Artículo de Opinión de José Luis Centella Tiempos de hoy

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 Nº 1303. 19 de julio de 2019

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José Luis Centella

Tribuna / José Luis Centella

Sánchez tiene ya deberes para septiembre

Pedro Sánchez y Pablo Iglesias

En un peligroso cortoplacismo Sánchez puede pensar que una posible subida del PSOE le puede bajar los humos a Pablo Iglesias para que acepte las condiciones que ahora rechaza. No se puede jugar con fuego

Si no se producen sorpresas de última hora, la sesión de investidura a la que se somete el candidato del PSOE, Pedro Sánchez, resultará fallida al no conseguir los apoyos necesarios para ser investido presidente. A partir de ese momento se abren dos escenarios: el primero es entrar en una espiral de acusaciones sobre quién es el auténtico responsable de este fiasco, que sin duda defraudará a quienes en la noche del 26 de abril brindamos por haber derrotado la posibilidad de que a nivel estatal se pudiera repetir el modelo de gobierno de acuerdo entre derecha y ultraderecha de Andalucía.

Sánchez podría llegar a creer en este primer escenario que dispone de más capacidad mediática para hacer que triunfe su versión del desencuentro y que, dada esa prepotencia que suele acompañar a quien llega a La Moncloa, crea que su estrategia sólo puede llevar a desgastar a Unidas Podemos, sin verse él y su partido salpicados. Puede que le salgan mal las cuentas, como ya le pasó a su compañera socialista Susana Díaz cuando adelantó los comicios andaluces creyendo que le saldrían las cuentas para repetir Gobierno y sólo abrió las puertas al primer Gobierno de derechas en Andalucía.

Pero existe otra posibilidad, la de pasar página de lo dicho estos días y sentarse a negociar un acuerdo para que en septiembre se pueda votar un Gobierno con una composición y programa de izquierdas. Puede sonar como algo ingenuo después de lo visto y oído estas semanas a los actores de ambas partes, pero tal vez sea el momento de hacer de lo ingenuo la base de salida de un callejón que parece que no la tiene. Repetir las elecciones es el peor camino posible.

Quizás, en un peligroso cortoplacismo Sánchez puede pensar que una posible subida del PSOE le puede bajar los humos a Pablo Iglesias para que acepte las condiciones que ahora rechaza. No se puede jugar con fuego, unas nuevas elecciones con una campaña repleta de reproches mutuos y de enfrentamientos creará un clima en el que sería mucho más difícil alcanzar acuerdos, no ya para un Gobierno de coalición, sino también programático.

Debe haber una negociación de verdad, no a través de los medios de comunicación. Hay que empezar en serio por las cuestiones programáticas para que, entre otras cuestiones,  el PSOE concrete si está dispuesto a derogar la reforma laboral, la ‘ley Mordaza’ y demás leyes regresivas que aprobó la derecha. Sánchez debe aclarar si quiere asegurar el carácter social de la vivienda y terminar con el drama de cientos de miles de familias. En paralelo a todo ello, debe acordarse qué Gobierno lleva a cabo ese acuerdo.

Pensar que existe una tercera posibilidad, que el PSOE se olvide de Unidas Podemos y se centre en presionar para cosechar la abstención de PP y Ciudadanos, abre otras preguntas: ¿cómo piensa Sánchez mantener el Gobierno tras la investidura? ¿Cómo piensa aprobar los Presupuestos Generales del Estado?

Sánchez podría mirar a esa Unión Europea que tanto visita y comprobar que la única socialdemocracia que ha resistido ha sido la que ha pactado gobiernos con la izquierda, mientras que la que se ha acercado a la derecha, ya sea en Alemania, Francia o Grecia, sufre un desgaste que la lleva a la marginalidad.

En definitiva, vivimos momentos decisivos donde nos jugamos algo más que la composición del próximo Gobierno, con ser esto muy importante. Está en juego no defraudar a quienes la noche electoral gritaban en las sedes del PSOE “Con Rivera, no” y a quienes en la sedes electorales de Unidas Podemos estábamos contentos, a pesar de la pérdida de escaños, por haber contribuido a frenar a esas derechas que poco antes se veían negociando el Gobierno de España.

Firma

Coordinador de la Asamblea Político y Social de Izquierda Unida y presidente del Partido Comunista de España (PCE), partido del que ha sido secretario general entre 2009 y 2018. Maestro de profesión, fue concejal en el Ayuntamiento de la localidad malagueña de Benalmádena, provincia donde inició su actividad política y por la que fue elegido diputado al Congreso en 1993, 1996 y 2000. En la X Legislatura (2011-2015) volvió a la Cámara Baja como diputado por Sevilla, ocupando la portavocía del Grupo Parlamentario de IU, ICV-EUiA, CHA-La Izquierda Plural.

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