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Nº 628 - 13 de diciembre de 2004

Lo que nos jugamos en Ucrania


Ucrania vive estos días en medio de un gran estado de agitación y efervescencia política causados por los resultados electorales de sus elecciones presidenciales. Sus gentes se han echado a la calle, testirnoniando, como en muchas otras ocasiones a lo largo de la Historia, que lasansias de libertad de los pueblos no se pueden frenar. Los eurodiputados presentes como observadores electorales me han descrito el gigantesco rnovimiento popular de un país que no se quiere dejar robar su destino.

No se trata de defender a un candidato, sino unos principios sobre los cuales se está despertando un gran país. El problema que se ha planteado estos días no está basado tanto en dos visiones diferentes de un país que se dice defienden cada uno de los dos candidatos, sino en el respeto de las más elementales reglas del juego democrático y de la voluntad de un pueblo. El fraude electoral ha sido manifiesto y el pueblo ucraniano ha rechazado los resultados de forma contundente.

La Unión Europea, con la ampliación a diez nuevos países aún por digerir y la de su Constitución en ciernes, no tenía interés alguno en situar un tema ucraniano en su agenda. Sin embargo, los
ucranianos se han echado a la calle ante la oportunidad de construir de verdad un Estado democrático en su país, poniéndose al frente de las preocupaciones de la UE.

Para la Europa democrática, y en particular para la UE, la repetición de la segunda vuelta de las elecciones ha sido una clara victoria geopolítica. Porque no solo esta en juego la libertad de millones de ucranianos, sino que también nos estamos jugando nuestro papel de verdadero actor en la esfera internacional y nuestro compromiso con los derechos humanos y la democracia.

Desde Europa debemos apoyar claramente el desarrollo de un verdadero Estado de derecho en Ucrania. Europa no se puede permitir ser cínica y corta de miras, templando gaitas con Putin una vez más.

En todo este proceso, Rusia ha estado intentado influir en las elecciones ucranianas claramente a favor de un candidato. No hace falta más que recordar las dos visitas del presidente Putin a Kiev, justo antes de cada vuelta de las elecciones presidenciales.

Tras la desaparición de la URSS, Moscú vio reducir progresivamente su área de influencia. Con los países europeos de la antigua órbita soviética integrados en la OTAN y en la UE, la presencia de tropas norteamericanas en las repúblicas de Asia Central y con un Caúcaso en permanente estado de rebelión, salvando la trágica situación de Bielorrusia, Ucrania queda como uno de los últimos vestigios de influencia rusa. Una Ucranii realmente democrática no sólo serviría de modelo en Rusia, sino que, significaría el fin de su influencia sobre este territorio tal y como se mantenía hasta ahora.

La Unión Europa no pretende atraer a Ucrania, alejándola de su común pasado con Rusia. Todo lo contrario, se trata simplemente de que Ucrania elija su destino y Rusia lo acepte.

Europa tiene una responsabilidad frente a la crisis ucraniana. Es la única que ofrece la necesaria autoridad moral y capacidad para ayudar a Ucrania a encontrar su senda democrática, tras el creciente desprestigio americano sufrido por los abusos cometidos en Iraq.

La Unión no dispone aún de una auténtica política exterior común, ni de un servicio diplomático común a todos sus Estados miembros, pese a la gran labor que realiza Solana. Pero la construcción europea ha estado basada en la reconciliación, el multilateral ismo y la paz, elementos que, a día de hoy, Ucrania necesita más que nunca.

Sobre la actuación de la UE en Ucrania hay que señalar dos aspectos bien diferentes con respecto a la guerra de Iraq: los europeos han sabido mantenerse unidos y su mediación se ha efectuado de manera coordinada con los FE UU.

Para los europeos de hoy, la influencia en el mundo no es una cuestión de fuerza, sino que esta basada en instrumentos como la cultura, la lengua, la economía, la ¡niplicación en la resolución de conflictos y problemas comunes y la lucha contra la intolerancii, los extremismos o el terrorismo que amenazan nuestras sociedades.

Por eso es erróneo presentar lo que está aconteciendo en términos de guerra fría, como si dos bloques se disputaran la influencia y hegernonía del territorio en cuestión. Esta es una cuestión de incompatibilidad entre dos visiones, aquella de los padres de la integración europea, donde las naciones no se someten unas a otras, sino que unen libremente sus destinos, y la heredada de la mentalidad imperial, zarista y soviética. Mantengamos la atención las próximas semanas sobre lo que ocurre en Ucrania que, como se ve, lo que nos jugamos es mucho. *

* Presidente del Parlamento Europeo

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