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Nº 628 - 13 de diciembre de 2004

Amenaza a los Presupuestos, retorno de la crispación y errores propios

INASEQUIBLE AL DESALIENTO

El Gobierno afronta esta semana jornadas cruciales para su salud. Pletórico de fuerzas hasta hace apenas unos días, puede ver rechazado este lunes su primer proyecto de Presupuestos en el Senado. Aunque el Congreso le dé finalmente luz verde la escena no estaba recogida en el libreto que Zapatero pretendía seguir en sus primeros meses en el poder. Como tampoco figuraba el rocambolesco periplo de la reforma de la elección de jueces o la frase de Moratinos sobre Aznar que dio alas a los populares. Estos patinazos, que el PP está aprovechando para hacer retornar el tenso ambiente que tan rentable le fue en otros momentos, son los que pretende conjurar la comparecencia de Zapatero ante la comisión del 11-M que tendrá lugar también este lunes. ¿Podrá el talante con la crispación?.

Por Inmaculada Sánchez

La comparecencia de Aznar ante la comisión de investigación del 11-M pareció marcar un antes y un después para el plácido transitar del Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero que, a siete meses de su llegada al poder, aparentaba no sufrir heridas de consideración. Esta semana, los socialistas pretenden que la presencia del presidente en la misma comisión, retransmitida también en directo por RTVE, actúe de eficaz bálsamo para las dolencias que, inesperadamente, han llegado a distintos órganos del Ejecutivo empujadas por una resucitada oposición.

Sin embargo, los síntomas del deterioro de la salud habían empezado antes de que el ex presidente hiciera su aparición en el Congreso de los Diputados. “Es que esta legislatura es así”, reconoce un alto cargo socialista que nunca dejó que la inusualmente larga luna de miel con el electorado le impidiese ver la realidad parlamentaria.

El PSOE ganó en votos al PP el pasado 14 de marzo pero no consiguió mayoría absoluta, y los pactos y acuerdos con otras fuerzas parlamentarias, aparte de precisar de una excelente cintura política, siempre dejan rasguños en el proceso.

Este lunes otros socialistas menos clarividentes se darán de bruces con la realidad. Por primera vez en la reciente historia parlamentaria española un proyecto de Presupuestos puede ser devuelto al Congreso sin la aprobación del Senado. Al cierre de esta edición los esfuerzos negociadores del PSOE con el Bloque Nacionalista Galego y Convergencia i Uniò se redoblaban mientras que el acuerdo con el PNV se presentaba poco menos que imposible.

Si los socialistas no consiguen que, no sólo CiU –seis senadores–, sino también PNV –siete–, se nieguen a apoyar los vetos presentados a los Presupuestos en la Cámara Alta, que para prosperan precisan de 130 escaños a favor –el PP cuenta con 126– el Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero recibirá un golpe inesperado. El espíritu “de consenso” del que lleva haciendo gala el presidente desde su investidura y su publicitado “talante” habrán de encajar una nueva embestida.

 “Al inicio de la legislatura sólo contábamos con Esquerra Republicana de Catalunya (ERC) e Izquierda Unida y debemos saber que esto es así”, inciden fuentes parlamentarias socialistas. La necesidad de contar con otros apoyos a través de un pacto de legislatura más ambicioso o de acuerdos puntuales según los asuntos es un debate que permanece abierto dentro del PSOE y del que nadie se atreve a aventurar cómo se sustanciará en el próximo periodo de sesiones tras despedir el 2004.

La inestabilidad en Izquierda Unida después de su reciente asamblea –al cierre de estas páginas aún no se sabía si Gaspar Llamazares, principal defensor de los acuerdos con el PSOE, lograría mantenerse como coordinador general– no ayuda a despejar incógnitas ni a tranquilizar en el despacho general del PSOE.

¿Qué ha pasado para que, en apenas un par de semanas, el Gobierno esté dejando ver su perfil más vulnerable? Casi nadie sabe dar respuesta a esta inquietante pregunta en los pasillos del Congreso ni en la sede socialista de Ferraz. Sólo algunas órdenes posteriores permiten vislumbrar dónde se concentran los fallos.

Tras el patinazo de Miguel Angel Moratinos, acusando al anterior gobierno del PP de apoyar el intento de golpe de Estado en Venezuela de 2002, desde el partido se ha pedido al Gobierno que los ministros no participen en programas televisivos tan expuestos como “59 segundos”, donde el titular de Exteriores erró ante la provocación del popular Jorge Moragas. Una cosa es el “talante” y la necesidad de mantener el diálogo con los ciudadanos y otra regalarle bazas al PP, que había encontrado en el citado programa una “segunda sesión de control al gobierno” con notables ventajas de formato para la oposición, según palabras de un alto cargo socialista.

Los errores individuales, sin embargo, no son los  únicos. La ausencia de casi una veintena de diputados socialistas en la crucial sesión parlamentaria que debía aprobar la Ley orgánica de reforma del Poder Judicial, entre ellos casi la mitad de los ministros y elpropio Zapatero, dio lugar a una severa reconvención del presidente a los miembros de su Gobierno en la siguiente reunión del Gabinete. “Hay que asistir cuando haya votaciones importantes, los números no nos acompañan, y hay que mantener una mayor coordinación con el grupo parlamentario”, fue la esencia del mensaje presidencial.

La reforma pudo aprobarse finalmente el jueves pasado pero a costa de un desgaste innecesario: reunión extraordinaria del Consejo de Ministros para aprobar nuevamente el texto legislativo, nuevo envío a las Cortes, votación especial para aprobar sesión plenaria ad hoc y bronca y plante de los diputados del PP que ya han anunciado que recurrirán ante el Constitucional la nueva ley. Al final, los populares han conseguido que “el ruido” se adueñe de la reforma y, además, han conseguido arrebatar la agenda política al Gobierno que, desde que tomó posesión el pasado abril, la mantenía firmemente sujeta sin cederla ni un día al pálido PP de Rajoy.

Para próximas sesiones también han anunciado la reprobación del ministro Moratinos, en quien han encontrado el elemento vulnerable del Gobierno desde la victoria de George W. Bush en Estados Unidos, y del presidente del Congreso de los Diputados, Manuel Marín, a quien acusan de propiciar la reedición de votaciones que ha precisado en los últimos días el PSOE.

El retorno de Aznar. La reaparición de José María Aznar  pareció dotar a los populares de la agresividad contenida desde su derrota y su comparecencia ante la comisión de investigación del 11-M volvió a convertirse en un “día negro” para los socialistas que no fueron capaces de impedir que el ex presidente, sus mensajes y su estilo se adueñaran del escenario político durante varios días.

Las esperanzas de los socialistas, en los días previos a la comparecencia de Rodríguez Zapatero ante la misma comisión de parlamentarios, se centraban en que su líder lograra el mismo efecto, pero en su favor.

El presidente y su entorno más cercano también comparten la expectativa. Hasta el momento, buena parte de la quietud en la travesía del Gobierno se atribuye desde las filas socialistas al líder y su imagen, apenas dañada, que  transmite a la ciudadanía.

Rodríguez Zapatero ya ha anunciado los pilares de su intervención en un intento de distanciarse radicalmente del efecto causado por Aznar en la escena pública. Su comparecencia será “constructiva y pensando en el futuro”, aseguró a los periodistas la pasada semana. Su intervención se anuncia asimismo amplia en longitud e intensidad. Pocos creen que el presidente se aleje de las más de diez horas que su antecesor se mantuvo ante la comisión, aunque no sea más que para demostrar que sus palabras precisan tanto o más tiempo de escucha que las de Aznar.

Para que se visualice ese mensaje “en positivo” que los  socialistas esperan “como agua de mayo” Zapatero va a proponer un pacto de Estado contra el terrorismo islamista al que invitará a todas las fuerzas parlamentarias. En su intervención también pretenderá “dar el mayor consuelo a las víctimas y exponer las medidas para dotar al país de mayor seguridad y poder combatir en mejores condiciones cualquier tipo de terrorismo”, tal como él mismo señaló la semana pasada.

A pesar de estas intenciones no podrá zafarse del acoso de los populares, que ya han anunciado que requerirán explicaciones de quien el 11-M  era el líder de la oposición sobre las manifestaciones que cercaron sus sedes el día de reflexión y sobre lo que Aznar ya definió como “confabulación” contra el partido en el Gobierno de cara a las elecciones del día siguiente.

Desde Moncloa se atesora la intervención de Zapatero en el Congreso como la principal baza que puede comenzar a dar la vuelta al tenso panorama político que el PP ha logrado dibujar ante los ciudadanos en las últimas semanas. Pero no será la única.

Plenamente conscientes de que “esto es lo que hay”, como ya empiezan a decirse entre sí los dirigentes del PSOE, desde Presidencia pretenden retomar la iniciativa y dejar al PP “solo” en su estrategia de crispación.

En esta línea se inscribiría el fulminante cese del director general que aprobó sin consultar con la vicepresidenta los seguros de vida y accidente de los altos cargos del Ministerio de Presidencia que salieron a la luz hace unos días. La noticia partió inicialmente como un ataque contra el PP ya que esos escandalosos seguros, que  protegían a los altos cargos incluso en sus actividades privadas, se “descubrieron” para el público como suscritos por el Ministerio de Defensa en la época de Federico Trillo como titular. Sin embargo, al conocerse que también en Moncloa existían desde 1991 Maria Teresa Fernández de la Vega apenas dejó pasar unas horas antes de anunciar su cancelación y el cese del responsable de la actual Administración socialista al que se le había “colado” semejante gol. Nada de bajar la guardia en estos momentos.

También el presidente aprovechó su reciente visita a la Academia de Infantería de Toledo, donde se reunió con la cúpula militar y el titular de Defensa, José Bono, para anunciar que antes de que acabe el mes el Gobierno aprobará la nueva Ley Orgánica de Defensa que obligará a consultar al Congreso de los Diputados el envío de tropas al extranjero.

Zapatero quiere, con este anuncio, volver a hacer un guiño significativo a su electorado y recordar el gesto que mayor popularidad le granjeó nada más hacerse cargo de la presidencia: su decisión de que los soldados españoles destinados  en Iraq regresaran a España. Entonces anunció que obligaría por ley a que el Parlamento fuese consultado si el Gobierno pretendía enviar tropas fuera del territorio nacional. Ahora, tras un par de semanas aciagas para su Gabinete, anunciaba la aprobación del proyecto de ley para el último Consejo de Ministros del año.

Retomar la agenda política resulta vital en la estrategia de contraataque que pergeña el PSOE en estos días y en la que el anuncio de iniciativas gubernamentales resulta fundamental. La colaboración con los grupos parlamentarios minoritarios es la otra “pata” del esquema.

Cuidado con los nacionalistas. Impulsar el diálogo con los  grupos minoritarios  es la otra prioridad del Gobierno para el nuevo periodo de sesiones. Si el lunes, finalmente, se pierden los Presupuestos en el Senado el PSOE sufrirá una derrota que, aunque en la práctica tenga escasas consecuencias ya que el Congreso, con los votos del PSOE, ERC e IU, ya pactados, los aprobará definitivamente, sí evidenciará una debilidad que los populares pretenden explotar al máximo.

Los grupos que han presentado veto al proyecto han sido PP, PNV, CiU y BNG y mientras el primero ya ha anunciado que votará a favor de cualquiera de los otros vetos entre los nacionalistas existen disparidad de criterios.

Los vascos, cuyo portavoz en el Congreso, Josu Erkoreka, se quejaba amargamente en estas mismas páginas hace un par de semanas (ver número 626) de que “el PSOE no nos ha dado ni opción a negociar los Presupuestos”, anuncian escasas posibilidades de llegar a acuerdo alguno de cara a la sesión del Senado. Los socialistas, por tanto, centran sus esfuerzos de las últimas horas en catalanes y gallegos.

“Si votan el veto se niegan a ellos mismos la posibilidad de negociar  enmiendas y mejoras para sus territorios ya que  el Congreso votará globalmente el proyecto presupuestario tal cual está”, informan desde las filas socialistas del Senado.

La clave, sin embargo, no parece estar tanto en las mejoras concretas que pueda conseguir CiU o el BNG en este proyecto –desde el PSOE ya se ha señalado el escaso margen que este presupuesto les ha permitido y remiten a sus posibles socios al de 2006– como en el interés que ambas formaciones puedan tener en embarcarse en la actual estrategia de los populares de deterioro del Gobierno.

Desde el PSOE algunas fuentes señalan esperanzadas las dudas que la formación liderada por Artur Mas mantiene en cuanto a sus relaciones con el PP ya que tan nefastas consecuencias les trajo en las últimas elecciones autonómicas.

En cualquier caso, tanto en Moncloa como en Ferraz se mira ahora, con mayor interés si cabe, a Esquerra Republicana como el socio fiel al que cuidar. El detalle del presidente del Gobierno de aceptar lucir en su solapa un “pin” con la bandera catalana que el propio Maragall le puso en la reciente cumbre hispano-francesa desarrollada en Zaragoza podría que tener mucho que ver con las servidumbres que el Ejecutivo habrá de ir reconociendo cada vez con mayor asiduidad.

La siguiente cita, tras la aprobación de los Presupuestos de 2005, está marcada en el calendario en febrero. El día 20 tendrá lugar el anunciado referéndum sobre la Constitución europea y el Gobierno ha empeñado el prestigio de su nueva política internacional de “retorno a Europa” en una significativa participación a favor del texto .

La reciente estrategia del PP ya anuncia al PSOE que se va a ver más que solo en el empeño a pesar de las declaraciones a favor del líder de los populares, Mariano Rajoy. La crispación, al menos por el momento, tiene más seguidores en el principal partido de la oposición.

La intervención de Zapatero puede marcar un punto de inflexión a partir de esta semana al igual que la que provocó Aznar con la suya. Los socialistas, al menos, en ello confían.

Los aznaristas arrinconan a Rajoy en el PP

Hubo un tiempo, cuando Mariano Rajoy fue designado por José María Aznar como su sucesor al frente de¡ Partido Popular, en que los "marianistas", es decir, los fieles seguidores de¡ nuevo líder, empezaron a proliferar.

En el nuevo grupo que pretendía ir ocupando el espacio de los "aznaristas , a algunos de los cuales había incluso"fichado", figuraba un reducido número de colaboradores del tres veces ministro al que se auguraba un futuro prometedor.

Casi siete meses más tarde ya nadie habla en el PP de "marianista" alguno. La denominación ha decaído por "muerte natural" y es el "aznarismo" y los "aznaristas" los que, nuevamente, ocupan las conversaciones y definen las estrategias.

Si esta sustitución de seguidores entre antecesor y sucesor ya había echado el freno después de la inesperada derrota en las elecciones gerales sólo faltaba el retorl~iio a la escena política de Aznar para que sus entusiastas confirmaran que son los que manejan el timón.

La presencia de Angel Aceles, ex ministro de Interior y ,-actual secretario general, junto a Eduardo Zaplana, ex ministro de Trabajo y hoy portaoz parlamentario, en la comparecencia de su antiguo jefe ante la comisión de investigación del 11-M no dejaba lugar a dudas. La ausencia de Mariano Rajoy tampoco.

Días después sigguió el plante de todo el grupo parlamentario que, por primera vez en esta legislatura, abandonaba sonoramente el hemiciclo y se negaba a votar la reforma de la Ley del Poder Judicial.

En esos mismos días se anunció la reprobación del ministro de Asuntos Exteriores, Miguel Ángel Moratinos, y del presidente del Congreso de los Diputados, Manuel Marín.

El primero, por acusar a Aznar de apoyar el intento de golpe de Estado de Venezuela en 2002. El segundo, por negarle la palabra a Zaplana en la turbulenta sesión que concluyó con el abandono de los diputados populares de sus escaños.

También anunció el PP que dejaría de colaborar con el Gobierno, salvo en el caso del Pacto antiterrorista, si Moratinos no rectificaba.

La escalada verbal de los populares no se ha quedado sólo en palabras. Al tiempo que Ignacio Astarloa, ex Secretario de Estado de Seguridad, calificaba de "cacicada" la reforma judicial y de "día negro para la democracia" el momento en que se aprobó su grupo anunciaba que recurrirá la ley ante el Tribunal Constitucional.

Aunque Mariano Rajoy intenta preservar su imagen del cambio de estrategia su liderazgo está siendo, también, una "víctima colateral" de la opción tomada desde Génova de regresar a la política de la crispación.

Si desde que fue designa do sucesor su interés y el de sus cercanos se ha centrado en crear un estilo propio distanciándose del de Aznar, la actual estrategia M PP ha conseguido desdibujarle como líder aún más si cabe.

El objetivo es conseguir acortar la legislatura enfrentando a los socialistas con sus socios minoritarios y explotar al máximo la situación de debilidad en que puede quedar expuesto, tal como ocurrió en octubre cuando la ausencia de varios diputados socialistas impidió la primera aprobación de la reforma judicial.

Pocos se atreven a discutir dentro del PP esta línea estratégica en voz alta pero algún "marianista" alerta de los peligros que entraña, y recuerda lo rentable que fue para Zapatero su "oposición útil" Quizá tras la comparecencia del lunes tenga más argumentos para discutir dentro de su propio partido.


 

Cuidado con él, por Enric Sopena
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