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 Nº 1302. 12 de julio de 2019

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Política / M. C.
       
Sánchez invoca a las urnas e Iglesias al Gobierno
                 
No hay manera

El escenario político español regresa a la primavera de 2016, cuando la hostilidad entre Pedro Sánchez y Pablo Iglesias forzó unas nuevas elecciones. Tras los tiras y aflojas de las últimas semanas, Sánchez va a ir a una sesión de investidura que, hoy por hoy, tiene muchas probabilidades de fracasar. El presidente ni quiere depender de los independentistas ni quiere tener a Iglesias en el Consejo de Ministros, y ésas son precisamente las dos condiciones por las que pasa el acuerdo que exige la formación morada. Así las cosas, Moncloa y Ferraz se dividen entre quienes se relamen por unos sondeos esperanzadores y quienes temen el riesgo de volver a las urnas. Mientras, Unidas Podemos parece que es quien tiene más que perder ante el retroceso previsto por las encuestas, quizá agravado por la irrupción del partido de Iñigo Errejón.

Pedro Sánchez y Pablo IglesiasPedro Sánchez quiere retomar los contactos con Pablo Iglesias desde “el punto de arranque”. / EUROPA PRESS


“No parece serio que los dirigentes nos enteremos de que nos van a llamar por teléfono en los medios”. Así respondía Pablo Iglesias el jueves a la intención anunciada pocos minutos antes por Pedro Sánchez. En TVE, el presidente afirmaba que llamaría a Iglesias ese mismo día para reiniciar las conversaciones porque el “método de negociación” ha fallado. Eso sí, nada de un diálogo cara a cara con el líder de Podemos. La intención del presidente es que sean los equipos designados por los partidos los que se hagan cargo de las conversaciones pasa sacar adelante un “gobierno de cooperación”.

En realidad, a pesar de las quejas de Iglesias, las palabras de Sánchez no hacían sino replicar las de Irene Montero el día antes en la Ser, cuando señalaba que “esta misma tarde [por el miércoles] estamos dispuestos a hablar del para qué” de un acuerdo de gobierno “y de los equipos”.  Poco después, Adriana Lastra recogía el guante y afirmaba que “por el PSOE no va a quedar” y que “le toma la palabra”. Lastra se comprometía a llamar a Montero y “si es posible”, cerrar un encuentro. Pero, eso sí, circunscrito a hablar de programa.

Habrá que ver si el electroshock a las negociaciones surte efecto, pero lo cierto es que los pasos que se han dado en los últimos días no invitan al optimismo. Por ejemplo, la intervención de la propia Lastra tras el término del encuentro entre Sánchez e Iglesias ponía un punto de inflexión en las negociaciones. La portavoz socialista en el Congreso había venido utilizando un tono conciliador que se diferenciaba, por ejemplo, del más duro que al que habían recurrido portavoces socialistas como es el caso de Carmen Calvo. Pero Lastra llegaba a la sala de prensa asegurando que “no hay segundas oportunidades”, subrayando que si Sánchez no es investido en julio no habrá otra investidura en septiembre y comenzando a perfilar el relato con el que el presidente concurriría a las urnas: “sentémonos a hablar de políticas y de programa. ¿Pablo Iglesias prefiere hablar de nombres o políticas? Yo creo que eso no va a cambiar”. Y ella misma se respondía, porque aunque la izquierda habría demostrado “que sabe entenderse, puede entenderse y debe entenderse” a Iglesias “solo le importan los nombres del Consejo de Ministros”.
Y es que en estos contactos han primado tanto las estrategias comunicativas que han terminado soslayando la negociación en sí. Unas estrategias en las que han abundado, además, las filtraciones o las supuestas filtraciones para coger a contrapié a la otra parte y ponerla a la defensiva. Desde el PSOE se filtró que Iglesias le había pedido abiertamente a Sánchez ser vicepresidente, algo que se niega desde Podemos y que se califica de “fake news”. Mientras, desde Unidas Podemos algunas voces señalaban que en la primera cita entre Sánchez e Iglesias el presidente se avino a poner en marcha un Ejecutivo de coalición. Sin embargo, ya después de las elecciones municipales y autonómicas, esa opción se habría esfumado de las conversaciones. Un extremo, por supuesto, desmentido desde las filas socialistas.

 

Adriana LastraAdriana Lastra ha afirmado que a Iglesias “sólo le importan los nombres del Consejo de Ministros”. / EP


Salto al vacío
Tras las palabras de Lastra, el barco socialista parece que despliega así sus velas hacia las elecciones, mientras la tripulación se divide. Nadie en el PSOE quiere depender de los independentistas catalanes, que ya han demostrado que son capaces de dejar colgado al Gobierno. Y algunos ven en las encuestas la oportunidad ideal para desembarazarse de ellos. Según los sondeos, el crecimiento socialista en unos hipotéticos comicios le permitiría articular una mayoría en la Cámara al margen de ERC y JxCat. Sin embargo, no faltan a quienes les empiezan a temblar las piernas por el salto al vacío que supone la repetición electoral. Los sondeos son esperanzadores sí, pero aunque señalan una tendencia al alza del PSOE, está por ver que consiga sumar. El regreso a las urnas se haría ya sin el ‘efecto Vox’, con el electorado de izquierdas, siempre crítico, hastiado y más desmovilizado y, por tanto, supondría una nueva oportunidad para las derechas para sumar.

Quizá atendiendo a este temor, el presidente trata de “volver al punto de arranque”, como afirmaba en TVE. Eso sí, de puertas para afuera, de momento, todo es consenso en las filas socialistas. La Ejecutiva del partido respaldaba en bloque a Sánchez el pasado lunes, votando de forma unánime la intención de articular un “gobierno monocolor”. Así reaccionaba el PSOE al anuncio de Iglesias de respetar las posiciones de Sánchez y los socialistas en relación a Cataluña, de asumirlas por escrito, incluso. Pero en el PSOE siguen sin fiarse. Y es que hace nada, en la Mesa del Congreso, los representantes socialistas votaban a favor de suspender a los cuatro diputados independentistas encarcelados, mientras que los de Unidas Podemos votaban en contra.

Y es que Cataluña es el principal argumento –por lo menos en público- de los socialistas par rechazar el gobierno de coalición. Lo volvía a expresar el presidente en la entrevista de TVE el lunes. "Un Gobierno son las políticas sociales pero también las de Estado, ahí hay discrepancias de fondo", explicaba Sánchez, señalando que si los independentistas "mantienen la vía unilateral" y hubiera que aplicar el artículo 155 "¿Podemos va a apoyar al Gobierno?". "Hay cuestiones de cohesión interna que ahora mismo con las diferencias que tenemos no podemos garantizar", ha incidido.

Irene MonteroIrene Montero ve “absurdo” excluir a Iglesias de un gobierno de coalición. / EP


Hasta septiembre, una eternidad
Mientras, en Unidas Podemos entienden que todavía pueden pasar muchas cosas de aquí a septiembre. Pero aunque fuentes próximas a Unidas Podemos aseguraban hace unos días que no iba a haber elecciones, ahora ya no están tan seguros. La formación morada ha abordado los contactos con Sánchez desde la perspectiva de que “no le queda más remedio que acordar con Unidas Podemos”, de ahí que Iglesias no haya aflojado en su exigencia de un gobierno de coalición. Pero en la cúpula del partido empiezan a asumir que en la cabeza de Sánchez y en su núcleo duro existe la esperanza de poder “doblarle el brazo a Albert Rivera” o, incluso, a Pablo Casado, hacia el que parece girar la presión ahora. En este sentido va la carta que 66 diputados y exdiputados socialistas han suscrito, recordando su abstención en 2016 para que gobernara Mariano Rajoy. Ahora piden lo mismo, una abstención “sin condiciones”, en “reciprocidad” de lo que hicieron en su día.

Pero hay más. Y es que según algunas informaciones, el ministro de Fomento y secretario de Organización socialista, José Luis Ábalos, se vio hace unos días con el presidente de CEOE, Antonio Garamendi. En teoría, con la intención de que Garamendi mediara ante PP y Ciudadanos para conseguir la tan ansiada abstención. De momento, el líder de la patronal se ha excusado. “No voy a entrometerme creo que es una labor que no me compete”, afirmaba hace unos días Garamendi, al mismo tiempo que señalaba que un Gobierno “monocolor” del PSOE o de dos partidos estables -o sea PSOE y Ciudadanos- es la opción preferida por la patronal.

En la formación morada tienen claro que a los socialistas les gustaría cuadrar el círculo por el cual contarían con el apoyo de un socio preferente, Unidas Podemos, gracias a un acuerdo lo suficientemente holgado como para poder llegar a acuerdos con otras fuerzas. Pero según interpretan desde Podemos, esta hipótesis tiene el problema de la estabilidad a largo plazo. “Pensaban que tendrían la investidura asegurada, que el resto de partidos les íbamos a regalar el voto, y ahora les están entrando los nervios”, explican estas voces cercanas a la cúpula del partido. “No quiere depender de ERC, porque la cosa puede complicarse después del verano, cuando se conozca la sentencia del procés”, señalan estas voces, que también afirman que “estamos de acuerdo en que esto es un problema”. Pero explican que las mayorías parlamentarias son las que son y que si no hay posibilidad de doblarles el brazo a Albert Rivera y Ciudadanos, como parece, entonces sí que a Sánchez “no le queda más remedio que llegar a un acuerdo con Unidas Podemos”. 

Hace unos días, en Podemos concluían que el “dato básico” para calibrar las intenciones de Sánchez va a ser la fecha de la investidura de julio. Antes del día 10, estas fuentes entendían que, en ese caso, “irá a una investidura fallida conscientemente”. Finalmente ha sido el 23, con lo que según esta interpretación los socialistas sí tendrían voluntad de acuerdo. Desde esta premisa, en septiembre se abren todas las opciones, porque “¿dónde está escrito que en unas nuevas elecciones le irá bien al PSOE?”.


Iglesias… ¿el problema?

En el Madrid político y mediático se empieza a escuchar cada vez con más fuerza que Pedro Sánchez no quiere que Pablo Iglesias le haga ‘un Salvini’. Es decir, el presidente no quiere que sucede lo que en el Ejecutivo italiano, en el que el primer ministro es Giuseppe Conte, pero quien se lleva todos los titulares, todas las portadas, quien atrae todos los comentarios es Matteo Salvini, a pesar de que sólo es el ministro del Interior. Hay quien señala que los casos no son comparables, que la Liga de Salvini tiene mucho más apoyo electoral que Unidas Podemos, mucho más cercano al de su socio de gobierno que el de los morados al PSOE. Y no falta quien comenta -sin maldad, por supuesto- que en poca estima se tiene Sánchez si se compara con un jurista sin ninguna experiencia política previa y que llegó al cargo por descarte, como evidente hombre de paja de sus dos viceprimerministros, Salvini y Luigi di Maio. En Unidas Podemos ven “absurdo” vetar a Iglesias de un hipotético gobierno, como afirmaba Montero hace unos días, porque no tiene sentido “vetar a los números uno”. Sin embargo, los socialistas no lo quieren en el gobierno ni en pintura y algunas voces señalan que la situación podría desbloquearse por ahí, con la renuncia del propio Iglesias a entrar en el Ejecutivo.