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Nº 602 - 10 de mayo 2004

Zapatero se apoyará en la caja catalana
para su estrategia empresarial

LA HORA DE LA CAIXA


El PSOE niega que una de sus prioridades sea apear de sus cargos a los presidentes de las empresas privatizadas –todos ellos designados a antojo de Rato o Aznar–. Sin embargo, José Luis Rodríguez Zapatero es consciente de la importancia de tener a gente afín en las principales compañías del país. Para ello, los socialistas han encontrado en el conglomerado empresarial y financiero que es La Caixa el punto de apoyo ideal para propiciar movimientos en empresas tan significativas como Telefónica o Repsol YPF.


Por Vera Castelló

Muchas empresas o entidades hoy se tiran de los pelos por no haber cambiado su agenda el pasado 10 de enero. Aquel día el PSOE presentaba su Conferencia Económica, las líneas básicas que conformaron el programa del PSOE en materia económica. En el estrado, Pedro Solbes, Miguel Sebastián, Magdalena Álvarez y Jordi Sevilla. En la primera fila, el director general de La Caixa, Isidre Fainé, como único representante de relieve del mundo financiero y empresarial. La falta de otros ejecutivos en el acto, dio a La Caixa entonces una significación que, en principio, no gustó en la propia entidad, pero que ahora, con el PSOE en el gobierno, se ha vuelto a su favor.

Lo cierto es que no era la primera vez que el PSOE y La Caixa coincidían en público. Rodríguez Zapatero ha sido invitado en más de una ocasión al aula de conferencias del Círculo Financiero que auspicia la entidad -la primera vez en 2001, tan solo unos meses después de ser elegido secretario general del partido docialista- lo que ha permitido fraguar una buena relación entre el hoy presidente del gobierno y los directivos de La Caixa, especialmente con Fainé, encargado generalmente de organizar este tipo de actos.

Asímismo, resulta muy significativo que la primera comparecencia pública de Miguel Sebastián, el hombre que, en principio, iba a  ocupar el ministerio de Economía, se produjera en el mencionado Círculo Financiero de La Caixa. En esta ocasión no faltó ni el presidente Ricardo Fornesa ni Isidre Fainé ni Antoni Brufau -el otro director general de la caja-. Ni siquiera los dos vicepresidentes de la entidad, Salvador Gabarró y Jordi Mercader.

También hay que resaltar que un día después de que José Luis Rodríguez Zapatero ordenara el "inmediato regreso" de las tropas españolas desplegadas en Iraq, La Caixa también anunciaba otra retirada, la suya del consorcio de bancos creado tras el conflicto bélico con el objetivo de ayudar a la reconstrucción del país. A nadie le pasó desapercibida la significativa decisión de la entidad de ahorros, máxime cuando la salida de España de Iraq ha sido una de las principales promesas de los socialistas. Su salida del consorcio -es la única entidad española presente en él- se hará efectiva cuando venza el contrato, el próximo mes de agosto.

La Caixa es hoy la primera caja de ahorros y la tercera entidad financiera del país, con una red demás de  4.700 oficinas y 24.000 empleados. Pero no es solo la primera caja, sino que es la dueña de la más importante cartera de participaciones empresariales. Fue en la década de los 80 cuando la entidad empezó a buscar rentabilizar sus recursos invirtiendo en grandes grupos de servicios como Telefónica, Gas Natural, Repsol, AGBAR o la antigua Acesa. La cartera engordó aún más al fusionarse con la Caixa de Ahorros y Monte de Piedad de Barcelona en 1989 y hoy incluye numerosas participaciones en empresas de especial relevancia para Cataluña.

Cambio de gobierno. Si se hace balance de estos últimos 8 años, las cajas se han sentido menospreciadas respecto a los bancos. Las dos megafusiones vividas en el sector –el Santander con el Central Hispano y el BBV con Argentaria– parece que fueron del agrado del gobierno popular, y eso pese a que ambos procesos han chocado con serios problemas internos. Sin embargo, las cajas han sufrido más de un varapalo durante este período. Aún resuenan en los oídos de las principales entidades de ahorro españolas las advertencias de Jaime Caruana. El todavía gobernador del Banco de España  ha “reprendido” a las cajas por numerosas razones: carteras industriales excesivamente arriesgadas, demasiados créditos concedidos, rápida expansión territorial, etc. A esto se ha añadido que el Partido Popular se ha empeñado en tenerlas "a raya" bien sea obligándolas a una mayor transparencia  en, por ejemplo, la concesión de créditos a grupos políticos, bien reformando la ley de cajas para, teóricamente, despolitizar estas entidades y propiciar significativos relevos en las presidencias de las entidades. Ante estos cambios el PSOE ha mostrado públicamente su oposición.

Pero si algo evidenció "las ganas" que le tenía el PP concretamente a La Caixa, fue el lío que tuvo que montar el Ministerio de Economía -hubo que modificar la Ley Financiera y la Ley de Cajas catalana- para apear al anterior presidente, Josep Vilarasau, de su cargo.

Aún se considera al ex presidente -hoy máximo responsable de la Fundación y de la obra social, y desde el pasado mes de octubre uno de los hombres que representan a La Caixa en el consejo de Gas Natural- como uno de los principales artífices del crecimiento de la entidad. Sin embargo hay quien piensa que Vilarasau nunca se acostumbró a perder funciones ejecutivas cuando cambió la dirección general de la entidad por la presidencia. Esa obsesión por perpetuarse en un cargo no ejecutivo como si lo fuera y sus movimientos para conseguirlo –según distintas fuentes, tocó a todas las puertas, desde la del PSC, CiU y el PP hasta la del Banco de España o la Confederación Española de Cajas de Ahorros (CECA)– provocó la clara reacción del gobierno anterior y la designación como presidente de Ricardo Fornesa, quien todavía tiene tres años por delante hasta que su edad le aleje, obligatoriamente, del cargo.

Pero si algo causó malestar en La Caixa fue la zancadilla gubernamental que frustró la OPA lanzada por su participada, Gas Natural, sobre Iberdrola. Aquella intromisión gubernamental sentó a cuerno quemado en la entidad, pese a que ahora, con el paso del tiempo, se reconozca que la gasista cometió algún fallo de protocolo al no avisar previamente al ministro de Economía, Rodrigo Rato, de un movimiento de esa magnitud en un mercado aún regulado por el gobierno.

Quizás el cambio en la presidencia de la Comisión Nacional de la Energía -el organismo a través del cual el gobierno bloqueó la operación mediante un informe muy polémico- permita despejar el horizonte si la entidad catalana se vuelve a liar la manta a la cabeza en su intención de conformar el mayor grupo energético del país. A este respecto está todo abierto, incluso se especula con la posibilidad de que Gas Natural cambie el objeto de su deseo por otra empresa energética. Lo cierto es que la que tendría más a tiro es Repsol YPF, ya que la entidad es accionista importante de la petrolera, y parece que últimamente se han reconducido las relaciones entre ambas empresas, que quedaron seriamente tocadas después de que la compañía que preside Alfonso Cortina se opusiera a la mencionada OPA.

La verdad es que corren buenos tiempos para La Caixa. No solo sus resultados financieros van viento en popa, gracias, en buena parte, a su abultada cartera industrial, sino que precisamente esas participaciones accionariales en muchas de las principales empresas del país han captado el máximo interés del nuevo gobierno socialista, a sabiendas de que La Caixa puede tener mucho qué decir en el inmediato futuro de, por ejemplo, Telefónica y Repsol YPF, en cuyos núcleos duros participa.

Es precisamente en Telefónica donde pueden producirse cambios en breve. Recientemente La Caixa aumentó su participación en la operadora hasta el 5,03%, un paquete accionarial realmente importante y muy similar al porcentaje que tiene el BBVA, el otro socio de referencia. Sin embargo, pese al mencionado aumento de la participación, La Caixa solo sienta a dos personas en el consejo de administración de la compañía que preside Cesar Alierta. Se trata de Isidro Fainé -ocupa la vicepresidencia de la operadora- y Antoni Massanell.

El BBVA, en cambio, con una participación accionarial muy similar cuenta con cuatro representantes en el consejo: José Antonio Fernández Rivero -vicepresidente segundo de la operadora-, Gregorio Villalabeitia, José Fonollosa y José Mª Cadenado, si bien es cierto que Fernández Rivero debiera haber abandonado ya el órgano de gobierno de Telefónica ya que los estatutos del banco prohíben que un miembro de su consejo, lo sea a su vez de una empresa participada.

Sin embargo, La Caixa aún no le ha planteado a Cesar Alierta ningún movimiento para adecuar el aumento de su paquete accionarial con una mayor presencia en la gestión. Cómo hará valer la entidad su reforzado poder, está aún por ver. La Caixa parece sentirse suficientemente fuerte en la operadora como para exigir dos nuevos miembros en el consejo de administración, o incluso para reclamar el control de alguna filial. La aceptación por parte de Alierta de alguna de esas posibilidades podría ser el principio de un juego de equilibrios que permitiera al presidente mantenerse en su puesto, máxime cuando Alierta no presenta el mismo perfil que su antecesor, Juan Villalonga, que exhibió un matiz político mucho más acusado.

Repsol YPF es  otra de las compañías en las que La Caixa puede tener mucho que decir. Para unos la del pasado 31 de marzo ha sido la última Junta de Accionistas que afronta Alfonso Cortina, prueba de ello podría ser que el presidente dedicó buena parte de su discurso a versar los avances de la entidad durante el período popular. Sin embargo, otros creen que el PSOE no vería con malos ojos que Cortina permaneciera en la presidencia un par de años más, para organizar convenientemente su salida (Ver en esta misma página el despiece Movimientos en las privatizadas).

Además, en el sector se da por hecho que es en Repsol YPF donde La Caixa anunciará un nuevo movimiento para convertir su actual participación del 12,5% en el 15%, máximo autorizado por el gobierno hace ya dos años.

En cualquier caso, La Caixa ha demostrado, siempre que ha podido, su poder frente a Repsol YPF. Ya en mayo de 2002 invitó a la petrolera -ambas son socias en Gas Natural- a desprenderse de casi la mitad de su participación en la gasista para reducir la abultada deuda que arrastraba la empresa presidida por Alfonso Cortina.

El interés por el sector energético de La Caixa es claro. Además de ser importante accionista en Repsol YPF y Gas Natural, la entidad de ahorros cuenta con un 5% de Endesa, aunque esta participación se considera puramente financiera.

Equilibrio político. Aunque nadie duda del perfil conservador de Ricardo Fornesa, la cúpula de La Caixa no tiene un único color. Mientras que a Isidre Fainé y al vicepresidente Salvador Gabarró se les considera cercanos a CiU, a Antoni Brufau y a Jordi Mercader -ex presidente del INI con Felipe González-, el otro vicepresidente, se les achaca una mayor afinidad con el PSC.

En cualquier caso, las  expresiones de bienvenida de La Caixa han sido públicas y notorias. Empezando por Fornesa que ha reconocido que la llegada de los socialista al Gobierno central abre nuevas posibilidades de negocio para entidades como la suya. Unos días antes Isidre Fainé había afirmado que el nuevo Ejecutivo "no sólo da confianza, sino que da la sensación de que las cosas seguirán marchando por buen camino".

Considerada durante la era Pujol como un contrapeso a la Generalitat, las relaciones con los actuales inquilinos del Palau de Sant Jaume son también fluidas. Pasqual Maragall asistió al acto de conmemoración del centenario de la Caja de ahorros el pasado 15 de abril y la cúpula de La Caixa al completo estuvo en la toma de posesión del President, y desde entonces la entidad ha tenido numerosos contactos , a distintos niveles, con el nuevo gobierno tripartito. El ejecutivo catalán se ha comprometido a no tocar la ley catalana de cajas de ahorro y la última de las negociaciones que ha trascendido es la referente a la rebaja de peajes en las autopistas.

Pero no solo las relaciones con la Generalitat son cordiales, sino que incluso muchos piensan que La Caixa jugó un papel clave para la formación del gobierno tripartito. En plenas negociaciones políticas para la formación del ejecutivo catalán y cuando aún había dudas sobre cómo estaba recibiendo el mundo empresarial a los republicanos e independentistas de ERC, los dos directores generales de La Caixa se reunieron con dos miembros de ese partido, Joan Puigcercós y Josep María Huguet.

Unos días antes, Fainé, en calidad de presidente de la Confederación Española de Directivos y Ejecutivos (CEDE) fue el encargado de presentar a Josep-Lluis Carod-Rovira en Madrid.

Lo cierto es que La Caixa ha mantenido una  elegancia política que pocas empresas se pueden atribuir. Emilio Botín, el presidente del SCH que saludara en su día le llegada de Aznar al poder halagando su programa económico, en las semanas previas a las elecciones generales, tuvo algo más de cautela y se fotografió tanto a la vera  Rajoy, como a la de Zapatero, en diversos actos, mientras que Francisco González, al frente del BBVA, se limitaba a glosar ante los accionistas las bondades de 8 años de gobierno popular.

Movimientos en las privatizadas

Todo se va a hacer con elegancia y sobre todo con mucha tranquilidad. No hay excesiva prisa para que los significados presidentes de las principales empresas privatizadas, todos ellos nombrados a dedo por Rodrigo Rato o el propio José Mª Aznar, abandonen su sillón, pero sí una firme determinación de que el poder empresarial cambie de nombres en un tiempo prudencial.

Sin embargo, si para el PP fue muy fácil poner a los presidentes que hoy siguen en sus puestos, para el PSOE, una vez que las compañías se han privatizado, va a ser más difícil. Para conformar las nuevas cúpulas necesariamente tienen que contar con la ayuda de los actuales accionistas  que son quienes tienen la posibilidad de cambiar los consejos de administración y, por ende, las presidencia. Por otra parte, el Estado ya no es propietario de estas empresas, pero  como cliente de gran relevancia de estas  compañías tiene un poder  en ellas que nadie niega.

Las declaraciones gubernamentales han dejado claro que ni Pedro Solbes ni José Montilla van a comportarse como Rodrigo Rato, buscando entre su círculo de amistades y en el de Aznar, los nombres de las personas a las que encumbrar. Serán otros los que se encarguen de lograr el apoyo de los accionistas para los nuevos nombres, incluso ya se han percibido movimientos de algunos que se autopostulan para cargos empresariales de relevancia. También existe la sensación de que los actuales presidentes tienen asumido la conveniencia de su relevo e incluso están abiertos a “pactar” sus salidas con el nuevo Ejecutivo.

El que tiene bastante fácil una salida “elegante” es Alfonso Cortina. En apenas dos años el presidente de Repsol YPF alcanzará la edad a la que los Estatutos de la Compañía obligan a jubilarse a los consejeros pero no al presidente. Cortina quedaría como todo un caballero si optara por aplicarse, a sí mismo, esa normativa y mientras tanto no poner excesivas pegas a los previsibles movimientos en el consejo de administración.

La edad de Cesar Alierta no permite esa clase de “solución” en Telefónica. Probablemente en la operadora se opte, tras dar entrada a gente nueva en el consejo -se habla del que fue consejero delegado de Telefónica Internacional Iñaki Santillana- por restituir la figura del consejero delegado, un cargo ejecutivo del que Alierta ha prescindido en la última etapa.

En cuanto a Endesa, su presidente, Manuel Pizarro, carga con el incómodo peso de ser íntimo amigo de José Mª Aznar, una circunstancia demasiado llamativa que le resta idoneidad para permanecer en el cargo.

El caso de Indra es peculiar. Su presidente, Javier Monzón, es el único gran directivo que permanece en una compañía privatizada desde que fue nombrado en tiempos de Felipe González. Sin embargo, dentro del sector se daba por hecho que el período de feliz conviconvivencia entre el PP y Monzón estaba próximo a finalizar ya el Partido Popular planeaba sentar a Francisco Álvarez-Cascos en la presidencia de la compañía.  Ahora, conocido el resultado de las urnas, para los socialistas la prioridad  es reforzar el consejo de administración con gente afín, órgano en el que podrían entrar antiguos responsables del área tecnológica y de defensa, como el ex ministro Julian García Vargas.

La entidad coronada

Mucho se ha hablado –no precisamente de forma laudatoria– del vínculo de la Familia Real con distintas marcas comerciales (ver “La Corona patrocinada”, El Siglo nº 472). Sin embargo, en el caso de La Caixa ese “apoyo” es en ambas direcciones.

Por una parte, la entidad financiera es el sponsor oficial del Bribón, el barco que capitanea el Rey en las regatas de vela de primavera y verano; pero, por otra parte,  distintos miembros de la Familia Real acuden puntuales a los actos de La Caixa para los que son requeridos. Además, como todo el mundo muy bien sabe, la infanta Cristina trabaja en la Fundación La Caixa, como responsable del Programa de Cooperación Internacional, según consta en su curriculum oficial.

Así, don Juan Carlos y doña Sofía asisten siempre a la entrega anual de Becas que concede La Caixa, una deferencia que no tienen con otras empresas u organismos que también apoyan la la investigación y los estudios en nuestro país.

Tampoco ha pasado desapercibido que el principe Felipe presidiera, acompañado de la infanta Cristina, el acto oficial de celebración del Centenario de La Caixa, una presencia que el Heredero aprovechó para recordar el tradicional vínculo de la Familia Real con la entidad financiera, que se remonta a los tiempos de  Alfonso XIII,  quien “avaló el proyecto de su creación con un donativo que se incorporó a su capital fundacional” en palabras del propio Don Felipe, un gesto, el del bisabuelo de don Felipe, que “hay que recordar y tener presente, a todos los efectos”, afirmó Fornesa.

La presencia del monarca, año tras año, a bordo del Bribón, aporta a la entidad catalana una publicidad importantísima. El logotipo de La Caixa, no solo aparece claramente visible en el casco del barco, sino que la tripulación también exhibe en su vestimenta la imagen corporativa de la caja de ahorros, aunque es cierto que en los últimos tiempos, tras las críticas recibidas, el monarca sustituye en alguna ocasión el polo o el chaleco +oficial+ por otro en el que no aparece el mencionado logotipo.

Ese rédito publicitario y de imagen que logra la catalana, hace que el año pasado le valiera la pena invertir en la construcción de un nuevo Bribón. Se estima que la decimosegunda versión de este barco -el más moderno de Europa de su categoría, la IMS 500- ha costado 1,2 millones de euros sufragados, según uno de los diseñadores del modelo, tanto por La Caixa, como por Movistar, el otro gran patrocinador.

Perfiles socialdemócratas , por Enric Sopena
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