Nº 602 - 10 de mayo de 2004
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Aznar, el partido del odio y Bush

La última advertencia que nos dirige Ánsar, el que fuera presidente del Gobierno, con un libro bajo el brazo es para prevenirnos contra el partido del odio que al parecer se está formando en España con la suma de todos aquellos empeñados en negarle el culto de adhesión al que se sentía acreedor. Resulta fantástico observar cómo el máximo sembrador de odio de los últimos treinta años se entrega en público a estos juegos de prestidigitación dialéctica para culpabilizar a los demás con el resultado de las propias acciones.

El caso es que el ex presidente Aznar -80 millones de las antiguas pesetas de adelanto en su contrato con el editor Lara- acaba de deponer en un volumen dedicado a sus ocho años de Gobierno escrito, en la mejor tradición de la negritud (para cuándo la reedición de aquella obra magistral de Luis María Anson), por su historiador de cabecera José María Marco. La celeridad con la que el libro se ha perpetrado viene a confirmar aquello de que la historia, como la tierra, para quien la trabaja o la escribe. Bien lo sabía mosén Xirinachs, del que recuerdo cómo iba siempre acompañado a todas partes de un asistente encargado de actualizar en tiempo real su biografía.

Los tiempos adelantan y el progreso se cumple pero casi siempre con el recurso a la especialización aunque en ocasiones, como se temía Ortega, pueda devolvernos a la barbarie. Antes apenas bastaba para dar cuenta de una vida con el director espiritual, al que se hacía figurar en las esquelas del diario Abc como garantía de haber recibido en el lecho de muerte los Santos Sacramentos, mientras que ahora desde que damos nuestros primeros pasos precisamos por lo menos de un personal training, un asesor fiscal, un estilista, un filólogo y un historiador de cabecera.

La obsesión durante estos ocho años aznaristas por rescribir la historia, de forma que el pasado se convierta en un ariete capaz de justificar su acceso al poder y de propulsar su continuidad en el mismo, ha sido descarada hasta llegar a extremos como la consagración de Pío Moa, eximio colaborador del comisario Conesa infiltrado en el GRAPO, entre las figuras del toreo de esa disciplina junto a Menéndez Pidal.

El hecho es que para presentar el libro de marras han vuelto a reunirse el pasado lunes día 3 los excombatientes de elite del aznarismo, convocados todavía bajo el shock de la derrota para corear las consignas de ocasión, proferir los gritos de rigor y tributar los aplausos del encono, esta vez en el recinto rehabilitado de la Arganzuela. Buen momento para que Jose -con su permanente bigote de compañia y aliento al presidente Bush- clamara contra la ingratitud de quienes fueron liberados dos veces por los americanos.

Enorme confusión, porque la lealtad se distingue de la sumisión y discrepar del aliado puede ser la mejor manera de ayudarle. Además de que nuestros, ahora tan queridos, norteamericanos lejos de liberar a los españoles de Franco le atornillaron en el poder con los acuerdos sobre las bases, además de que nos impidieron el uso de los aviones cedidos por ellos cuando tanta falta nos hacían en el conflicto de lfni, de que dieron el visto bueno a la Marcha Verde de Hassan II para sacarnos del Sahara y de que todavía tienen pendiente aportar explicaciones por lo del Maine. Otra cosa es que nuestra alianza en la OTAN y en la lucha antiterrorista sea indestructible, sin que por ello debamos renunciara¡ principio enunciado por Aznar según el cual contra el terrorismo no hay atajos, ni Guantánamos, ni tribunales militares.

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