Nº 518 - 22 de julio de 2002

Perejil español

Nada como el programa de Gomaespuma aquella mañana del viernes en que nos despertamos con la bandera marroquí izada en el islote deshabitado de Perejil, a doce kilómetros de la ciudad de Ceuta. El programa se interrumpía una y otra vez para dar el grito de "¡Perejil español". Sólo faltaba que hubieran adaptado la letra de aquella canción tan coreada en los campamentos del Frente de juventudes de Gibraltar, "Gibraltar, avanzada de nuestra Nación" dando la vuelta a la estrofa de "a mi Patria le han robado/ tierra hispana del Peñón/". Es como si echaran en falta al inolvidable Gila que tanto nos ilustró sobre las guerras. Era la vuelta al surrealismo.

Los diarios madrileños del jueves seguían una escala gradual de patriotismo. La encabezaba La Razón, que titulaba con la invasión militar de la isla española de Perejil; seguía El Mundo, que al precisar el contingente invasor en una decena le quitaba fuerza; después ABC, que sustituía isla por islote y a los militares por gendarmes, y cerraba filas El País, que rebajaba la invasión a ocupación, se apuntaba lo de islote y añadía su carácter de deshabitado. Mientras tanto, el Gobierno Aznar se ponía a la tarea y ponderaba la forma de reaccionar atendiendo a sus deberes y a la necesidad de hacerse respetar.

Por eso, su respuesta exigía la vuelta al statu quo precedente y rechazaba aceptar una política marroquí de hechos consumados. Clamaban algunos invocando el precedente británico de la primera ministra Margarita Thatcher, que sin dudar envió la Royal Navy al rescate de las Malvinas cuando fueron ocupadas por el dictador argentino Galtieri. Enseguida el Gobierno descubrió que, por primera vez en los últimos siglos, España estaba acompañada. Éramos miembros de la Unión Europea y formábamos parte de la Alianza Atlántica.

El Cuartel General de la Alianza, la presidencia danesa y la Comisión de Bruselas dieron su respaldo. El presidente Aznar presentó la cuestión en el Debate sobre el Estado de la Nación y todos los grupos de la Cámara, excepto Esquerra Republicana de Catalunya, le dieron su respaldo. Se aprobaba una resolución expresando el "rechazo a la política de hechos consumados de Marruecos en isla Perejil' y "el apoyo al Gobierno para restaurar la legalidad internacional y el statu quo anterior a los hecho?. Doce horas después en una operación militar conjunta se desalojaba con sumo cuidado a los seis soldados ocupantes, se arriaban sus banderas y se izaba nuestro pabellón encomendado a un destacamento de la legión.

Mientras, Marruecos clama a Naciones Unidas y presenta sus argumentos a la Liga Árabe. Y aquí los ministros de Asuntos Exteriores comparecen ante las Comisiones de Asuntos Exteriores y de Defensa convocadas en el Congreso. Se achican los espacios para el disentimiento, pero cuando la crisis afloje llegará el momento de los análisis en frío. Ya está claro que las Fuerzas Armadas han sido un instrumento mucho más afinado que las diplomacias. Pero el Gobierno deberá explicar por qué desde el fracaso de las negociaciones para el tratado de pesca ha elegido el camino de] desencuentro con Rabat y ha rehusado celebrar las cumbres hispano­marroquíes acordadas en el Tratado de Amistad y Cooperación suscrito por ambos países en 1991.

También falta un examen de la posición española sobre el Sáhara, asunto pendiente de revisión por Naciones Unidas el próximo 31 de julio y en el que Estados Unidos y Francia se han puesto de¡ lado de Marruecos, Entre tanto se impone la lectura del libro Al sur de Tarifa. MarruecosEspaña: un malentendido histórico, de Alfonso de la Serna.

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