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 Nº 1302. 12 de julio de 2019

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Política / Virginia Miranda

Abascal y Monasterio: pugnas en Vox por el precio de los pactos

La pesadilla de Casado


En diciembre eran unos novatos. Ahora son los ‘malos’ de la clase. Ciudadanos logró convencer a sus socios europeos de su pacto de Gobierno en Andalucía con los votos de la ultraderecha. Ahora se está viendo obligado a desdecirse de sus compromisos para no perder Murcia y Madrid. Vox está haciendo un máster acelerado en política y ya ha aprendido a hacerse valer a costa de Albert Rivera y también de Pablo Casado, que necesita de la joven formación para acreditar un peso territorial imprescindible en sus batallas a izquierda y derecha. En medio de comentarios sobre distintas líneas estratégicas, una más dura de Rocío Monasterio y otra más pragmática de Santiago Abascal, el nuevo partido de ultraderecha se debate entre la intrascendencia de no tocar poder y el peligro de pasarse de frenada.

Monasterio y Abascal, VOXLos líderes de Vox han traído de cabeza al resto de las derechas y a sus apoyos mediáticos durante semanas. / EUROPA PRESS

Vox ya ha logrado casi todo lo que podrían esperar y, sobre todo, han marcado el paso de PP y Cs en una prueba de fuerza donde, unos más que otros, han salido vencedores   No todos en el partido han puesto el mismo precio a sus votos y eso ha evidenciado las primeras diferencias internas en la formación

La política de bloques que ha sucedido al bipartidismo está provocando situaciones nunca vistas hasta la fecha. En el espacio de la derecha, las sesiones de investidura en Murcia y en Madrid han dado lugar a dos situaciones distintas e inéditas con un mismo resultado: el PP no ha podido gobernar a la primera porque las exigencias de sus socios son tan incompatibles como estratégicas.

El poco más de mes y medio transcurrido desde el 26-M, Vox ha sido una pesadilla para Pablo Casado, que se las prometía felices la misma noche electoral, y una prueba de fuego a la coherencia de Albert Rivera, comprometida en cada paso hacia la gobernabilidad. Ahora, desde la formación de ultraderecha auguran sendos pactos en ambas regiones esta próxima semana. Ya han logrado casi todo lo que podrían esperar y, sobre todo, han marcado el paso de PP y Cs en una prueba de fuerza donde, unos más que otros, han salido vencedores.

En la primera sesión, tras una reunión de más de cuatro horas entre PP, Cs y Vox, la investidura de Fernando López Miras se fue al traste en el último minuto por el desaire de la formación naranja a sus inevitables socios de la ultraderecha. “¿En este momento hay una reunión? Pues será para tomarse un café porque lean mis labios: Ciudadanos no llega a acuerdos programáticos con Vox”, dijo a la prensa el diputado de Ciudadanos, Juan Carlos Girauta.

En la segunda, y en virtud de una reciente reforma en el reglamento de la Asamblea que permite a su presidente convocar una sesión de investidura sin candidato forzando un pacto in extremis en el tiempo de descuento, el pleno ha tenido lugar sin votación alguna porque la líder de Vox en Madrid exige a PP y Ciudadanos aparecer en el acuerdo de Gobierno.

La pérdida de la inocencia

El pacto a dos bandas que los populares suscribieron con Cs y Vox en Andalucía a principios de año adolece de bisoñez política por parte del partido de ultraderecha, que logró hacer mucho ruido durante el mes largo que duró la negociación pero ni entró en el Ejecutivo ni logró concretar ninguna de las polémicas propuestas que suponían un recorte de derechos y libertades.

La formación de Albert Rivera sostuvo desde entonces que no había ningún tripartido en la Junta porque, técnicamente, no lo es: Vox no coló a ningún alto cargo en el Gobierno autonómico ni tampoco estampó su firma en ningún documento junto a la de Ciudadanos.

Albert Rivera pudo entonces convencer a los liberales europeos con los que comparte grupo en la Eurocámara de que no gobierna con la ultraderecha en España. Y Pablo Casado se sirvió del exsorayo, Juan Manuel Moreno, para coger músculo político a pesar de la pérdida de votos y escaños que desde entonces se han convertido en una constante para el líder del otrora hegemónico partido de la derecha.

Cs y PP han salido ganando. Vox, no tanto como esperaba. Sus 24 diputados en el Congreso son un gran resultado para un partido con unos pocos meses de vida institucional. Pero no responden a las expectativas que generaron en campaña y, con una mayoría de izquierdas en la Cámara baja, no tienen mucha posibilidad de maniobra.

Otra cosa son los gobiernos autonómicos y municipales donde sus diputados y concejales, sin ser significativos, están resultando claves para la formación de mayorías de derechas. Esto es, para que Casado pueda exhibir un poder territorial que disuada la crítica interna y le rearme en sus batallas a diestra –como líder de la derecha– y siniestra –como líder de la oposición– y para que Rivera toque poder en este nuevo ciclo en el que espera coger fuerzas para dar la batalla de la derecha.

El valor del voto

No todos en Vox han puesto el mismo precio a sus votos y eso ha evidenciado las primeras diferencias internas en la formación. En la ciudad de Madrid, Javier Ortega Smith ha permitido que el popular José Luis Martínez-Almeida y la ‘ciudadana’ Begoña Villacís gobiernen el Ayuntamiento de la capital española sin entrar en la corporación municipal ni alcanzar un acuerdo a tres. El número dos de Santiago Abascal también intentó, hasta el último momento, que su formación fuese tenida en cuenta por PP y Cs pero, en su caso, ni siquiera consiguió sentarse con la hoy vicealcaldesa para negociar un acuerdo.

Frente al secretario general del partido está su líder en la Comunidad de Madrid. Rocío Monasterio dijo que no iba a darles un cheque en blanco a Isabel Díaz Ayuso e Ignacio Aguado y no lo ha hecho. A pesar incluso de haber sido la dirigente que más lejos ha llegado torciéndole el brazo a Ciudadanos, arrancando primero un café de domingo en un hotel y siendo convocada en última instancia a una cita a tres bandas por su líder en la región.

Espinosa de los MonterosEspinosa de los Monteros es optimista con los acuerdos y rebaja las exigencias sobre la forma de presentarlos. / EUROPA PRESS

Vox levanta el pie del acelerador

“No veo por qué no puede haber investiduras en Madrid y Murcia la semana que viene. Si el acuerdo se alcanza en estos días no veo por qué no. Nosotros estamos aquí para trabajar”. La misma persona a la que, con Rocío Monasterio, se atribuye la línea dura que Vox ha seguido estas últimas semanas, ha sido la encargada de tranquilizar a PP y Ciudadanos despejando el camino hacia la gobernabilidad.

Tras las declaraciones y los gestos que han llevado la situación en Murcia y en Madrid al límite estas dos últimas semanas, Iván Espinosa de los Monteros ha rebajado la tensión demostrando una vez más que, hoy por hoy, su partido está al mando de la situación. Un día después de la sesión de investidura fallida en la Asamblea de Vallecas, el portavoz parlamentario de Vox y responsable de la negociación de los pactos se ha mostrado “optimista” porque, según ha dicho en declaraciones desde el Congreso, “estamos viendo movimientos que van en el buen sentido”, en alusión a su capacidad para que Ciudadanos haya accedido a atender reclamaciones de la formación de ultraderecha como “sentarnos a hablar, que ya se está empezando a producir”.

Esta era la primera condición para que PP y Ciudadanos puedan formar Gobierno en las dos regiones tras los fallidos intentos en primera convocatoria. “Lo segundo es alcanzar un acuerdo y eso es también algo necesario. Lo tercero es ver cómo se presenta luego”.

Espinosa de los Monteros ha insistido en este último punto. “Una vez que hayamos alcanzado ese acuerdo ya veremos la forma de presentarlo”, subrayando que si hay que hacerlo “de forma que a otros partidos le supongan un menor desgaste encontraremos una fórmula que sea satisfactoria para todos”. Doblegada la voluntad de Rivera, parece que Vox no insistirá en aparecer en el membrete del acuerdo junto a PP y Cs. Ya habrá tiempo de hacerlo cuando, como en Andalucía, haya que aprobar los Presupuestos.

En Vox quieren que les tomen en serio, pero sólo lo han conseguido medidas drásticas como la de la Comunidad de Madrid y, antes, la de Murcia. Allí y tras una larga negociación de última hora a la que por fin se había avenido el equipo autonómico de Cs para lograr que los votos de Vox hicieran posible la investidura del candidato popular, una llamada provocó un vuelco inesperado y los diputados de la formación de ultraderecha votaron en contra de López Miras.

En torno a este episodio ha habido varias interpretaciones que apuntan a una sensible diferencia de criterio en la dirección nacional de Vox, que ha negado este extremo y que, admitiendo que Santiago Abascal y Pablo Casado siguieron juntos el pleno de investidura fallida, han rechazado cualquier incomunicación o división interna sostenidas por el PP.

De hecho, el que fuera diputado popular vasco viajó a comienzos de semana a Murcia acompañado de su secretario general, Javier Ortega Smith, y su portavoz en el Congreso y responsable de la negociación de los pactos, Iván Espinosa de los Monteros, visibilizando su unidad cuando comenzaba a ser cuestionada: fuentes conservadoras habían apuntado sus posibles diferencias de criterio sobre una llamada que cambió el sentido del voto de Vox en la Asamblea regional.

Al día siguiente, el mismo en que Rocío Monasterio confirmó personalmente a Ayuso y a Aguado que no avalaría la investidura de la candidata popular con las condiciones que los líderes de PP y Cs en la región le imponían –básicamente un acuerdo firmado el lunes por ambos con claros guiños a Vox–, Abascal y Casado se reunían por la mañana en el Congreso para seguir “avanzando en las negociaciones”, dijeron desde sus dos formaciones. A la cita no se presentó Rivera, que sigue rehuyendo la foto con el líder de la ultraderecha en España sin poder impedir que otros vetos vayan cayendo si no quiere volver a ir a elecciones, una eventualidad que podría desvelar errores estratégicos de ambos partidos y que, por tanto, a ninguno de los dos conviene.

Fin del idilio mediático

Para empezar, porque no tendrían el mismo apoyo mediático que tuvieron durante las últimas campañas electorales. El Mundo o El Español respaldaron a Ciudadanos y esRadio, Abc o La Razón dieron gran cobertura informativa a los líderes de Vox. Ahora, las tornas han cambiado. Por ejemplo en el rotativo de Unidad Editorial, donde les han reprochado su acercamiento a la ultraderecha o su ruptura con Manuel Valls por facilitar la investidura de Ada Colau impidiendo la de Ernest Maragall (ERC). O en el programa de Federico Jiménez Losantos, gran valedor de Santiago Abascal entre los conservadores ‘más cafeteros’ que ahora reniega de su formación por poner en riesgo la formación de gobiernos de derechas.

Los dardos del periodista están especialmente dirigidos a Rocío Monasterio e Iván Espinosa de los Monteros, matrimonio en lo personal y tándem político en lo profesional al que se atribuye la línea dura que ha seguido su partido en Murcia y Madrid. Los mayores valedores en la formación del conservadurismo moral respecto a la educación, el movimiento LGTBI, el aborto o el feminismo –son viejos conocidos en las manifestaciones de Hazte Oír–, son ahora los que mandan en Vox, dice el locutor, que habla de un “eclipse, esperemos que momentáneo, de la autoridad moral de Abascal, en beneficio de una pareja”.

Otras interpretaciones en fuentes conservadoras hablan de distinta sobreactuación o de respuesta coordinada entre dos presuntas líneas estratégicas, la más dura y la más pragmática que, al final, podría imponerse. “Le reitero mi disposición a seguir viéndonos y estoy segura de que podremos alcanzar un acuerdo que mejore la vida de los madrileños”, declaraba Monasterio tras una sesión de investidura en la Asamblea de Madrid que no salió adelante porque ella, a diferencia de Ortega Smith, no va a transigir con los cordones sanitarios de Ciudadanos.

Ni en la investidura ni en futuros Presupuestos, como ya demostró el equipo negociador en Andalucía logrando un acuerdo con las firmas de PP, Cs y Vox para advertir que no iban de farol y que los votos de a Juan Manuel Moreno no iban a salir gratis.

Una trágala para los de Rivera, que siguen negando la evidencia –Juan Marín, vicepresidente y líder de Ciudadanos en la Comunidad, acaba de decir que su partido “no ha firmado todavía un acuerdo con Vox”–, y un martirio para Casado, que tras lograr los apoyos suficientes para que Isabel Díaz Ayuso y Fernando López Miras presidan Madrid y Murcia habrá de gestionar los sobresaltos provocados por unos socios obligados escenificar sus diferencias y las traiciones que inevitablemente habrán de preceder cada pulso electoral que enfrente a las derechas.

Pablo Casado
El líder del PP dice que no está siendo la “presión pública” porque “la gente entiende” que él es “la alternativa” a Sánchez. / EUROPA PRESS

El “no pero sí” de Casado a Sánchez

Adriana Lastra, José Luis Ábalos, Rafael Simancas, Patxi López, Eduardo Madina... y así hasta 66 de los diputados socialistas que en 2016 se abstuvieron en la sesión de investidura de Mariano Rajoy acaban de pedirle por carta a Pablo Casado que les devuelva el favor y apoye “sin condiciones” a Pedro Sánchez.

La misiva, titulada Un camino difícil y honorable, no está firmada ni por el hoy presidente en funciones, que dimitió para no tener que acatar la disciplina de voto, ni por algunos de sus fieles, entre ellos parlamentarios del PSC hoy presidentes de Congreso y Senado que votaron en contra.

Este ha sido uno de los argumentos esgrimidos por el PP para invocar el “no es no”, eso sí con el tono de hombres y mujeres de Estado que adquirieron desde el fin de las campañas electorales para apelar, por la vía de los hechos, su condición de líderes de la oposición.

Así, recuerdan la negativa e Sánchez, el no a la investidura de la tercera y cuarta autoridad del Estado y la moción de censura contra Mariano Rajoy que presentó el líder socialista con el apoyo de partidos independentistas, “rompiendo ese espíritu de colaboración constitucionalista al que ahora apelan los diputados socialistas”.

El propio Pablo Casado, en una de sus medidas y contadas intervenciones públicas de las últimas fechas, ha dicho que su formación no está sintiendo “presión pública para la abstención” porque “la gente entiende” que el PP es “la alternativa” a Sánchez, un mensaje directo a Albert Rivera donde obvia que el líder socialista era a su vez la alternativa al entonces presidente del PP.

En su entrevista el pasado miércoles en Telecinco recordó Casado que Sánchez, como Batet o Cruz, “hicieron del ‘no es no’ una bandera”. Y para rechazar comparaciones, dijo que el suyo es un “no pero sí”, apelando a la estrategia que viene desplegando desde que se resolvieran los últimos comicios recordando su disponibilidad a alcanzar pactos de Estado con el fin de dar “estabilidad” a la legislatura.