Articulo de Opinión de Elena Blasco Tiempos de hoy

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 Nº 1302. 12 de julio de 2019

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Elena Blasco

 

Tribuna / Elena Blasco

La era de la crispación

Celebración del Orgullo Gay en Madrid

Los derechos de las mujeres, el empoderamiento del feminismo como un discurso con potencialidad hegemónica, las políticas contra las violencias machistas, la visibilidad e igualdad legal hacia los colectivos LGTBI+, han provocado una respuesta reaccionaria

Vivimos tiempos de crispación, de eso no cabe la menor duda, tanto es así que en nuestro devenir y charlar diario hemos incorporado términos como “cordones sanitarios”, “líneas rojas”, “pactos de la vergüenza”… Expresiones que reflejan una forma agresiva y poco dialogante de sacar adelante proyectos políticos o sociales y que parecen tapar la incapacidad de quienes les dirigen.

Algunas personas han hecho de ese clima de crispación su hábitat natural y en él se desenvuelven con naturalidad, recurriendo a la provocación, el enfrentamiento y la descalificación como medio de notoriedad y efímera popularidad. Resulta curioso que cuanto menor asentamiento ideológico tiene el razonamiento o la idea a difundir, mayor es la bravata con la que se sale a defenderlo.

En estos días hemos asistido con satisfacción colectiva a la “corrección” de las sentencias de la Audiencia de Navarra y el Tribunal Superior de Justicia navarro por parte del Tribunal Supremo donde, más allá de incrementar las penas de los condenados, se ha modificado la calificación del delito, pasando de ser “abuso sexual” a “agresión sexual “y “violación”, algo que no sólo hace justicia con la víctima, sino que abre un nuevo escenario para las múltiples ‘manadas’, siendo un referente para aquellos que han perpetrado crímenes de esta naturaleza.

La sentencia era necesaria pero pone de manifiesto la necesidad de cambios legales que eviten interpretaciones como el primer pronunciamiento judicial. También de itinerarios formativos específicos en materia de género en el mundo de la Justicia. El triunfo del activismo feminista es haber creado una alarma sobre una sentencia que, no nos engañemos, daba cobertura legal a lugares comunes en el subconsciente colectivo de mucha gente, de muchos hombres ante todo, sobre lo que es consentimiento, lo que es intimidación, sobre las mujeres como objeto. Algunas reacciones de opinadores y tertulianos a la primera sentencia y las manifestaciones del movimiento feminista dan cuenta de lo que queda por avanzar en este terreno.

También hemos asistido a una lamentable polémica el día del Orgullo. Los colectivos LGTBI+, quienes convocaban la manifestación y tienen todo el derecho del mundo a convocarla con las organizaciones políticas y sociales que estimen oportuno, representan a colectivos de personas que han sufrido represión, cárcel, estigmatización, vejaciones… No habrá una persona homosexual, bisexual o transexual que no haya sentido en su vida situaciones de desprecio, ridiculización, señalamiento, violencia o acoso. Hoy se reivindican y se visibilizan en la calle.

Eso es lo único relevante de la manifestación del día del Orgullo, por más que haya quien se empeñe en crear polémica, como presunto caldo de cultivo de voto y apoyos. O quizás para tapar las torpezas de estrategias políticas que te hacen pasar de ser un partido sobre el que pivote toda la dinámica política en España, a un partido instalado en la práctica cotidiana de gamberrismo.

Ese caldo de cultivo sólo se sanará con cultura, corrección y firmeza en nuestras convicciones. Los derechos de las mujeres, el empoderamiento del feminismo como un discurso con potencialidad hegemónica, las políticas contra las violencias machistas, la visibilidad e igualdad legal hacia los colectivos LGTBI+, han provocado una respuesta reaccionaria. A veces desde posiciones abiertamente machistas, homófobas e intransigentes. Otras, confrontando con las organizaciones de mujeres o LGTBI+, desde un supuesto liberalismo que no es más que la expresión de la igualdad para las élites. Porque sin una acción pública correctora de las desigualdades éstas se mantienen y se cronifican.

 “La igualdad es el alma de la libertad; de hecho, no hay libertad sin ella”, dijo Frances Wright, adelantada a su tiempo. Hoy seguimos viendo que quienes más temen la libertad son quienes más atacan a la igualdad. Esta misma semana tenemos un nuevo escenario para hacer justicia, el caso de la ‘Manada de Manresa’.
Un nuevo episodio en este terrible escenario de intimidaciones, abusos, agresiones y violaciones en donde las mujeres no nos quedaremos quietas, ni permitiremos la impunidad de hechos tan terribles. Tenemos claro que, hoy un poco más que ayer, serán juzgados y se hará justicia.

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Colaboradores

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José García
Abad

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Miguel Ángel
Aguilar
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Inmaculada
Sánchez
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Cristina
Narbona

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Belén
Hoyo

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Idoia
Villanueva

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Sergio
del Campo

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Carles
Campuzano

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Cristina
Antoñanzas
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Elena
Blasco
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Miguel Ángel
Paniagua

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Bruno
Estrada

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José Antonio
Pérez Tapias

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José Luis
Centella

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Joan
Navarro
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José M. Benítez
de Lugo
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Carlos
Berzosa

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Graciano
Palomo

,

Julio Rodríguez
López

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Mauro
Armiño

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Pere
Navarro

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Julius
G. Castle

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Carmen
Calvo
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Joan
Tardà

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Ignacio
Aguado

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Julio Rodríguez
Fernández
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Pablo
Bustinduy

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Jesús
Lizcano

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Sergi
Miquel

 

 

 

Firma

Secretaria  Confederal de Mujeres e Igualdad de Comisiones Obreras. Licenciada en Historia y Técnica Superior de Prevención de Riesgos Laborales además de Máster en Gestión Medioambiental y en Energética de la Edificación, ha sido secretaria de Formación, de Derechos Fundamentales y de Salud Laboral de la Federación de Construcción de CC OO y vocal de la Comisión Nacional de Seguridad y Salud en el Trabajo. También es actual responsable de las revistas ‘Centro 8 de Marzo’ y ‘Trabajadora’, en las que colabora asiduamente.

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