análisis de la siniestralidad, entendida como el número de incendios por hectárea de superficie forestal, indica que tras Portugal, los países en los que más incendios se producen son Grecia, Italia y España.

En cuanto al porcentaje de superficie forestal quemada cada año, también tras Portugal, repetirían Grecia, con el 0,77%, Italia con el 0,66% y España, con el 0,35%. Los países menos afectados, tanto por número de incendios como por superficie quemada, son Francia y Turquía. Precisamente Francia y Turquía presentan ciertas particularidades respecto al resto de países del norte del Mediterráneo que justifican su menor riesgo a los incendios. En Francia, el proceso de abandono rural ocurrió unas décadas antes que en el resto de países, lo que supone que sus bosques comienzan a envejecer y a ser más resilientes al paso de las llamas. Además, cuenta con desarrollados y coordinados dispositivos de extinción. Por su parte, Turquía tiene un paisaje menos inflamable, debido a que el abandono rural no ha sido tan exacerbado, manteniendo aún importantes usos tradicionales.

¿Por qué se registran tantos incendios en la región mediterránea? ¿Por qué sufre cada vez con más frecuencia episodios catastróficos de gran intensidad? La respuesta la encontramos en la combinación perfecta de altísima siniestralidad, creciente inflamabilidad del territorio y condiciones meteorológicas favorables para la propagación de las llamas.

Alta siniestralidad: el ser humano en el punto de mira
Los incendios en el Mediterráneo tienen una componente esencialmente humana: de media, en el 96% de los siniestros está detrás la mano del ser humano, ya sea de forma negligente8 o intencionada. Tan solo el 4% de los incendios responden a causas naturales. Como se aprecia en la siguiente tabla, los incendios debidos a rayos se dan en zonas muy localizadas de la región.

Distribución del número de siniestros en los países mediterráneos
Evolución del
número de incendios
por década y país

Un factor relevante es que, a escala mediterránea, la información sobre las causas y motivaciones de los incendios se ve afectada por una notable incertidumbre. Si bien existe una gran variabilidad por país, de media casi el 30% de los siniestros en la región carecen de una causa conocida. En Grecia y Portugal se desconocen las causas de más de la mitad de los siniestros. Si no se sabe por qué arde el monte, difícilmente podrán plantearse soluciones de prevención social que logren reducir el disparatado número de siniestros. Además, destaca el alto porcentaje de negligencias, el 40% de media, debido a una muy arraigada cultura del fuego en el medio rural mediterráneo, porcentaje que asciende al 77% en el caso de Francia.

El fuego constituye una herramienta de manejo cotidiano en el medio rural (regeneración de pastos, quema de rastrojos o quema de escombros) pero también, un elemento común de los usos recreativos (barbacoas, fuegos artificiales, fogatas). Las diferencias culturales en cuanto a la utilización del fuego y la desigual ocurrencia de conflictos sociales hacen que las motivaciones no sigan un mismo patrón de unas áreas a otras, lo que obliga al análisis por áreas geográficas.

Distribución de la superficie quemada en los países mediterráneos
Evolución del
número de incendios
por década y país

En cuanto a la intencionalidad, si bien la media de la región es del 26%, cabe señalar la preocupante situación de España, donde hasta el 55% de los siniestros son intencionados, lo que da idea de la existencia de graves conflictos sociales y económicos que continúan sin ser resueltos desde hace décadas. Conflictos con las administraciones por trabas administrativas, retrasos en el cobro de subvenciones o limitación de usos en espacios protegidos, disputas entre vecinos o con los agentes forestales, conflictos por el lobo o la caza. En España existen multitud de conflictos que se desconocen y que se resuelven prendiendo fuego. Urge minimizar las causas y motivaciones principales de los incendios, lo cual es únicamente posible si se analizan los factores sociales y económicos que llevan a las personas a iniciar incendios, aumentando la conciencia social sobre el peligro, premiando las buenas prácticas y sancionando a los infractores.


Territorio que arde
Los paisajes mediterráneos presentan una elevadísima y creciente inflamabilidad. Una vez que salta la chispa encuentra todas las facilidades para propagarse con gran rapidez. La situación particularmente compleja de la Europa mediterránea se explica a través de cuatro claves: el abandono rural y la despoblación; el abandono agrario; la ausencia de aprovechamientos y gestión forestal; y el caos territorial, con la mezcla de árboles y casas.

El fuerte despoblamiento y envejecimiento, sobre todo de las áreas rurales del interior y de montaña, han forzado el abandono de las actividades agrarias tradicionales. Las nefastas políticas de desarrollo rural para el conjunto de la región han demostrado no ser efectivas para fijar población y generar empleo en el medio rural. A modo de ejemplo, Galicia y el norte y centro de Portugal tienen los peores índices demográficos de la fachada atlántica europea. En Portugal, en uno de los municipios más afectados por los incendios de 2017, Pedrogão Grande, la población se redujo un 20% entre los años 2001 y 2016 y por cada 100 jóvenes hay 284 ancianos. Si bien el abandono rural implica una menor probabilidad de ignición debido a que hay menos personas viviendo cerca de los bosques, el incremento de la inflamabilidad por el abandono de usos tradicionales genera incendios más intensos y peligrosos.

El abandono rural es una realidad en la mayoría de los países de la región, pero su historia y evolución es diferente de un país a otro. Las tendencias de abandono rural comenzaron en Francia, seguidas de España, Italia, Portugal y Grecia. Turquía comenzó a experimentar esta tendencia más recientemente. En este país, las aldeas de tradición forestal aún están pobladas y, a pesar de la disminución en la intensidad de los aprovechamientos, sus habitantes continúan con prácticas agrícolas tradicionales y extraen madera, leñas y otros productos a un ritmo considerable.

Causas de los incendios en el Mediterráneo
Evolución del
número de incendios
por década y país

El abandono continuo de los usos tradicionales de la tierra está cambiando la vegetación drásticamente. El cese del pastoreo y el abandono de cultivos han contribuido a la expansión de las masas forestales y a la pérdida del paisaje en mosaico: las zonas cultivadas y pastoreadas en el pasado hoy están cubiertas por matorrales, bosques jóvenes pioneros o rodales forestales monoespecíficos que, sin una adecuada gestión ni planificación, se han convertido en claro pasto de futuros incendios. En algunas zonas mediterráneas los porcentajes de abandono de la superficie agraria útil rayan el 30%.

La generalizada falta de rentabilidad de los aprovechamientos forestales y la ausencia de un enfoque común de la Política Forestal Europea para la prevención de riesgos y la adaptación al cambio climático ha derivado en una dramática ausencia de gestión forestal que ha conducido a un aumento de la cantidad y continuidad de vegetación seca lista para arder con gran virulencia. En algunos territorios mediterráneos, hoy apenas se extrae el 30% del crecimiento neto anual de las masas forestales. Entre los años cincuenta y setenta se repoblaron, en algunas regiones del norte Mediterráneo, millones de hectáreas con especies de crecimiento rápido, fundamentalmente especies autóctonas de pino, como Pinus pinaster o Pinus halepensis, aunque también se introdujeron especies alóctonas de pino y eucalipto. Aquellas repoblaciones fueron importantes para mejorar la economía de algunas comarcas rurales, fundamentalmente para la explotación de madera y celulosa o para evitar fenómenos erosivos y reducir riesgos de inundación. La pérdida de rentabilidad de la industria forestal llevó al abandono de muchas repoblaciones productoras a partir de los años setenta.

Incendio ForestalEUROPA PRESS

En algunas comarcas de Galicia el abandono de plantaciones de eucalipto se estima en un 40% del total, con los consiguientes peligros que ello supone para los ecosistemas y las poblaciones. Por su parte, las labores de gestión y diversificación de las repoblaciones protectoras, plantadas para evitar procesos de erosión y sin fines productivos, no llegaron nunca a muchas regiones a pesar de que los promotores advirtieron de la necesidad de adoptar medidas selvícolas preventivas. El resultado se materializa hoy con millones de hectáreas monoespecíficas, intensamente alteradas, alejadas de su óptimo natural, con densidades muy altas, en las que impera una ausencia absoluta de planificación y gestión forestal.

El drástico aumento de zonas en las que el terreno forestal entra en contacto con áreas edificadas, la conocida como interfaz urbano-forestal, por un lado ha incrementado el riesgo de ignición y, por otro, ha generado que el fuego corra hoy con la misma facilidad por bosques, plantaciones, cultivos, jardines, casas o urbanizaciones. Los intensos desplazamientos a través de las vías de comunicación y el intenso uso recreativo de los espacios forestales aumentan la probabilidad de incendio debido a negligencias o accidentes. Como tristemente comprobamos en Funchal (Madeira) en 2016, Pedrógão Grande (Portugal) en 2017 y Mati (Grecia) en 2018 este nuevo escenario ha transformado lo que era un problema rural o ambiental en verdaderas emergencias de protección civil. Los incendios en las zonas de interfaz son los más peligrosos y suponen un problema creciente con graves consecuencias sociales y económicas.
El fuego compromete la seguridad de las personas, viviendas, infraestructuras y de los propios servicios de extinción. En el Mediterráneo existen dos situaciones de interfaz. Por un lado, pueblos o casas aisladas en el ámbito rural del interior. El cese del pastoreo, la extracción de leñas o el cultivo de pequeñas huertas han borrado el ancestral paisaje en mosaico que protegía los pueblos en caso de incendio. Hoy, en muchas aldeas, las copas de los árboles llegan a entrar en contacto con los tejados de las viviendas. Por otro, el caótico proceso de urbanización en las franjas costeras y en áreas periurbanas de las grandes ciudades ha supuesto la invasión del monte por viviendas. Todo el litoral es potencialmente muy peligroso: desde Pontevedra a Niza, así como las zonas costeras de Italia, Grecia y Turquía y las islas Baleares, Canarias, Córcega, Sicilia o Cerdeña. La costa está salpicada de miles de hoteles y urbanizaciones que, con carácter general, carecen de planes de prevención o autoprotección. Junto a estas cuatro claves, otro factor que cobra cada vez más relevancia es la simultaneidad de los eventos de incendio. Cuando el número de incendios se dispara, se requiere una cantidad exhaustiva de recursos, los dispositivos de extinción no dan abasto y con frecuencia causan el colapso de los servicios de emergencia. En muchas regiones del sur de Europa se producen frecuentemente 100 fuegos diarios, con picos registrados de hasta 400 en un solo día.

Incendio Forestal
EUROPA PRESS

Los incendios que vienen: superincendios y cambio climático
El Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático (IPCC) advierte de que los ecosistemas mediterráneos se encuentran entre los más vulnerables del mundo. El aumento esperado de temperatura durante este siglo hará que, con toda seguridad, los episodios climáticos extremos en la región vayan a peor: sequías más acusadas y olas de calor más largas e intensas, que se traducirán en vegetación más seca lista para arder. Con toda seguridad, las campañas veraniegas de incendios van a intensificarse y expandirse, la cuestión es conocer cuánto exactamente y qué medidas debemos impulsar.

Un reciente estudio científico liderado por investigadores de la Universidad de Barcelona, publicado a finales de 2018, sugiere que incluso si se cumple el Acuerdo Climático de París y el incremento de la temperatura se mantiene por debajo de 1,5 ºC, la superficie quemada en el Mediterráneo será un 40% más de la actual. Con el peor escenario climático, que augura un incremento de temperatura de 3ºC, la superficie quemada al año se duplicaría. Sin embargo, el calentamiento global está ya actuando en el Mediterráneo y la región ahora es más cálida y seca. Los efectos que ya se están observando como consecuencia del calentamiento global pueden resumirse en tres: la alteración en el régimen de incendios; las temporadas de riesgo más largas y menos estacionales; y unas zonas de riesgo ampliadas.
La forma en la que arde el territorio y se propagan las llamas se ha intensificado. La combinación de olas de calor de larga duración, sequías acumuladas, baja humedad del aire y vientos muy fuertes, unida a una vegetación muy seca y bosques decaídos, es el cóctel perfecto para incendios mucho más rápidos y de una virulencia nunca antes vista. En los graves incendios de 2017 en la península ibérica, las llamas superaron los 6 km/h, lo que supone una velocidad de tres a nueve veces por encima de la capacidad de extinción. Las predicciones del cambio climático confirman la tendencia de que su frecuencia e intensidad irán a más en el futuro.

El cambio climático ha alterado la distribución de los incendios a lo largo del año. La temporada de alto riesgo de incendio ya no se ciñe exclusivamente a julio y agosto. Los veranos duran una media de cinco semanas más que hace cuarenta años. En 2017 los meses más críticos de episodios extremos fueron junio y octubre, cuando los incendios mortales arrasaron Portugal y el norte de España. Según el Observatorio Nacional de Grecia (proyecto CLIM-RUN), los días de alto riesgo de incendio en Grecia podrían aumentar en 30 días en los próximos 80 años. Hasta la fecha, el período de incendio en Grecia estaba declarado desde el 1 de mayo al 31 de octubre, pero en los últimos años algunas regiones del sur de Grecia (Creta o las islas del mar Egeo) inician el período de riesgo de incendio el 1 de abril y finalizan el 30 de noviembre.


El Sistema Europeo de Información sobre Incendios Forestales (EFFIS) registró hasta mediados de mayo de 2019 más de 1.200 incendios de más de 30 hectáreas, el mismo número que durante toda la campaña de 2018, cuando lo habitual para esta época del año son unos 115 siniestros. Además, hasta la fecha, se ha quemado un 40% más de superficie que durante todo 2018. Francia, Portugal y España son los países mediterráneos más afectados. En Francia se han registrado más de 180 incendios, principalmente en Córcega, muy por encima de los 24 siniestros que de media se producen en todo el año. Lo habitual en Francia para este periodo del año eran dos incendios. En España, el invierno especialmente seco y caluroso en el noroeste, con precipitaciones hasta un 30% por debajo de la media, y los graves conflictos sociales que imperan en el territorio, motivaron numerosas oleadas de incendios en Cantabria, Asturias y Galicia. Entre enero y marzo de este año se han registrado en España un 66% más de incendios, que han devorado un 132% más de superficie quemada.

El pasado verano, por primera vez en la historia, Europa ardía de forma simultánea de norte a sur y de este a oeste. Los impactos del cambio climático han transformado los veranos de las regiones templadas, tradicionalmente suaves y húmedos, en largos períodos cálidos y secos. Las áreas que en la actualidad presentan poca humedad se extenderán más hacia el norte desde el Mediterráneo actual, y el área de alta humedad que rodea a los Alpes y otras formaciones montañosas disminuirá de tamaño. Países como Reino Unido, Irlanda, Alemania, Polonia, Finlandia, Letonia, Suecia, Noruega e incluso el Círculo Polar Ártico se vieron sacudidos por oleadas de incendios absolutamente inusuales para los que no están preparados. Algo que también sucedió en la región de los Balcanes en 2017. A finales de julio de 2018 se registró un 40% más de incendios en la Unión Europea. También durante este último invierno rincones de la geografía europea habitualmente húmedos y fríos, como Reino Unido o el norte de Italia, han sufrido numerosos e inusuales incendios forestales.

Comparativa de las inversiones destinadas a prevención y extinción por país
Evolución del
número de incendios
por década y país


Políticas contra las llamas
Desde hace varias décadas, cada vez con más frecuencia, los incendios extremos están desafiando las capacidades de extinción de los países mediterráneos. Frente a este escenario, ¿están las administraciones impulsando políticas efectivas contra los incendios? ¿Van las inversiones dirigidas a evitar desastres en el futuro?

La lucha contra los incendios en el Mediterráneo supera los dos mil millones de euros cada año. De media, el 80% va destinado a extinción, frente apenas un 20% a prevención. Además del desorbitado desequilibrio, las medidas que se financian como prevención priorizan la construcción o acondicionamiento de caminos y pistas forestales, líneas cortafuegos, puntos de agua o bases para medios aéreos. Medidas que son importantes si están bien planificadas y dimensionadas, pero que claramente son acciones de apoyo a la extinción que no contribuyen a resolver los problemas del monte. En los presupuestos públicos apenas hay cabida para una prevención real y eficaz que vacune contra los incendios. En todos los países de la región, las inversiones para la gestión forestal responsable o para la adaptación del paisaje al cambio climático son testimoniales. Esta tendencia es el resultado de políticas desequilibradas que constituyen un saco sin fondo dirigido a un potente sistema de extinción que compromete el impulso de una verdadera política forestal y territorial. España es el país que más presupuesto invierte en extinción por hectárea y dispone de uno de los mejores sistemas de extinción a nivel mundial, pero las estadísticas reflejan cómo el sistema es víctima de su propio éxito: cada año hay más grandes incendios en proporción al total de siniestros, más grandes y más peligrosos.


En toda la parte norte del Mediterráneo, además de carecer de la dotación financiera suficiente para una prevención activa y real contra incendios, se aprecia una falta de integración de la gestión de incendios en las políticas forestales y territoriales. Las administraciones continúan teniendo sus prioridades invertidas: apuestan por apagar rápido y no por evitar que el incendio se inicie y se propague. El propio Parlamento Europeo dictó una resolución tras los incendios de Grecia en julio de 2018 en la que solicitaba a la Comisión Europea que apoye a los Estados miembros en la prevención de incendios, entendida como gestión forestal y del paisaje.

A escala comunitaria, la Unión Europea no dispone de una política forestal común ni de unas directrices integrales para la conservación de los bosques, su adaptación al cambio climático, la creación de un mosaico sostenible y la prevención de daños por incendio, plagas o enfermedades. Las inversiones en el sector forestal se articulan a través de políticas sectoriales que no siempre son coherentes con la prevención de incendios o la adaptación al cambio climático. Los programas de desarrollo rural de la Política Agraria Común (PAC) son el principal instrumento financiero de los bosques comunitarios.

 

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