Casado y rivera en Modo electoral Tiempos de hoy

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 Nº 1304. 26 de julio de 2019

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Política / Virginia Miranda

La investidura fallida concede a PP y Ciudadanos una segunda oportunidad


Casado y Rivera, en modo electoral

Pablo Casado ha dejado a un lado las palabras gruesas incompatibles con el perfil de hombre de Estado que viene practicando desde las últimas elecciones. Albert Rivera ha optado por mantener la línea dura en una escalada verbal contra Pedro Sánchez con la que pretende disputarle al PP el liderazgo en la oposición. Con los puentes rotos entre PSOE y Podemos, a la derecha se le presenta la oportunidad de conquistar el poder en unas próximas elecciones. O de hacer posible un Gobierno socialista con una abstención, a día de hoy, impensable.

Pablo Casado Albert Rivera

Los líderes de la derecha perfilan estrategia ante un posible adelanto electoral. / EUROPA PRESS


Casado ha abandonado la sobreexposición evitando las presiones para permitir la investidura de Sánchez y ensayando un perfil más moderado que el del 28-A   Rivera está ensanchando su espacio en el lado más bronco del debate apuntalando su cruzada contra el independentismo y confiando en encontrar réditos en la derecha

La inestabilidad lleva cinco años instalada en la política española, obligando a los partidos políticos a estar preparados ante cualquier eventualidad que requiera de inesperados virajes en sus estrategias. Eventualidades como la repetición de elecciones a poco más de seis meses de las últimas generales que, como no haya acuerdo entre Pedro Sánchez y Pablo Iglesias de aquí al 23 de septiembre, plantea a Pablo Casado y a Albert Rivera la posibilidad de optar de nuevo a La Moncloa.

El 28-A se convierte así en una suerte de primera vuelta que, visto el resultado, está teniendo distintas consecuencias sobre las estrategias de PP y Ciudadanos para una eventual segunda votación. El primero, tras perder más de la mitad de sus escaños en el Congreso, escuchó las voces de los barones recordando aquello de que en el centro político está la virtud y, en las elecciones europeas, municipales y autonómicas del 26-M, logró salvar los muebles en territorios clave como Madrid y Castilla y León pactos a la derecha mediante.

Casado, que el 21 de julio celebraba su primer año al frente de la presidencia del PP, dio tres vueltas a España antes de las generales y destacó por una hiperactividad en ocasiones contraproducente, con declaraciones fuera de tono en medio de la pugna por liderar el espacio de la derecha al que acababa de sumarse Vox por la vía andaluza.

Desde las elecciones de mayo y comprobadas dos formas de hacer campaña en las dos citas consecutivas con las urnas, el presidente del PP ha optado por un deliberado perfil bajo en busca de una discreción más acorde con la de un político de Estado, una forma sutil de reivindicar su papel de líder de la oposición y de evitar la sobreexposición en medio de constantes alusiones a la posible abstención de los populares en la investidura de Sánchez.

El hombre de Estado
Casado ha desdeñado el argumento de los diputados socialistas que, por carta, le pidieron la abstención de la bancada popular para permitir la investidura de Pedro Sánchez igual que ellos hicieron posible la de Mariano Rajoy en 2016. Sin embargo, ha asistido a todas las reuniones convocadas por el candidato socialista y le ha llegado a ofrecer once pactos de Estado; uno de ellos, para evitar nuevas situaciones de bloqueo institucional y facilitar que gobierne la lista más votada.

Lo subrayó en el primer debate de investidura, previo a la primera votación. Y lo recordó justo antes de oponerse, por segunda vez, al líder socialista. Sin concesiones al PSOE ni a su pretensión de conseguir un apoyo por omisión de los populares, Casado pronunció uno de sus discursos más equilibrados desde que es el jefe de las filas conservadoras. Un discurso en modo electoral donde acusó a Sánchez de pasar del “no es no” al “sí porque sí”, donde enumeró asuntos que forman parte de su eje programático como las reformas macroeconómicas del PP, su rechazo al impuesto al diesel, el uso de la lengua común, la prisión permanente revisable o su intención de prohibir los indultos a los promotores del procés, y donde invitó al candidato “ensanchar el espacio de la moderación”. “Ustedes y nosotros”. Presumiendo de su capacidad de llegar a pactos y asegurando que “en ningún momento hemos dejado de tender la mano a los pactos de Estado”.

Santiago Abascal
Rivera y Casado, ahora más moderado, subieron el tono de su crítica a Sánchez tras la irrupción de Abascal en las instituciones. / EUROPA PRESS

Por segunda vez y cuando ya estaba claro que Sánchez no saldría del Hemiciclo investido presidente del Gobierno, Casado señaló el pasado 25 de julio que “seguimos manteniendo” la oferta de once pactos de Estado, habló de sus propuestas en materia fiscal o educativa y volvió a tender la mano al líder socialista para “ensanchar el espacio central de moderación de modo que los dos podamos volver a gobernar en él”.

El tipo duro
Casado aludía así a los tiempos del bipartidismo en que Sánchez podría haber sido presidente y él mismo no tendría ante sí el reto de recomponer el espacio de la derecha partido en tres. Y lo hacía sabedor de que, en este punto, va a encontrar la complicidad del socialista, que en su réplica del lunes le reconocía de forma explícita como líder de la oposición. Una circunstancia que avalan los votos y los escaños y que, sin embargo, Albert Rivera está dispuesto a refutar.

Ciudadanos renunció a ser un partido bisagra al darse cuenta de que su raíz antinacionalista tenía gran aceptación entre los votantes de la derecha y ahora se dedica a disputarle el voto a Casado con la excusa de que no es “ni rojo ni azul”, sino antisanchista, por eso los pactos de la formación naranja con los socialistas tras las últimas citas electorales son meramente anecdóticos. Ahora que el presidente del PP ha optado por abandonar la línea dura de oposición, Albert Rivera ha decidido ensanchar su espacio en el lado más bronco del debate apuntalando su cruzada contra el independentismo y confiando en encontrar réditos en la derecha.

Sin que Vox haya logrado una presencia en el Congreso tan amenazadora como se temía, la formación naranja se ha singularizado por un tono bronco que nada tiene ya de aquellas primeras intervenciones de Rivera en la tribuna de oradores apelando al espíritu de la Transición de Adolfo Suárez. En un discurso donde repitió de forma machacona que el “plan Sánchez” consiste en “perpetuarse en el poder” con ayuda de una “banda” de la que formarían parte Podemos, Bildu y los independentistas catalanes, el diputado catalán defendió su pretendido liderazgo asegurando que “va a haber oposición por lo menos por parte de Ciudadanos”.

Tres días después, conociéndose ya el fracaso de las negociaciones entre el PSOE y Unidas Podemos y ante la posibilidad de que estos dos partidos no sean capaces de recomponer los puentes en los dos meses que restan para intentar otro acuerdo de Gobierno,  Rivera insistía en repetir el argumentario que el lunes desconcertó a sus señorías y apenas encontró justificación entre la opinión publicada. Pero esta vez lo hizo en modo electoral.

Así, tras criticar las políticas territorial y fiscal de Sánchez y poner en valor su acuerdo de Gobierno en Andalucía, aseguró que “los españoles están hartos” del plan Sánchez y su banda, pero “que sepan que hay esperanza”.

Por lo pronto, hay esperanza en la derecha. A la espera de conocer el CIS de julio, el resto de encuestas favorecen a los dos principales partidos sin que la suma de de PP, Cs y Vox sea, de momento, suficiente. Otra opción es que los populares faciliten la investidura de Sánchez. Pero aún parece pronto para llegar a ese punto. Habrá que esperar acontecimientos en agosto. Un verano más, sin vacaciones políticas.